El pelícano ciego

Ningún naturalista ha podido constatar la existencia de aquel pelícano ciego que el príncipe Kropotkin –el anarquismo romántico se pirraba por los príncipes como el ‘sociatismo’ postmoderno se pirra por las duquesas—decía que era mantenido con solicitud por sus congéneres en prueba irrefutable del principio de solidaridad que inervaría la convivencia de los seres vivos. Kropotkin debió de inventarse la metáfora del pelícano a rastras de la simbología cristiana tradicional, que habían hecho de él un símbolo supremo de la abnegación, pero nadie, ni antes ni después de él, ha logrado tropezarse con semejante prodigio. La buena intención de Kropotkin queda tan fuera de dudas como la evidencia de que la vida se parece menos a un rigodón amable que a una tragedia feroz, y eso es algo que, a medida que corren los tiempos y se desinflan las utopías, se va viendo más claro en las estadísticas que retratan la realidad planetaria. Cada día está más claro que la pobreza es requisito de la opulencia y hasta hay quien postula audazmente que la propiedad –el robo de que hablaba ingenuamente Proudhom—no es sino el cristal que requiere el azogue de la miseria para que el hombre afortunado pueda contemplarse en su espejuelo mágico. Disculpen el melodrama, pero miles de seres mueren a diario de hambre, un tercio de los habitantes del planeta sobreviven con un dólar al día, cientos de millones de personas carecen de agua o tienen una esperanza de vida que apenas alcanza los 40 años, un nivel casi prehistórico. Y al contrario crece en todo el mundo el número de millonarios que baten sus propios récords año tras año. En el actual, según el barómetro de ‘Forbes’, se registra la mayor cifra de la historia humana en el club de los “cienmilmillonarios”, un superestado virtual constituido por unas ochocientas personas cuyo PIB conjunto viene a equivaler al de la poderosa Alemania. No ha aparecido el pelícano ciego, por supuesto, pero su lugar mitológico lo ocupa en la imaginación colectiva ese olimpo exclusivo de dioses y héroes de barro con corona de oro.

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Los informes sobre la pobreza siguen siendo, por el contrario, de lo más alarmantes. No hay, desde luego, un solo millonario en África, ese continente olvidado del que cada día trata de escapar una muchedumbre abandonada a su suerte. Aparecen los primeros supermillonarios en China y en India pero en ambos termiteros crecen incontrolables las masas hambrientas, en especial las tradicionales descolgadas del tráfico urbano. Los millonetis latinoamericanos que veranean en Punta del Este o la Costa Azul eclipsan fatalmente el hecho de que más de cien millones de personas vivan en aquella región con menos de dos dólares diarios, que es la línea bajo la que el Banco Mundial llama pobres en esa zona. Se acelera la concentración del capital, como predijera el viejo Marx, al tiempo que se dispara la pobreza en términos que vuelve ilusoria la ideología integradora de la solidaridad que sugiere la fábula del pelícano ciego. ¡Para apólogos estamos! Tengo amigos en la India y Perú, en Somalia y en España, luchando por tapar las goteras más ofensivas con soluciones como la ayuda o los micropréstamos, el reciclaje o la educación. O sea, todavía en busca del pelícano, aún esperanzados en el espejismo generoso de que la especie funcionara como funciona esas otras de las que Kropotkin dedujo su ingenua teoría de la ayuda mutua, emperrados en el humanismo narcisista que insiste rousseauniano en la bondad nativa del hombre. Pero la verdad es que el pelícano de Darwin no debió de existir nunca más que en su luminosa imaginación, como un eco remoto de las piadosas leyendas que hicieron de él un símbolo sagrado. Hay más millonarios y más pobres cada vez: ésa es la ley en esta era capitalista. Cualquiera de nosotros ha visto a ese pelícano desangrarse solo sin mover un dedo.

