El bloguero solitario

 

Hay perdidos en Internet muchos blogueros solitarios, tantos que ya verán qué poco tiempo falta para que salga alguien diciendo por ahí que lo mejor que hoy se escribe en España se escribe en la Red. En la web de “Basta ya” reproducen esta semana una crítica herida, un alarido moral contra todos los nacionalismos en general y contra el andaluz en concreto, al que su autor, “Atleta Sexual”, a quien imagino pascaliano y solitario paseando sus cuitas frente al mar malagueño, distingue del “nazionalismo” (con zeta) tradicional de las burguesías localistas (y yo añadiría de las masas herderianas, a ver por qué no) y del “negocionalismo” catalanista, para acabar encofrándolo, con implacable concepto, como “necionalismo” puro y duro. El Atleta está hasta el gorro de tópicos y dice, con razón, cosas muy duras sobre la inconsistencia del andalucismo ideológico, incluyendo una feroz caricatura de su fundador que yo no quiero compartir, pero a la que han dado lugar, todo hay que decirlo, los propios usufructuarios de su herencia tanto como sus enemigos declarados que un buen día, creo recordar que un 28F, decidieron dejarse llevar por la imparable corriente provocada por Rojas-Marcos para acabar zampándose la tortilla de aquel repentino autonomismo en la más curiosa ceremonia de autofagia que uno recuerda. No le gusta a este bloguero solitario el perfil tópico de Andalucía, y lleva razón, porque ése es uno de los pocos que circulan como reales de curso legal, brama también contra el “salero”, contra el costumbrismo oligárquico, contra la prohibitiva teletonta que nos arruina, se rebela ante la victoria de la “grasia” sobre el humor, y acaba lanzando entre los sargazos del pesimismo una botella lacrada con un mensaje elitista enganchado a la peluca de Jovellanos: Atleta propone la “sosería” como remedio. Es su gran fallo, o será que no se ha fijado bien en quienes gobiernan esta desgraciada taifa.

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Pero a mí me parece que la cosa es más grave y que no se trata sólo de perpetuar o negar un estilo jaleado a medias por la costumbre y la idiocia. Antier mismo se ha levantado un prenda en el Senado reclamando para el Valle de Arán un trato estatutario idéntico al que acaba de autoconcederse media Andalucía, es decir, el dictado ése, no poco tautológico, de “realidad nacional”, y les mentiría si les dijera que, tal como andan las cosas y al paso que va la burra, no veo que falten en ese gesto sus buenas razones. ¿Por qué no va adornarse ese remoto y pacífico lugar con la misma moña que desde hace unos días luce nuestro cabezón autonómico? Uno y otro son réplicas “necionalistas”, cosas de tonto averiguado, sin más fundamento que la arbitrariedad, incluso después de ser consagradas en la liturgia teatrera de los cambalaches parlamentarios. Atleta lleva razón en que “esto no ze pue aguantá” pero acaso se le pasa por alto que aquí el más tonto hace un reloj en virtud de unas circunstancias complejísimas que los radicales llaman (llamamos) “régimen”, y los pragmáticos presentan como la anatomía del coloso durkheimiano –superior a la suma de sus partes—que es el pueblo cuando habla por boca de sus paraninfos. Ay, Atleta, cómo me gustaría dejarte de vez en cuando esta columna, encaramarte a ella como a otro Estilita o atarte a su fuste para que te flagelaran por mí, tío, que ya son muchos años en esta brega, mucha letra juntada desde la razón en la barbacana de este ‘ilustrado’ castillo de Bellver, mucho cabreado en la cuneta, y, ni qué decir tiene, poquísimo reconocimiento. No sabemos a dónde nos llevan estos necios, aquellos nazis o los negocionalistas de más allá. Pero al menos vemos con claridad lo que está pasando, distinguimos su miseria, apostamos por lo que creemos. A mí personalmente lo del Valle de Arán me ha provocado un subidón en lugar de deprimirme. Después de todo bien sabemos que Val d’Aran, en aranés, no es más que un pleonasmo: “Valle del Valle”. Dime si eso “ze pue aguantá o no”.

