Un color especial

 

Sepan cuántos vieren y leyeren la inconcebible propuesta de igualar en derechos a hombres y simios ha sido extravagancia casi exclusiva de un diputado andaluz, un aventurero de color “verde PSOE” que se gana la vida, el hombre, arañando unos votos aquí y allá para revendérselos luego al Gran Hermano: Francisco Garrido. Uno espera que un diputado de la región más pobre de España dedique sus esfuerzos antes que nada a bregar por las criaturas humanas que lo han elegido e incluso por las que no, pero nunca a causas tan desopilantes como ésta que tiene España en un ¡ay! o muerta de risa.
Claro que la culpa no la tiene el diputado raso sino el partido que lo respalda a cambio de un voto y un toque “verde” sobre el rojo/violeta y a veces amarillo a que nos tiene acostumbrados. Proponiendo la igualdad entre hombres y simios, el diputado Garrido ha hecho un ridículo colosal y el PSOE también. Los electores andaluces deben tomar nota y ver con claridad para qué se utilizan sus votos.

Nuestra ‘Kale Borroca’

Esperemos que en esta ocasión el señor subdelegado del Gobierno no se entere por la prensa del atentado de Almonte ni se deje arrastrar por esta marea desdramatizadora en la que la ola rompe siempre a favor del terror y nunca del aterrorizado. Las imágenes de la casa quemada adrede, propiedad del dirigente del PA, nos meten de lleno en una situación de emergencia en la que de nuevo –como hace años en Gibraleón—se perfilan los espectros de la barbarie campando por sus respetos en términos inaceptables. Y es el PSOE, el del Almonte y el resto, la parte más interesada en la aclaración del suceso y, llegado el caso, la que con más vehemencia debe exigir el castigo de esos terroristas seguramente vengativos. Si es cierto que las denuncias andalucistas traen de cabeza al partido local no lo es menos que sus argumentos resultan abrumadores. Pero ahora lo que urge es averiguar quienes son los incendiarios y meterlos en la cárcel. No nos faltaba más que tener que dormir con el extintor a mano por ejercer la crítica que la Constitución nos garantiza.

Tarzán y Chita

Está causando un enorme revuelo la hilarante propuesta del PSOE en el Congreso de igualar (por arriba) los derechos del hombre con los del simio. Este sociatismo que ha hecho de la utopía un apólogo, sostiene que urge “integrar a estos animales en la categoría de personas” y, en consecuencia, que el Estado les garantice (se garantice a sí mismo, porque a ver cómo garantizarle nada a un irracional) “la protección moral y legal de la que, actualmente, sólo gozan los seres humanos”. Basa el PSOE su propuesta en la fascinante coincidencia del genoma simiesco con el nuestro, olvidándose de que en esa trama esencial de la vida, los humanos coincidimos no sólo con los simios sino con la rata o la mosca drosófila, olvido en el que no resulta difícil vislumbrar el cínico perfil de la superchería. Pero cuando el proyecto alcanza cotas de auténtica parodia bufa es cuando, deslizándose sobre la equívoca sombra de Babeuf, al descerebrado que ha escrito ese alegato animalista se le ocurre hablar de las ‘comunidad de los iguales’, club u olimpo en el que hoy por hoy sólo son admitidos los mimados retoños de la especie ‘Homo Sapiens’. Lo dicho, de la utopía al apólogo, del sueño a la fábula, del humanismo genuino a este ternurismo soplapollas de ‘todo a cien’ que admite el genocidio de Ruanda o las masacres de Sierra Leona con mucha mejor leche que las duquitas del orangután amenazado por los furtivos, o que se gasta encantado en perforar túneles para linces bajo la autopista el dinero que falta para atender a la legión de pobres –‘Sapiens’, por supuesto– que vivaquea en los basurales de esta Babia despilfarradora. De Marx a Lafontaine, del doctor Vera a Iriarte, la socialdemocracia pasteurizada ha roto en un franciscanismo de solterona a cuyas ínfulas pietistas se le queda estrecha la fraternidad del santo. Ni siquiera se han percatado del fracaso rotundo de las primatologías que en tiempos nos entretuvieron con el numerito del chimpancé ilustrado o el de a mona aritmética. Vamos a entregar la cuchara en la guerra inmemorial por la igualdad entre los hombres mientras peleamos como fieras por extender a los simios nuestros fracasados derechos. Tarzán y Chita de vuelta al paraíso civilizado en el mismo avión. Estos chiflados están a punto de hacer realidad la parodia del mono sabio que hizo célebre el talento de Peter Hanke.

