Canal Sur, a la orden

A la orden y en el primer tiempo del saludo, la radiotelevisión andaluza, Canal Sur, se ha apresurado a complacer a sus amos: no habrá debates cara a cara entre dos candidatos, que pudieran servir para escuchar a la presidenta Díaz algo más que el eslogan de la jornada, sino, exclusivamente, debates-gallinero, de esos en que entran varios, tal vez casi todos y un coordinador debidamente instruido cede y retira la palabra. No se fían, con toda evidencia, de una doña Susana expuesta al pimpampún de algún rival más capaz y prefieren conservar su imagen en el formol de la “instantánea” en su galería de sonrisas. Díaz sabe que no se hace la misma política ante una cámara delatora que entre pasillos. Y Canal Sur obedece, como siempre.

El pudor oral

A ese cerdo sin atenuantes que a punto estuvo de ser Presidente de Francia, Dominique Strauss-Kahn, van a absolverlo en el proceso por “proxenetismo agravado” que se le sigue en Lille. Seguro, puesto que ni el fiscal ni las acusaciones privadas solicitan pena alguna para él a pesar de la abrumadora evidencia de que lo que se juzga –el putiferio organizado no se sabe si por él o para él—ofrece un cuadro moral desolador. ¿No hay Justicia para los grandes? Quizá no se trate tanto de eso, aunque también, como de una “manière” generalizada de ver la vida privada –la de los machos, se sobreentiende—como algo siempre venial y como “determinado” por la propia naturaleza. Él, Strauss-Kahn, un tipo que fuerza a una camarera de hotel o se dedica habitualmente a participar en juergas colosales como las que han salido a relucir, lo ha explicado de modo que, con seguridad, ha sido bien entendido si no por toda la sociedad, al menos por al androceo: “Yo debo de tener una sexualidad más ruda que la media”, ha explicado al tribunal, eso es todo, o sea, que no me vengan ahora con mimitos a pedirme responsabilidades. ¿Se puede tener más dura (la cara)?

Confieso que, en todo caso, a mí lo que más me ha impresionado ha sido la contención lingüística de la prensa en general, el recurso sistemático al eufemismo que han venido haciendo los cronistas del caso, en ocasiones por completo ridículas, por mucho que el francés, como lengua, se preste tanto a ello, cúrsiles metáforas descriptivas como “amores tarifados”, “prestaciones” o “prácticas” voluntarias, “intercambio sexual” o, agárrense fuerte, “noches traviesas” como las que ese macho rudo pasaba con hembras que sostiene que no eran profesionales, como si él y su circunstancia permitieran explicar otra cosa. Poco o nada, en resumen, aparte de que la República se haya librado de tan insaciable garañón. ¿Y cómo sancionar a un tío por participar en la feria de ese limbo eufemístico en el país de Chaderlos Laclos, de Diderot o de Sade? Ha habido periodista que ha justificado su continencia en función de la “inquisition voyeuruse”, ese ojo indiscreto que prefiere llamar “parti fin” a lo que de toda la vida se ha llamado un “trío”, hasta que, al final, lo que iba a ser un proceso moralizador se ha quedado en agua de borrajas. Nafissatou Diallo, la camarera de Nueva York, es ahora la dueña de un restaurant de moda. Vean como un poco de buena voluntad acaba por ablandar hasta los corazones más duros.

Belmonte

Antier mismo, el ministro de Justicia declaraba en Sevilla que, a su juicio, el proceso judicial no debe interrumpirse porque unas elecciones se crucen con él. Pero ayer mismo veíamos dar marcha atrás al PSOE bicéfalo de Madrid-Sevilla, negándose a cumplir la doble promesa de reclamar su escaño a los ex-Presidentes imputados por el TC en el “caso ERE”. El argumento de los aplazadores es que, de coincidir proceso y comicios, saldría perjudicado el partido concernido. Ya, pero ¿qué me dicen del perjuicio que ese favor causa a los otros partidos? El tiempo de la Justicia tiene que ser paralelo al de la política. Lo demás son componendas, retrocesos y, en definitiva, complicidad, siquiera relativa, con el presunto delito.

Lo nunca visto

Las imágenes de los atentados de Dinamarca, réplica de los de París, han contribuido a oscurecer si no a paliar la estremecedora hecha pública por los servicios del llamado “Estado Islámico” en la que se ve a 23 cristianos arrodillados y cabizbajos momentos antes de ser degollados por sus verdugos. Un ceremonial, una verdadera liturgia, que se repite ya con frecuencia pero que nunca había alcanzado estos límites bárbaros, ni más ni menos que porque la barbarie se crece y endurece cuando no recibe una respuesta contundente. En Jordania, donde saben lo suyo de operaciones drásticas, ya andan enviando ataques aéreos al laberinto en el que operan esos salvajes y el presidente egipcio Al Sisi, al que tampoco se le caen con facilidad los anillos, ya ha anunciado también que su nación se reserva la represalia militar que le parezca oportuna, mientras la propia ONU anuncia que resulta urgente arbitrar un plan de acción que reprima y, a ser posible, elimine a esa bastión insurgente. Papel mojado, ya lo verán. En el área de ese conflicto se han perpetrado ya dos guerras injustificables y sus respectivos fiascos han hecho desconfiar a los dirigentes occidentales que temen que una nueva intervención acabe repitiendo el fracaso de las anteriores intervenciones, incluso teniendo en cuenta que esta persecución religiosa puede superar con creces las decretadas por la Roma imperial. Esas decenas de coptos arrodillados esperando el cuchillo constituyen el emblema de un fenomenal fracaso de lo que entendemos por Occidente.

