Lo de Punta

 

Merecido el varapalo judicial que ha supuesto el archivo de la denuncia presentada por Los Verdes contra el alcalde de Punta Umbría con el evidente apoyo del PSOE. Justificada la reacción del alcalde que anuncia querellas a gogó y acusa sin ambages a éste último de ser el inductor de ese diputado verde para todo que mantiene en su nómina. Absurda la replica del PSOE onubense achacándole al presuntamente injuriado una “política de insultos” (¡) y el pecado de “hacer política en los Juzgados” (¡¡). El intento de involucrar a ese alcalde en el “caso Camas” no había por donde cogerlo y la Justicia ha puesto las cosas en su sitio, pero la verdad es que quienes deberían ir pensando en cambiar el chip son los judicializadores de ese PSOE que lleva perdidas todas y cada una de sus intentonas contra los alcaldes rivales. Así no se hace política, en efecto, lo mismo si es el porquero quien la perpetra que si es Agamenón.

Sobre ruedas

Una noticia fenomenal ha venido, una vez más esta temporada, a aliviar al Gobierno frente a la previsible carga mediática que pudiera haberse derivado del tragicómico debate del Estatuto andaluz en el Congreso y del brete ante el que el Consejo Superior del Poder Judicial sitúa a los enterradores del 11-M al descalificar al juez instructor de manera tan abrupta. Me refiero, naturalmente, al enredo del ciclismo, a la ardua investigación policial y, en fin, a las sonadas detenciones de personajes conocidos presuntamente implicados en el dopaje de los ciclistas, un caso notabilísimo porque descubre algo muy raro: que mientras carecemos de fuerzas de seguridad para hacer frente a la horda delincuente que arrasa las viviendas, para controlar a las mafias de inmigrantes o mantener a raya a los bandas delincuentes juveniles, resulta que las tenemos de sobra para vigilar a una panda de sujetos que al parecer se dedican a perjudicar –hay que suponer que con consentimiento de los perjudicados—a sus pupilos para conseguir resultados óptimos a base de suministrarles determinadas drogas. A lo mejor ni saben que eso de doparse el atleta ya era practicado en las Olimpiadas clásicas sin que ni Píndaro ni nadie se cuidara de aquellos filtros y bebedizos que los antiguos gastaban en el lugar de nuestros actuales esteroides y anabolizantes. Al secretario de Estado para el Deporte le he escuchado en la radio nocturna revelar con qué ímpetu se ha implicado el Gobierno en la persecución de esa lacra y, francamente, me ha dado que pensar el peregrino criterio con que del Poder establece sus prioridades en este abrumador momento que vivimos. Hubo un tiempo feliz en que Bahamontes se paraba en las bajadas a tomarse un helado tras coronar a pelo en los una cumbre alpina, pero aquello ya pasó. Hoy debemos distraer nuestras policías para espiar cómo se manipula la sangre del ciclista hasta conseguir que el hematocrito se dispare como un obús.

xxxxx

Bien, allá cada cual, que rabadanes tiene la majada que sabrán lo que más conviene al rebaño. Pero me gustaría que alguien explique por qué una policía tan insuficiente se dedica a vigilar las trampas del ciclismo mientras el consumo de droga va en España como un cañón según acaba de advertir, con acento ciertamente asustado, el mismísimo Observatorio Europeo de las Drogas. No digo yo que no merezca atención el dopaje y sus consecuencias, pero a ver quién explica que semejante despliegue de medios se produzca justo cuando se da a conocer el descomunal crecimiento del consumo de coca entre nuestros jóvenes o cuando acabamos de enterarnos de que tres de cada cuatro urgencias psiquiátricas registradas en nuestro país se deben al abuso de drogas o que cuatro de cada cinco drogotas tragan “éxtasis” o esnifan “nieve” tras beber alcohol en abundancia. Ya, ya, no hace falta que me digan que publicitariamente es mucho más rentable un golpe como el asestado al ciclismo que el que pudiera (y debiera) asestársele al siniestros mercado del narco. Pero a uno, no quiero engañarles, le preocupa infinitamente más la presencia habitual de ‘camellos’ en la puerta o en el patio de la escuela, que los manejos de un médico tramposo que pretende potenciar a sus atletas suministrándoles sustancias vedadas por una ley que el tiempo dirá si vence o se da por vencida en esta pelea. Aunque entiendo a la perfección que no es lo mismo para un Gobierno anotar en su haber un sartenazo del que se hablará hasta la saciedad en la corrala mediática, que apuntarse la oscura e incómoda victoria que reclama hace tiempo la salud de las generaciones nuevas. Aparte de que, a ver, ¿qué es peor, un anabolizante de farmacia o un ese pastillazo que cuatro canallas preparan sin control en el infiernillo de la cocina para ‘pasárselo’ al coleguita? Ahí dejo la pregunta para que cada cual la conteste por su cuenta y riesgo. Sobre todo si tiene hijos en edad de (des)merecer.