xxxxx

Ya me dirán, en fin, cómo conceder esos derechos a criaturas que habrán de vivir necesariamente entre rejas, pero ése problema resulta minúsculo comparado con la propuesta de base, la idea injusta y absurda de que los derechos que la especie racional tardó tantos milenios en conquistar sean extendidos de pronto a otras que viven en el limbo de su horda ni mejor ni peor, ni más ni menos seguras que el pobre ‘Sapiens’ en el exilio del paro o en la extrañamiento de su chabola. Hay que insistir, por supuesto, en que la propuesta carecería de mayor relieve planteada en un foro habitual, es decir, que lo que le confiere perfil tan inquietante, acaso tan ofensivo, es que se produzca en sede parlamentaria y en boca de una Izquierda que ha hecho del oportunismo su única estrategia. ¡La ‘comunidad de los iguales’! Pero ¿iguales en qué y por qué, de cuando acá el mono más avispado ha dado un paso más allá del instinto, quién será capaz de seguir reservando el mito de la inteligencia animal a los chimpancés u orangutanes, mientras se le niega a la proverbial listeza de especies casi socializadas como el hermano perro? No es descabellado vincular estos avenates del progrerío a la mera ignorancia, pero tampoco es posible eludir la responsabilidad que incumbe a la ‘barra’ política a la hora de dar luz verde a estas ridículas acrobacias. El PSOE debería retirar esa propuesta y enviar al andamio a las minervas que lo han sostenido en lugar de quitarle a Tarzán el viejo taparrabos para encasquetárselo a Chita. Es pronto para milagros de “ZP de Asís”, aunque quizá demasiado tarde para librarnos de tanto memo.

Cínico rentoy

Asombra el cinismo que implica la autosatisfacción de Chaves al recalcar que la ya absolutamente inaplazable intervención en Marbella es mérito del PSOE y no de sus rivales políticos, es decir, que el PSOE habría sido el único partido con poder en actuar contra la ilegalidad. Hombre, qué pasada, pero ¿es que Chaves no se acuerda ya de que el PSOE es el único partido del que consta que hizo negocios ilegales con Jesús Gil en persona, que cobró cantidades ciemillonarias y las ingresó la caja del partido regional de donde nadie las ha sacado para devolverlas, por supuesto? ¿Y tampoco ha sabido durante todos estos años que el “urbanismo” marbellí ha contado con los buenos oficios de personas estrechamente vinculadas al partido, que han mantenido oficina abierta en la ciudad saqueada, y alguno de los cuales pertenece a la misma camada de quienes perpetraron el “caso Montaner” de que hablábamos más arriba? Chaves es consciente de que el Gil fue montado y protegido por González como sangría del PP, y lo que teme ahora es que el voto conservador se reagrupe en su contra. Y hasta ahí, vaya. Pero olvidarse de que fueron ellos y nadie más los que trajinaron con Gil en persona favorece bien poco a la “recuperación de la memoria histórica”.

Alcalde convencido

Si el alcalde de Riotinto, José Manuel Delgado, se acercaba antier a la empresa compralotodo en Riotinto, la compañía ‘Rumbo 5.0’ con ánimo de expropiar las parcelas enajenadas en la subasta pública en la que Junta y Diputación dejaron tirada a la Mina, ahora resulta que ha salido de ese contacto convencido de la solvencia financiera sobrada esa misteriosa emprendedora, que asegura que posee intereses importantes en Marruecos y un fuerte patrimonio inmobiliario e industrial. Delgado sigue sin descubrir, sin embargo, la madre del cordero, es decir, cual es el proyecto que ‘Rumbo 5.0’ tiene para Riotinto una vez despojado el pueblo del grueso de su propio patrimonio solariego. Y eso es algo que el regidor debe indagar son urgencia, como es algo imprescindible que explique a los riotinteños y comarcanos, con números en la mano, en qué basa ahora la fe que antier no tenía en ese “amigo político” que, a precio de saldo, ha logrado dejarlos sin una mala piedra en la que reclinar la cabeza.

