Como lobos

Una vez más en el Pleno de Beas: a la primera, subida de sueldos de los mandamases. Como si hubiera habido que ir a buscarlos a la General Motors, como su tuvieran tras de sí títulos y experiencias de lo más exclusivo. Sin cortarse un pelo por unir a su condición de tránsfugas la de logreros. La actitud el PP, intolerable a poco que se recuerde sus justos plantos contra esta suerte de filibusterismo político. La del PSOE diciendo que le parece “obsceno” el chanchullo olvidado de que lo mismo hicieron, con su aplauso, “sus” filibusteros de Gibraleón. Y la gente de la calle, el hombre de a pie, el que el mes que viene pagará sus impuestos cabreado pero sumiso, cada día más habituada a este espectáculo de la desvergüenza. ¿Se suben los jueces, los peones o los ingenieros sus sueldos por su cuenta? No, ésa es sólo prerrogativa reservada, curiosamente, a este personal al que nadie controla. La política se ha convertido en un negocio para muchos. Pero no le pidan cuentas a ellos sino a los partidos que se lo consienten, ellos sabrán, en cada caso, por qué.

El palmar chino

Es noticia frecuente estos días la “guerra de los obispos” desatada en la China post-comunista. Se trata de la reacción, no poco lógica, de aquel enigmático régimen que crece a un ritmo fabuloso aunque sienta crujir los cimientos bajo sus pies, a la iniciativa papal de acelerar el proyecto wojtiliano de evangelización de aquel enorme país en el que masas crecientes de ciudadanos descolgados del milagro económico se abalanzan sobre iglesias y sectas en busca de la última esperanza. El estopín de la guerra parece que ha sido la concesión del capelo cardenalicio al obispo de Hong Kong, el discutido moseñor Zen, azote implacable de la China continental y sus peculiares métodos de control social, ascenso que el Gobierno y el Partido o viceversa han interpretado como un signo hostil que habría anulado de un plumazo, y nunca mejor dicho, la larga tarea diplomática que no es ningún secreto que se desarrolló bajo el anterior pontificado. La reacción del poder chino, muy lejano ya de los planteamientos maoístas, no ha consistido esta vez en el enfrentamiento y la exclusión de la nueva fe sino en repetir la lejana jugada de Enrique VIII consistente en el establecimiento de una “Iglesia patriótica” en la que la designación de los pastores deja de ser competencia o privilegio de Roma, incluso materia negociable entre las “dos espadas”, como diría el papa Gelasio, para pasar a integrarse lisa y llanamente en el repertorio de competencias políticas del Estado. Los obispos los nombra ahora Beijing y no Roma y las consagraciones las lleva a cabo sus obispos auténticos, según el acreditado modelo puesto en práctica con tanto éxito por el antipapa Clemente en la Iglesia de El Palmar, a su vez mera réplica cutre pero eficaz de las experiencias ortodoxas y, en especial, del patriarcado colaboracionista consentido por el propio Stalin. Hay tiros que salen por la culata y ése de enviar la púrpura a Hong Kong le ha reventado bruscamente a Benedicto XVI. La verdad es que también había que ser lila para esperar que los chinos se quedaran de brazos cruzados tras aquella provocación.