Lápida para Estatuto

 

“El Estatuto de Andalucía destruye la idea de privilegios entre autonomías”, Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. “Aquí si debería ser posible el abandono del ‘no’ incondicional y con un deseo de participación constructiva”, el mismo. “Andalucía no se merece ser coartada de Cataluña”, Mariano Rajoy, jefe de la Oposición. “Agradezcan que Zapatero sea incoherente porque, de acuerdo con sus propias reglas, rechazaría este Estatuto, como rechazó el Plan Ibarretxe, por su falta de representatividad”, el mismo. “El Estatuto andaluz es una propuesta con la que gana Andalucía para que gane toda España”, Manuel Gracia, diputado del PSOE-A. “Acaso ya no piensa Zapatero, como aformaba, que ninguna reforma estatutaria debería naces con más de un 30 por ciento de oposición”, Antonio Snaz, diputado del PP de Andalucía. “El texto del Estatuto está pensado para evitar la fractura social, que no la ruptura (sic), que se puede producir en España”, Concha Caballero, diputada de IU-CA. “Lo bueno para Cataluña es bueno para Andalucía”, Durán Lleida, portavoz de CiU. “El Gobierno ha instalado una copistería en Moncloa”, Joan Puigcercós, portavoz de ERC.

Soledad pero menos

 

Se dice ingenuamente –aquí mismo lo hemos dicho—que, tras el ‘plante’ de sus “socios” y de la leal oposición, Cejudo va a quedarse sólo en el casoplón que hemos alquilado o, al menos, hemos pagado entre todos, en El Rocío para acoger a nuestros próceres mientras dure al romería. Bueno, ya verán cómo no es para tanto, cómo irán acercándose unos y otros a dar una vuelta de rebujito con tapa, empresarios, fuerzas vivas, cofrades y simples mangoletas. De momento la UGT ya tiene reservada habitaciones pero ya verán, repito, cómo habrá que ampliar las reservas y el convite, igual que hubo que hacerlo para ir de farra a Madrid o a Bruselas. Todas las soledades fueran como la que aguarda a Cejudo en El Rocío, aparte de que seguro que él recurre a aquello de que más vale estar solo que mal acompañado. El ángel de las Marismas vela siempre por sus romeros, incluso por los que van de gorra.