Agravio comparativo

 

Una sentencia del Tribunal Constitucional acaba de sancionar como ajustada a derecho la decisión tomada por el Parlamento Vasco en el año 2003 –¡a buenas horas mangas verdes!—de suspender los derechos y deberes parlamentarios de Carlos Iturgaiz por haber votado éste por un compañero ausente con la cosa del voto electrónico. Bueno, supongo que por esa vía legal no hay ya más camino que recorrer, pero para considerarse agraviado, siempre podría invocar el sancionado el caso ocurrido en el Senado cuando dos senadores andaluces votaron –¡con el pie incluso!—de la misma manera y con idéntica intención. Entonces dijeron las minervas de la Cámara Baja –nunca tan baja—que ese acto no implicaba responsabilidad alguna, ni jurídica ni política; ahora los ropones del TC dicen lo contrario. No me cabe la menor duda de que mayoría solitaria que aún se atiene al sentido común apreciará más el argumento de este fallo que aquella inconcebible lenidad.

Roma y los traidores

 

Polémica sobre la pandemia de transfuguismo en la provincia onubense. El PA, por boda de su secretario general, Julián Álvarez, sostiene que los ocho casos registrados recientemente en Huelva son obra del PSOE y éste replica, en palabras del gran autodidacta Mario Jiménez, que el será el PA el que tenga que explicar por qué se le van los ediles. Observen la simpleza del sofisma: los ediles se van porque los compran, y si no fíjense que no hay uno sólo (desde Aracena a Gibraleón pasando por Jabugo) que no salga ganando personalmente con el cambio. Algunos incluso se han inflado, pero además, carece de sentido negar la protección mientras se niegue en redondo la sanción política y no se haga público compromiso siquiera de que ninguno de esos trásfugas irá en las listas del PSOE en las próximas elecciones. Roma sí paga a traidores/as, por lo menos en Huelva, y a manos llena. Hagan un recuento de fugados y lo comprobarán.

Antropocentrismo

 

Con una frecuencia sospechosamente creciente anda apareciendo en los ‘medios’ la peregrina teoría de la defensa de los genes por parte del macho como clave de la “struggle for life”, de la darwiniana lucha por la vida. Como si el pez luna o el bisonte, la mosca del vinagre o el orangután fueran conscientes de su dotación genética y el consecuente papel selectivo que la Madre Naturaleza les atribuye, esta suerte de animalismo antropocéntrico, esta proyección de la conciencia humana sobre el ignoto universo cognitivo de los animales, da a entender que los machos –ojo, nótese que la hembra, según este machismo teórico, sólo actuaría selectivamente en función de las crías—conocen el valor de su genoma y están dispuestos a luchar a muerte entre ellos con tal de imponerlo al ajeno, supuestamente inferior, y garantizar de ese modo la mejora de la especie. La defensa del gen y el exclusivismo sexual (la apropiación de las hembras por parte del macho ganador) se explican en este contexto como efectos de esa presunta conciencia (ni que decir tiene que prelógica) de realidades que, obviamente, son patrimonio genuino del hombre pero que éste proyecta con ingenuidad sobre el resto de la fauna, quién sabe si para explicarse a sí mismo. Se tiende a asignar a los irracionales cargas, digamos, éticas que son, en realidad, humanas e intransferibles, por la razón elemental de que el simple hecho de asumirlas requeriría como requisito su imposible comprensión. Aceptar la animalidad del Hombre no tiene por qué suponer la absurda humanidad del resto de los animales, palabra mayor que, al menos desde una perspectiva epistemológica, resulta del todo impronunciable, pero está visto que la propensión humana a proyectar su condición sobre las demás especies no tiene remedio. La laboriosidad de la hormiga, la estrategia lobuna, la industriosidad del castor, la memoria sentimental de los elefantes o la destreza de algunos nidificadores son reutilizadas por el hombre como metáforas de su propia axiología desde Aristóteles a los bestiarios pasando por Eliano. Lo único que le faltaba a este precioso cuento era la seducción technicolor de la digital.

