Parientes y afectos

Si no es cierto más aún que si lo fuera, el alcalde de Almonte debería explicarle a su pueblo y a su partido qué está ocurriendo en esa Jauja donde los amigos y cuñados salen tan beneficiados de vistas gfordas cuando no de cambalaches, y desde luego, el PSOE debería explicarle a los ciudadanos en general, siquiera por una vez, la razón por la que sus gestores hacen cosas como las que se hacen en Almonte. Desde el primitivo lío del entorno de González (el caso “Costa Doñana”) hasta el chalé del cuñado de Bella pasando por el asombroso trueque de terrenos que ha montado en burra al amigo del alma del alcalde o los ojos cerrados ante el hotel del artista marbellero, hay demasiadas oscuridades en ese pueblo que deberían ser alumbradas a la mayor brevedad. Y hay motivos, sin ninguna duda, para reclamar una fiscalía exclusiva para vigilar el tráfico urbanístico, peor no sólo para los Ayuntamientos del PP, como anunciaba escandalosamente una minerva del partido, sino más bien para que empieza el tajo por los del PSOE.

El nombre deshonesto

En Buenos Aires comprobé hace unos años la eficacia de la represión establecida por el uso oral en torno a la palabra culo. No precisamente ajenos a la analidad, los argentinos parecen haber decidido, por alguna razón que no se me alcanza, eliminar cualquier alusión a esa parte del cuerpo ciertamente estigmatizada en tantas culturas, según ha explicado el psicoanálisis en función de su relación con la escatología (con la ‘scatología’, para ser precisos). Los franceses hace tiempo que hicieron de esa zona ‘pudenda’ un eficaz símbolo del desdén, como Marlon Brando se encargó de interpretar en la famosa escena del baile de “El último tango” y últimamente parece que se ha convertido también en moneda corriente del repertorio de muchas ‘hinchadas’ futboleras. El tabú del culo afecta al propio léxico como lo prueba que Covarrubias no recoja el concepto en su ‘Tesoro’ aunque sí aparezca tanto ‘Autoridades’ como el RAE antes de convertirse en delicia particularísima en Cela. Pero es indiscutible que, a pesar del exhibicionismo imperante, el culo permanece afectado por el tabú del cuerpo en una sociedad que, paradójicamente, lo explota de mil maneras como simple y hasta vulgar mercancía. La idea de que la exhibición del cuerpo es nefanda es tan antigua que en la vieja mitología se cuenta que Aidos, un diocesillo alado del Olimpo, abandonó esta tierra abrumado por la impudicia y con tanta premura que se le suele representar alado. Imagínense si el pobre dios cae por aquí y tiene la ocurrencia de prender la tele una vez que los nenes se hayan ido discretamente a la cama o incluso antes.

xxxxx

Dos periódicos británicos, The Sun y Daily Sport acaban de publicar la foto del culo de Angela Merkel, la cancillera alemana, a la que la canallería alcahueta que nos abruma, lo mismo aquí que en plena “culta Europa”, logró sorprender mientras, en compañía de su marido, se despojaba del bañador bajo el albornoz en una apartada playa de Ischia, y hasta se ha permitido una broma política –“I’am big in the Bumdestag”– jugando con el equívoco que le brindaba la coincidencia de que en tudesco la voz “bum” alude también a esa parte del cuerpo. No tiene límites, como puede verse, la industria de la basura, que boga siempre a favor de la “nuditas criminalis”, que es como en los viejos tiempos se calificaba a la exhibición indecorosa del cuerpo para distinguirla, por ejemplo, de la representación artística, que se atenía a un legítimo criterio de “nuditas virtualis”. Pero está claro, además, que no hay en esa publificación de la intimidad ningún interés desmitificador sino todo lo contrario, a saber, el más escabroso comercio del tabú ejercido tanto sobre el desnudo involuntario de un personaje como sobre el fuero íntimo de quien a lo peor hace años que no está en este mundo para hacer frente al abuso. Y encima les saldrá gratis a los canallas porque los alemanes han renunciado a ejercer cualquier acción legal contra ellos alegando que a su prensa jamás se le ocurriría –menos mal— la horripilante idea de publicar la foto de la reina Isabel mostrando su liguero. En el fondo no está mal que ocurran estas desmesuras, a ver si alguna vez alguien en las alturas decide que ese bien jurídico protegido de antiguo, que es el honor, merece alguna atención por parte de la autoridad, y se le pone algún tipo de freno a la jauría alcahueta, pero no sólo a ella, sino también a los orondos industriales que pasan la gorra tas la exhibición impúdica. Que lo que saquen en portada los periódicos para tratar de la Merkel sea su culo da una idea de la degradación verdaderamente idiota que estamos alcanzando con la complicidad de la satisfecha audiencia. Nunca la miseria tuvo mayor presencia pública ni el simple decoro menor sitio en la costumbre. Hay gente que te persigue hasta la playa para retratarte el culo y gente que paga por verlo. Lo que no suele recordarse es que la hay también que cobra, y mucho, emboscada tras el telón de la escena.

