El Dédalo jurídico

Desde mi época de estudiante las cosas han variado una barbaridad en el laberinto conceptual del Derecho. Es cosa sabida que los juristas han escrito con plumas eximias, lo mismo que algunos médicos humanistas, pero aquellos atenidos a su materia necesariamente más árida. Era una delicia la prosa civilista de don Federico de Castro, la mercantil de Garrigues, de Uría o del maestro Olivencia, la penalista con que se expresaba Del Rosal, y eso es algo que, a mi modesto entender, se ha ido perdiendo luego ignoro por qué causas. El caso es que entonces hasta los principiantes sabíamos distinguir divinamente entre una demanda y una querella, entre el delito doloso y el imprudente, entre un endoso y un protesto, mientras que ahora el presidente del Tribunal Supremo llama “trámite” a una “imputación” como la copa de un pino, el ministro de Justicia le corrige sin señalar diciendo que a nadie se detiene si no hay delito, un fiscal-consejero lamenta la “poca cultura jurídica procesal” del ministro y la presidenta de la Junta se zafa de la cuestión diciendo que ella con quién está es con los andaluces y que la dejen en paz. Ya el imputado Chaves había proclamado que, en su caso, no había ni indicio de delito, aunque el abogado de Griñán haya admitido, por último que si no delito, responsabilidad política, sí que hay. Es cierto que hoy en día se debate el término en plan nominalista pero de lo que no hay duda es de que “imputado” es ni más ni menos que lo que el dice Código Penal. A él les remito.

Con su ironía habitual, Ignacio Camacho ha sugerido que ambos ex-Presidentes sólo estaban “un poquito imputados”, cosa de nada, y no como los imputados del común que lo están y ya está. Y yo me he acordado de que una vez que Jesús Quintero le preguntó a Beni de Cádiz ante las cámaras si había estado en la cárcel, Beni se echó para atrás, como tomando impulso, y batió de un salto dialéctico todos los récords del eufemismo: “¿En la cárcel? –preguntó, para añadir como si tal cosa: “Mu poco, casi na”. Para que vean como el pueblo soberano es capaz de superar la traza jurídica y aumentar o reducir los conceptos a voluntad, sin complejos, y sin meterse en el “parterre” jurídico. Ahora, con media España imputada y la otra media por imputar, parece que van a introducir el término “investigado” para no dañar la imagen del presunto. Un desplazamiento léxico insignificante, desde luego, pero quien sabe si tan eficaz como el “casi na” de Beni.

Alcaldes penados

La segunda condena que cae sobre las espaldas de la ex-alcaldesa de Jerez, Pilar Sánchez, coincide casi con la negativa del Gobierno a indultar al ex –alcalde Pedro Pacheco y parece confirmar la impresión de que los ropones se han estirado las puñetas y no están dispuestos a comerse ellos solos el marrón de las corrupciones. Es ya un escándalo tanto alcalde condenado –dos en Jerez, cuatro en Marbella…– y más si se considera que pertenecen a todos los partidos que han tocado poder. ¿Qué exigencia ética puede plantearse a unos vecinos que ven a sus alcaldes sentados en el banquillo cuando no entre rejas? Algo va muy mal en esta democracia y los partidos –sobre todo, los que tienen mayor peso político—están obligados a enderezar ese entuerto sin esperar a que vengan a arreglárselo los demagogos del populismo.

El tío Paco

No ha hecho falta apurar el plazo dado el Gobierno griego para que ese ministro desinhibido con un no sé qué de portero de discoteca, célebre por su libertario portazo de hace unos días, haya pedido árnica como cualquier hijo de vecino. La legión española de Podemos va a tener tiempo sobrado para mirarse en ese espejo y ver de qué vertiginosa manera puede desplomarse en un par de respetuosos folios todo el tinglado demagógico. Ya no habla Varufakis, en efecto, del impago de la asfixiante deuda, ni rechaza el control de la Troika aunque la designe con un eufemismo, ya acepta que no tomará medidas económicas sin antes pactar con sus socios y, por supuesto, traga también con que habrá que hacer profundas reformas, todo ello a cambio de que la UE le prorrogue por cuatro meses el crédito perdido. Menos lobos, pues, que si el formato del mitin admite cualquier ocurrencia, la vida real impone inexorablemente el peso de los compromisos. La autonomía y la eleuthería, de que aquí hacíamos memoria hace poco, puede que se mantuvieran solas en el seno de una “polis” que vivía ensimismada dentro de sus murallas, pero es obvio que en una organización asociativa hay que conllevar el paso con los socios y marchar a su ritmo. Poco vale por sí sola la voluntad autárquica cuando el erario tiene contados los días y el país debe elegir entre el acuerdo y la quiebra. El crak griego ha servido para comprobar que la interdependencia es hoy un imperativo insoslayable.
No hay duros a tres pesetas ni deudas que no se acabe pagando en un mundo organizado. Mal organizado si se quiere, injustamente gestionado, vale, pero para suplantar al cual no basta echar abajo el templo en plan Sansón sino traer debajo de brazo una carpeta de reformas verosímiles. La crisis griega es la consecuencia del desgobierno de un país podrido además del efecto de ciertas maniobras financieras. Y eso no tiene por qué pagarlo el resto de sus socios europeos. Menos lobos, ya digo, porque una cosa es prometer en el limbo electoral y otra gobernar en medio de la realidad. ¿Lo apreciarán así quienes en principio han creído en nuestros populistas bolivarianos o cerrarán los ojos para no ver lo que, aplastados por la necesidad y el rencor, no quieren ver muchos de esos españoles que creyeron que, tras las elecciones griegas, los perros se atarían con longaniza? Un poco tarde es ya para lord Keynes, por supuesto, y no les digo nada si en quien están pensando es en el príncipe Kropotkin.

