Lotería preelectoral

Cada partido promete y promete sin tasa en cuanto se presentan las elecciones. Uno dice que rebajará por la mitad el paro andaluz, la otra que va a erradicar la corrupción y a “crujir” al corrupto, un tercero repudia una eventual “grosse koalition” que, a su juicio, no haría sino garantizar la decadencia y así sucesivamente. Ya se sabe que esas promesas están ahí para no ser cumplidas –Tierno dixit—pero incluso el mero acto de la promesa resuena en los oídos ciudadanos como una desfachatez. Dentro de tres semanas, verán como todo vuelve a su cauce, los regeneradores se calman y el peatón sigue su camino por esta vieja calle sin asfaltar.

El vaso de agua

El poeta Gonzalo Gragera, joven y culto, entusiasta de una poesía ágil y menuda, penetrante, de la que él mismo duda sin motivo, a mi juicio, en su afán de verdad, me depara la ocasión infrecuente de intercambiar anhelos e inquietudes, que no otra cosa es el instinto poético y, de paso, me trae su indignación por el colosal paripé de Arco, en fin, no de ese evento, sino de la habitual camelancia que ha logrado abrirse paso en el mercado del arte como si arte fuera, pongo por casos, un vaso de agua valorado en 20.000 euros o una mandala hecha con bragas rojas. Lo del vaso de agua es negocio del cubano Wilfredo Prieto, por lo visto y leído un habitual de esta “manera” que llaman “conceptual” y que resulta desconcertante, desde una perspectiva estrictamente noológica, cuando su gran galerista nos explica que, en fin de cuentas, no se trata más que de “un tema puramente de mercado, de oferta y demanda, y sin el menor riesgo comercial ya que “si alguien me lo roba pongo otro”, dado que lo que valora el objeto es la firma –por más que nunca hayamos oído hablar de este Wilfredo—que ya en otra ocasión le vendió a otro pardillo una sandía cuadrada, no se pierdan la “performance”, que llevó a cabo al propio cliente limitándose el autor a extenderle el valioso certificado.
Dalí estafaba a los yanquis en Cadaqués dejando que un erizo de mar empapado en un tintero dejara su rastro –naturalmente “conceptual”—sobre un papel de barba antes de cobrarles sus mil pelas, y ya les conté aquí el otro día que un tipo ha “expuesto” no recuerdo dónde pero con notable éxito a un par de mendigos sentados, tal cuales, frente al público. Ahora bien, cara dura como la de los del vaso de agua no había visto yo en mi vida. Mi amigo, como se apellida Gragera, escribe greguerías ramonianas titulándolas “graguerías” y destroza el Barroco de un mandoble con un poemilla titulado “Horror vacui” que se me ha enredado en la memoria porque me recuerda aquellas soleares medio guasonas que escribía el maestro Manolo Alcántara: “Imanes en mi nevera,/ vestigios de horror vacui/ en una era postmoderna”. Le pregunta alguien al galerista: “Oiga, ¿Y si el vaso de agua lo pongo yo en mi casa, tendría un Wilfredo Prieto”. “Ah, no, ni hablar, buen hombre. Usted lo que tendría no sería más que una copia…”. Vuelvo al libro de Gonzalo, no les niego que algo desnortado, preguntándome cuánto valdría en el mercado cada uno de estos versos ingenuos y prometedores.

El oro de Moscu

Si ha habido un tópico en la España previa a la democracia –que como la inmensa mayoría de los tópicos, tenía mucho de verdad—ha sido ese del oro de Moscú que estaría financiando a la “antiEspaña”, que es como la Dictadura llamaba a todo disidente de su trama. EL PCE, mismamente, se decía que era tan fuerte y tenía tanta presencia popular porque recibía ingentes propinas soviéticas que, hasta que Ángel Viñas demostró la realidad, los mitómanos relacionaban con el oro del Banco de España que la República envió a Moscú. Bien, ahora el temido no es ya, evidentemente, el PCE, sino más bien el fantasma de una fragmentación que pudiera ponernos a los pies de la nueva caballería roja. Lo podíamos leer, hace unos días, nada menos que en la portada de “The Economist”, en la que aparecía Putin manejando las cuerdas de unas marionetas que vendrían a ser, según la tesis editorial, los partidos populistas emergentes en Europa, desde el Syriza que, mal que bien, ya es poder en Grecia, hasta el IKIP británico pasando, lo que son las cosas, por el de la extrema derecha que maneja ahora mismo un 30 por ciento de los votos franceses, esto es, el Frente Nacional de Marine Le Pen. Putin fomenta la fractura de Occidente –tanto teme a unos Estados Unidos de Europa—a base no ya de financiar a los partidos, como de atizarles ayudas importantes a militantes concretos, y todo ello con el fin, además de quebrar por dentro la unidad social europea, de ir constituyendo en Bruselas un grupo prorruso más que consistente. Vamos, algo así como lo que Hugo Chávez ha logrado por cuatro perras con los cinco eurodiputados de Podemos.

