Sin W.C.

Han pasado diez meses desde que el Ayuntamiento de Bolullos, Servicios Sociales de la Dipu y el mismísimo Comisionado para la Droga juraran por sus mengues a los familiares de drogodependientes de la comarca del Condado que buscarían una solución a los lamentables problemas que éstos soportan como ususarios del Centro de Drogodependencia. Y ni flores, que si quieres arroz. Ni la denuncia a la Inspección de Trabajo (que dio un plazo de dos meses para arreglar las cosas) ni las presentadas ante Salud han dado de sí más que palabras, pero le Centro sigue sin disponer siquiera de un decente W.C. para un remedio urgente, la primera vaya usted a saber por qué, y la segunda porque el delegata de Salud, el famoso, inútil y bienpagado doctor Pozuelo, las tiene guardadas en un cajón para no molestar a la doña de Sevilla, que peligran el piso céntrico y el coche. Ahí tiene el mundo entero un problema indigno aunque fácil de arreglar de cuya perpetuación no tiene la culpa, por una vez, el alcalde de la capital.

Edad más turbada

Entre los estudios que proliferan en estos confusos tiempos en torno a la adolescencia y sus problemas, hay conclusiones para todos los gustos. Elijo entre ellas una que me parece más penetrante de lo común, y que sostiene, como causa de los desajustes que tanto preocupan, el hecho de los adolescentes crecen muy deprisa y ocupan, en consecuencia, un espacio vital que no es el suyo, de paso que rechazan frontalmente el modelo paterno pero conservan, sobre todo y a pesar de todo, un alto grado de optimismo y una apreciable expectativa de felicidad ante la vida que se les ofrece. Fracasados escolares en proporciones alarmantes, ociosos a la fuerza en su mayoría, vivaqueando al borde del desgalgadero de la sociedad opulenta y hostil, siguen apegados, por lo visto, a ese mito cautivador que es la promesa del deleite. Uno de esos estudiosos llama a la ‘basca’ los “adultescentes”, endosa sus problemas a una pedagogía familiar y escolar inapropiadas y culpables de haber entronizado los valores que tienen al disfrute de los bienes materiales antes que cualquier otra cosa, y ya de paso, vincula esa actitud al influjo fatal del grupo, a la influencia de la tribu que establece los objetivos y ahorma las conciencias a su modo en vista de la deserción paterna y del funambulismo de la autoridad. Nada nuevo, por supuesto, porque allá por los 50 hizo furor la teoría de Coolie, un convencido funcionalista que batalló sin gran éxito a favor de la teoría de que el verdadero crisol del alevín no es la placenta familiar ni menos aún el claustro docente, sino esa academia sin puertas que es la panda: es ella la que fija los objetivos, la que impone los valores y, en su caso, la que sanciona al díscolo que no se pliega a su modelo. Es probable que la moral efectiva, la fetén, sea un producto juvenil contra el que se han de estrellar los proyectos adultos. No está nada claro hasta qué punto éstos educan a los muchachos o son ellos quienes acaban por imponer –y no sólo generacionalmente—el criterio de cada momento.

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Me intriga en todo ello, antes que cualquier otra cosa, aquella confesada expectativa de felicidad, y me inquieta el barrunto de que por felicidad lo que la gente nueva entienda sea exclusivamente cierto género de satisfacciones corporales y pasajeras. No tendría sentido, pienso yo, el progreso de la droga si la expectativa en cuestión fueran consistente, y menos aún podría explicarse el desconcertante índice de suicidios juveniles que se registra en los últimos años. ¿Feliz un personal que se cita por Internet, cin conocerse siquiera, para suicidarse ritualmente lo mismo en Tokio que en una ciudad de provincia española, pero, curiosamente, siempre en sociedades opulentas, en medios sociales desarrollados y, por lo general, en sectores de clase acomodada? Ya veremos si tienen sentido ese barbarismo, “adultescente”, que ojalá no lo tenga nunca, pero la verdad es que las cosas no ocurren por que sí, sino porque alguien pone las causas que acaban por producirlas como efectos necesarios. Ya veremos qué dicen los futuros sabios sobre esta educación permisiva hasta el disparate, sobre la quiebra crucial de la disciplina doméstica, ya veremos a quienes se acaba culpando de tanto disparate como estamos viendo cuando haya perspectiva para ver hasta qué punto tras la dimisión de los mayores, incluida la autoridad, subyace la comodidad y hasta el egoísmo, y cuando se descubra que la felicidad entrevista no era más que un billete sin retorno al compromiso del adulto. En esa biblia de la experiencia que es “La línea de sombra”, Conrad escribió algo así como que la juventud es una cosa formidable, una fuerza de la naturaleza, pero sólo mientras es capaz de no pensar en sí misma. Y ya saben lo que decía Goethe, que eso sí que era cruel: “La juventud es un defecto que se corrige pronto”. Da miedo añadir que antes acaso de lo que contempla esta expectativa.

