Palo judicial

Palo y varapalo judicial al PSOE onubense que es, para qué vamos a engañarnos, quien hace y deshace embozado tras el alcalde sobrevenido de Gibraleón, Juan Serrato. La sentencia que ordena la readmisión de los despedidos de la emisora local de TV, ‘Teleodiel’, confirma lo que todo el mundo en sus cabales sabía de sobra, es decir, que ese despido encubría una simple purga política, una liquidación de la plantilla de “los otros”, para sustituirla por una propia. Claro está que, a estas alturas, ya me dirán qué puede importarle al PSOE de Barrero un traspiés judicial más o menos, llevando como lleva perdidos todos y cada uno de los pleitos “políticos” interpuestos en lo que va de legislatura. Que el alcalde recurra no es más que un derecho y un modo de ganar tiempo hasta las elecciones, que es de lo que se trata, pero lo que no podrá evitar es la evidencia de su arbitrariedad. Ya verán, sin embargo, cómo el PSOE no desautoriza a Serrato. No tendría sentido, desde luego, teniendo en cuenta que este falso “independiente” lleva todas las papeletas para ser su propio candidato.

Siempre Fantomas

Pocos hallazgos de la mitografía contemporánea como la idea del hombre en la sombra, el tirano solitario en cuyos planes entra la dominación del planeta, como ahora acaba de descubrirnos que entraban en los de Mao Zedong la laboriosa crónica construida por Jung Chang y John Halliday que acaba de editarse en nuestro amenazado idioma. En mi infancia nos aterrorizó el ectoplasma huidizo de ‘Fantomas’, primero de de aquellos personajes simbólicos que la industria occidental, en estrecha colaboración con los estrategas de la Guerra Fría, habría de lanzar para meterle al personal el miedo en el cuerpo hablando, sin nombrarla, de la amenaza soviética. Todos esos “héroes negativos” fueron piezas de incalculable valor en la propaganda subliminal del Occidente capitalista sobre la imaginación colectiva, todavía temblorosa, de una Humanidad que acaba de salir de una guerra apocalíptica librándose de un enemigo pero dejando vivo y coleando a otro, es decir, escapando de la Guatemala prebélica para dar de bruces en la ‘Guatepeor’ entrevista por Patton. La inacabable serie de Fu-Man-Chu constituyó una excelente campaña contra el “peligro amarillo” que, a aquellas alturas, ya confundía, más o menos deliberadamente, las fronteras de China con las de la Unión soviética. Pero la idea del coloso oculto, del enemigo en la sombra, es a mi entender más antigua y lleva la impronta romántica que tan bien supo imprimir Verne al capitán ‘Nemo’ dueño del mundo submarino, una idea, por cierto, que se ha recordado muchas veces luego en relación con la realidad y las propagandas desplegadas en torno a los colosos de la guerra atómica submarina. Alguien que anda por ahí, uno que acecha desde su cubil inaccesible, inmensamente rico y, por supuesto, dueño de los arcanos tecnológicos, o bien alguien irreconocible que protege su enigma confundiéndose adrede con la masa, adoptando sus rasgos más tópicos en el disfraz múltiple e incontrolable de la apariencia común: ésa es la almendra de la aterradora idea que ha mantenido a medio mundo conteniendo el aliento durante decenios mientras se atragantaba de palomitas en la penumbra del cine de barrio.

