Un poco tarde

La coalición de izquierda IU-CA ha cogobernado con el PSOE en Andalucía hasta que la han echado de sus despachos. Como el PA en su día, le ha sacado las castañas del fuego a su histórico enemigo, el cual le ha correspondido con la displicencia que era de esperar. Y ahora pretende, según su nuevo líder, Alberto Garzón, nada menos que liberar a Andalucía de esa misma corrupción que, mientras duró el cogobierno, IU impidió investigar. ¿O es que IU no conocía la situación de ese “gobiernillo corrupto” que denunciaba antes de que le llegara la bicoca? Un poco tarde para esos salvapatrias que tragaron con todo por un plato de lentejas.

El dinero amarillo

Uno de los fenómenos más llamativos del nuevo siglo es, como hemos dicho y repetido aquí, el turismo de masas al que se han incorporado los ejércitos de viajeros que proceden de países emergentes. El propio Gobierno chino anda preocupado con la invasión de turistas que recibe desde Occidente, tan incivilizada y poco respetuosa, por lo visto, como la de sus propios turistas en el exterior, y está preocupado al extremo de haber editado una guía del turista en la que se descubre al viajero novato, inclinado todavía a comportamientos poco cívicos, su responsabilidad en la buena imagen de su país. Según las estadísticas oficiales, el año pasado, 2014, visitaron Occidente cien millones de turistas chinos que en no más de quince años está previsto que alcancen la cifra de quinientos millones, una población curiosa y ávida de novedades cuyo gasto diario por persona, según las agencias del ramo, se calcula –en España—en ¡dos mil euros diarios! El objetivo de ese turista no es tanto conocer sus destinos como comprar sin tregua en sus comercios, lo que los está convirtiendo a buen ritmo en los clientes preferidos de un turismo que, durante la crisis económica, había venido mostrándose, al parecer, más bien cicatero. No puede haber indicador más elocuente del cambio experimentado por el gigante asiático, en cuyo interior, junto con la explotación severa de amplias capas de población, no cabe duda de que se ha creado en un tiempo récord una clase media pudiente dispuesta a conquistar el mundo.

Parece increíble si miramos atrás para entrever en el recuerdo los rigores de la temible “revolución cultural”, la absurda pretensión, tan cercana en fin de cuentas, de reducir a la población en su conjunto a la igualdad absoluta aparte de prohibirle cualquier signo de modernidad u occidentalismo. Un capitalismo exactor e implacable, aliado comercial de la ceguera voluntaria del llamado “mundo libre”, ha descubierto, al parecer, el camino más corto hacia las “formas degeneradas” del capitalismo consumista con el visto bueno o la vista gorda del propio Partido Comunista en un país que, curiosamente, parece que mantiene intacto el culto a Mao como revelan las colas interminables ante su tumba. Nosotros compramos masivamente en China mientras los chinos –no los trabajadores, los otros—aterrizan aquí obsesionados por comprar en nuestras tiendas. El gato de Mao quiere ahora comer caviar. El nuestro reza, mientras tanto, porque no le falten los ratones.

Alarmas efímeras

Escudriño diariamente la prensa internacional en busca de información fiable sobre la epidemia del mal de Ébola. Encuentro en ella noticias contradictorias, quejas de organismos probadamente responsables, noticias esperanzadoras en el sentido de que la enfermedad remite poco a poco tanto en Sierra Leona como en Guinea o Liberia. En otros casos, voces alarmistas alertan sobre la posibilidad de que esta bonanza no sea sino un vado de la crisis tras el que la epidemia podría recrudecerse incluso, voces que reclaman ayuda internacional para prevenir una posible difusión o que claman contra la inconsciencia de Occidente y el abandono de aquel mundo lejano. Pero ya no hay alarmas mayores, ni nos acordamos de los miles de víctimas o de las escasas que se han salvado de la quema, nadie recuerda ya a los repatriados en vano ni a los que lograron salvarse, nadie habla de la célebre enfermera Teresa, salvo para dejar constancia de que ha perdido el pulso judicial con la médico que la atendió en primera instancia o de que, para sustituir a su perro “Excálibur” (de cuyo sacrificio, y con la que está cayendo, pidió explicaciones parlamentarias el PSOE) por otro llamado “Alma”, fíjense qué elevación. Hay quien no cree en estas alarmas clínicas alegando el ejemplo de la gripe aviar o de las dioxinas, lo cual no deja de ser una temeridad, pero hay que reconocer que no faltan razones para el escepticismo en un mundo que está de vuelta de los mangoneos del negocio de la farmaindustria.

