El lío del Rocío

 

Aquí el Estado es aconfesional, incluso laico según algunos que no se han leído la Constitución, pero a la hora de los disturbios ahí tienen a los barandas llevándole rosas (rojas, por supuesto) a la Blanca Paloma. Aquí no hay quien no se proclame campeón de la austeridad pero a la hora del convite vean cómo va subiendo la factura del casoplón de la Dipu en la Aldea, donde cada mañana aparece un cargo nuevo, que si sillas, que si cocinero, que si servicio, que si seguridad, que si parque móvil, etcétera. Mientras los ciudadanos contemplan indignados el abuso de unos pocos y el silencio de un partido que, probablemente, no sabe ya qué hacer a estas alturas, pero en el que muchos militantes se suben por las paredes ante la desvergüenza de sus compis. (Por cierto, la encuesta virtual de la competencia ha dejado de mantenerse extrañamente “clavada” en el 82 por ciento en contra, para bajar la protesta poquito a poco, providencia tan inútil como inverosímil). “Villa Cejudo” promete ser, en todo caso, al atractivo de esta romería en la que algunos sociatas, para no ser menos, han puesto casa grande como la condesa de París.

El sexo de los ángeles

La Universidad Internacional de Andalucía va a celebrar en junio un prometedor curso de “teología feminista” organizado y profesado, como es natural, por mujeres teólogas, entre las que se incluyen algunas cuya obra reconozco como cumplidamente interesante. Es un esfuerzo más de ese grupo de rechazadas por tratar de conseguir una teología sin sesgos machistas, esto es patriarcales, un estudio de la trascendencia y una búsqueda de la divinidad que no excluya a la mitad de la Humanidad como han hecho hasta ahora, descontadas algunas excepciones famosas, todas las confesiones e iglesias conocidas. Se puede objetar, en principio, quién lo duda que, al menos desde una perspectiva hermenéutica, hablar de una “teología feminista” no diferiría en el fondo de proponer una mecánica de gases hecha exclusivamente por mujeres, ya que la pesquisa humana sobre la divinidad y sus circunstancias malamente puede adecuarse a estrecheces determinadas por el sexo de los pensadores, lo mismo da el sexo desde el que se intente. La Verdad será siempre una y la misma, hay que suponer, de manera que parece obligado reconocer que su búsqueda no puede, bajo ningún concepto, ser demediada para repartirse entre hombres y mujeres su sustancia inconsútil. Ahora bien, ¿por qué unas mujeres tan serias, tan poco asimilables al estereotipo del feminista rampante que, es cierto, complica a veces las cosas más de lo conveniente, reclaman aula y pizarra, por qué se proponen pensar solas, alejadas del macho histórico, reflexionar en paralelo a un patriarcado cuya inevitabilidad sigue siendo bastante probable? Seguro que no van a faltar las chuflas sobre el particular, pero más de uno, como yo mismo, hemos de respetar sin reservas este proyecto que algunos ni siquiera compartimos ni acabamos de entender. No me convence la idea de sentar cátedras para hembras, con el asiento horadado como la legendaria y apócrifa silla de la papisa Juana, pero estoy convencido de que a esas mujeres no les falta razón.

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Era previsible que las mujeres intelectuales estallaran algún día dentro del ámbito católico, un espacio vital opresivo en el que se les ha negado a cara de perro el pan y la sal. ¿Por qué tanto sahumerio alrededor de la doctora Teresa y tanto enconado empeño en prohibir el ministerio femenino? Por nada razonable, desde luego, por ninguna razón que pueda exponerse seriamente a una opinión que, lo quieran o no los patriarcas, rechaza cada día con mayor intensidad la discriminación de las mujeres. Es posible, supongo, que en un clima de tolerancia razonable no se concibiera un proyecto como el de estas hembras empeñadas en buscar a Dios por su cuenta y riesgo, desde una suerte de amazonismo que no se sostiene más que sobre el agravio. Y no deja de ser lógico el culto que profesan a Magdalena, aquella auténtica “discípula” jamás admitida entre “los Doce” aunque, ciertamente, distinguida de modo que no deja dudas sobre el sentido teológico de su figura. Son unos memos, por ejemplo, esos que andan inventándole coyundas con el Cristo y hasta atribuyéndole una fabulosa estirpe, y lo son, sobre todo, porque no han entendido nada del mensaje fundamental en el que sus montajes no dejarían, en última instancia, de resultar simples menudencias. Vamos a ver qué nos cuentas las teólogas andaluzas que, ciertamente, no tienen hoy que vérselas con un cardenal Segura, pero a las que no ha de faltarles algún que otro mitrazo. Deben de estar hasta el moño, con perdón, de los machos de la tribu, de esperar en la puerta de la tienda a que los varones se fumen tranquilamente la pipa de la paz, y les nieguen una y otra vez su derecho a ejercer con todas las de la ley el mismo oficio que el hechicero. Por eso han cerrado el aula por dentro y con siete llaves. Y si les digo la verdad, por más que miro y remiro no veo ni aquí ni en Roma al cerrajero capaz de reabrir ese fortín donde los machos con sotana llevan siglos acorralando a las hembras.