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La Iglesia romana sabe que es en estos hormigueros “en desarrollo” donde permanece agazapado su futuro estadístico. En China, por ejemplo, se cuentan en este momento trece millones de católicos que se disputan la fe de las masas empobrecidas del interior campesino y del suburbio urbano en feroz competición con otras iglesias y sectas de rápido crecimiento. El viaje del papa anterior a Brasil puso de manifiesto tanto la vitalidad de las sectas cristianas como el resurgir de los cultos aborígenes, lo mismo que el que realizó a México descubrió el vigor actual de las devociones sincréticas y de los cultos paganos. También el patriarcado ruso se resiste a un acercamiento del que siempre han recelado los “hermanos separados” y se aleja cada día más, según los observadores, de las posiciones transigentes conseguidas en tiempo y por expreso empeño de Juan Pablo II. En todo caso, el experimento chino –una “iglesia patriótica” vinculada con fuerza al omnipresente partido comunista—cierra una puerta importante a la estrategia romana de una evangelización compensatoria de las vertiginosas secularizaciones registradas en el mundo avanzado. La historia es vieja. Cuando Clemente apareció por Sevilla luciendo su ropa talar el cardenal Bueno Monreal le echó encima a la Guardia Civil pero sólo justo el tiempo imprescindible para percatarse de que la opción de encarcelar a un majareta que, eso sí, era al cabo un obispo consagrado, implicaba más riesgos que ventajas. No es una casualidad que una de las primeras providencias del papa reinante haya sido tender la mano a los cismáticos integristas de monseñor Lefèvbre. Lo que no se comprende es la pifia de Hong Kong. Amenazar “a un león con un mal palo”, como decía ‘don Juan’, nunca resultó razonable fuera quien fuera el domador.

La agenda del capo

No entiendo el sofoco de algunos al comprobar que en la agenda del ahora encarcelado capo del Ayuntamiento marbellí, el de los tesoros y las jirafas disecadas, figuraran los teléfonos de personajes destacados de la política y de todos los ámbitos sociales. Ya me dirán qué esperaban encontrar en ella, y sobre todo, ya me dirán qué se imaginan ellos que ocurriría si por ventura se mirara con lupa la que llevaba en el bolsillo Jesús Gil y las que han llevado y llevan en los suyos respectivos tantos capos y mafiosos como andan por ahí sueltos. La connivencia entre el agio y el poder es una cosa tan manifiesta que resulta ingenuo destacar éste o aquel nombre para simbolizarla o ponerla en evidencia. En esa misma agenda de Roca, aparte de los reconocidos y publicados, debe de haber teléfonos que sus propietarios darían media vida por borrar. De la derecha, de la izquierda, del centro, de arriba y de abajo, del Este y del Oeste. El mundo del negocio es único. El del negocio sucio, un verdadero pañuelo.

Las cosas como son

Ha declarado a este diario el decano de los abogados, Juan José Domínguez, uno de los onubenses con más procesión exterior del momento, que en el tema de la Ciudad de la Justicia que se iba a hacer y ya no se hace, vendrían a tener la culpa repartida entre la Junta y el Ayuntamiento, estoe s entre el PSOE y el PP, que no habrían acabado de ponerse de acuerdo en perjuicio final de los onubenses. Hombre, querido Decano, tampoco es eso, por su Señoría sabe de sobra que la Ciudad estuvo comprometida sin condiciones por la Junta y que si la consejería se ha echado atrás ahora no es ni más ni menos porque, en tanto no se despeje la incógnita municipal, no está dispuesta a arrirmar un duro que pueda beneficiar colateralmente al Superalcalde. ¿O no sabe que el Ayuntamiento ofreció ya solar, que la Junta aprobó primero una Ciudad, luego una adecuación del edificio frontero (la antigua delega de Educación) y, finalmente, nada de nada? La imparcialidad exige mucho, Decano, empezando por darle a la razón a una parte cuando la lleva.