Habrán notado, en definitiva, que ya no se habla del ébola o se hace en voz baja y en páginas interiores dando cuenta del susto de un presunto contagio tratado en Sevilla o en Cabo Verde, lo mismo, más o menos, que ocurrió cuando nos suprimieron el solomillo durante una temporada con el cuento de las vacas locas que provocó tantas ruinas y dejó templando a las arcas europeas. Y eso es malo, porque puede acabar ocurriendo lo que en la fábula del pastor y el lobo, mal que le pese a esa denostada farmaindustria y a la voracidad mediática. Pregunto inquieto sobre las garantías de la vacuna antigripal y me contestan que sí y que no, que ya veremos, al tiempo que Sanidad retira del mercado la tira de “genéricos” autorizados por ella misma. La salud va siendo ya una aventura alejada del alcance facultativo. Y las alarmas, en gran medida, tapaderas de problemas reales. Me da el pálpito de que el ébola non hubiera sido el mismo si Europa hubiera salido ya de la recesión.

Canal Sur, a la orden

A la orden y en el primer tiempo del saludo, la radiotelevisión andaluza, Canal Sur, se ha apresurado a complacer a sus amos: no habrá debates cara a cara entre dos candidatos, que pudieran servir para escuchar a la presidenta Díaz algo más que el eslogan de la jornada, sino, exclusivamente, debates-gallinero, de esos en que entran varios, tal vez casi todos y un coordinador debidamente instruido cede y retira la palabra. No se fían, con toda evidencia, de una doña Susana expuesta al pimpampún de algún rival más capaz y prefieren conservar su imagen en el formol de la “instantánea” en su galería de sonrisas. Díaz sabe que no se hace la misma política ante una cámara delatora que entre pasillos. Y Canal Sur obedece, como siempre.

El pudor oral

A ese cerdo sin atenuantes que a punto estuvo de ser Presidente de Francia, Dominique Strauss-Kahn, van a absolverlo en el proceso por “proxenetismo agravado” que se le sigue en Lille. Seguro, puesto que ni el fiscal ni las acusaciones privadas solicitan pena alguna para él a pesar de la abrumadora evidencia de que lo que se juzga –el putiferio organizado no se sabe si por él o para él—ofrece un cuadro moral desolador. ¿No hay Justicia para los grandes? Quizá no se trate tanto de eso, aunque también, como de una “manière” generalizada de ver la vida privada –la de los machos, se sobreentiende—como algo siempre venial y como “determinado” por la propia naturaleza. Él, Strauss-Kahn, un tipo que fuerza a una camarera de hotel o se dedica habitualmente a participar en juergas colosales como las que han salido a relucir, lo ha explicado de modo que, con seguridad, ha sido bien entendido si no por toda la sociedad, al menos por al androceo: “Yo debo de tener una sexualidad más ruda que la media”, ha explicado al tribunal, eso es todo, o sea, que no me vengan ahora con mimitos a pedirme responsabilidades. ¿Se puede tener más dura (la cara)?

Confieso que, en todo caso, a mí lo que más me ha impresionado ha sido la contención lingüística de la prensa en general, el recurso sistemático al eufemismo que han venido haciendo los cronistas del caso, en ocasiones por completo ridículas, por mucho que el francés, como lengua, se preste tanto a ello, cúrsiles metáforas descriptivas como “amores tarifados”, “prestaciones” o “prácticas” voluntarias, “intercambio sexual” o, agárrense fuerte, “noches traviesas” como las que ese macho rudo pasaba con hembras que sostiene que no eran profesionales, como si él y su circunstancia permitieran explicar otra cosa. Poco o nada, en resumen, aparte de que la República se haya librado de tan insaciable garañón. ¿Y cómo sancionar a un tío por participar en la feria de ese limbo eufemístico en el país de Chaderlos Laclos, de Diderot o de Sade? Ha habido periodista que ha justificado su continencia en función de la “inquisition voyeuruse”, ese ojo indiscreto que prefiere llamar “parti fin” a lo que de toda la vida se ha llamado un “trío”, hasta que, al final, lo que iba a ser un proceso moralizador se ha quedado en agua de borrajas. Nafissatou Diallo, la camarera de Nueva York, es ahora la dueña de un restaurant de moda. Vean como un poco de buena voluntad acaba por ablandar hasta los corazones más duros.

Belmonte

Antier mismo, el ministro de Justicia declaraba en Sevilla que, a su juicio, el proceso judicial no debe interrumpirse porque unas elecciones se crucen con él. Pero ayer mismo veíamos dar marcha atrás al PSOE bicéfalo de Madrid-Sevilla, negándose a cumplir la doble promesa de reclamar su escaño a los ex-Presidentes imputados por el TC en el “caso ERE”. El argumento de los aplazadores es que, de coincidir proceso y comicios, saldría perjudicado el partido concernido. Ya, pero ¿qué me dicen del perjuicio que ese favor causa a los otros partidos? El tiempo de la Justicia tiene que ser paralelo al de la política. Lo demás son componendas, retrocesos y, en definitiva, complicidad, siquiera relativa, con el presunto delito.