La lentejas de IU

Insisto en que todo el rollo del debatillo estatutario es un montaje chavesiano para respaldar la barrabasada nacionalista en Cataluña y contentar a los socios de ZP, de paso que se tapa, un día sí y el siguiente también, que la comunidad andaluza renquea a la cola de todos los ránkings significativos, ocupando por sistema, tras un cuarto de siglo de hegemonía sociata, el último o el penúltimo lugar entre las comunidades españolas. Pero ese montaje ha dado lugar a negocios y uno de ellos ha sido el convenido con IU de ampliar el número de diputados regionales en cantidad estudiada y suficiente para que, por ejemplo, el coordinador general Diego Valderas consiga colarse de rondón en las próximas elecciones en lugar de quedar apeado como en la tres anteriores. Tendremos que mantener a veinte ociosos más en una Cámara inútil que reduce su papel hace años a legalizar la situación y, de paso, intercambiar unos cuantos vulgares insultos entre sus líderes. Un plato de lentejas. IU calla ante el desastre del paro, el infierno de la inmigración ilegal, el descuelgue irremediable de la autonomía, pero pide holgura para poder introducir el hombro. Ya tiene lo que quería. Las lentejas que habremos de pagano nosotros, como es natural.

Globos sonda

Tiene toda la pinta de globo sonda la sugerencia de una dama sociata de la eventual candidatura a la alcaldía capitalina de la calañesa Cinta Castillo. Lo que no tiene lógica es que semejante descuelgue no contara con las bendiciones de la “mesa camilla” y, desde luego, deja definitivamente a los pies de los caballos al pobre Pepe Juan, a quien todavía Barrero atribuía hace poquísimo ¡que sería él y su agrupación! quienes decidieran la propuesta de sustituto. Quien debe de andar frotándose las manos ante una candidatura de viabilidad tan poco verosímil es el Superalcalde que ve cómo el PSOE se mete cada día más hondo en el arruinado jardín buscando lo que no tiene: alguien capaz de hacerle sombra en el cartel, en la calle, en la opinión a quien ha arrasado ya en tres elecciones y aparece en las actuales encuestas como el favorito claro. Pero si Pepe Juan no ha logrado en tantos años darse a conocer siquiera, esa perfecta desconocida lo va a tener mucho más crudo todavía. Hacen bien en lanzar globos sonda. El toque está en qué harán cuando les llegue la respuesta del globo.