Se ve claro, pues, que el populismo demagógico, es igual si pertenece a extrema derecha que si milita en el priscocomunismo más añejo, pues la estrategia de Putin lo que persigue, por el momento, es desunir, cuanto más mejor, las ya muy desunidas sociedades europeas, aparte de recuperar una zona de influencia prorrusa que en los últimos tiempos ha venido siendo prácticamente inexistente. Alguna de las repúblicas bálticas anda ya llamando a filas a sus jóvenes, temerosa de alguna maniobra rusa similar a la propiciada en Ucrania, un gesto simbólico si se quiere pero elocuente. “The Economist” incluía en esas fuerzas financiadas y disgregadoras al propio Podemos, como si quisiera cerrar el bucle melancólico y devolvernos a aquellos titulares que, un día sí y otro también, sacaban a relucir el oro de Moscú.

Color de hormiga

Color de hormiga se le está poniendo cada día más a los imputados por la juez Alaya en el “caso ERE”, no sólo por la contundencia con que estamos viendo dar sartenazos a los ropones, sino por la rotundidad de algunos testimonios tan firmes como el de la Intervención General del Estado, que se han reafirmado ternes ante la instructora echando abajo el llamado “contrainforme” encargado por Chaves y Griñán. Dicen esos peritos que la Junta conocía de abajo arriba lo que se estaba cociendo, que los sucesivos consejeros de Hacienda jamás hicieron el menor caso de sus “advertencias” de ilegalidad y que, como Juan Palomo, ellos se guisaron y ellos se lo comieron. Ya veremos al final quien se come y quien con ese clamoroso marrón.

La primera autoridad

Por poco no han coincidido la resolución negativa del indulto al ex-alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, con la dura condena impuesta a su sucesora, Pilar Sánchez, que viene a sumarse a otra anterior. En Jerez ha habido en democracia tres alcaldes y dos han acabado con sus huesos en la cárcel. Claro que peor es lo de Marbella, donde ha habido en este periodo de libertades ocho de los cuales cuatro han ido al trullo y cuatro se han librado: mitad y mitad. No es justo, desde luego, descalificar en bloque a los políticos y estos repiten con frecuencia que pocos son los sancionados habida cuenta del gran número de políticos honestos, pero si alguien se toma la molestia de ir llevando la cuenta sólo de los alcaldes condenados en Andalucía, verá con desolación sucederse los condenados, sobre todo por delitos relacionados con el negocio urbanístico, en una inquietante relación que suma decenas y decenas de esos monterillas. Armilla, Estepona, Barbate, El Garrrobo, Morón, Huévar, Camas, Aguadulce, El Coronil o El Madroño, han visto descalificadas por la Justicia a sus primeras autoridades, lo mismo que los vieron –esposados o no, indultados o no, que ésa es otra–, los vecinos de Alozaina, Linares de la Sierra, Arenas, el Puerto de Santa María, Manilva, Valle de Abdelajís, Jerez, Tolox, Bornos, Fines o Puebla del Río. Seguro que existe una relación más precisa que la mía, y seguro también que en ésta de que hablo falte, por pura desidia mía, más de un caso, una vez que anoté la cincuentena.

Esta defección,que me atrevería a calificar de masiva, de la primera autoridad municipal contrasta, claro es, con dignos servidores de lo público, faltaría más, que conciben su tarea como un servicio a su pueblo. Lo malo es, sin embargo, que –aunque la cantidad no engendre la calidad, como hubiera querido Engels—no cabe duda de que descubrir a un monterilla pagando con su visa oficial en un burdel, como aquí ha ocurrido y no una sola vez, comprobando, por si poco fuera, que los transgresores pertenecen a todos los partidos, le permite a uno poco margen para el optimismo. No hay que generalizar, de acuerdo. Pero convengan también los defensores del gremio en que listas como la que me he visto en la precisión de cortar ahí más arriba, favorecen y mucho a la desmoralización generalizada del ciudadano medio. Nada tan urgente, a mi juicio, como un municipalismo moralizado. No se puede esperar honestidad de tanto burgo podrido.

En boca cerrada

Como se comprobó en el debate madrileño de antier, en nuestra vida pública queda poca gente que no tenga trapos sucios que esconder. ¡Pero si un jefe de la Oposición, como Sánchez, clama repetidamente que él es un “político limpio”, como si eso fuera una excepción o un valor añadido! Forjada en el crisol del “aparato”, la presidenta Díaz sabe que más valen cien ausencias que una pedrada, y en consecuencia no aparece ni a tiros por el Parlamento a explicar a dónde, cómo y por qué se ha saqueado el dinero destinado a la Educación de parados. ¿Qué ganaría ella en esa batalla perdida? Miren, en boca cerrada no entran moscas. Y la Junta de Díaz es en este momento un bien celado panal.