Jugar con fuego

El PSOE de Almonte –sus nueves concejales, pero no ellos solos sino la acompañados, claro—se han negado asombrosamente a hacer suya una propuesta de condena al incendio de la casa del vicesecretario perpetrada por la ‘kale borroka’ local. No vale en Almonte, pues, lo que dicen que es imprescindible en el País Vasco, es decir, que la legitimación política pase inexorablemente por la condena explícita de la violencia venga de donde venga, como si hubiera modo de eludir esa condena por uno de los actos más graves que se han registrado en la política onubense. Y no sé por qué amenaza con querellas a quien sugiera siquiera remotamente una relación entre el incendio y las denuncias contra su partido, porque hace nada y menos era el PSOE el que sugería en Gibraleón que tras las ruedas pinchadas y las pintadas en las paredes s entreveía la mano del PP. También rechazó el PSOE almonteño la propuesta de comisión para investigar la llamada “conexión almonteña” del “caso Roca” marbellí, es decir, le lío del rociero hotel La Malvasía que el alcalde Bella le ha permitido al marbellero mantener abierto en la Aldea. Y en esto, qué quieren que les diga, se comprende divinamente su negativa.

El agua y el aceite

Un grupo de reputados teólogos islámicos, ciento treinta imanes procedentes de los cuatro rincones del mundo, según la propaganda, se han reunido en Viena con la noble y seguramente ilusoria pretensión de alumbrar un camino posible a una “teología de la integración”. Se trataría de plantar cara al desafío social que supone esta especie de retorno a las guerras de religión que podemos disimular hasta donde queramos pero que ahí están, a veces de manera tan lacerante como en las palabras del extremista musulmán que aseguraba el otro día no cifrar su felicidad más que en matar infieles. Hay treinta y tres millones de musulmanes en Europa, no se olvide esta circunstancia, una vasta población alejada de sus prácticas tradicionales tanto como del espíritu laico de las sociedades que la acogen, y existe también una amenaza creciente de radicalismo fanático cuyas consecuencias hemos de lamentar ya, en términos atroces, en varios de esos países acogedores. Los imanes han sostenido la idea de que es necesario y posible todavía hallar un compromiso entre ambas concepciones del mundo y de la vida, es decir, entre esas dos visiones de la realidad que dividen de manera tan drástica a quienes creen que inmolarse matando es una virtud suprema o, más sencillamente, que la mujer es el proletariado del varón, tesis irreconciliables con el espíritu ‘ilustrado’ de nuestro mundo del que los teólogos del otro proponen ahora –paradójicamente, a mi entender—aceptar valores como la democracia, el pluralismo y la libertad de expresión. La verdad es que coincidiendo en el tiempo con las declaraciones de Bin Laden o la del Zarqaui, esa realidad le deja poco terreno transitable al cónclave de Viena.

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No es preciso recordar que se empieza inventando el “diálogo de civilizaciones” y se acaba crujiendo una crisis de tan imprevisibles consecuencias como la recién desatada por los propios continuadores del Jatami reconvertidos en fabricantes de bombas atómicas. Porque no se trata de que el ingenuo Jatami sea mejor o peor que el cafre de Ahmadineyad (más que probable terrorista), sino de que en el fondo creencial que sustenta aquella concepción de la realidad las cosas no resultan ni sencillas ni permiten tal vez ser conciliadas. La noticia de que la estrella futbolera del Hamburgo, Medi Mahdavikia, ha contraído un segundo matrimonio y vive actualmente una situación de bigamia, penada en Alemania con tres años de cárcel, no lo es tanto por el hecho mismo –en Occidente hay bígamos a punta de pala y se ha llegado a decir que el matrimonio es una cruz tan pesada que hay que llevarla entre tres—sino porque la propia ingenuidad del jugador revela a la legua una “buena conciencia” plenamente justificada en su sistema de valores. Es verdad que, como alguna vez insinuó Dénis de Rougemont, Occidente es la crónica de un adulterio continuado, pero también es evidente que la moral del cinismo que permite cirinear esa cruz dentro de él tiene poco que ver con la estrategia familiar de una civilización pensada por y para el varón en términos estrictamente utilitarios. Hay un proverbio islámico que dice que una mujer es insuficiente, dos el infierno de los celos, tres el purgatorio de las parcialidades y cuatro la perfección. Ya me dirán qué integración pretenden esos imanes conciliadores que sueñan con una democracia de jeques o una satrapía cívica. El pobre Mahdavikia, ochenta veces internacional, luminaria de la ‘Champions’, ídolo de la ‘barra’ hamburguesa, se ha erigido sin pretenderlo en símbolo de la futilidad de todo intento de integrar a fondo el agua y el aceite. Dicen los imanes, por ejemplo, que habrá que olvidarse de los malos tratos a la mujer, de los matrimonios forzados y de los crímenes de honor. Comprenderán ustedes que no insistimos por porfíar, sino, simplemente, porque esa enunciación del proyecto deja ver la distancia sideral que separa dos mundos que si han sido históricamente rivales, no lo han sido por casualidad.