xxxxx

Nada más disponer de los primeros datos sobre Osama Bin Laden me acordé de ‘Fantomas’. La construcción del mito del héroe se ve favorecida por la leyenda de su cuasi irrealidad y por eso no faltó algún guasista que, tras el 11-S y en plena histeria norteamericana, sostenía que lo más probable es que los bombarderos estuvieran machacando las montañas afganas mientras ‘Fantomas’ se paseaba impune por Manhattan, quien sabe si desafiando por el revés el código del camuflaje a base de pasarse a mediodía por el bar del rascacielos o de cenar impávido en el “River Café”. Y pasado el tiempo, cuando se vuelve a relacionar al hombre invisible con la matanza de Egipto, me vuelve a rondar con fuerza la sensación de que el mayor fracaso del Imperio amenazado y de Occidente en general, no ha sido siquiera la barbaridad de las dos guerras, sino la pavorosa amenaza que supone que el ‘Doctor No’ siga ilocalizable en su isla, que ‘Nemo’ planee colapsar el tráfico de los mares o que ‘Fantomas’ ande suelto por ahí, confundido entre la muchedumbre solitaria, libando el polen de sus rencores para elaborar el negro néctar de la venganza. Mao, como Hitler o Stalin, planearon dominar el mundo de manera no tan diferente de la que anima a los demás emperadores, pero ‘Fantomas’ juega con la ventaja del desencarnado, con la labilidad teatrera de la sombra del padre de Hamlet, con esa condición de anguila inaprensible que le presta el enigma. El hombre ha temido desde siempre a Bin Laden limitándose a cambiarle el nombre cada generación mitográfica o simplemente literaria. El actual también, con al agravante de que si logra echarle el guante y decapitarlo verá surgir veinte cabezas en el lugar de la cercenada. El enigma hace milagros. Aliado al fanatismo no tiene enemigo.

Guerra contraataca

Su táctica de siempre, una de cal y otra de arena, política de dichos consumados, desprecio por la memoria y la coherencia. Ahora dice Guerra que el rollo saduceo de la “realidad nacional” no es más que cosa de políticos, ya que el pueblo soberano lo ignora soberanamente, y dice también que anda muy preocupado por la pérdida de peso que pueda afectar a España. Coño, ¿y por qué no se preocupó mientras se dedicó a hacer gracietas como presidente de esa ominosa comisión parlamentaria, y más aún, a la hora de votar con brazo obediente este peligro que tanto le preocuparía ahora? Da igual que de lo que se trate esta vez sea de machacar a Chaves, al que desprecia olímpicamente, y de pulverizar a su pretorio, porque el fondo de la cuestión es siempre el mismo: Guerra es el gran oportunista disfrazado de radical, el audaz más medroso, el capitán menos comprometido con su tropa. Si se trataba de elegir –y se trataba, en fin de cuentas—entre seguir con la mamela o volver a casa, se comprende mejor que nunca que haya representado una vez más su acostumbrado papel.

Jugar con fuego

El PSOE de Almonte –sus nueves concejales, pero no ellos solos sino la acompañados, claro—se han negado asombrosamente a hacer suya una propuesta de condena al incendio de la casa del vicesecretario perpetrada por la ‘kale borroka’ local. No vale en Almonte, pues, lo que dicen que es imprescindible en el País Vasco, es decir, que la legitimación política pase inexorablemente por la condena explícita de la violencia venga de donde venga, como si hubiera modo de eludir esa condena por uno de los actos más graves que se han registrado en la política onubense. Y no sé por qué amenaza con querellas a quien sugiera siquiera remotamente una relación entre el incendio y las denuncias contra su partido, porque hace nada y menos era el PSOE el que sugería en Gibraleón que tras las ruedas pinchadas y las pintadas en las paredes s entreveía la mano del PP. También rechazó el PSOE almonteño la propuesta de comisión para investigar la llamada “conexión almonteña” del “caso Roca” marbellí, es decir, le lío del rociero hotel La Malvasía que el alcalde Bella le ha permitido al marbellero mantener abierto en la Aldea. Y en esto, qué quieren que les diga, se comprende divinamente su negativa.

