No hay manera

Insisten los fosores que viven de la inacabable búsqueda de los restos de García Lorca en exigir a la Junta –tras varios sonoros fracasos de sus anteriores intentos—que siga apoquinando para pagar las excavaciones. No les arredra ni el ridículo –al menos Ian Gibson se ha retirado entre bambalinas—ni el escándalo que supone seguir dilapidando el presupuesto en aventuras que han llegado a ser extravagantes. Claro que la Junta se merece la presión por haber sido la consentidora de esta exhibición de incompetencia y de falta de sentido común, en tanto que alentadora de una “memoria histórica” tan anacrónica a esta alturas como demuestra el despiste de los fosores. Los mismos que se ha reído del melodrama cervantino tendrán que mirarse en el espejo.

Locos por la casta

Parece que, finalmente, la estrategia andaluza de Podemos se decidirá, como siempre, desde Madrid. No es que me sorprenda, ya digo, porque desde que hay autonomía, los Presidentes de la Junta han sido puestos y defenestrados, uno tras otro, desde la capital del reino, pero, la verdad, tampoco me encaja del todo tratándose de un partido como Podemos que ha hecho fortuna precisamente vendiendo esa rara mercancía que es el talante asambleario. “Nosotros no pertenecemos a la Casta, nosotros somos respecto de ella como el agua y el aceite, lo que hagamos no lo decidirán los gerifaltes de la “pomada” sino que será acordado libremente por “la gente” –¿no hay algo despectivo en esa foto sin rostros?—primera y última instancia de la voluntad popular. ¡Vida Rousseau, viva Marx! ¡Se acabaron los “aparatos”, se acabó el ordeno y mando: en adelante, con nosotros, la política tendrá ese tono blanco rosado de la piedra griega, la del Partenón visto desde abajo. ¿Ganar? Nada de grandes nóminas: lo justo para vivir con dignidad, a excepción quizá de Monedero, que ése se las avía solo”. ¿No les suena ese largo discurso? Pues bien, ahora resulta que, como muchos nos maliciábamos –¡nos hemos tragado tantas asambleas de Facultad!—Podemos ha dejado de ser un “movimiento” y un brote espontáneo para convertirse en un partido como otro cualquiera, es decir, en una formación ordenada de arriba abajo en la que el que manda es el Jefe y el Jefe, como decían los fascistas antiguos, siempre lleva razón.

Una cosa es predicar y otra dar trigo, como están comprobando ya los diputados andaluces de Podemos a los que desde Madrid le van a decir en su momento lo que tienen que votar cuando la presidenta en funciones comparezca para su investidura. A eso le llamaba Lenin el “centralismo democrático” y ya se vio la cuenta que, llegado el caso, le hacía Lenin a los “soviets”, que eran como los “círculos” y asambleas que ahora vende Podemos a sus crédulos, o sea, nada. ¡Con tal de que estos no acaben mandándole a algún Troski propio un tío con un piolet! En fin, mejor para el PSOE que, a pesar de la podre y a pesar del peor resultado de su historia contemporánea, va a encontrar en esos revolucionarios indomables su imprescindible sostén. ¡Qué estafa, camaradas! Aunque no constituya ninguna novedad: recuerdo un viejo graffiti de la Supercasta: “Ni curas ni banqueros, Falange con los obreros”. Bueno, pues hubo más de uno y más de diez que se lo tragaron.

Ganar tiempo

Tocante a la restitución de los dineros mangados, la Junta sigue la estrategia de los equipos pobres: echar balones fuera y dejar que corra el reloj. El mismo expediente abierto a la UGT por las famosas facturas falsas, lleva años –he dicho años– rodando de negociado en negociado y de sección en sección en espera de que el tiempo se agote y la responsabilidad prescriba. ¿Cuánto tiempo en necesario, en realidad, para instruir un expediente exigiéndole a un subvencionado que devuelva la pasta que pidió para aliviar el paro y se la gastó en juergas? La Junta parece tenerlo calculado al dedillo para evitar que se llegue a la incómoda restitución.

Iconoclastias

Ayer martes se presentó en El Prado, tras exponerse en Florencia y Venecia, el “San Giovannino” de Miguel Ángel –única escultura del maestro fuera de Italia junto a la Virgen de Brujas–, singularísimo éxito de los restauradores del florentino Opificio delle Pietre Dure que han dedicado a esta labor nada menos que 19 años. El día de Santa Ana de 1936 unos insensatos asaltaron una impar iglesia ubetense y entre otras proezas destruyeron a martillazos esa obra insigne que don Francisco de los Cobos, secretario de S.M., había recibido como presente de Cósimo de Médicis e instalado en su castillo de Sabiote, hasta que su viuda, ya al filo del último tercio del XVI, lo depositó definitivamente en la misma iglesia de San Salvador de Úbeda, diseñada por Diego de Siloé y rematada por Vandelvira. Los empeños tienen su nombre y al de éste corresponde el de Ignacio de Medina, duque de Segorbe, tenaz conservador de los bienes de los Medinaceli y excepcional conocedor del Renacimiento italiano. La iconoclastia es tan antigua como la Humanidad aunque haya que matizar que escenas bárbaras como las que vemos estos días en Siria se diferencian de las aquí perpetradas en que las de hogaño responden a un propósito anticivilizatorio expreso mientras que aquellas no eran más que una desdichada explosión de ignorancia. La cabeza del “San Juanito” estuvo un tiempo como pisapapeles en la mesa de un reputado historiador del arte. Segorbe ha logrado recolocarla en su lugar exacto como quien recompone el puzzle desordenado de la dignidad nacional.