El mito del látex

 

El cardenal emérito de Milán, monseñor Martini, papable destacado del último cónclave, se ha dejado caer en una conversa científica periodística concediendo (habrá que hablar con propiedad) que, ciertamente, “el uso del preservativo puede constituir, en algunas situaciones, un mal menor”. En el supuesto de que un marido padezca el SIDA, por ejemplo, como propone el obispo belga Danneels (nótese que el purpurado tiende a creer que el contagiado habitual es el varón, como si alguien supiese en qué orden surgieron ese huevo y esa gallina), y de que éste “obligue” (sigan atentos a la semántica) a su parienta a mantener relaciones sexuales, “ella ‘debe pedirle’ (insistan en no bajar la guardia: la sintaxis habla por los codos) que se ponga el preservativo” puesto que si no lo hiciera “estaría cometiendo un segundo pecado de homicidio”. Martini ha desafiado, no obstante, al pontífice revolucionario felizmente reinante con una concesión insólita que va en dirección enteramente contraria, por lo que cuentan los especialistas, con la papela que andan preparando en el Vaticano los edecanes de Benedicto XVI en contra del uso del condón en toda circunstancia y caiga quien caiga. Ya puede desgañitarse el afligido gobierno de Sudáfrica, la propia ONU y las organizaciones internacionales que vigilan aterradas los progresos de la pandemia, que estos célibes teóricamente castos no están dispuestos a entregar la vieja cuchara sino que mantienen enhiesta la grímpola del fundamentalismo coital: si jodes, ya sabe a lo que te expones. Lo más que el benemérito monseñor Martini está dispuesto a otorgar es su comprensión por el condonazo en defensa propia y en caso extremo pero, ojo, sin perder de vista que, incluso en circunstancias tales, echar mano del látex no deja de suponer un “mal menor”. Es asombrosa la terquedad o la petera del fundamentalismo católico en torno al sexo. La triste historia de Onán parece haber impresionado siempre a nuestros espirituales infinitamente más que la regocijada bigamia de Abraham.

xxxxx

Ni siquiera el probable colapso demográfico del planeta, o lo que no sería menos grave, la implosión de la vida provocada por la explosión de la especie, ha conseguido que la rigidez moralista acepte el uso anticonceptivo del condón, como si consideraran más dañino el control racional de la natalidad que las atrocidades que saben de sobra que están ocurriendo en el mundo, especialmente en los países superpoblados como China que han impuesto la paternidad única, la esterilización masiva y hasta la inmemorial práctica del infanticidio como instrumentos demográficos compensatorios. Ahora mismo acaba Roma de nombrar el primer cardenal chino como si no supiera que ese régimen brutal destruye hogares por infringir la norma del hijo único o, sencillamente, ahoga a los recién nacidos excedentarios en los arrozales de la aldea. Eso es lo sorprendente del montaje romano: su capacidad para reconciliarse con los bárbaros del obispo cismático Lefèbvre y convertir al mismo tiempo en referente radical a un monseñor emérito que accede a sugerir el uso excepcional del condón sin dejar de considerarlo como un “mal menor”. A veces he pensado con triste sorna que si con esta gañanía la Iglesia continúa su marcha sin que se le caiga la tiara, eso del “non prevalebunt” debe de ser cierto y Belcebú debería ir resignándose a meterse donde le quepan las “puertas del infierno”. ¡Mira que decir que en caso de matrimonio con SIDA se admite la fundita, pero que ni aún así debe entenderse el recurso como algo normal! ¡Pero qué idea tendrán en esa majada de por dónde consagra el lobo sus pasos acechantes! Conozco a uno que duda incluso que Martini, de haber salido airoso del cónclave, hubiera sido capaz de este gesto mínimo. Yo no lo sé, desde luego, pero sí digo que la deuda que está adquiriendo el integrismo con esta humanidad desbocada y doliente constituye la más sutil Inquisición que jamás haya ejercido en su larga y deplorable historia.