Otros sistemas

En el Ayuntamiento de Estepona, como este periódico viene avisando hace mucho, se trabaja con operaciones más sofisticadas en la “financiación”, por lo menos sospechosa, a cargo de las urbanizadoras. ‘Do ut des’: hay consistorios, como le de Estepona, que suscriben, al parecer, convenios municipales que incluyen compromisos de “tramitar modificaciones puntuales de elementos para posibilitar la construcción de lo que, sin ella, no seria edificable, es decir, que practican la acreditada regla del por aquí te quiero ver” a pesar de que el partido (el PSOE malagueño) se adelante a candilejas y jure por sus antepasados que ese sistema no vuelve a repetirse en su feudo. Y que convocan plenos extraordinarios y urgentes para darle el pasemisí-pasemisá a líos urbanísticos de aquí tr espero. No aprenden, está visto, ni los prestidigitadores ni quienes se lo consienten parapetados en protestas mayores o menores. Marbella sería, probablemente, el ‘no va más’, pero desde luego no debe de ser el único concejo en el que una buena inspección a saco no hiciera temblar el misterio.

El pobre inspector

El inspector de la consejería de Turismo de la Junta que advirtió a su departamento de que al hotel de la presunta “conexión marbellí” de El Rocío –el que es propiedad de detenido Roca, el cerebro de Marbella– le faltaban papales a punta de pala y presentaba anomalías importantes, lo va a tener difícil tanto si presentó por el conducto oficial su informe como si no. Pero lo que parece claro es que el tal Roca se movía en Almonte como pez en el agua, haciendo y deshaciendo sin que las autoridades –y no sólo la municipal—le dijeran esta boca es nuestra. Porque a estas alturas, además de Paco Bella (al que lo coge cada toro que pasa), deben dar explicaciones de la situación la delegada Ballester y el consejero Plata, no sea cosa de que la bola se agrande y haya de intervenir Chaves, como en el megaproyecto de Punta Umbría y pararle personalmente los pies a quien sea menester como entonces se los paró a Javier Barrero. El inspector, en todo caso, lo tiene crudo: no tiene más que recordar el destino del que fuera delegado cuando esté último enredo y su definitivo ostracismo.