Hijos de la viuda

Nada más conocerse la sanción impuesta por el Vaticano al fundador de los Legionarios de Cristo por sus grandes pecados de pedofilia, un periódico gubernamental se ha apresurado a revelar con las del beri que tanto José María Michavila como Ángel Acebes, ex-ministros ambos del PP y portavoz del partido este último en la actualidad, pertenecen a esa perjudicada orden o cofradía o lo que sea. También hace poco que César Vidal descubrió, en su imprescindible manual sobre los “hijos de la viuda”, que de los cinco miembros de la gestora que eligió a González tras la crisis provocada por la renuncia al marxismo, tres ellos –Federico de Carvajal, el venerable don José Prat y Carmen García Bloise– pertenecieron a la masonería, o que el actual Maestre del Gran Oriente Español sería un antiguo diputado del PSOE. Hasta Gaspar Zarrías o Enric Sopena dice César que gastan mandilillo, y en algún papel francés he leído estos días que en Cannes no han faltado extravagantes exhibiendo en sus camisetas por los andurriales del Festival, como logos anacrónicos y seguramente irreconocibles para la ‘basca’, la escuadra y el compás de los fracmasones de toda la vida. Hay países como Francia –de Inglaterra mejor no hablar—en que la masonería no pasa de ser un respetable pub frecuentado por jóvenes ambiciosos y ancianos contemplativos, pero en España la verdad es que la condición de masón ha constituido siempre y sigue constituyendo un arma enarbolable o arrojadiza pero siempre contundente. Aquí al adversario de izquierda lo situamos a las primeras de cambio en una logia, y creo que es sobradamente significativo que para acribillar al Opus no hayamos hallado mejor metáfora que homologarlo precisamente como una suerte de contramasonería calcada por inversión en los talleres de la astucia vaticana. En un país como el nuestro ya es raro que haya tenido éxito un rollo tan trapacero como el tramado por Dan Brown en torno a María de Magdala y al inverosímil ‘Priorato de Sión’, pero ya ven que tanto la acusación de hermano masón como la de mílite católico siguen encajando a las mil maravillas en la honda pedrera de nuestra inveterada incivilidad.

xxxxx

Lo que pasa también es que ya no sabe uno a que carta quedarse, porque si antes un conspirata anticristiano iba a la hoguera con tal de no desdecirse ahí tienen al propio Brown protestando su inocencia y hasta sugiriendo que la difusión de su mito (esto es, la venta de su libro) puede contribuir activamente a la recristianización que bien necesitaría, desde la perspectiva eclesiástica, esta sociedad tan severamente desacralizada. Es más, no hace ni quince días nos enteramos de que los masones españoles pertenecientes al Gran Priorato de Hispania han solicitado a la Conferencia Episcopal que, atendiendo a la circunstancia de que el Régimen Escocés Rectificado al que pertenecen “es totalmente cristiano”, les levante la excomunión que pesa sobre ellos

y suavice la mano de hierro que Wojtila les asentó sin miramientos. Y eso tampoco es, oigan, porque no me parece justo tener un pie en una acera y el otro en la de enfrente, ni comprendo bien (ni mal) cómo es eso de que un masón profese el cristianismo cuando lo suyo fue siempre que, para los ‘hermanos’, Jesús no fue sino un maestro más, “el hijo de José” que respetaban tanto pero no más que a Enoc o a Abraham, Pitágoras o Platón, sin excluir a Mahoma “el hijo de Abdullah” con su ley y todo. Por lo demás, y en cuanto al país respecta, ya ven que estamos donde siempre estuvimos, es decir, enterrados hasta las corvas en el óleo goyesco, tranca en mano, que si este masón, maricón el otro, atizándole a cada cual donde más le duela. El día en que me enteré de lo de Gaspar se me cayeron los palos del sombrajo, para qué les voy a decir otra cosa, incapaz de comprender cómo se las habrá aviado para mantener la doble militancia y de dónde sacará tiempo ese azacán para las ceremoniosas ‘tenidas’.

La gramática, ultrajada

 

No hace falta que se estropicien el magín leyendo el nuevo Estatuto entero. Échenle una mirada sólo al preámbulo y verán qué escandalosa vulgaridad, cuánto tópico, qué ruina sintáctica, que léxico impropio. ¿De dónde habrán sacado a ese escriba las izquierdas que fingen cifrar en el Estatuto sus esperanzas de progreso para Andalucía? ¿No habrá nadie en la región capaz de pergeñar cuatro folios decentes o será que nadie capaz querría hacerse cargo de semejante embolado? Léanlo, aunque sea por encima, de verdad, no se pierdan esa exhibición de mediocridad, ese centón de tópicos, aprovechen la ocasión para vacunarse contra la idiocia protegida tras la que se blindan esos revolucionarios de la Nada? Pero, insisto, no se metan en política; quédense sólo en el juicio formal. El resto –que apenas dos de cada cien andaluces están interesados en el negocio, que han cambiado un Estatuto de todos por otro que no llega al cuarto y mitad, que esa letra menuda es pura ojana—ya se encargará la práctica de mostrarlo.