Pelillos a la mar

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha quedado muy salomónicamente en el “caso Gordillo”: el Fiscal Superior ha pedido que se revisara la estupenda decisión del juez Pasquau de absolverle por completo por, entre otras cosas, saquear un Mercadona aprovechando la huelga general, pero la Sala, con el Presidente Del Río a la cabeza, ha reiterado que nada, que ocupar fincas o desvalijar un súper no dejan de ser cosas que entren en el juego y carecen de importancia. No tengo la menor duda de que el ciudadano medio se habrá quedado de piedra al saber que acciones como aquellas vergonzosas que vimos en la tele no son más que un quítame allá esas pajas. No sé si la Justicia es un cachondeo, pero la verdad es que lo parece.

La democracia interna

Hace muchos años, más de los que uno quisiera, un santón de la Dictadura nos “enseñaba” en la Universidad que el problema de los partidos es que todos, sin excepción, han de ser leninistas si quieren permanecer disciplinados. No hay partido que resista la democracia interna, venía a decir, sin que le salgan al paso graves disensiones y pierda antes o después la imprescindible unidad, de donde venía a deducir la maldad intrínseca de los partidos, pues su régimen conduciría por derecho a la división y al desequilibrio en cualquier sociedad. Claro está que él sostenía esta interpretación desde el ángulo fascista, pero andando el tiempo muchos de los que hubimos de soportar sus prédicas acabamos reconociendo que acaso no le faltaba toda la razón a quien preconizaba “La vuelta de los Budas”. Tomen el caso del PSOE para convencerse de que, en tres décadas, ese partido de gobierno se ha ido deslizando desde el leninismo inicial (casi cabría decir “patrimonial”) ejercido por Guerra, al más absoluto desbarajuste, pasando por la férrea versión postmoderna que representó el mandato zapaterista. ¿Quién imagina a Guerra –el hombre que lo mismo disolvía una agrupación que defenestraba a un presidente de autonomía (o a dos) sin despeinarse—tolerando una rebelión en Ponferrada? Pues nadie, pero no caigamos en la trampa saducea porque lo que ha ocurrido en ese pueblo berciano es lo mismo que ya ocurrió en Gibraleón o en Benidorm, a saber, la simulación de un cisma interno para justificar la conducta vergonzosa (lo dice el propio PSOE) de unos ediles que pactan con el diablo contra el PP: verán como, de hecho, es el PSOE el que sigue gobernando en ese pueblo, y cómo en las próximas municipales “recuperan” a los cismáticos con todos los honores. Esto no es una teoría, es un “dejà vu”.

Hay en el caso anterior, sin embargo, una notable diferencia con los anteriores y es la precariedad de la disciplina de un partido en el que, según dice Ibarra el “bellotari”, un insoportable porcentaje de votantes no cree para nada en el líder y en el que tampoco hay relevos con peso a la vista. Sí, en efecto, los partidos, que fueron caciquiles en su origen, han degenerado en leninistas, convirtiendo en inverosímil una auténtica democracia interna. Se atribuye unas veces a Romanones y otras a Romero Robledo el “dictum” de que lo principal en un partido es el puchero y el garrote. Desde luego, ni Lenin mejora esa imagen.

La jungla docente

Una encuesta sindical ha puesto de relieve que la inmensa mayoría de los docentes andaluces se siente “desilusionada y desmotivada” ante la presente situación de la enseñanza. Se quejan los profesores de que los alumnos no les tienen el respeto debido, de lo que llaman “acoso burocrático” a que los somete la Junta y, en definitiva, de que la Administración autonómica no los apoya, circunstancias que ayudarían a explicar el rotundo fracaso de nuestro sistema público de enseñanza. Los docentes son acaso el colectivo más despreciado por un poder al que de la enseñanza no le interesa más que las buenas apariencias. Pocos síntomas tan alarmantes para una sociedad como la desolación de sus profesores.