Toros y capos

Como en ‘Lipp’ con Rubén Amón, con un pie en el estribo (él) porque se va a Palermo a seguir de cerca la estupenda historia de Provenzano, ‘El Tractor’, el jefe de la Cosa Nostra que ha sido apresado en una chabola de mala muerte dentro de la que sublimaba sus sueño de poder y el destino de su ‘honor’ de hombre. Rubén está convencido de que igual ha estado estos cuarenta años son moverse de Corleone, seguro entre los suyos –como el Tempranillo o como Otegui–, hambreando su inmensa fortuna, dueño y señor de Nada y de Todo, es decir, del señorío de la vida y la muerte, ayunando con requesón y pan de pueblo en el silencio de su inaudita soledad. Veremos qué nos descubre este observador sagaz, pero de momento me doy cuenta de que su mente está más en los toros que en las mafias, pendiente ya de irse para Sevilla a ver qué pasa de una vez con Cayetano Ordóñez y de bajar por el Midi que es, según él, la reserva espiritual de la tauromaquia. No sé si él sabrá –¡es tan joven para haber leído a Montherlant!—que esas corridas francesas tuvieron también sus más y sus menos hace un siglo, justo en 1900, cuando en el Parlamento francés hizo falta para autorizarlas toda la energía y toda la afición de Gaston Doumergue, luego presidente de la República Francesa y algo ‘maleta’ él mismo, como Montherlant, que se encerró más de una vez con erales en tentaderos burgaleses y al que le dio una cornada de abrigo un novillo albaceteño de don Antonio Flores. Habrá que contarles estas cosas a los de Bruselas más pronto que tarde, recordarles que quien dijo que “las corridas habían contribuido a mantener el vigor de la nación española” fue nada menos que Rousseau en sus consideraciones sobre el “Gobierno de Polonia” y, por qué no, también la broma del propio Montherlant cuando ironizaba sobre los “numerosos humanitarios” que se vanagloriaban de haber disparado sus revólveres sobre unos diestros españoles que osaron venir a París a hacer el paseíllo. Pero, por lo pronto, vamos a esperar a ver qué pasa con Cayetano, esa penúltima esperanza blanca ante la crisis del toreo que llega tarde a su cita con la gloria, como querían los preceptores romanos.

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Da qué pensar lo de Provenzano, daría para toda una psicología del Poder, con mayúscula paranoica, para un ‘Eclesiastés’ vuelto por el forro o leído de abajo arriba. Un hombre lo sacrifica todo por tener el poder al precio de no tener nada, un monstruo tiraniza a la ciudad escondido en su cueva, sin comerse siquiera a la doncella, atemorizado ante el san Jorge que puede surgir en cualquier momento. Se repite la historia de Sadam, el mito del todopoderoso metido en un agujero, del magnate indigente, la paradoja fatal de la íntima miseria del poderoso capaz de sacrificar la vida íntegra con tal de mandar aunque sea desde el reverso de la moneda, la inmemorial demencia que acaso más grave daño haya causado a la especie. ¡Mira que si es cierto que ese Supremo ha estado casi medio siglo –toda una vida—dominando el mundo sin escrúpulos escondido en un rincón! Sugiero que hay bajo esa idea toda una fábula para políticos, un aviso vehemente para desengaño, y llegado el caso, para escarmiento de pretendientes y ambiciosos, pero Rubén está rondando ya más en las tardes meridianas, con pasodobles y moscas, del Languedoc, de la Provenza o de la Andalucía ancestral, en la leyenda de Cayetano y los desmayos de Morante, que en las graves materias con que tiene que ganarse la vida, sanguinarios y frugales ‘capos’ con estampas piadosas en la pared de su covacha o eminencias legales que abren cuando les place la caja de los truenos o próceres democráticos que se llevan el manso sin inmutarse para invertir en cocodrilos y jirafas disecados. Cree Amón que si la Fiesta se salva habrá de ser en Francia. Pocos recursos tan caros a la Historia y al destino de los hombres como la paradoja.

Guerras de la memoria

En Almería andan complicando innecesariamente le controvertido debate de la memoria por rescatar conj la propuesta del Ayuntamiento de dedicar una calle a Manuel Fraga, con todo lo que Fraga ha significado y significa en la política española. Los vecinos se han opuesto a la idea por razones de emplazamiento, pero el PSOE ya ha levantado bandera contra un proyecto contra el cual, ciertamente, no han de faltarle razones sin necesidad de demagogias. Eso sí, nadie protestó cuando el PSOE organizaba homenajes permanentes a un ex ministro condenado por secuestro y malversación, como Barrionuevo, y hasta mantenía una especie de asociación de apoyo moral al mismo cuyo presidente, por cierto, fue recompensado nada menos que con la delegación de Justicia de la autonomía. Está bien, es lo suyo, atenerse a la buena memoria, pero sin olvidar que en la debe caber tanto lo que conviene a cada cual como lo que le gustaría ver excluido de la vida pública.