Alguien miente

 

¿Recuerdan ustedes que la ‘delegata’ de Turismo, Rosario Ballester, juraba por sus mengues en su momento que la Junta no tenía ni constancia del hotel que el “number one” de Marbella, Juan Antonio Roca, posee abierto sin papeles en El Rocío? Pues no debía de ser verdad, o bien quien miente es el consejero del departamento, Paulino Plata, cuando asegura que sobre el hotel en cuestión gravita todo un expediente. A ver, ¿conocía la Junta los manejos de Roca en Almonte, los conocían el Ayuntamiento y el partido, o acaso alguien ha tratado de tapar lo que está a la vista en beneficio de quien sea? Estando las cosas como están, y con insinuaciones como las últimas sobre los contactos y relaciones, de Roca con el primer nivel del chavismo, grabados por la propia policía, lo lógico sería despejar esa duda de una manera convincente. De otro modo, la Junta quedaría inerme frente a las especulaciones, con fundamento o sin él, que andan haciéndose sobre sus secretas culpas en Marbella y, en especial, sobre la llamada “conexión Almonte”.

La batalla perdida

 

Con motivo del Día Mundial de la lucha contra el Sida reproducíamos aquí algunas realidades relativas a la situación de la enfermedad en el mundo enteramente ajenas a la retórica oficial. Por ejemplo que uno de cada diez sudafricanos ha contraído ya la enfermedad, ni que decir tiene que distribuida por las capas sociales inferiores; que en sólo un semestre los organismos internacionales registraron nada menos que cinco millones de nuevas infecciones y tres millones de víctimas mortales de un virus que afecta ya, como portadoras, a cuarenta millones de personas (veinte de ellos en África), y a causa del cual fallecen diariamente cinco mil de esos afectados. Una convención de expertos nos sacó de la ilusión de la lejanía, en todo caso, al desvelar que la estadística oficial maquilla la realidad de la epidemia en Andalucía, donde los contagiados alcanzarían las mayores cifras de esta terrible crónica tervigersada por el optimismo político. Y por supuesto, la negativa de la farmaindustria a liberar las patentes y a autorizar la fabricación de genéricos al alcance de la miserable muchedumbre incapaz hoy por hoy de pagarse el remedio, en África y fuera de África. Ahora es la ONU la que denuncia la intolerable situación a que han dado lugar los intereses creados de paso que anuncia una extensión auténticamente tenebrosa “en cada esquina del planeta”, es decir, la definitiva globalización de una pandemia cuya condición apocalíptica no ha conseguido siquiera conmover a los poderes públicos más que a los fácticos. Ocho de cada diez enfermos de Sida no tienen acceso a los caros fármacos antirretrovirales pero hay algo peor, y es que no podemos saber el alcance real del mal, dado que un elevadísimo número de afectados jamás se han sometido a las pruebas pertinentes. El Apocalipsis se olvidó de este jinete, por lo visto, ante cuya cabalgada Dios permanece callado, de momento, aguardando a que Ratzinger le pregunte, como acaba de hacer en Auschwitz por las razones de su silencio.

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Recordaba en la ocasión anterior la idea de Sartori sobre el “impulso suicida” de la Humanidad y venía a añadir por mi cuenta que tendría más sentido, en este caso, hablar de “impulso asesino”, ya que la catástrofe provocada por la difusión del VIH ha sido, en realidad, aceptada, tolerada, consentida y lo que queramos por todos los poderes de la Tierra, políticos, económicos o religiosos. Recientemente hemos conocido una providencia vaticana que resultaría hilarante si no fuera despreciable: la venia para que el cónyuge legítimo utilice condón cuando tenga constancia de que el otro cónyuge padece ya la enfermedad. ¡El cónyuge legítimo! ¡Medio mundo muriéndose a chorros en medio de la miseria y la ignorancia, y los moralistas recomendando la abstinencia como el único remedio lícito! Vamos aviados entre integristas tridentinos y políticos manchesterianos, entre célibes castradores y mercaderes sin fronteras, entre la plaga atroz de la incultura y el desdén de los poderes por cuanto les resulta ajeno. Calla el buen Dios en las alturas, entre tanto, se arrastra humillada la humanidad doliente ante una indiferencia que no es fácil de entender teniendo en cuenta al alcance de la larga mano del SIDA. No sé cuántos jefes de Estado y una legión de ministros se reúnen estos días en Nueva York torno a Kofi Anan. Ya verán qué buenas palabras, verán cuánto propósito de enmienda, acaso lleguen a entrever, incluso, algún dolor de corazón. De lo que no han de escuchar ni palabra es de la penitencia. Después de todo bien sabemos que ese Dios que guarda silencio ante la desdicha castiga sin palo ni piedra. Teresa de Calcuta llegó a decir que el Sida no era más que “el justo castigo para una conducta sexual incorrecta” y Dios tampoco replicó nada en tan tremenda ocasión. Nada tan misterioso como el autismo divino. El de los hombres, acá abajo, tiene su propia teología política.

