La foto fija

Veo la foto del Día del Trabajador –Casero, Cañamero, Gordillo—y se me antoja retrato sepia de una época en que todavía era de curso legal exigir el “reparto” como los bisabuelos de la AIT a los que los marxistas daban la vara llamándoles ‘pequeñoburgueses’, nada menos, por ésa aspiración a la propiedad. Cañamero ha comparado al PSOE con la Dictadura añorando nostálgico los manejos de la “concentración parcelaria” y las “revoluciones” del IRYDA. Un anacronismo, desde luego, porque si esa fuera la vía correcta no se explica por qué guardan silencio ante el hecho de que el cadáver de la Reforma Agraria, ¿se acuerdan?, permanezca incorrupto en el mausoleo de la incompetencia autonómica. ¿No claman porque Chaves y su corte se vayan y dejen paso a la gente nueva? Pues ellos ahí siguen, impertérritos, cuando ya nada es igual a su alrededor, ni dentro ni fuera, ni arriba ni abajo. Ocuparle hoy simbólicamente una finca a una duquesa es todo lo más un “¡Viva Cartagena!’ o un brindis al sol. Quizá al único que aún calienta algo por esos pagos mentales.

Dos “1 de Mayo”

Otro año con los sindicatos cada cual por su lado, la incapacidad para la unidad incluso si llevan –me refiero a los dos grandes, a los que se llevan la parte del león de la “concertación social”—el mismo lema múltiple: “Por la Paz, Empleo estable e Igualdad. No a la siniestralidad”. La UGT, más cercana al poder, comadre en la Diputación, tiró por la Avenida de Andalucía. CCOO, más leñera menos bienquista, por la Huelva céntrica. No son capaces de unirse ni por un día, como si el mundo del trabajo, incluso contemplado desde la misma perspectiva, no fuera uno y el mismo, como si los problemas de los trabajadores (y de los parados, ojo, que de esos, los síndicos se acuerdan poco) fueran distintos en función del recorrido. Lo de la Diputación, por ejemplo, es elocuente: CCOO acusando a los dirigentes de arbitrarios e injustos, UGT defendiéndolos a capa y espada o con la daga del silencio. Dos ‘1 de Mayo”, una vez más. Si es cierto eso de que la unión hace la fuerza aquí hay más de uno que prefiere la debilidad.

La conciencia leve

La foto famosa de los hemiciclos parlamentario desiertos ha convencido, lamentable pero lógicamente, a muchos ciudadanos del absentismo de sus representantes legítimos. No hace falta, sin embargo, esa foto concluyente para aceptar que nuestros parlamentarios constituyen una clase laboral privilegiada que, como Juan Palomo, guisa lo que se come y hace de su tiempo laboral lo que mejor le cuadra atenida sólo a su discutible conciencia. No es la primera vez que en una cámara de nuestra democracia falla un ‘quorum’ o resulta necesario repetir alguna liturgia en vista de la deserción de los oficiantes, pero quizá en ninguna ocasión había ocurrido que una opción política perdiera una votación concerniente a una ley con la que el compromiso ideológico haya sido tan fuerte como el conseguido por la de Reproducción Asistida, que ha sido aprobada en el Senado, con las enmiendas del PP incorporadas, a causa de la ausencia de los senadores del PSOE y de Entesa que no pudieron resistirse a la tentación del partidazo de la “Champions”. ¡De modo que se libra una encarnizada batalla en torno a una norma de la que se supone que pudieran depender trascendentales avances científicos y médicos, pero a continuación  se larga uno al bar a ver el partido y deja la ley en manos de unos opositores que pretenden neutralizarla en lo posible por razones ideológicas! La verdad, uno no cree a estas alturas que haya mucha gente tan primavera como para tomarse en serio las vehemencias de los políticos –ahí tienen a Guerra jugando a campeón españolista pero votando a contrapelo a favor del Estatut, o a Chaves defendiendo hoy una cosa y mañana la contraria en el mismo negocio—pero gestos tan desahogados como esa desbandada futbolera no cabe duda de que pasan de la raya. Yo no creo ni que a esos derechistas les preocupe poco ni mucho el riesgo de “matar el alma” o de la eventual fabricación de un Frankenstein, como no creo que a los sociatas les quite el sueño un eventual parón legal a la manipulación genética. Lo que no creía era que tuvieran tan poquísima vergüenza como para irse a la cafetería para ver el partido cubata en mano mientras se votaba una ley de tan largo alcance. Hay hechos que no debemos permitir que se reduzcan a anécdotas y, desde luego, éste es uno de ellos.

