La alfombra mágica

IU permite ver mejor su papel de alfombra de su opulento socio, el PSOE, cuando hace como que se enfrenta a él que cuando simplemente le rinde armas. Por ejemplo, miren lo que ocurre en Valverde, donde se escenifica estos días la comedieta del malentendido, desde que IU condicionó a la aprobación de sus 16 enmiendas al Presupuesto el apoyo que viene manteniendo a Cejudo en la alcaldía. Porque vean de cerca esas enmiendas y verán qué camelo, cuánta trochería subsanable con un puñado de cuartos que, por descontado, Cejudo acabará dándole y a otra cosa. El papel de esa IU local y su jefe Donaire se revela así como mero oficio de acólitos que de vez en cuando, por necesidades de programación, representan el pasillo de comedia del enfrentamiento. Pero la verdad es que de esa miseria no es responsable exclusivo el bienpagado que citamos, sino la coalición provincial que decidió en su día que era menos malo vivir bajo la férula de un potentado que tener que vérselas con el cobrador del frac.

Grados de verdad

Un historiador de la Hispalense, que trajina incansable en la Red difundiendo cuanto de curioso pilla por sus vericuetos para ilustración de chicos y grandes, me envía una vieja interview de ‘La Vanguardia’ en la que Lofti A. Zadeh, uno de los viejos popes supervivientes de la cerebrópolis de Berkeley, contesta a un incitante cuestionario sobre la Verdad y las posibilidades que frente a ella tiene ese artefacto decisivo para la vida que es la lógica. Hace tiempo que sigo a Zadeh y a esa teoría suya relativizadora que recibe el inquietante nombre de “logic fuzzy”, que en román paladino significa ni más ni menos que la “lógica borrosa”, y que viene a ser una propuesta radical formulada a quienes aún creen que la criatura humana, a pesar de la manifiesta debilidad de la dotación de su criterio, es capaz de mantener el carácter binario que desde Grecia se viene atribuyendo a la lógica, esto es, su capacidad de dirimir los problemas en términos drásticos, separando limpiamente el trigo de la paja, y condenando al fuego purificador lo despreciado por el mismo proceso lógico. Los hombres viven sujetos a la inmemorial ilusión de una cosa ha de ser verdadera o falsa, de que una proposición ha de resultar cierta o incierta, de que tanto el ensayo de la Naturaleza como la novela de la Humanidad están escritos en caracteres inconciliables, negro sobre blanco, sin margen para esa verdad intermedia o esa lógica conciliadora que tanto echamos de menos cuando la vida aprieta aunque no ahogue, pero que nos prohíbe el dómine cabra que nos vigila con celo. Lo que propone Zadeh es justamente esa conciliación, empezando por el reconocimiento humilde de nuestra más que comprobada incapacidad para mantenernos honradamente en el fiel de la balanza discerniendo de por vida en el ámbito de una polaridad que tal vez no es más que imaginaria. La “lógica borrosa” hace años (fue formulada en el 65, que ya ha llovido) que trascendió el plano teórico y agarró con fuerza en una realidad un poco de vuelta del mito de la Verdad objetiva y universal, y cada día más inquieta por la posibilidad de que la anfibología de lo real exija un criterio más complejo que el que llevó a nuestros ancestros a abrirse paso sin contemplaciones, zas, zas, en la jungla mental que nos rodea, con el viejo machete aristotélico de doble filo.

