El rizo rizado

 

De “primarias”, nada: el candidato de la capital será impuesto por la mesa-camilla y a otra cosa, es decir, que los militantes habrán de limitarse a refrendar la candidatura decidida por el partido sin participación alguna de las bases. Las promesas de Chaves y de ZP, el compromiso de democracia interna que viene prodigándose desde el 97 por lo menos, se queda en agua de borrajas. Eso sí, en Huelva, al menos en la imaginación autodidacta del colosal polítólogo Mario Jiménez, el bucle imaginario se cerrará en una dialéctica para tontos de baba: la elección del candidato será democrática pero el nombre lo decidirá la jefatura. ¡Tomen del frasco! De democracia interna, nada, de “primarias”, menos, que aún resuena el borboteo de los “pucheros” de Jaén y Sevilla que apearon en su día a Borrell y a Borbolla. Todos los partidos son leninistas mientras no se demuestre lo contrario. Y algunos, probablemente, aunque se demuestre.

Pedagogía del odio

 

Hay algo que no se discute hace ya tiempo en ciencia política: el nacionalismo no tiene sustancia. ¿Cómo convencer a alguien de que nacer en Cornellá o Lequeitio es más importante o siquiera distinto de nacer en Aracena o en Móstoles? Eso es un absurdo, puro romanticismo negro, herderismo podrido: el sentimiento contra la Razón propuesto por un Rousseau aldeano. Cuando a Arcadi Espada le pegan en Gerona el nacionalismo no hace más que descubrir su íntima debilidad, su miseria ideológica. Lo mismo que cuando sus cachorros –¡otra ves las “camadas negras”, Dios mío!—impiden hablar a Savater sobre Galileo Galilei o cuando lanzan huevos pútridos contra Vidal-Quadras. A Gozone Mora, a Francesc de Carreras, a Boadella no los dejan hablar siquiera no porque se sientan asistidos de alguna razón de peso sino, sencillamente, porque les temen. En territorio de la horda no cabe discrepar sin llevarse un cantazo. Y eso, que en democracia siempre estuvo proscrito, en teoría al menos, es hoy práctica protegida en Cataluña como lo es desde hace mucho en el País Vasco. El propio Arcadi clavó a esa mariposa negra con el alfiler de su ingenio de entomólogo minucioso cuando acuñó la expresión “pedagogía del odio”, ese recurso de los bárbaros lugareños en el que “lo simbólico desplaza a lo necesario”. Félix de Azúa acabó finamente con el cuadro cuando, mirando al ‘Tripartito’, recordó como quien no quiere la cosa, que “nunca se ha visto un socialismo nacionalista salvo en la Alemania de los años 30”. Eso sí que es un palo y no los que propinan los “maulets” de mierda, los retoños de esa Terra Lliure renovada que, de momento, no coloca a sus víctimas, como entonces, cinturones explosivos –todo se andará, tal vez– sino que se limita al insulto y la patada. Ante la pulcra inhibición de los Moços, por supuesto. En los malos tiempos, cuando llamábamos a comisaría en plenos disturbios para denunciar algún desmán de la ultraderecha, una voz impersonal y cómplice te requería al otro lado del hilo: “Diga su nombre, deletree sus dos apellidos, consigne su domicilio y número del DNI”. Entonces los mandábamos al carajo y colgábamos. Hoy parece que volvemos a estar en las mismas.

