Viejos fantasmas

 

La visita papal está dando lugar en Valencia y fuera de Valencia a episodios claramente inscribibles en la crecida anticlerical y anterreligiosa que está siendo estimulada desde sectores más bien anacrónicos de la izquierda española. Carteles descorteses expresándole al pontífice el desacuerdo particular de quienes, contra la lógica propaganda de los organizadores, dicen no esperarlo ni desear su visita, por ejemplo. O ausencia del presidente del Gobierno del acto central de la efemérides, es decir, de la misa pontifical, lo que constituye incalificable descortesía con quien, entre otras cosas, es un jefe de Estado. Las dos Españas, otra vez, en suma, el truco del maniqueo, la tradición del Judas de la mañana de Pascuas. Recuerdo haberle oído a Muñón de Lara, en su casa de Pau, que el anticatolicismo –una vieja herencia romántica– había tenido tanto apoyo político en el periodo republicano porque constituía una estrategia mucho más fácil que la reforma agraria y porque para el “agitador burgués”, como decía Jover, resultaba infinitamente más practicable explotar el agravio de las clases ignorantes que construir una utopía medianamente sólida. Me gusta repetir que el anticlericalismo clásico –el que va desde el liberalismo radical a Pérez de Ayala pasando por don Juan Varela, Galdós y ‘Clarín’—era ya una antigualla no poco contradictoria en su momento, como lo demuestra la discreción con que aquellos tragacuras procuraron distanciarse de los aspectos más brutales de la actitud. La enemiga a los frailes sirve durante el Barroco y hasta mucho después para enmascarar los grandes problemas nacionales, como la leyenda antijesuítica sirve de tapadera, además de a graves ambiciones, a grandes males de la patria. El conde de Aranda sabía que era más fácil –y popular—perseguir curas y frailes que enfrentarse con el abuso nobiliario o con la arbitrariedad de la monarquía señorial-feudal; Azaña era consciente de la que se avecinaba pero también de que el señuelo anticlerical ayudaba a tapar mucho agujero negro. Teniendo en cuenta que la historia viene coleando desde el cuento madrileño de los caramelos envenenados, la verdad es que la tragedia que se produjo podría haber sido peor.

xxxxx

No se niega que la Iglesia pusiera y siga poniendo de su parte lamentables motivos, ni que la raíz de la desconfianza popular, aparte de los efectos de su rígido inmovilismo, haya que buscarla en su alianza histórica con el Poder y en la ferocidad del régimen consiguiente. Pero eso poco que ver ya en una sociedad moderna y altamente secularizada en la que la persecución religiosa tiene tan poco sentido como tendría hoy en la Francia siempre jacobina un ‘pogromo’ antinobiliario. Y la clave está, a mi entender, en esa razón que nos proponía Tuñón –que no puede ser menos sospechoso—cuando éramos jóvenes, a saber, que liquidar a un rebaño indefenso de beatos es siempre más fácil que desamortizar la tierra y echar a andar una cooperativa. Es raro el especialista al que se le haya escapado el alto coste moral y político de aquella represión antirreligiosa que desde cierta izquierda esclerótica se pretende ahora reactivar. Tan raro como el espíritu libre al que se le oculte la torpeza aparentemente irremediable de la Iglesia oficial al mantener en pleno siglo XXI posiciones que rechinaban ya en la vieja conciencia ilustrada. Pero ni con aquellos ni con ésta tienen que ver los agitadores actuales que han visto en la resurrección del fantasma una simple coartada para ocultar fracasos más profundos. El “diabólico Valera”, como dijo irónicamente alguna vez su amigo Menéndez Pelayo, pedía nada menos que en el Congreso “no solamente la libertad, sino sobre ella, el privilegio, la protección y ayuda” para la “religión oficial”. Háganse cargo. Los carteles de Valencia, en cambio, nos reenvían más allá de los enredos de “Pepita Jiménez” y recuerdan demasiado a la triste soflama de “El Motín”.