El modelo Koala

A partir del curso próximo, la Junta de Andalucía, esta vigorosa “realidad nacional” recién descubierta, va a impartir en sus escuelas públicas la enseñanza del chino mandarín , respondiendo, por lo visto, a la fuerte presión de la demanda inmigratoria. Es una buena noticia –toda expansión docente lo es, en principio—por más que algunos digan que, puestos a mirar a China, más valdría enseñar kungfú a los zarandeados maestros que la lengua milenaria a las belicosas criaturas. También se va a introducir la enseñanza del árabe, un conocimiento de creciente utilidad, sobre todo en las comisarías y servicios secretos, lo que sugiere que no tardaremos en disponer en nuestras aulas y ‘caracolas’ de programas de suajili, bemba y umbundu . El otoño de Chaves está resultando de lo más “sesentayochista” como lo prueba la ocurrencia de su consejera de Gobernación de instalarle un GPS a los “simpecados” rocieros para tenerlos a todos bajo control en la pantallita mientras se dirigen piadosos, como los viejos “mystes” eleusinos, al santuario de sus fervores. Es verdad que ya teníamos una antena adosada a la efigie de la Fé en lo alto de la Giralda, pero esta nueva y audaz innovación tecnológica puede que marque un antes y un después en la crónica de nuestros romeros. Estos mismos días está anunciada la suelta por parte de Medio Ambiente de tres quebrantahuesos en la sierra de Cazorla, un logro memorable que sólo ha sido posible “tras veinte años de trabajo”, según reconocen los expertos, y del que se espera algo tan fundamental para nuestro progreso colectivo como es la reintroducción en nuestros roquedos de esa especie amenazada que disputa al mimado lince o a la propia víbora el amor de nuestras instituciones y el dinero de los contribuyentes. Ya me dirán qué puede suponer, comparado con estos acontecimientos, el peregrino empeño de la consejería de Turismo de potenciar una ‘UPN’ (Unidad de Promoción de Negocios) nada menos que con Polonia y una vez desaparecido el papa Wojtila. El tardochavismo va imparable. Ahí tienen los escépticos el éxito del Koala, “Opá, yo viacé un corrá”.

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Un ‘simpecado’ con un GPS en lo alto es una cosa muy rara, no irán a discutirme eso, como muy extravagante resulta enterarnos de que la autonomía dedica lustros y lustros a engorar huevos de las mismas rapaces que los campesinos exterminan con sus venenos de toda la vida, para luego criarles con mimo los pollos hasta que estén en edad casadera y en condiciones de reconocer como propio el territorio que se les asigne desde la oficina. Podrá escucharse el eco del mandarín en nuestras escuelas, ya ven, mientras España entera se troncha a costa nuestra contemplándonos equívocamente en el espejo cóncavo de esa fonética brutal que parece que logrará consagrar la canción del verano, ‘Opá’ seguramente de vacaciones en la Costa da Morte y nuestros ecologistas amarrados al alcornoque para evitar que se los lleve por delante esta modernización sin cuartel. Nos vendría bien en Andalucía un Alfred Jarry para trazar la caricatura implacable pero hilarante de este “Opá rey” que, revestido con el armiño del viejo ‘Ubú’, consiente durante siete años que construyan un hotel en la misma orilla para luego mandarlo demoler a costa del contribuyente y posar para la posteridad como el tirano bueno que salvó el paisaje. No hay dinero para pagar el salario social, no nos llega para desatascar la sanidad atestada, nos las vemos y deseamos a la hora de cobrar la ayuda para libros de texto, pero nos gastamos lo que haga falta en recriar quebrantahuesos o en conectar vía satélite a la Junta con la Blanca Paloma, enseñamos mandarín pero fracasamos con el inglés. El Koala es el único que se ha orientado en esta Babia feliz, entre estólida y canalla, que se reconoce sin complejos en su rock baturro en puertas de la “Tercera Modernización”.

Putos ladrillos

 

El espectáculo que se está representando en Córdoba en torno a un empresario, el famoso “Sandokán”, al que IU señala como “auténtico alcalde” de la ciudad ha culminado, por el momento, con la rueda de prensa ofrecida por el señalado para despejar dudas sobre sus relaciones con el submundo marbellí y asegurar que él no ha puesto en la ciudad intervenida “ni un puto ladrillo”. La alcaldesa debiendo soportar las graves acusaciones del socio de gobierno municipal o del diputado “verde”/PSOE, el PSOE viéndose acusado, a su vez, por IU de irregularidades y connivencias, el potentado tejiendo una resistente trama de abogados de clara significación política y bramando su inevitable teoría de la conspiración; constituyen un mosaico impresentable que alguien –más bien unos cuantos—deberían deshacer en defensa de la confianza residual en la política que pueda quedar por ahí. Chaves tiene en los “putos ladrillos” (los dos Doñana, Sanlúcar, Almonte, Carboneras…) un problema al parecer insuperable, pero no es él solo, ciertamente, quien cojea de ese pie.