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La gran complicidad de esta hora española estriba en negar o en hacer como que se nos escapa el hecho básico de que ni en Cataluña ni en el País Vasco está garantizada la libertad. Frente a este golpe de muerte al régimen de libertades, asociarse con los mismos a los que se acusó hace poco de llevarse el manso del “3 pur cent” resulta pura bagatela. Es infinitamente peor explotar el arsenal simbólico y proteger a los sicarios como se hace habitualmente en esos enclaves, ejercer por sistema y como método único la pedagogía del odio, rellenar con basura lugareña el hueco mental que horada la idiocia aldeana. Y definitivo proteger a los vándalos, primar la violencia sobre la razón, permitir (como mínimo) que aquellos le hagan el trabajo sucio a las instituciones. Es curioso: los mismos que claman porque se le niegue el diálogo a los lobos terroristas exigen el silencio de los corderos en quienes sólo piden ejercer su derecho a hablar. Para que “lo necesario” no acabe desplazando a lo simbólico está hoy la policía autonómica, zorra en el gallinero, como estuvo la nacional en los 60 y 70, como la que len los 30 llegaba tarde a cada “noche de los cristales rotos”. Arcadi insultado, agredido o saliendo por la puerta trasera “protegido” por la policía de Maragall es la viva imagen del fracaso de la libertad, la triste demostración de que vivimos en plena ficción democrática. Ayer un denso y significativo silencio, roto sólo por excepciones raras, envolvía la noticia: vean como no hay violación de la libertad posible sin una eficaz complicidad mediática. En Cataluña lo mismo que en resto de España. “Ubú” hace tiempo que cruzó el Ebro. Que se lo pregunten a los que antier tenían que salir, como en los viejos tiempos, por la puerta de atrás.

El dedo protector

 

No le ha resultado fácil a ZP –como le preconizara en su primer mitin andaluz quien bien conocía el partido y entramado—aplicar las curas regeneradoras que prometió al llegar. No habrá limitación de mandatos en el emirato de Chaves, se mantiene la vista gorda ante la corrupción que ya no distingue una factura buena de una falsa, se protege y aplaude a los tránsfugas siempre que jodan el rival en beneficio del partido. Y no habrá más democracia interna que la imprescindible y formal que imponen los retorcidos renglones reglamentarios que lo mismo valen para un roto que para un descosido. Nada de “primarias”, que ya se sabe lo que traen esos juegos, y están frescos en la memoria el “pucherazo” que hubo que dar en Jaén para cerrar el paso a Borrell o en Sevilla para apear a Borbolla. El Gran Índice, el dedo protector, la voluntad del que manda. Los fascistas, cuya memoria andan rescatando algunos insensatos, pintaban por la paredes una frase definitiva: “El Jefe siempre lleva razón”. Sin ánimo de comparar, a ver si alguien ve diferencia significativa entre aquellas pintadas y las consignas actuales.

Huelva en la calle

 

Se habla de 70.000 onubenses en la calle, media capital, todo el mundo en la práctica. Ninguna efemérides, ningún motivo ha tenido en la historia de Huelva tanta capacidad de convocatoria y eso es algo a tener en cuenta. La autoestima es un factor político nada despreciable y el acontecimiento del ascenso ha contribuido más a ella que todas las politiquerías del mundo. Grave error infravalorar el simbolismo del Recre, batacazo sin paliativo enredarse en pleitos (penales) contra quienes, como el Alcalde, hicieron posible la no desaparición del Decano. Desde el propio PSOE resuena una inquietante teoría que no tiene nada de localista sino de simple ejercicio crítico: que la práctica totalidad de los dirigentes con peso en el partido onubense son forasteros en la capital cuando no remotos inmigrantes, lo cual no puede ser bueno para la capital mientras permanezca en la capital el centro de decisión. ¿Será ésa la causa de que no hayan entendido muchas de las grandes cuestiones onubenses? Una ojeada a las calles abarrotadas de antier basta para contestar a la pregunta.

666

 

Hoy es el ‘día de la Bestia’, el día 6 del sexto mes del 2006, el término fatal de la lucha en que se resuelve la historia dualista del hombre descrita en el Apocalipsis, ese monumento a la psicodelia. Una vieja historia: en el fin de los tiempos vendrá el Anticristo, la Bestia de los diez cuerpos y las siete cabezas, surgida del mar, ante la que claudicarán los pueblos, la que hará que “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan marcar la frente o la mano derecha”, cuyo nombre es “la cifra de un hombre, el 666” (Apocalipsis, 13, 16-18). Es la derrota del Bien que habrá de ser finalmente derrotado, a su vez, por el Cordero, esto es, acaso, el final catártico de la locura humana, la redención definitiva en que acaba la Historia de la especie. Los cabalistas dieron en la singular locura de atribuir valores numéricos a las letras para descifrar el nombre de esa Bestia sin nombre, que primero fue Nerón, cuyo nombre valía justamente 666 en el sistema hebraico, y luego Diocleciano calculando con cifras romanas, más tarde Lutero en el alfabeto numeral latino y finalmente –quizá por aquello de que donde las dan las toman– la propia Iglesia de Roma, en este alambicado supuesto a base de atribuir valores romanos a la frase “Vicarius Filii Dei”. Ibn Jaldún, cuyo centenario celebramos, describió el procedimiento de ese cálculo según la práctica adivinatoria que los árabes conocen como el “hisab”, y hoy la tele prodiga magos insolventes que retuercen la materia mística hasta dejarla irreconocible. En su biblia de los números, el maestro Georges Ifrah, recuerda a los magos magrebíes que venden a sus clientes “cuadrados mágicos” cuyas nueves cifras, sumadas en línea, columna o diagonal, arrojan el mismo resultado místico: 66, es decir, el santo nombre de Alá. Como vemos, no hacía falta que Euler inventara el ‘sodoku’ para entretener al personal.