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He de confesar, en todo caso, que no llegué a tragar con semejante traca hasta que no vi a los japos aplicar la prodigiosa intuición de Zadeh a sus cámaras digitales, y a la propia industria yanqui manejar esa “lógica multivaluada” a la hora de aviar sus lavadoras o ajustar las prestaciones de sus neveras. Pero desde entonces –y va ya para unos años—es mucho el tramo que ha recorrido el relativismo, actual bestia negra ideológica del papa reinante, pero panacea fatal para izquierdas y derechas, unánimes ambas, y cada día más, en la convicción campoamorina de que nada es verdad ni es mentira sino más bien del color del cristal con que se mira. Nada más parecido a lo que Zadeh declaraba en aquella entrevista –“la verdad y la mentira son graduables”, por ejemplo—que las cotidianas declaraciones de nuestras dirigencias y el eco de la propia opinión, ese ‘sí pero no’ y ese ‘no pero sí’ que han reunido en un pañuelo, a pesar de los disfraces, a la inmensa mayoría de los adversarios. Recuerdo que monsieur de d’ Alambert sostuvo que las buenas lógicas no sirven, en realidad, más que a quienes son capaces de imponer su sentido común sobre su imperio prejuítico y pasar por la vida sin ellas, un juicio que, sin que él se diera cuenta tal vez, estaba falsando popperianamente su propia tesis. ¿Graduables la verdad y la mentira, maestro? Zadeh no se hubiera cortado un pelo ante esta incómoda pregunta porque se sabía de antemano una respuesta tan poco relativista que parece arrancada a un lógico antiguo: “Pues sí, ya lo creo: graduables como la vida misma”. Ratzinger haría bien en ahorrar munición en tanto se levanta la niebla y podemos ver con claridad la imagen de la otra trinchera.

La estafa secreta

Ahora resulta que el Gobierno sabía desde hace mediados del 2005 algo de lo que se cocía en las empresas presuntamente responsables de la colosal estafa filatélica. Filtraciones del propio Gobierno apuntaban hace días al anterior de conocer y desoir esos avisos, pero en lo que estamos es en un pimpampún en el que Rato acusa a Solbes y éste a aquel de haber dejado hacer, es decir, de haber permitido, en evitación de molestas complicaciones, que la estafa continuara, de manera que hasta 40.000 nuevos inversores habrían mordido el anzuelo a pesar después. ¿Avisó el ministerio de Sanidad y Consumo a la Junta de lo que estaba pasando o hemos de creer que el Gobierno trampea incluso a “sus” gobiernos autónomos”? Eso es algo sobre lo que convendría despejar dudas cuanto antes mejor, y si resulta que la Junta conocía, siquiera indiciariamente, el problema, exigir que se depuren responsabilidades.

Casa y carriola

No es por insistir, pero la imagen de la carriola aparcada ante el casoplón que se ha alquilado Cejudo en El Rocío es de las que hacen época. El PP pide la lista de alojados en ella, pero uno cree modestamente que nos e trata de detalles sino de negar la mayor, es decir, el imposible derecho de una Diputación pobre a gastarse otra millonada en irse de romería con camareros y carriola, a costa del contribuyente. A esa “casa de la provincias” tendría derecho a acceder, por supuesto, cualquier onubense y no sólo el puñado de señoritingos que gestiona sus impuestos. Claro que la responsabilidad por este abuso no es exclusiva de Cejudo sino del PSOE provincial y regional, de Chaves en última instancia, que ve con benevolencia este injusto expolio como si fuera normal. Ni a los viejos caciques históricos se les hubiera ocurrido un montaje semejante. En eso ha avanzado a marchas forzadas una Diputación pobre para los ciudadanos pero no para hacer turismo colectivo a Tokio o a Bruselas, o para irse al Rocío en plan nuevo rico, con cochero incluido.

