No passsó nada

Me presta Burgos ese hallazgo suyo que caracteriza mejor que nada nuestra situación política. Y lo acepto para titular el carpetazo parlamentario que excluye toda responsabilidad política del caso de los fondos de Formación como antes lo hiciera del enredo de los ERE. Aquí “no passsado nada”, una vez más, gracias a la cuidadosa tutela que de la Comisión investigadora ha hecho Ciudadanos y de la ingenua (¿) decisión maximalista de Podemos de abstenerse en la votación final por no haberse incluido entre los presuntos a la propia Susana Díaz. El “régimen” del PSOE se ha beneficiado de muletas tan distintas como la del PA, la de IU y ahora la de Ciudadanos. La que le faltaba era la de Podemos.

No passsó nada

Me presta Burgos ese hallazgo suyo que caracteriza mejor que nada nuestra situación política. Y lo acepto para titular el carpetazo parlamentario que excluye toda responsabilidad política del caso de los fondos de Formación como antes lo hiciera del enredo de los ERE. Aquí “no passsado nada”, una vez más, gracias a la cuidadosa tutela que de la Comisión investigadora ha hecho Ciudadanos y de la ingenua (¿) decisión maximalista de Podemos de abstenerse en la votación final por no haberse incluido entre los presuntos a la propia Susana Díaz. El “régimen” del PSOE se ha beneficiado de muletas tan distintas como la del PA, la de IU y ahora la de Ciudadanos. La que le faltaba era la de Podemos.

Nuestros pobres

Somos una región “imparable”, si quieren, una tierra de alegrías y progresos, pero tenemos más pobres cada día que pasa. Las cifras de Cáritas son elocuentes: uno de cada tres pobres españoles son de este paraíso imaginario donde el dinero público se derrocha cuando no se malversa a mayor gloria del “régimen” imperante. Más de cien mil andaluces –bastantes más- se hallan en “situación de extrema vulnerabilidad”, una cifra, como la anterior, que no corresponde con nuestra población regional sino que, por desgracia, es mucho mayor. Pero eso es algo que ni se ve desde los altos de la Junta ni lo conocen siquiera nuestros paisanos. Nunca tanta miseria alardeó tanto. Desde la opulencia del Poder ni se percibe tanta desgracia.

Dedicación incompleta

Parece ser que la presidente de la Junta dedica ya media jornada a nuestra autonomía y otra media a los enredos de su partido. Media jornada se llama eso, algo que difícilmente se le permitiría a un trabajador público en régimen de jornada completa, a pesar de que este caso tendría una trascendencia infinitamente menor que el absentismo de hecho de la Presidenta. Bien, habrá que acostumbrarse, porque tanto si doña Susana decide dejar la taifa en manos de un mandado como si parte por la mitad su jornada de trabajo, es evidente que la gran perjudicada será la autonomía. Son los ciudadanos andaluces los que pagarán, como era de prever, los platos rotos en los pasillos del PSOE. ¡Dios, qué habremos hecho nosotros para merecer esto!

La sanidad por dentro

Ayer daba a conocer ABC las cifras del gasto que la Junta hace en “fundaciones” sanitarias, esto es, en otra vía paralela de nuestra Administración duplicada. El hecho de que en ellas figuren 2.240 contratados apunta, sin duda, a la vieja estrategia clientelar de una gestión autonómica que ante todo busca el rédito electoral del partido gobernante. Pero, además, cuenta el papel intermediario que esas “empresas” junteras, por completo al margen del control de la Intervención, como lo demostraría el dato, negado por la Junta, las relaciones de alguna de ellas frente a los laboratorios suministradores de nuestros fármacos. Ahí tiene la leal Oposición –con permiso de Ciudadanos—un tema que no debía ser siquiera aplazable.

Un médico humanista

Sería como a mediados de los 60 cuando, por mediación de mi primo José Villadeamigo, el médico y escritor sevillano José María Osuna –un carrionero refugiado en Cazalla— me envió a Madrid un libro de poemas intensos e inquietantes titulado “Oraciones al Dios difícil”, al que enseguida dediqué una crítica en Cuadernos Hispanoamericanos. Desde entonces mantuve con aquel médico-poeta una afectuosa relación que fraguó sólida cuando, en unas vísperas vacacionales, lo conocí en su casa de la sevillana calle de Monsalves. Recuerdo a aquel hombre imponente en su llaneza, embutido en su batín y calzado con sus zapatillas caseras, su perfil algo quijotesco, su hablar pausado y un cierto aura desengañado que prestaba a su figura un singular atractivo humano. Yo había leído ya para entonces su estupendo libro sobre “Los curanderos” –un verdadero hallazgo del que don Julio Caro Baroja me hizo interesantes elogios cuando le proporcioné un ejemplar— y “Andalucía en el fiel” pero, sobre todo, teníamos subrayado en Triunfo, lo mismo Víctor Márquez Reviriego que yo, “La novena provincia andaluza”, un inteligente atisbo sociológico sobre la emigración andaluza a Barcelona que bien merecía la pena que leyeran los actuales merluzos del antiespañolismo.

Encima de la mesa de su comedor, donde me recibió una tarde, me llamó la atención la fuente de almendras que convidaba al visitante para explicarme luego los beneficios de ese fruto para el páncreas , detalle que retengo para situar su eminente figura médica en el extraño plano en que convergen el sabio estudioso y el “médico de pueblo”, atento observador de la realidad, que él presumía de ser. Mucho discutí con él –¡gran paciencia la suya con mi vehemencia juvenil!— sobre las ilusiones que el viejo comunista desengañado se hacía sobre la herencia árabe y, más si cabe, sobre su pretendido rescate del andalucismo de Blas Infante que luego enarbolaría el PSA. Y mucho aprendí de sus juicios –científicos, literarios, políticos—en aquellas visitas y a través de una frecuente correspondencia que conservo. Aquel “médico rural” tan balzacsiano escondía un intelectual riguroso, de levantada espiritualidad y grave pero contenida pasión política. Hoy lo recuerdo –alta figura, bigotito breve, delicadas manos—apasionado contra la superstición y rendido, como tantos talentos andaluces, a un inexorable destino que él sabía orientado irremisiblemente al olvido.