Impunidad democrática

 

La negativa del grupo del PSOE a investigar en el Parlamento el escándalo destapado por la Cámara de Cuentas en la consejería de Cultura, de la que depende esa empresa pública que pagaba sin factura lo mismo una que seis veces al mismo acreedor, y que llevaba sus cuentas sin más normas contables que el capricho, se explica porque la responsable es hoy nada menos que ministra del “Gobierno amigo”, pero no puede ser admitida por la conciencia democrática para la que esconder lo que pudieran ser presuntos delitos resulta imposible. Nadie esperaba que se diera luz verde a esa investigación, pero –igual que cuando se descubrieron las facturas falsas del Ayuntamiento de Sevilla— es preciso protestar por esta connivencia parlamentaria que sencillamente produce la impunidad de los responsables. La ironía de la consejera Rosario Torres está de más aunque la verdad es que no le queda otra salida. Todo vale en las cuentas de la Junta o de los Ayuntamientos, siempre que sean “amigos”. La impunidad es un triste privilegio de la mayoría absoluta.

El mundo al revés

 

¡Pues no que va AIQB, o sea, el Polo Químico, y dice que va a recurrir el proyecto municipal del ‘Ensanche’ porque del transporte de mercancías (peligrosas, ‘of course’) que el Polo implica “podrían sobrevenir problemas al existir un núcleo de población muy cerca”! O sea, que no se trataría de que la industria adopte sus medidas para no perjudicar a los vecinos, sino de que éstos permanezcan lo más alejados posibles del riesgo. Verdaderamente, AIQB se podría estar echando tierra encima con estrategias como ésta y hasta hacerle un favor al Ayuntamiento informando a los ciudadanos de unos peligros que justificarían el celo de aquel a la hora de prevenir, aparte de que no parece que puedan llegan muy lejos esgrimiendo esa ley arqueológica que es la de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas que, por otra parte, no sería tan difícil volver contra el Polo mismo. Extraña historia, desde luego. A la minerva que esté tras ella tendrían que mandarla a un balneario cuanto más tiempo mejor.

Platón y la botella

 

Parece ser que el Tribunal Supremo, con la que está cayendo, anda deliberando sobre si confirmar o no el criterio de la Audiencia Nacional de que el amor platónico no constituye, en derecho, una atenuante cualificada ni sin cualificar. El debate se ha suscitado en torno al caso de una asesina terrorista que alega, por boca del psicólogo de su defensa, que actuó “trastornada mentalmente a causa del amor”. También acabo de leer en la prensa gratuita –hay que leer de todo, repito siempre—una información que recoge la autorizada opinión del Defensor del Menor que, echándole el cierre a la Caverna (a la mítica, no a la real), sostiene por su cuenta y riesgo que “el amor platónico no existe” sino que “es un sueño imposible de alcanzar que lleva al que lo siente a volverse loco”, tragedia con fundamento fisiológico claro pues en el mismo papel se informa, bajo la autoridad del University College de Londres, que el amor sube la prensión sanguínea, provoca taquicardias y rebaja la inteligencia. Jueces y fiscales deberían estar al tanto de estos hallazgos de la ciencia, porque a ver cómo no contemplar con lenidad a una asesina enamorada sabiendo –siempre por cuenta del mismo ‘College’—que hay miradas furtivas que provocan reacciones en el núcleo estriado ventral, responsable último de las reacciones placenteras. Lo que faltaba en nuestro panorama jurídico era este impacto soberano del viejo sentimiento-rey, aplicado, por si fuera poco, a los delincuentes más abyectos que, aunque a muchos nos cueste creerlo, además de su arma en su armario, tienen su corazoncito y, por supuesto, su núcleo estriado ventral. No les quepa dudas de que el futuro del derecho, al paso que va la burra, pasará por la bioquímica.