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¿Alguien concibe a las trabajadoras de una salazonera abandonado a la carrera el trabajo para no perderse el último capítulo de “Pasión de Gavilanes” o a los currelantes de astilleros, de la banca o de un mercado de entradores dejando regocijadamente el tajo para ver en directo ese fascinante match? Patronos y empleados de sí mismos,  nuestros parlamentarios deciden por su cuenta el salario que han de percibir y sus consiguientes mejoras, establecen su jubilación máxima con sólo cinco años de servicios prestados, se marcan un plan de pensiones pagado con dinero público para compensar decorosamente sus ingresos el día de mañana, llevan encima una tarjeta de crédito que les permite viajar gratis total, por tierra, mar y aire, en primerísima clase (hay alguno que la utilizó precisamente para ver un partido de fútbol) y, encima, entran y salen del curro cuando y como les place, sin tener que dar cuenta a nadie, incluso en el caso, verdaderamente extraordinario, de que de su ausencia pueda derivarse un efecto tan contrario a sus conciencias como han venido proclamando con énfasis durante años. Ya ven en qué queda la resistencia ante el designio reaccionario de frenar la nueva biología, ya ven en qué queda la conciencia herida de estos “novatores” ante la promesa de un regate de Ronaldinho. Ni la derecha se cree sus melindres morales (ya ven cómo acaba aceptándolo todo cuando ya no tiene remedio) ni a la izquierda le importa gran cosa la defensa de una ética que sirve para marcar el territorio electoral pero para poco más. La democracia no tiene acaso mayor enemigo que esta insoportable levedad de la conciencia consagrada por los reglamentos.

La olla podrida

Al margen de la actividad judicial en torno al saqueo marbellí destaca la afirmación de que el ‘capo’ Roca aseguraba voluntades entre miembros de la Justicia, altos cargos de la Junta, agentes policiales y hasta miembros del CNI. Bien, pero ¿quiénes eran aquellos juzgadores, quiénes estos altos cargos de la Junta y quiénes esos policías? Es urgente que se aclara esta cuestión, por molesta que resulte a la Justicia o a las Administraciones, si no se quiere que el personal saque en claro que lo que aquí se está produciendo no es más que un forzoso lavado de cara y que se va a empapelar a los más descarados pero dejando en la impunidad a esa trama corrupta que es la que ha permitido que funcionaria la maquinaria gilista durante tanto tiempo. De momento ya sabemos, hasta judicialmente, que uno de esos “sobres” fue, en forma de talón y en concepto de cohecho a la Junta, a la caja del PSOE andaluz y que en ella continúan sus cuartos sin que nadie haya reclamado la devolución de lo ilegalmente adquirido. Pero queda conocer el resto: los demás altos cargos, los miembros podridos de la Justicia o la policía a los que el gilismo corrompía con dinero o vacaciones pagadas.

La crisis sanitaria

A la protesta de los médicos del Condado (Almonte) y el Andévalo (Valverde) se une ahora la Costa con el plante de los cartayeros, con lo que el incombustible doctor Pozuelo, “el Bienpagao”, está a punto de conseguir que la queja se convierta en provincial. El propio alcalde de Cartaya, Juan Antonio Millán, describe como insoportable la situación, en carta a la consejera: la plantilla médica diseñada hace años para atender las necesidades de 10.000 habitantes se ve obligada hoy a atender a 17.000; no hay pediatra en el pueblo; existe un solo turno de urgencia, lo que supone que un segundo caso deberá esperar hasta que vuelva el servicio; los médicos tienen asignadas 1.800 cartillas en lugar de las 1.500 que deberían tener. En fin, todo eso lo dice el propio “comandante” Millán. Verán como, a pesar de ello, la consejera se pasa el toro por la faja y a otra cosa. Pozuelo debió nacer de pie. Los demás debimos hacerlo de cabeza, por no decir algo peor.