LA PATRIA PERFECTA

¿Se imaginan ustedes un país a estrenar, una patria intacta, un paraíso encontrado, perdido en medio del mar, alejado de todo y de todos, ajeno a la lenta agonía de ‘Sapiens’, a hambrunas y a guerras, nidal jubiloso de aves de paso, rincón de breves auroras rojas y largos ocasos malvas tachonados de azur? Pues ese país existe y se llama ‘Nimark’, o pretende existir, para ser exactos, desde que un artista británico llamado Hartley lo descubrió emergiendo, como un roquedo desafiante, libre al fin de los hielos polares que el nuevo clima anda deshaciendo allá por los neverales de Noruega. Han contado las crónicas que Hartley bajó a tierra al verlo y tomó posesión del territorio, no enarbolando el estandarte como hacíamos los antiguos, sino depositando en una postmoderna lata de judías, en plan Andy Warhol,  su reivindicación bilingüe en la que funda la petición a la ONU para que conceda a su idílica hectárea el estatus de micronación en el (des)concierto de las naciones. ¿Se imaginan, insisto, el sol poniéndose tras el horizonte como un incendio náufrago, el júbilo escandaloso de los albatros y la algarabía de las gaviotas, la brisa cortando finamente el silencio cómplice del oleaje roto como un cendal sobre la playa virgen, la muchedumbre ausente resistiendo en la memoria del solitario el asalto final de la delicia, el íntimo regusto de la felicidad en el edén reencontrado? Nimark –que en noruego dignifica “tierra nueva”—se ha erigido en el confín del frío como una metáfora suprema de la antítesis de la corrupción, como una señal regeneradora para los rebeldes con causa, como un “estado” puro en el que el libro de la Ley está en blanco aguardando la letra de la Razón, el mandamiento nuevo de los regeneradores, un evangelio posible de libertad erigida sobre la renuncia que todo lo posee, sin duelos ni trampas, sin jueces ni choros, ¡sin políticos, Dios, sin políticos!, sin fiscos ni ordenanzas, roca firme y estricta en la que la plomada y el cordel no harán falta para diseñar el ortógono perfecto del hombre imposible. Si Hartley admitiera un corregente andorrano  o un súbdito sin norma en Nimark, que cuente conmigo.

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A mí me ha parecido hallar en la aventura del nuevo elíseo una severa lección para los ganapanes del nacionalismo, esos que estos días calculan en millones de euros el descalabro del ‘Tripartito’ catalán, aquellos otros que en la céltica Galicia apelan a su ascendiente vándalo, a los ilusos y fanáticos que en Vasconia han hecho de la realidad histórica un ‘bucle melancólico’ y de sus pesadillas lugareñas una ‘religión política’, sin olvidar a los pícaros del oportunismo que han descubierto a los andaluces su “realidad nacional”, en algunos casos con el socorrido procedimiento de la nariz tapada. Un peñasco como un campo de fútbol –hablo otra vez de Nimark—podría convertirse en el símbolo debelador de la falacia patriotera, izando la bandera blanca invisible entre la nieve, proponiendo la medicina del exilio y, como único viático, la hogaza candeal de la vergüenza perdida. ¡Con tal de que un día no entre a saco en ella la ONU con su estatuto inaplicable y le cambien el alfabeto de la libertad por el número lotero de sus dudosas legalidades! Un islote surgido de las aguas, témpano o piedra intactos, qué más da, un suelo nuevo para el hombre que sueña como un pájaro y despierta con las alas cortadas, para el que dormita como un pez satisfecho a la deriva de las civilizaciones, para el rinoceronte de Ionesco paciendo en las praderas de escarcha pero libre, al fin, de cazadores de cuernos y furtivos de la vida. Una patria sin patriotas, abierta al civismo genuino bajo el ábrego implacable, protegida por el arcángel aquilón hermano de la soledad. Nimark no es más que una metáfora. Pero sólo su imagen inflama devoradora esa hoguera de las vanidades donde se consume esta piel de toro abandonada definitivamente a su suerte.

EL AJUSTE FINO

Parece garantizada la larga vida del nuevo Estatuto: Chaves está dispuesto a “ajustar todo lo que haya que ajustar” para que así sea. Pero ¿por arriba o por abajo? ¿A base de conseguir que el Congreso corrija al Parlamento regional y eleve nuestro vergonzante concepto de “realidad nacional”  a “nación”, de lograr que el Estado se comprometa, como con Cataluña, a invertir en nuestra comunidad lo que no está en los escritos, acaso a pactar con tirios o troyanos un blindaje similar al que ZP ha regalado a los secesionistas? ¿O se tratará más bien de un “ajuste fino”, es decir, de cambiar che por be, ka por jota y en ese plan todo el rato, de modo y manera que todo el bodrio quede igual que estaba? Claro es que nada se opone a lo que fuere, porque en ese “Estatuto de la mitad” cabe todo en la medida en todo se ha metido en él arbitrariamente, y porque, además, nadie va a reclamar nada habida cuenta de que nadie –salvo los políticos (Guerra dixit)—lo han reclamado nunca. La verdad es que Chaves ha conseguido con ese garlito aislar al PP al precio de supeditarnos como subalternos en lo que quede de  España.