Libertad del Papa

Se suceden en la prensa de toda Europa los comentarios sobre la situación creada por la renuncia del papa Ratzinger y sus posibles motivos. Nadie bien informado admite ya que la causa de esa retirada haya sido la falta de fuerzas del pontífice y, por el contrario, cada día hay más voces que denuncian la alta presión a que un papa vive sometido, en especial por su propia Curia. Bajo su pseudónimo “Secondat”, un gran jurista católico ha escrito aquí mismo que “tanto en la denominada ‘clase política’ (en la que él figuró incluso como ministro) como los gobernantes de la Curia vaticana predominan los hipócritas”, unos hipócritas “muy poderosos que han cercado a Benedicto XVI obligándole a dimitir”. Y con su nombre propio, el cardenal-arzobispo de Lyon, monseñor Philippe Barbarin, asegura que el sucesor será “más libre y hará todo como lo quiera, a su propia manera”, desconcertante aserción para muchos, estoy seguro, en la medida en que da por supuesto que el anterior ni fue libre ni hizo las cosas como hubiera querido. Por su parte, Hans Küng, viejo amigo de Ratzinger, publica un libro sobre la crisis de la Iglesia y habla en él de “enfermedad”, de “recaídas” y de “subidas de fiebre”: en la Iglesia, asegura, “hay un cisma entre la cúpula jerárquica y las bases”, en lo que coincide con el sociólogo de la Religión de Friburgo Michel Ebert. ¿Habrá que repensar la decisión humilde pero rompedora de Ratzinger en estos críticos términos? En Youtube hay colgado un video en el que se ve despreciar al papa y retirarle ostensiblemente el saludo a un buen número de obispos durante su visita a Alemania. No tiene sentido seguir disimulando en esta coyuntura extrema en que la humilde sagacidad del pontífice dimitido ha puesto al “aparato” y sus contradicciones en evidencia. Lo escandaloso no es ese reconocimiento sino la simple idea de que el papa no haya sido libre.

Paralelamente a la esperanza de que, finalmente, sea elegido un prelado con capacidad y valor suficientes para enfrentarse a esa crisis, crece el temor de que lo fuera uno conformista y dispuesto a mantener el actual sistema, aunque sólo sea porque la Iglesia representa una fuerza mundial de primer orden. De lo que no se puede dudar es de que vivimos un momento crucial en esa historia que sobre tantas luces acumula tantas sombras. Lo va a tener difícil, en todo caso, el cardenal que resulte elegido. Fue el propio Ratzinger quien habló del pastor rodeado por los lobos…

El proyecto de IU

El copresidente Valderas no esconde su proyecto, sino que dice que si la coalición logra entre un 30 y un 50 por ciento de los votos, en España “ocurrirá lo mismo o más allá de lo que ha sido capaz de hacer Hugo Chávez en Venezuela”. Ahí quedó. Griñán debe tentarse la ropa con este gemelo que ya había propuesto la necedad mayor que se ha oído en esta autonomía, a saber, “convocar un referéndum para que los ciudadanos digan si quieren ‘recortes’ o no”. Vean cual es nivel mental de quién cogobierna el cortijo y pretende gobernarlo en solitario. La vieja IU que fue esperanza para muchos es hoy simplemente un peligro encaramado en la joroba del PSOE.

La impostura docente

Entre las innumerables voces que han criticado  nuestro sistema docente con motivo del “aprobado político” (uno más) denunciado por un claustro andaluz, ninguna tan contundente y clarificadora como la del maestro Rogelio Reyes, insigne  e insobornable filólogo, quien, en un artículo reciente, calificaba este sistema público nada menos que como una “paralizante impostura”. Sostiene este profesor en la reserva más activa, que la enseñanza actual está “manipulada desde algunos poderes regionales en un grado extremo en el que concurren de la manera más tosca la demagogia y la falta de respeto a la autonomía del profesorado”, una evidencia clamorosa de la que, sin embargo, no sería justo culpar en solitario a los responsables políticos sino “a todos los protagonistas de la comunidad educativa”, en mayor o menor grado. ¿Puede una consejería rectificar la calificación de un profesor para aprobar o suspender a un alumno, como hace la Junta cada vez que se tercia? La consejera del ramo ha dicho lapidaria que la Junta “no aprueba ni suspende a nadie”, que es como si uno dijera, respecto de la fechoría, que él no ha disparado ningún tiro sin o que ha sido su mano la que apretó el gatillo. Desde siempre, la disconformidad de un alumno con su nota se ha afrontado y resuelto por el sistema de tribunal, un tribunal libre y público en el que otros profesionales avalen o discrepen del criterio de su colega. Pero ¡aprobar o suspender desde la Inspección…! Eso sólo ocurre en un sistema educativo en el que mucho padre apuesta por la blandura y en el que, desde la Junta, lo mismo se subvenciona al alumno absentista para que deje de serlo que se prima con dinero al profesor que suspenda menos para mejorar la pésima estadística.

 

Denuncias como la profesor Reyes no son frecuentes ni, por lo general, populares, precisamente por eso: porque quien más quien menos en esa comunidad se siente cómodo “instalado en el autoengaño”, preso de “una  red de convenciones tácitamente aceptadas”. Que el niño apruebe, que el nene “pase”, que las vacaciones no se compliquen, que la Junta quede bien en la foto…: es probable que nunca hayamos padecido un montaje educativo tan arbitrario e infecundo. Pero todos contentos, eso sí: los niños, los padres, los malos profes, los políticos irresponsables. Va a costarnos años encarrilar de nuevo este disparate que lleva ya en la mochila a más de una generación.