Un color especial

 

Sepan cuántos vieren y leyeren la inconcebible propuesta de igualar en derechos a hombres y simios ha sido extravagancia casi exclusiva de un diputado andaluz, un aventurero de color “verde PSOE” que se gana la vida, el hombre, arañando unos votos aquí y allá para revendérselos luego al Gran Hermano: Francisco Garrido. Uno espera que un diputado de la región más pobre de España dedique sus esfuerzos antes que nada a bregar por las criaturas humanas que lo han elegido e incluso por las que no, pero nunca a causas tan desopilantes como ésta que tiene España en un ¡ay! o muerta de risa.
Claro que la culpa no la tiene el diputado raso sino el partido que lo respalda a cambio de un voto y un toque “verde” sobre el rojo/violeta y a veces amarillo a que nos tiene acostumbrados. Proponiendo la igualdad entre hombres y simios, el diputado Garrido ha hecho un ridículo colosal y el PSOE también. Los electores andaluces deben tomar nota y ver con claridad para qué se utilizan sus votos.

Nuestra ‘Kale Borroca’

Esperemos que en esta ocasión el señor subdelegado del Gobierno no se entere por la prensa del atentado de Almonte ni se deje arrastrar por esta marea desdramatizadora en la que la ola rompe siempre a favor del terror y nunca del aterrorizado. Las imágenes de la casa quemada adrede, propiedad del dirigente del PA, nos meten de lleno en una situación de emergencia en la que de nuevo –como hace años en Gibraleón—se perfilan los espectros de la barbarie campando por sus respetos en términos inaceptables. Y es el PSOE, el del Almonte y el resto, la parte más interesada en la aclaración del suceso y, llegado el caso, la que con más vehemencia debe exigir el castigo de esos terroristas seguramente vengativos. Si es cierto que las denuncias andalucistas traen de cabeza al partido local no lo es menos que sus argumentos resultan abrumadores. Pero ahora lo que urge es averiguar quienes son los incendiarios y meterlos en la cárcel. No nos faltaba más que tener que dormir con el extintor a mano por ejercer la crítica que la Constitución nos garantiza.