xxxxx

Ya en la parte seria del espectáculo hemos podido escuchar, transcrita en este periódico, la conversa fina mantenida por el pagador de los sobornos a ETA en que le cuenta a un cuñado suyo cómo fue avisado por dos policías –en la vieja clave de las botellas de vino que ya utilizaba Queipo en sus charlas radiofónicas—de que estaba siendo vigilado e iba a ser detenido en Francia si le pillaban con el soborno. Un momento estupendo, no cabe duda, con Garzón tendiendo puentes a Batasuna, los altos ropones enredados en deliquios amorosos y “la txacurrada” (la expresión es del pagador, no nuestra) haciendo de correveidiles entre Fouché y el Terror, siempre con la vista puesta en “no fastidiar el proceso” famoso que, desde hace un tiempo, postula orteguianamente la circunstancialidad de le Ley en vez de su rigor. Vamos a ver qué hace la Justicia, en fin de cuentas, siempre que no le robe el titular ese pregonero de san Fermín que parece que se negaba a dar el viva tradicional al santo obispo a la hora del chupinazo y, por supuesto, contando con que el Defensor del Menor no siga boicoteando con su antiplatonismo el finiquito del que depende la permanencia de ZP en su inesperado sillón. Personalmente me quedo con el cuento de las botellas, y la imagen de esa pasma connivente –los hilos de cuyo guiñol nadie sabe quién maneja aunque tampoco resulte tan difícil imaginarlo, ésa es la verdad, repasando lo que sabemos desde el 11-M hasta el día de la fecha—que, para que veamos lo que son las cosas, han coincidido en su clave con “el traidor Queipo”, que es como los fascistas de casta llamaban desorientados al faccioso por su vidrioso pasado republicano. No quiero ni pensar, eso sí, en lo que hubiera sido de esos ‘txacurras’ (perros, literalmente) si el espadón mentado los hubiera pillado previniendo de su detención a un presunto delincuente o si un abogado hubiera osado proponer en sus implacables consejos de guerra sumarísimos, a favor de una terrorista, la atenuante de enamoramiento. La ucronía es siempre arriesgada, pero me cuesta evitarla en este caso aunque Platón ande en él de por medio.

Segundo asalto

 

La Junta ha iniciado su segundo asalto en su combate con las tabaqueras –Philip Morris, Canary Island, Altadis, Cita y JT Internacional: el 90 por ciento del mercado andaluz—ahora por la vía contencioso-administrativo, ya que la vía civil quedó cerrada a cal y canto por la Audiencia de Madrid que estimó aquella demanda carente de todo fundamento. Sostiene la Junta –y ya veremos qué le cuenta Chaves a los cultivadores de tabaco o cómo justifica que “su” Gobierno (que es el de todos) cobre impuestos por un tubo a esa empresas—que las tabaqueras causan 10.000 muertes anuales sólo en Andalucía y que provocan un tremendo gasto sanitario con sus efectos dañinos sobre los fumadores, concretamente, reclama 1’77 millones de euros en concepto de indemnización por la atención sanitaria prestada al menos a 135 personas dañadas. Ya veremos qué dicen los jueces, pero es de sentido común insistir en que no se puede repicar y dar trigo, lo que en este caso quiere decir que algo deberá inventar Chaves para contarle a los cultivadores y algo para justificar la fiscalidad del Gobierno sobre productos nocivos.

La socialogía relativa

 

Las encuestas son auténticas y fiables para los políticos siempre que sus resultados favorezcan sus previsiones e intereses, y lo contrario, como es natural, en caso contrario. Ante la que en Punta Umbría acaba de decir, ella sabrá por qué, que el alcalde actual arrasará también en las municipales que vienen, el sociatismo se ha rebelado hasta le punto de amagar con la pamplina de que estarían dispuestos a acudir a los tribunales o con el espantajo de que el sociólogo responsable sería un fantasma inventado. Normal. De aquí a las elecciones vamos a asistir a un baile estadístico de no te menees, mientras las lenguas de doble filo van dejando caer por ahí que el Superalcalde se inventa los proyectos o que la decorativa candidata pija compra en París zapatos prohibitivos. La política se lleva mal con la sociología cuando no la utiliza y Punta no tenía por qué ser una excepción.