El defensor, ataca

 

Finalmente ha estallado el Defensor del Pueblo, José Chamizo, y le ha cantado a la consejería de Educación de la Junta las verdades del barquero en el tema de la bajada de crucifijos. Dice Chamizo que él no recomendó jamás esa bajada, añade que lo que la Junta pretende con esta movida es ocultar los grandes problemas reales de la enseñanza, y agrega, por último, que si el “régimen” chapista cree necesaria la retirada de esos símbolos religiosos –lógica por el espíritu de la ley, peor en ningún precepto ordenada como se viene fingiendo–, que lo haga, que tire de la manta y descuelgue todo lo descolgable y que, naturalmente, cargue con las eventuales consecuencias. Lleva razón del Defensor en las tres cosas. Y aún se podría añadir a ellas que este pleito es un enredo artificial auspiciado desde algún partido, respaldado por el poder e inserto en el clima de enfrentamiento maniqueo que se trata de imponer desde el propio Gobierno y que está, en efecto, enfrentando a España, nuevamente, en dos mitades opuestas. Descargar responsabilidades en el Defensor era una jugada demasiado ruin por parte de la Junta. Si algo se le puede reprochar a éste es que haya tardado tanto en devolverle el sartenazo.

W.C.

 

Se desmadra el “rociazo” de la Dipu, llueven las críticas sobre el gasto en sillas y sobre el gesto señorito de renovar los excusados, se reproducen, como en un concurso de chorradas, los argumentos en defensa de lo indefendible, hasta llegar a la cúspide de esa camizace sin nada que perder y mucho por ganar que es la diputada calañesa Cinta Castillo, que ve en la mansión de la vergüenza nada menos que una “sede institucional” y una “magnífica idea”. Y en la web de la competencia, un milagro: los porcentajes “clavados” durante una semana –82 por ciento de noes, 18 por ciento de síes—saltan invertidos y, de la mañana a la noche, oh milagro, igualan y aún superan la prueba los hinchas de Cejudo. Desde luego, si ése es el escenario elegido para promocionar a Manuela Parralo como eventual candidata a la alcaldía, duro va a tenerlo en la campaña. ¡Mira que poner W.C. nuevos! ¡Hasta para ir a mear se gastan nuestro dinero! Y el partido, callado, como si la juerga no fuera con él. Quitan los crucifijos de las escuelas pero llevan flores a la Blanca Paloma. Parralo debería desenfilarse de esa foto que va a permanecer indeleble en la memoria onubense.

El huevo y la gallina

 