¡Gran contribución a la “memoria histórica”! Sobre ese “San Juanito”, que pronto volverá a Andalucía, campean las inevitables cicatrices como metáforas de un pasado feroz, pero también como argumentos de esa afición restauradora que sostiene la cultura tantas veces escarnecida por la brutalidad. Cuentan que Pierre Loti lloró al contemplar la destrucción de los relieves perpetrada por los iconoclastas en la iglesia de San Salvador in Cora pero que se consoló contemplando los frescos bizantinos heredados de los Paleólogos y salvados por manos piadosas. Menos contemplativo, Segorbe ha rescatado una obra singular, aunando con constancia los profanados fragmentos a que la furia insensata redujo esa maravilla que desde ayer se ofrece en El Prado y que pronto recuperará Andalucía como un emblema sublime de la inutilidad del odio ciego y del mérito de la voluntad.

Ellos y nosotros

El portavoz parlamentario del PSOE, experto aunque autodidacta, ha exigido a “todo el mundo, una interpretación correcta de las elecciones en las que ha habido un vencedor claro, el PSOE y Susana Díaz, algo que nadie discute”. Ya. Pero, entonces, cuando en las anteriores fueron el PP y Javier Arenas quiénes ganaron con idéntica claridad los comicios, ¿por qué no se exigió con la misma vehemencia el apoyo que ahora se reclama? El propio Defensor del Pueblo se ha sumado a la campaña reclamando celeridad a la hora de constituir el Parlamento e investir a la Presidenta en funciones. Siempre ellos y nosotros, esta acera y la de enfrente, y el embudo colocado del revés aunque se cuele Podemos.

¿Vuelve Maurras?

Uno de cada cuatro votos franceses fue a engordar, en la primera vuelta, al neofascismo lepenista. Es acaso la fibra reaccionaria y xenófoba además de promussoliniana que en su día defendió la “Action Francaise” de Charles Maurras, aunque hoy se apoye en el sentimiento de inseguridad de la población frente al auge de las minorías inmigrantes, esos “metecos” que amenazan con quedarse con la herencia patria. Pero como en Francia hay “segunda vuelta” electoral, el triunfo de los conservatas moderados de Sarkozy garantiza que será la derecha centrista la que se haga cargo del país hoy atrapado por una conjunción de crisis simultáneas. ¿Se dan cuenta de lo que, en todo caso, supone esa progresión de la extrema derecha antieuropea en el marco de una unión continental que, al menos de momento, funciona como un vasto reservorio de la democracia, mientras la izquierda se disgrega más y más en bandos fratricidas? Cierto que ese extremismo no cuenta hoy, como en tiempos de Maurras, con una gavilla de intelectuales más o menos “orgánicos”, pero también lo es que la explosión que supone el reajuste demográfico ceba esa bomba con una trilita implacable, que le pone fácil el discurso al radicalismo de derechas, lo que explica los conservadores más centrados hayan recuperado una ve más el voto útil arrancándoselo a una fuerza como ese Front National que es ya la segunda en un horizonte político de lo más inquietante.

No es dudoso que la circunstancia creada por el terrorismo islamista refuerza esta tendencia básicamente antidemocrática. El elemento más dramático, a mi parecer, no es ése, sino el desplome de una izquierda de momento irrecuperable. Francia ha sido siempre un referente democrático –incluso, bien mirado, hasta con De Gaulle—pero no ha perdido nunca esa fibra maurrasiana trenzada por el sentimiento nacionalista y el reflejo de orden que se remontan –ambos—a la propia etapa revolucionaria. El problema es que estos son otros tiempos, en los que queramos o no hemos de aferrarnos al proyecto europeo, por más que ello suponga una renuncia cierta a lo que podríamos llamar la “soberanía excedente”, esa parte del Poder que, en un planeta globalizado sin remedio, puede y debe delegarse en la unión continental para fortalecerla. Y por lo visto, uno de cada cuatro franceses no está por la labor o no lo estaba, al menos, en la “primera vuelta”. Lo que no estaría de más que tomáramos nota aquí, donde también tuvimos siempre nuestros Maurras.