Semana de Pasión

Ha sido de órdago la “Semana de Pasión”, aunque, bien pensado, sería cosa de tocar madera porque tras ella viene siempre una “Semana Grande”. Hagan memoria: el “miró” colgado en el cuarto de baño, el desembarco de Chaves en plan “rey mago” en la ciudad de los prodigios, la internacionalización del llamado “conflicto vasco” contando comom comparsa a Kofi Annan, el del “caso Petróleo por Alimentos”, no se si recuerdan, los tres semifinalistas europeos, la petición de respeto al Consejo de Estado por parte del mismo Gobierno que se pasa sus informes por el forro, la sexta ley de Educación de esta democracia amenazada, la petición del PP de modificar por la vían rápida una Ley Electoral que viene dando de sí lo que viene dando hace un cuarto de siglo, el ofrecimiento de la ex-alcaldesa de Marbella de colaborar con la Gestora desde el trullo, y en fin, el cambio que ha dejado a Bono a los pies de los caballos y ha puesto a Fouché donde le corresponde, al frente de la policía. La semana ha sido de órdago, Quien todavía hay quien no se conforme será porque no quiere.

Secretos de trena

 

La cárcel provincial de Huelva ha desmentido que haya un segundo caso de ‘legionella’ entre sus internos. ¿Y por qué razón, entonces, habrá ordenado Salud realizar en la prisión una “inspección con toma de muestras”? Hombre, aquí no nos chapamos el dedo, pero además ‘Garganta Profunda’ informa de que la jindama de los barandas (de los de Salud y de los de prisiones) obedece a la mera posibilidad de que le toque la china a alguno de los conspicuos etarras que se “guardan” en nuestra cárcel, caso lamentabilísimo como el que más y el que menos, pero que, de producirse, para qué querríamos más. Total, que va a resultar que e suna garantía sentar a un etarra a la mesa o darle agua, sal y asiento a la lumbre. Lástima que no hubiera habido alguno, en su día, en el “Juan Ramón Jiménez”, cuando aquella legionellosis que nunca existió pero que trajo arrastrando el ala a enfermos y familiares durante meses. Es probable que, en ese caso, aquella historia interminable se hubiera liquidado a calzón quitado.

Disciplina inglesa

Unas fotos laboriosamente conseguidas por nuestro colega británico “The Guardian” acaban de echar por los suelos la autoestima de su civilizado país y, de paso, el mito de la civilidad de las democracias frente a la (demostrada) ferocidad de las dictaduras, fascista o comunista, que a este respecto da lo mismo. Resulta que los ingleses, tan probos y legalistas, estuvieron torturando a modo a sus detenidos tras la Guerra Mundial, a mediados de los años 40, y aún después, e incluso dispusieron de un “centro de interrogatorio” en pleno centro de Londres, y que las “técnicas” empleadas por los sayones no fueron especialmente distintas de las que usaba la Gestapo. Y resulta que los presos torturados, de los que se pretendía obtener información útil ante la que se consideraba inevitable futura guerra, no eran, naturalmente, nazis, sino comunistas arrestados que fueron sometidos de modo sistemático a los suplicios del sueño, los apaleamientos, el frío extremo y hasta a algunos sofisticados recursos encontrados precisamente en los cuarteles de las SS. ¿Raro? Pues no tanto. Son conocidos los esfuerzos y la energía que hubo de emplear Eisenhower para evitar que Patton continuara con sus tanques hacia Moscú para enfrentarse a los mismos aliados que acababan de proporcionarle la imprescindible victoria en el frente del Este. También el sinuoso y triste papel de la diplomacia vaticana en la evasión de criminales de guerra nazis a lejanos países, así como la reutilización de la propia Gestapo como mejor instrumento para la lucha contra la militancia comunista. ¿Y vamos a extrañarnos de que, en estas circunstancias, unos verdugos se entretuvieran en torturar a unos desvalidos (hombres y mujeres, por cierto) tal y como lo hicieran los bárbaros vencidos? Recientes están el hallazgo de las mazmorras de Abu Graib y escandalosamente presente la vergüenza de Guantánamo. Un cuerpo supliciado más o menos no debería modificar nuestra opinión de que el Mal no reconoce fronteras y que, desde luego, no fue atributo exclusivo de la perfidia soviética.