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Estos mismos días ha trascendido un estudio de la universidad de Liverpool que asegura haber demostrado que los machos humanos modifican su comportamiento cuando las hembras están en periodo fértil, volviéndose más agresivos y celosos, ni que decir tiene que ¡en defensa de sus genes! Nada menos que la ‘Evolution and Human Behaviour’ ha dado asilo a esa teoría que, una vez más, reserva la defensa genética al varón, relegando a la hembra al mero papel de ‘soporte’ y, en este caso, también en instrumento de tentación y discordia capaz de provocar la reacción celosa que sería, en consecuencia, una simple estrategia evolutiva con la que el androceo trataría de garantizar su descendencia postulada como la mejor. Ya ven que no tenemos remedio, que nos hemos tomado a pecho eso del “Rey de la Creación” y que vamos por la vida repartiendo credenciales de humanidad al mismo tiempo que atribuyéndonos a nosotros mismos cuotas de ese animalismo que nos tiene con un pie en el pescuezo de Darwin y el otro en la cogulla del ‘poverello’ de Asís. ¡Pero si, con la que está cayendo, hay ya quien reclama incluso asistencia letrada para garantizar los derechos de los simios! Nos quejamos de la veleidad hermenéutica que gastan los partidarios de la teoría del “diseño inteligente”, esos entusiastas del mito que pretenden sustituir el Código Civil por el ‘Génesis’, mientras aplaudimos un evolucionismo novelero y machorro que cree que los celos son más un instinto que un vicio y olvidan que la paternidad de los mandriles o los tiburones no tiene tanto que ver con la inteligencia como con las feromonas. Hay que ver en lo que despilfarran el presupuestos nuestros sabios mientras no tenemos ni idea de qué hacer si llega de improviso la gripe aviar.

España va bien

Lo ha dicho Pujol en nuestras ‘Charlas’: “España va bien”, podría ir mejor pero va bien, crece más que Europa, incluso más que Alemania, aunque sólo en términos relativos, es decir, sin perder de vista que ellos están allá arriba y nosotros aquí abajo. España va bien y el nuevo Estatut es un buen Estatut para Cataluña, a pesar de que él, Pujol, nunca quiso cambiar el viejo mientras gobernó, y no sólo eso, sino que hasta sería posible reproducir en cada autonomía esa norma catalana, otra vez “café para todos” pero ahora con donuts. Está que se sale Pujol, y no es para menos, ciertamente, orgulloso del “efecto de arrastre” (García Añoveros) que lo conseguido por Cataluña habrá de ejercer sobre las comunidades ·” de segunda”. El país de las maravillas, en suma, la nueva Jauja. Que eso no se lo crea ni Pujol es lo de menos. Lo que importa es que Chaves y los monaguillos de IU traten de que nos lo creamos los andaluces.

Cuadernos de quejas

 

Va a tener suerte el incombustible doctor Pozuelo, bienpagado baranda del SAS en Huelva (piso céntrico y coche oficial), porque la epidemia de “cuadernos de quejas” iniciada arriesgadamente por los médicos del Condado y seguida luego por los de Valverde y Cartaya, se está extendiendo por otras provincias andaluzas. Los sanitarios parecen decididos a terminar de una vez por todas con la indiferencia de la Junta ante sus quejas, lo cual, en buena lógica, debería ser respaldado por los ciudadanos en cuanto usuarios efectivos o eventuales del servicio público de salud. No hay derecho a que un servicio más que mediano (lo hemos dicho y repetido muchas veces) falle tan estrepitosamente arrastrado por el prurito economicista que parece ser la única inspiración de sus gestores desde su creación. Y menos que los profesionales y los ciudadanos, cada cual por su vera, sean quienes paguen los laureles de esos administradores de pacotilla. El verano está, además, encima. Cualquiera que no fuera el doctor Pozuelo estaría temblando.