Alas de mariposa

La metáfora sobre el llamado “efecto mariposa” –las imaginarias consecuencias que el aleteo de sus alas podrían causar a distancias inimaginables—ha soportado durante todos estos años de fervorín globalizador variaciones dignas de la antología más ambiciosa. Se ha dicho y escrito que si ese lepidóptero aletea en Japón algún meteoro devastador podría castigar Centroamérica, que si lo hace en Las Vegas podría conmover las finanzas de Hong Kong o viceversa, que si el suceso se produce en Pekín (hoy Beijing, ya saben), cosa de tres días más tardes un tormentón de aquí te espero pudiera devastar las antípodas, en fin, muchas variantes básicamente clónicas. Cuando un paciente matemático descubrió en un lugar lejano que el sistema ‘Pentium’ multiplicaba y dividía de manera defectuosa, las acciones de Intel, en efecto, cayeron en picado en Wall Street, como si quisieran probar que la invención del zorro de Fukuyama no carecía de fundamentos en la vida real, que no es la que discurre cotidiana y ojalá que plácidamente en su salón o en el mío, sino la agitadísima que se registra en el parquet de las Bolsas con la oreja puesta, en efecto, hasta en el pálpito cosmopolita más lejano. La China emergente acaba de ofrecer al mundo una demostración espectacular a este propósito al subir sin previo aviso los tipos de interés de su Banco nacional con la intención de frenar el incómodo calentamiento que padece esa economía fabulosa –que ha crecido durante el primer trimestre de este año de gracia más de un 10 por ciento–, leve batir de alas que ha provocado, en efecto, un seísmo sin precedentes de los mercados afectando desde el precio del oro o al del petróleo al trasladar a la Bolsa, en forma de graves turbulencias, la caída sufrida por los mercados de materias primas. Vamos a tener que acabar dándole la razón a “el Chino”, que es como en la lonja intelectual de Occidente –tan racista, tan xenófoba como sabemos—se suele aludir a Francis Fukuyama, ese viejo colaborador de la CIA (según dicen) que se encargó como cosa propia de pulverizar la herencia de Marx anunciando un plácido futuro sin conflictos en el amable horizonte del intercambio ubicuo y el interés benéfico.

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No ver que el centro de decisión mundial se está desplazando hoy día a toda máquina hacia el Este es estar ciego o empeñarse en cerrar los ojos. Las previsiones sobre China e India son tan abrumadoras que están provocando el conocido doble fallo crítico de enfatizar los riesgos aún sin conocer con detalle las circunstancias. Desde Occidente hay dificultades para imaginar crecimientos embalados con tasas semejante y escepticismo más o menos voluntario ante las estadísticas que comienzan a medir con precisión el aleteo del lejano insecto, pero una conmoción como ésta última que comentamos pone en evidencia la realidad de la hipótesis aunque quizá no tanto como la propia complicidad de los agentes económicos que tratan de apurar el beneficio provisionalmente derivado de la explosión oriental. Porque China no es ya sólo un fantasma competidor de algunos sectores productivos sino que se ha convertido, de momento al menos, en un socio pingüe para vastos subsectores de nuestro comercio que compran en China, con etiqueta a elegir, réplicas exactas e increíblemente baratas lo mismo productos de batalla o que artículos de moda. Igual usted ya viste sin saberlo ‘jeens’ chinos o ‘sweters’ taiwaneses, lo mismo que, sabiéndolo, viaja en coche coreano o fotografía con cámaras japonesas. Es el silencioso triunfo del Este, la polvareda que al fin se divisa en el horizonte de ese “desierto de los bárbaros” que, encaramado a la muralla de su fortaleza, vigilaba inútilmente, pero con una fe que empieza a resultar profética, el tenientito célebre de Dino Buzzati. Nos tenían el alma en un puño las decisiones del Banco Central Europeo o de la Reserva Federal americana. Desde ahora, la hipoteca va a haber que contratarla contando también con esos brokers postcomunistas.