Un poco tarde

La coalición de izquierda IU-CA ha cogobernado con el PSOE en Andalucía hasta que la han echado de sus despachos. Como el PA en su día, le ha sacado las castañas del fuego a su histórico enemigo, el cual le ha correspondido con la displicencia que era de esperar. Y ahora pretende, según su nuevo líder, Alberto Garzón, nada menos que liberar a Andalucía de esa misma corrupción que, mientras duró el cogobierno, IU impidió investigar. ¿O es que IU no conocía la situación de ese “gobiernillo corrupto” que denunciaba antes de que le llegara la bicoca? Un poco tarde para esos salvapatrias que tragaron con todo por un plato de lentejas.

El dinero amarillo

Uno de los fenómenos más llamativos del nuevo siglo es, como hemos dicho y repetido aquí, el turismo de masas al que se han incorporado los ejércitos de viajeros que proceden de países emergentes. El propio Gobierno chino anda preocupado con la invasión de turistas que recibe desde Occidente, tan incivilizada y poco respetuosa, por lo visto, como la de sus propios turistas en el exterior, y está preocupado al extremo de haber editado una guía del turista en la que se descubre al viajero novato, inclinado todavía a comportamientos poco cívicos, su responsabilidad en la buena imagen de su país. Según las estadísticas oficiales, el año pasado, 2014, visitaron Occidente cien millones de turistas chinos que en no más de quince años está previsto que alcancen la cifra de quinientos millones, una población curiosa y ávida de novedades cuyo gasto diario por persona, según las agencias del ramo, se calcula –en España—en ¡dos mil euros diarios! El objetivo de ese turista no es tanto conocer sus destinos como comprar sin tregua en sus comercios, lo que los está convirtiendo a buen ritmo en los clientes preferidos de un turismo que, durante la crisis económica, había venido mostrándose, al parecer, más bien cicatero. No puede haber indicador más elocuente del cambio experimentado por el gigante asiático, en cuyo interior, junto con la explotación severa de amplias capas de población, no cabe duda de que se ha creado en un tiempo récord una clase media pudiente dispuesta a conquistar el mundo.

Parece increíble si miramos atrás para entrever en el recuerdo los rigores de la temible “revolución cultural”, la absurda pretensión, tan cercana en fin de cuentas, de reducir a la población en su conjunto a la igualdad absoluta aparte de prohibirle cualquier signo de modernidad u occidentalismo. Un capitalismo exactor e implacable, aliado comercial de la ceguera voluntaria del llamado “mundo libre”, ha descubierto, al parecer, el camino más corto hacia las “formas degeneradas” del capitalismo consumista con el visto bueno o la vista gorda del propio Partido Comunista en un país que, curiosamente, parece que mantiene intacto el culto a Mao como revelan las colas interminables ante su tumba. Nosotros compramos masivamente en China mientras los chinos –no los trabajadores, los otros—aterrizan aquí obsesionados por comprar en nuestras tiendas. El gato de Mao quiere ahora comer caviar. El nuestro reza, mientras tanto, porque no le falten los ratones.

Alarmas efímeras

Escudriño diariamente la prensa internacional en busca de información fiable sobre la epidemia del mal de Ébola. Encuentro en ella noticias contradictorias, quejas de organismos probadamente responsables, noticias esperanzadoras en el sentido de que la enfermedad remite poco a poco tanto en Sierra Leona como en Guinea o Liberia. En otros casos, voces alarmistas alertan sobre la posibilidad de que esta bonanza no sea sino un vado de la crisis tras el que la epidemia podría recrudecerse incluso, voces que reclaman ayuda internacional para prevenir una posible difusión o que claman contra la inconsciencia de Occidente y el abandono de aquel mundo lejano. Pero ya no hay alarmas mayores, ni nos acordamos de los miles de víctimas o de las escasas que se han salvado de la quema, nadie recuerda ya a los repatriados en vano ni a los que lograron salvarse, nadie habla de la célebre enfermera Teresa, salvo para dejar constancia de que ha perdido el pulso judicial con la médico que la atendió en primera instancia o de que, para sustituir a su perro “Excálibur” (de cuyo sacrificio, y con la que está cayendo, pidió explicaciones parlamentarias el PSOE) por otro llamado “Alma”, fíjense qué elevación. Hay quien no cree en estas alarmas clínicas alegando el ejemplo de la gripe aviar o de las dioxinas, lo cual no deja de ser una temeridad, pero hay que reconocer que no faltan razones para el escepticismo en un mundo que está de vuelta de los mangoneos del negocio de la farmaindustria.

Habrán notado, en definitiva, que ya no se habla del ébola o se hace en voz baja y en páginas interiores dando cuenta del susto de un presunto contagio tratado en Sevilla o en Cabo Verde, lo mismo, más o menos, que ocurrió cuando nos suprimieron el solomillo durante una temporada con el cuento de las vacas locas que provocó tantas ruinas y dejó templando a las arcas europeas. Y eso es malo, porque puede acabar ocurriendo lo que en la fábula del pastor y el lobo, mal que le pese a esa denostada farmaindustria y a la voracidad mediática. Pregunto inquieto sobre las garantías de la vacuna antigripal y me contestan que sí y que no, que ya veremos, al tiempo que Sanidad retira del mercado la tira de “genéricos” autorizados por ella misma. La salud va siendo ya una aventura alejada del alcance facultativo. Y las alarmas, en gran medida, tapaderas de problemas reales. Me da el pálpito de que el ébola non hubiera sido el mismo si Europa hubiera salido ya de la recesión.