El reino pobre

El mismo día en que el periódico nos informa de que el rey de Nepal, ese bárbaro probablemente fratricida, ha renunciado finalmente a sus poderes absolutos acorralado por la horda maoísta, el rector de Oxford, Chris Patten, declara en una lúcida entrevista que el mundo debe olvidar tanto el centralismo americano como el eurocentrismo y contar de una vez con enormidades como la India. He recordado en anterior ocasión la inolvidable traducción borgiana de la crónica viajera de Henri Michaux, “Un bárbaro en Asia”, en la que aquel fugitivo de la civilización constataba el contraste entre los dos vecinos justo al salir de aquella India religiosa, abismada, paupérrima, mística e idólatra a un tiempo, bárbara a su modo y culturalmente inmemorial: “Qué alivio llegar al Nepal –anotaba Michaux–, ver una sonrisa espontánea que nos busca en espera ser correspondida, y que por caridad nos solicita el abandono del ensimismamiento, de las cavilaciones…, la sonrisa más exquisita que conozco, exquisita, no excesiva, no turbadora, sino encantada, sin doblez, pura”. Este país idealizado que durante años ha sometido con brutalidad Gyanendra es, además de todo eso, un país pobre, una sociedad de subsistencia agraria en el que nueve de cada diez habitantes vive en y del arrozal, pero también la nación inocente en la que consta que catorce de cada cien adultos ha vendido algún órgano a los traficantes enviados por los ricos lejanos. Eso es lo que explica la inhibición ante su doloroso conflicto de la práctica totalidad de las naciones a la que nada o poquísimo podía habérsele perdido en aquel paraíso sonriente. El tirano seguiría en su puesto, como siguen los demás tiranos, apoyado por “su” potencia protectora, con la sola condición de que el país tuviera algo que ofrecer a la rapiña. Si el rey se va es porque lo han dejado solo frente a los tigres (ya veremos si de papel o no) que hace años que lo vienen acosando desde el laberinto de las montañas. Un Sáhara sin fosfatos, pongamos por caso, podría verse libre de invasores y, sin embargo, hoy mismo nos enteramos también de que la ONU tira la viaja toalla española y lo abandona a su mala suerte. No todo van a ser desventajas en la pobreza. Los nepalíes, sin ir más lejos, a la pobreza le deben su recobrada libertad o lo que sea eso que acaban de reconquistar.

xxxxx

Quizá no nos estemos percatando del retorno sutil del neoneocolonialismo, del restablecimiento del orden anterior a los felices 60 en que dimos todos en la singular locura de creer que para liberar el Tercer Mundo bastaba con repatriar en un mismo paquebote a gurkas y misioneros, sin comprender que lo que se cocía en el conradiano “corazón de la tiniebla” era un complejo desafío muy por encima de lo que estaba preparada para ofrecer la débil imaginación política occidental. Hay países sin interés, como Nepal, que puede ser dejados de la mano de Dios para que allá se las avíen ellos entre sátrapas y guerrilleros, esos nobles indigentes y bienhumorados frente a los cuales, según Michaux, los monjes mendicantes que suben con la campanilla y la mano tendida desde el hormiguero indio “parecen crápulas” vulgares. Y tal vez estén ahí para ilustrar el perverso mecanismo de la ferocidad colonial que se erige en arcángel democrático allí donde hay oro blanco u oro negro pero que se inhibe indiferente, así se despellejen vivos unos a otros, los pueblos desheredados. Rusia protege a los fanáticos de Irán, USA a los golpistas pakistaníes, Francia a los régulos genocidas de la francofonía, Inglaterra a todo el que pueda ofrecerle todavía la ilusión de un oasis en la “ruta de la seda”. A Nepal no lo ha amparado nadie ni por activa ni por pasiva hasta que la tigrada chinesca ha tomado las calles de Katmandú engalanándolas con las marchitas “cien flores” de otro tiempo. “A un pueblo debería darle vergüenza tener historia”, escribía Michaux con un pie en el estribo.  Lo que debería inquietarlo es tener riquezas.

La extraña campaña

El PSOE se ha descolgado con una extraña campaña publicitaria para “convencer” a los andaluces de que son una “realidad nacional”, no como la catalana o la vasca, eso no, pero sí como la copa de un pino. Se trata de “defender y popularizar” esa definición de Andalucía que a nadie podrá caerle más ancha que los andaluces, tan “excedentarios” de identidad como el psiquiatra Castilla diagnosticó con tino en su día, tan “naturalmente” españoles que no van a aceptar fácilmente que el PSOE e IU le quiten del Estatuto, sólo por complacer a esos catalanes que nos desdeñan como a inferiores, la inequívoca expresión bajo la que ha prosperado la democracia: “la indisoluble unidad de España, patria común de todos los españoles”. Ya no se acuerdan de cuando González gritaba desde las portadas “¡Para patriota, yo!”. Ahora sólo se trata de salir del paso, de vestirle el muñeco catalán a ZP, de utilizarnos, una vez más, de carne de cañón simbólica pero realísima. La españolidad sin matices de Andalucía no es patrimonio de la Derecha. Esta Izquierda parece empeñada, en cambio, en monopolizar la secesión vergonzante.