No hay orden internacional que valga mientras podamos ver imágenes como la referida y ese fiasco nos pone en la pista de las cautelas occidentales a pesar de que ahora esté quedando a la vista que esos fanáticos no tienen propiamente un campo de batalla sino que vienen a ser un mal epidémico al que la tolerancia civilizada proporciona una espléndida coartada. Oiga, y tampoco se oye la voz del Vaticano en circunstancia tan extrema, lo cual ya es más raro dada la entereza y el cuajo de este papa, bien entendido que no olvido que la solución de esta locura no está en un pronunciamiento moral contra ella y sus objetivos sino en el acuerdo militar de erradicarla por parte de nuestras potencias junto a las del islamismo moderado. Hace poco ha circulado la noticia del enterramiento de niños cristianos cruficicados. El IE no es más que el horror. Mientras no sea aplastado literalmente esta estampa triste no tendrá fin.

Sólo o mal acompañados

Nada refleja mejor la situación caótica del PSOE en este momento que la decidida resistencia de la presidenta Díaz a ser apoyada en público, durante su campaña, por su secretario general. Contra lo habitual durante estos tres decenios largos de “régimen” era aferrarse a los capos de Madrid, pero en esta ocasión Díaz prefiere ir sola antes que mal acompañada por quien antes que tarde acabará siendo su obstáculo para mayores ambiciones. Pone así a salvo el PSOE andaluz al tiempo que deja en evidencia al nacional, que tendrá difícil explicar por qué no lo quieren ni los suyos. Y es que para una “aparátchik” como Díaz lo único que cuenta es ella misma. Sánchez es hoy un estorbo en Andalucía, según su propio partido y éste un desahuciado que trata desesperadamente de salvar los muebles.

La alcancía secreta

No sé por qué el personal sedicente progresista o progresista fetén está fijo en la idea de que quienes esconden su dinero en Suiza son los ricos de la Derecha. Se le supone a la izquierda, sin el menor fundamento que yo sepa, un cierto sentido patriótico de la fortuna en línea más o menos con lo que Maeztu –que había sido monaguillo anarquista antes que fraile motilón– escribió en su obra “El sentido reverencial del dinero”, esto es se mantiene la idea de que el patriotismo verdadero, no el declamatorio, pertenece en exclusiva a la gente que basa su ideario en la utopía. Y no es así, denlo por seguro. Ojalá un Falciani definitivo sacara a relucir la relación completa de impositores secretos: no iba a haber tila para todos. ¿No sacaba la hija de Putin la pasta mientras su padre paseaba la cogorza y le tiraba toques a las secretarias? ¡Pues claro! En las negociaciones previas al 18 de Julio, Franco exigió que se le garantizara una cantidad millonaria en Suiza para, llegado el caso, amparar a su familia, y así lo hizo creo que fue don Juan March, pero ahora mismo, en plena ruina bolivariana, acabamos de saber que la revolución venezolana guarda su dinero –se calcula que unos 130.000 millones de euros—en ese banco suizo, el HSBC, en el que acaban de aparecer no pocos españoles, quién sabe si más o menos que los 1.138 depositantes descubiertos en Venezuela. ¡La revolución y la banca unidas en entrañable abrazo! Ya les decía antes que eso no constituye ninguna novedad.

Sí lo es que el ministro Montoro haya prometido tirarle de las barbas al coloso suizo por encubrir lo que no se debe y blanquear todo lo blanqueable, cosa que, por cierto, hacía hasta hace poco el Banco Ambrosiano en las mismas barbas del Papa. Pero lo probable es que saque poca cosa en claro porque no existe penumbra más densa que la de la avaricia. Ahora, eso sí, que vaya dispuesto a darse de bruces, no sólo con los Pujol y los Botín –salvadas sean las distancias—porque lo más verosímil es que tropiece en ese viaje, aparte de con la garduña propia, con nombres y apellidos de la flor y la nata progresista. ¿Conocería estos manejos Monedero el de Podemos mientras fue gurú de aquellos impositores? No lo sé, pero mucho me temo que si el bolivarismo hispano es como el genuino, vamos de ala. “Ubi bene ibi patria”, donde tienes los bienes tienes la patria, proclamó Cicerón. Y a la vista está que tenía más razón que un santo.