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El verdadero enigma estriba precisamente en la capacidad de fascinación que sigue demostrando el misterio, la derrota de la razón frente al atractivo la sugestión arbitraria, la invasora credulidad compatible con el generalizado rechazo de la fe. Es probable que la desacralización del mundo haya dejado un hueco que tienden a rellenar el oportunismo y las supersticiones, y digno de atención el propio éxito de la banalidad, el crédito creciente de la superchería y el imperio de los charlatanes. Oigo en la tele más culta hablar de casas encantadas, resonar incierto el eco de las psicofonías, aducir como buenamente puede sus rústicas razones un pastor que recuerda cómo, en tiempos, se le apareció a otro de la majada una dama negra con patas de cabra, y cavilar con solemnidad sobre si las miserias que vivimos serán por casualidad las anunciadas señales apocalípticas de los últimos tiempos. ¡La Bestia! Napoleón, Hitler, Stalin fueron en sus días candidatos a personalizar ese mito tremendo que hoy encarna mejor que nadie, con cábala o sin ella, el espectro de Bin Laden. Tal vez la derrota del hombre consista justamente en esa pérdida del criterio, en la sumisión incondicional al ídolo atractivo de la banalidad embellecida, en el fracaso de la antigua monarquía racional que parece dejar paso al imperio del ‘sodoku’. No pasará nada hoy, por supuesto, como nada pasó con los anunciados terrores del milenio, pero el negocio antiguo de la credulidad seguirá prosperando a la sombra de la profunda inseguridad humana que expresa el orteguiano “malestar de la cultura” que trae al gentío arremolinado ante la barraca aguardando a que el buhonero levante el telón y exhiba la hidra de mirada de fuego y aliento de azufre, cabalgada por la doncella “vestida de púrpura y escarlata” en cuya mano desborda “la copa de oro llena de abominaciones”. Hoy será un gran día como otro cualquiera y el numerólogo deberá darnos nueva cita para un futuro incierto. El número de la Bestia figura hace tiempo en el periódico junto a la charada y el damero.

Breviario de Pentecostés

 

“En la sesión parlamentaria del Estatuto, Zapatero fue el mejor exponente, como entodo, de que el talante significa la nada, y en ella se vio que el presidente del Gobierno no tenía ni idea de Andalucía y lo está demostrando todos los días”, Javier Arenas, presidente del PP andaluz. “El poco respeto que Chaves tiene a Marbella se demuestra en se ha pasado los últimos años apoyando a Isabel García Marcos, que está en la cárcel”, Mariano Rajoy, presidente nacional del PP. “¿Privarnos de la reforma estatutaria sólo por darle la lata a Chaves? ¿Y qué pasa con Andalucía?”, Cocha Caballero, portavoz de IU. “Por lo que dicen sus dirigentes parece claro que CiU no se opone a que Andalucía tenga los mismos derechos que Cataluña; quien sí se opone es el presidente de la Junta”, Julián Álvarez, secretario general del PA. “Sería sano y de limpieza democrática (sic) que Paulino Plata abandonase ya las tareas de la Junta para centrarse en preparar su candidatura marbellí”, Diego Valderas, coordinador regional de IU. “ ‘Sandokán’ somos todos”, pancarta de los partidarios del constructor Rafael Gómez ‘Sandokán’.