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Traigo entre manos las flamantes “Memorias” de Hannah Arendt, un monumental aparto de reflexiones y pruebas sobre la naturaleza del Mal y su índole probablemente inevitable. Pero esas fotografías, esos cuerpos lacerados, esos esqueletos insinuados bajo la piel sufriente de las víctimas lo mismo en Auswich o en Treblinka que en Buenos Aires o en Londres, lo que vienen a certificar es la aterradora proclividad de la mente humana a la violencia y la indigna capacidad de la Razón ilustrada para blindar la perfidia democrática cuando se produce. Veo la imagen de Gerhard Menzel, de 23 años, una víctima desconocida torturada en Bad Nenndorf y, mal por mal, perfidia por perfidia, no aprecio diferencia entre ella y las procedentes de las ergástulas “democráticas” que hace poco veíamos reproducidas para vergüenza de la especie. Les confieso que he de abandonar con frecuencia la lectura del mamotreto citado, como si tratara de reponer fuerzas antes de seguir adelante a brazo partido contra la evidencia de que el Mal no está sólo en un lado sino que yace agazapado en la entraña misma de nuestro sistema, idéntico en todos los casos, atroz tras el escándalo moral de cada racionalización. Según Amnesty Internacional aún se producen torturas en España, por ejemplo, y esa noticia, puntual año tras año, pasa a la papelera de los responsables como papel mojado. Recuerdo que Léon Bloy pensaba que el tormento era un fenómeno universal en todas y cada una de sus temibles especialidades, incluida “notre Europe délectable”. No creo que exista un adjetivo capaz de cargar tanta ironía en el sollado de nuestra buena conciencia.

Fortunas sonrojantes

Espléndida la calificación judicial de la fortuna hallada por los investigadores en manso de los saqueadores de Marbellas: sonrojante. El miró en un cuarto de baño no debe eclipsarnos la inmensidad del zarpazo, la extensión de su trama, la complicidad pasiva y evidente de la autoridad que ha esperado a que un juez barbilampiño meta en la cárcel a unos cuantos para decidirse a actuar. ¿Se acuerdan de las súbitas suntuosidades de Juan Guerra, del frigorífico para visones de Aida Álvarez, de los tropecientos cuartos de baño de Boyer, del yakusi de Gil¿ Pues seguramente somos injustos sacando a la luz pública sólo a ellos porque debe de haber mucho miró en mucho cuarto de baño, mucho pura sangre en más de una cuadra, mucho euro durmiente en las cajas blindadas de los paraísos fiscales. Lo de Marbella será también una cortina de humo y un caballo de madera para facilitar la toma de la ciudad por los mirmitones de Chaves. Pero sobre todo es una prueba de que el agio, el mangazo, el saqueo de lo público ha alcanzado niveles impensables. Habría que revisar muchas fortunas. Iba a aparecer más de una sonrijante.

El colmo

Hace falta desahogo y cinismo para proponer la apertura de fiscalizaciones en materia de urbanismo “sólo” en los municipios gobernados por el PP, partido al que el PSOE acusa con calculada insistencia de agiotista a pesar de la evidencia de que los escándalos más sonados se están produciendo en Ayuntamientos sociatas. Hablar de “conexiones” entre Camas y Punta Umbría, o entre el Ensanche y Marismas del Titán, teniendo ahí delante el macropelotazo que Chaves hubo de pararle personalmente a Barrero en Punta Umbría, los escandalosos manejos de Almonte con su presunta “conexión marbellí” incluida, el caso de la tránsfuga negocianta de Gibraleón y tantos otros, es dar un triple salto mortal que tal vez sea el único recurso del trapecista a estas alturas. Desde la prehistoria del “caso Doñana”, con los parientes y afectos de González, y lo que vino detrás, el PSOE de Huelva sabe de este tema más que Briján. Cerrar contra el rival puede tener sentido estratégico pero constituye una auténtica ofensa al sentido comúnj y a la memoria colectiva.