Tarzán y Chita

Está causando un enorme revuelo la hilarante propuesta del PSOE en el Congreso de igualar (por arriba) los derechos del hombre con los del simio. Este sociatismo que ha hecho de la utopía un apólogo, sostiene que urge “integrar a estos animales en la categoría de personas” y, en consecuencia, que el Estado les garantice (se garantice a sí mismo, porque a ver cómo garantizarle nada a un irracional) “la protección moral y legal de la que, actualmente, sólo gozan los seres humanos”. Basa el PSOE su propuesta en la fascinante coincidencia del genoma simiesco con el nuestro, olvidándose de que en esa trama esencial de la vida, los humanos coincidimos no sólo con los simios sino con la rata o la mosca drosófila, olvido en el que no resulta difícil vislumbrar el cínico perfil de la superchería. Pero cuando el proyecto alcanza cotas de auténtica parodia bufa es cuando, deslizándose sobre la equívoca sombra de Babeuf, al descerebrado que ha escrito ese alegato animalista se le ocurre hablar de las ‘comunidad de los iguales’, club u olimpo en el que hoy por hoy sólo son admitidos los mimados retoños de la especie ‘Homo Sapiens’. Lo dicho, de la utopía al apólogo, del sueño a la fábula, del humanismo genuino a este ternurismo soplapollas de ‘todo a cien’ que admite el genocidio de Ruanda o las masacres de Sierra Leona con mucha mejor leche que las duquitas del orangután amenazado por los furtivos, o que se gasta encantado en perforar túneles para linces bajo la autopista el dinero que falta para atender a la legión de pobres –‘Sapiens’, por supuesto– que vivaquea en los basurales de esta Babia despilfarradora. De Marx a Lafontaine, del doctor Vera a Iriarte, la socialdemocracia pasteurizada ha roto en un franciscanismo de solterona a cuyas ínfulas pietistas se le queda estrecha la fraternidad del santo. Ni siquiera se han percatado del fracaso rotundo de las primatologías que en tiempos nos entretuvieron con el numerito del chimpancé ilustrado o el de a mona aritmética. Vamos a entregar la cuchara en la guerra inmemorial por la igualdad entre los hombres mientras peleamos como fieras por extender a los simios nuestros fracasados derechos. Tarzán y Chita de vuelta al paraíso civilizado en el mismo avión. Estos chiflados están a punto de hacer realidad la parodia del mono sabio que hizo célebre el talento de Peter Hanke.

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Ya me dirán, en fin, cómo conceder esos derechos a criaturas que habrán de vivir necesariamente entre rejas, pero ése problema resulta minúsculo comparado con la propuesta de base, la idea injusta y absurda de que los derechos que la especie racional tardó tantos milenios en conquistar sean extendidos de pronto a otras que viven en el limbo de su horda ni mejor ni peor, ni más ni menos seguras que el pobre ‘Sapiens’ en el exilio del paro o en la extrañamiento de su chabola. Hay que insistir, por supuesto, en que la propuesta carecería de mayor relieve planteada en un foro habitual, es decir, que lo que le confiere perfil tan inquietante, acaso tan ofensivo, es que se produzca en sede parlamentaria y en boca de una Izquierda que ha hecho del oportunismo su única estrategia. ¡La ‘comunidad de los iguales’! Pero ¿iguales en qué y por qué, de cuando acá el mono más avispado ha dado un paso más allá del instinto, quién será capaz de seguir reservando el mito de la inteligencia animal a los chimpancés u orangutanes, mientras se le niega a la proverbial listeza de especies casi socializadas como el hermano perro? No es descabellado vincular estos avenates del progrerío a la mera ignorancia, pero tampoco es posible eludir la responsabilidad que incumbe a la ‘barra’ política a la hora de dar luz verde a estas ridículas acrobacias. El PSOE debería retirar esa propuesta y enviar al andamio a las minervas que lo han sostenido en lugar de quitarle a Tarzán el viejo taparrabos para encasquetárselo a Chita. Es pronto para milagros de “ZP de Asís”, aunque quizá demasiado tarde para librarnos de tanto memo.

Cínico rentoy

Asombra el cinismo que implica la autosatisfacción de Chaves al recalcar que la ya absolutamente inaplazable intervención en Marbella es mérito del PSOE y no de sus rivales políticos, es decir, que el PSOE habría sido el único partido con poder en actuar contra la ilegalidad. Hombre, qué pasada, pero ¿es que Chaves no se acuerda ya de que el PSOE es el único partido del que consta que hizo negocios ilegales con Jesús Gil en persona, que cobró cantidades ciemillonarias y las ingresó la caja del partido regional de donde nadie las ha sacado para devolverlas, por supuesto? ¿Y tampoco ha sabido durante todos estos años que el “urbanismo” marbellí ha contado con los buenos oficios de personas estrechamente vinculadas al partido, que han mantenido oficina abierta en la ciudad saqueada, y alguno de los cuales pertenece a la misma camada de quienes perpetraron el “caso Montaner” de que hablábamos más arriba? Chaves es consciente de que el Gil fue montado y protegido por González como sangría del PP, y lo que teme ahora es que el voto conservador se reagrupe en su contra. Y hasta ahí, vaya. Pero olvidarse de que fueron ellos y nadie más los que trajinaron con Gil en persona favorece bien poco a la “recuperación de la memoria histórica”.