Siempre fui seguidor fiel de la teoría del maestro John D.Bernal que endosaba el atraso científico y la esterilidad investigadora a la división en clases provocada, según él, por las condiciones de la civilización primitiva. El maestro dio en postular que esa división habría situado a los científicos al lado de los gobernantes frente a los demás estamentos socialmente supeditados, y creía que esa secreta alianza sería la responsable de que los progresos radicales sólo se hayan ido produciendo de manera esporádica e incluso rara. Sólo el acercamiento entre sabios y artesanos, registrado en varios periodos de la historia humana, habría permitido acelerar el progreso orientando la atención hacia unas necesidades prácticas que en épocas de distanciamiento no se entreveían siquiera. No se puede negar, sea como fuere, que hay por ahí mucha teoría expletiva y demasiada investigación arbitraria dominando un panorama científico ciertamente impresionante pero cerrado a cal y canto. Topamos estos días con universidades que dedican sus esfuerzos y recursos a virtualizar olores por Internet o a descubrir el beneficio de la musicoterapia, a reactualizar la desdichada propuesta criminológica de Lombroso o a especular en torno a misterios tan insustanciales como los que hacen furor en el ámbito esotérico. Desde el Colegio de Londres nada menos un físico ha apoyado la hipótesis de que sería posible lograr la invisibilidad postulada literariamente por Wells en su novela a poco que acabemos tejiendo una capa, en plan Harry Potter, a base de materiales que permitan a las ondas electromagnéticas atravesar los objetos sin ser reflejadas, lo que produciría un efecto similar al del río que rodea el risco plantado en su cauce. Pero quizá la palma se la lleve en este torneo ese profesor de Nottingham que ha cortado el nudo gordiano de una vez por todas decidiendo que el huevo hubo de ser necesariamente anterior a la gallina, una conclusión histórica que inmediatamente le ha valido el apoyo de varios colegas del prestigioso King’s College londinense y acaparado la atención del olimpo mediático incluyendo a ‘The Times’. Un pico y una pala es lo que tendrían que darles por la vía rápida a esos sabios entretenidos que van de alegres payasos en el circo mediático.

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Hay una Ciencia que nos acerca a lo sublime y otra que nos sume en la miseria, saberes venidos a enriquecer al hombre o a aliviarle su precariedad, y especulaciones que acaban socavando los cimientos de la vida. Y junto a ambas ha coexistido siempre una vana actividad dedicada a rizar el rizo de la evidencia o a divagar por el vasto territorio de la improvisación y la arbitrariedad. Yo he visto cómo el anuncio de una charla de un biólogo futurista ha convocado del tirón a una audiencia de afectados por lesiones hoy incurables que imaginaban ya al alcance de la mano lo que todavía no es más que un sueño cierto, y he podido contemplar la sombra del desencanto al oír como el sabio templaba gaitas con discretas razones dándole a la esperanza las imprescindibles largas cambiadas. Pero no tengo más que prender la tele para toparme con algún papanata defendiendo el origen astral de las pirámides egipcias o con sabios fingidos divagando sobre absurdas psicofonías o ridículos ectoplasmas. Hace falta que el Poder aprenda a respetar la Ciencia como un bien colectivo en lugar de tratarla como a una criada y, en ocasiones, hasta como un sospechoso adversario, lo que equivale a decir que es hoy más necesaria que nunca una política científica que vea en la investigación una actividad social clave y no una rutina o un adorno. Hace poco ZP arengó a nuestros quejosos investigadores aprovechando para cargar, como si dijéramos, contra Menéndez Pelayo, y ahora, para remate, se descuelga una minerva liquidando el dilema clásico sobre el huevo y la gallina. Bernal decía que los científicos saben de sobra lo que les conviene. Yo añadiría que, desdichadamente, el Poder también.

La gestión impune

 

Tras la noticia de que la Junta, es decir, los contribuyentes andaluces, deberán correr con los gastos de esa juerga que ha sido la adjudicación ilegal del casino de Sevilla, llega la nueva de que cierta desidia administrativa de la misma Junta acaba de costarnos una finca en pleno Parque Nacional de Castril cuya titularidad privada ha reconocido el Tribunal Supremo. Hemos de pagar los platos rotos de las víctimas del SAS, los desaguisados de los especuladores del urbanismo municipal, los errores (a veces contumaces) de los responsables de menores, los arreglos de las autopistas que se hunden porque los especuladores –según Pedro Pacheco, ex- “socio” de Chaves– se habrían llevado el cemento en sus maletines. Mientras tanto, la irresponsabilidad administrativa y política de los culpables se mantiene intacta, ajena a protestas y agravios, como si la ley no fuera igual para todos o la cosa pública fuera un cortijo de unos cuantos. Es necesario abrir el debate de la responsabilidad de quienes causen daños desde los despachos de las Administraciones. Mientras ni se plantee ese debate, seguiremos pagando los de siempre. Sin ir más lejos, el mes que viene.