El agua y el aceite

Un grupo de reputados teólogos islámicos, ciento treinta imanes procedentes de los cuatro rincones del mundo, según la propaganda, se han reunido en Viena con la noble y seguramente ilusoria pretensión de alumbrar un camino posible a una “teología de la integración”. Se trataría de plantar cara al desafío social que supone esta especie de retorno a las guerras de religión que podemos disimular hasta donde queramos pero que ahí están, a veces de manera tan lacerante como en las palabras del extremista musulmán que aseguraba el otro día no cifrar su felicidad más que en matar infieles. Hay treinta y tres millones de musulmanes en Europa, no se olvide esta circunstancia, una vasta población alejada de sus prácticas tradicionales tanto como del espíritu laico de las sociedades que la acogen, y existe también una amenaza creciente de radicalismo fanático cuyas consecuencias hemos de lamentar ya, en términos atroces, en varios de esos países acogedores. Los imanes han sostenido la idea de que es necesario y posible todavía hallar un compromiso entre ambas concepciones del mundo y de la vida, es decir, entre esas dos visiones de la realidad que dividen de manera tan drástica a quienes creen que inmolarse matando es una virtud suprema o, más sencillamente, que la mujer es el proletariado del varón, tesis irreconciliables con el espíritu ‘ilustrado’ de nuestro mundo del que los teólogos del otro proponen ahora –paradójicamente, a mi entender—aceptar valores como la democracia, el pluralismo y la libertad de expresión. La verdad es que coincidiendo en el tiempo con las declaraciones de Bin Laden o la del Zarqaui, esa realidad le deja poco terreno transitable al cónclave de Viena.

xxxxx

No es preciso recordar que se empieza inventando el “diálogo de civilizaciones” y se acaba crujiendo una crisis de tan imprevisibles consecuencias como la recién desatada por los propios continuadores del Jatami reconvertidos en fabricantes de bombas atómicas. Porque no se trata de que el ingenuo Jatami sea mejor o peor que el cafre de Ahmadineyad (más que probable terrorista), sino de que en el fondo creencial que sustenta aquella concepción de la realidad las cosas no resultan ni sencillas ni permiten tal vez ser conciliadas. La noticia de que la estrella futbolera del Hamburgo, Medi Mahdavikia, ha contraído un segundo matrimonio y vive actualmente una situación de bigamia, penada en Alemania con tres años de cárcel, no lo es tanto por el hecho mismo –en Occidente hay bígamos a punta de pala y se ha llegado a decir que el matrimonio es una cruz tan pesada que hay que llevarla entre tres—sino porque la propia ingenuidad del jugador revela a la legua una “buena conciencia” plenamente justificada en su sistema de valores. Es verdad que, como alguna vez insinuó Dénis de Rougemont, Occidente es la crónica de un adulterio continuado, pero también es evidente que la moral del cinismo que permite cirinear esa cruz dentro de él tiene poco que ver con la estrategia familiar de una civilización pensada por y para el varón en términos estrictamente utilitarios. Hay un proverbio islámico que dice que una mujer es insuficiente, dos el infierno de los celos, tres el purgatorio de las parcialidades y cuatro la perfección. Ya me dirán qué integración pretenden esos imanes conciliadores que sueñan con una democracia de jeques o una satrapía cívica. El pobre Mahdavikia, ochenta veces internacional, luminaria de la ‘Champions’, ídolo de la ‘barra’ hamburguesa, se ha erigido sin pretenderlo en símbolo de la futilidad de todo intento de integrar a fondo el agua y el aceite. Dicen los imanes, por ejemplo, que habrá que olvidarse de los malos tratos a la mujer, de los matrimonios forzados y de los crímenes de honor. Comprenderán ustedes que no insistimos por porfíar, sino, simplemente, porque esa enunciación del proyecto deja ver la distancia sideral que separa dos mundos que si han sido históricamente rivales, no lo han sido por casualidad.

Un color especial

 

Sepan cuántos vieren y leyeren la inconcebible propuesta de igualar en derechos a hombres y simios ha sido extravagancia casi exclusiva de un diputado andaluz, un aventurero de color “verde PSOE” que se gana la vida, el hombre, arañando unos votos aquí y allá para revendérselos luego al Gran Hermano: Francisco Garrido. Uno espera que un diputado de la región más pobre de España dedique sus esfuerzos antes que nada a bregar por las criaturas humanas que lo han elegido e incluso por las que no, pero nunca a causas tan desopilantes como ésta que tiene España en un ¡ay! o muerta de risa.
Claro que la culpa no la tiene el diputado raso sino el partido que lo respalda a cambio de un voto y un toque “verde” sobre el rojo/violeta y a veces amarillo a que nos tiene acostumbrados. Proponiendo la igualdad entre hombres y simios, el diputado Garrido ha hecho un ridículo colosal y el PSOE también. Los electores andaluces deben tomar nota y ver con claridad para qué se utilizan sus votos.