Bases y cúpulas

La nota de la asociación Comunidades Cristianas Populares de Andalucía en que se afirma que la declaración de los obispos andaluces criticando el bodrio de Estatuto de Andalucía que acaba de aprobarse entre el disimulo y la rechifla “parece dictada por el PP” sugiere una respuesta inmediata: la suya, la de la asociación, parece dictada por el PSOE. “Las mismas pegas, las mismas generalizaciones y los mismos eslóganes” usados por la oposición política ven esos testimoniales en las críticas de sus pastores, lo que significa olvidar que críticas como las contenidas en el documento de los obispos son compartidas por un vasto sector de la sociedad andaluza, la inmensa mayoría de la cual ni sabe ni quiere saber nada de la trapisonda organizada por Chaves para tapar el agujero constitucional abierto en Cataluña. Esos críticos cristianos tienen motivos sobrados para plantarse ante sus esos pastores, pero esta vez se le ve demasiado el plumero político a su gesto intempestivo.

Tres incendios tres

No les va a faltar trabajo a esos guardias civiles que acaban de llegar a Huelva, con el uniforme recién estrenado (lo que quiere decir sin gran experiencia), a la vista de tantos problemas como abruman a esta provincia “compleja y difícil”, según el ‘delegata’ del Gobierno. Ahí tienen al incendiario de turno campando por sus respetos en Beas –tres incendios seguidos—como un desafío a la autoridad lanzado desde un enclave demasiado pequeño como para escapar a un control riguroso. Nada decisivo se aclaró el año pasado ante los incendios en torno a Doñana y menos, por supuesto, respecto del catastrófico incendio que hizo época hace tres veranos. Estos de la aldea de Beas deben ser aclarados con urgencia, a pesar de la consejera, y descartando los intereses de que sospechan los aldeanos, incluyendo algún ambicioso proyecto turístico del que se habla más de la cuenta. Hace falta tanto la pesquisa policial como la colaboración ciudadana, por supuesto. Un enclave como la Fuente de la Corcha es demasiado pequeño para permitir que una mano criminal le tome el pelo a las autoridades.

El huevo y la gallina

 

Siempre fui seguidor fiel de la teoría del maestro John D.Bernal que endosaba el atraso científico y la esterilidad investigadora a la división en clases provocada, según él, por las condiciones de la civilización primitiva. El maestro dio en postular que esa división habría situado a los científicos al lado de los gobernantes frente a los demás estamentos socialmente supeditados, y creía que esa secreta alianza sería la responsable de que los progresos radicales sólo se hayan ido produciendo de manera esporádica e incluso rara. Sólo el acercamiento entre sabios y artesanos, registrado en varios periodos de la historia humana, habría permitido acelerar el progreso orientando la atención hacia unas necesidades prácticas que en épocas de distanciamiento no se entreveían siquiera. No se puede negar, sea como fuere, que hay por ahí mucha teoría expletiva y demasiada investigación arbitraria dominando un panorama científico ciertamente impresionante pero cerrado a cal y canto. Topamos estos días con universidades que dedican sus esfuerzos y recursos a virtualizar olores por Internet o a descubrir el beneficio de la musicoterapia, a reactualizar la desdichada propuesta criminológica de Lombroso o a especular en torno a misterios tan insustanciales como los que hacen furor en el ámbito esotérico. Desde el Colegio de Londres nada menos un físico ha apoyado la hipótesis de que sería posible lograr la invisibilidad postulada literariamente por Wells en su novela a poco que acabemos tejiendo una capa, en plan Harry Potter, a base de materiales que permitan a las ondas electromagnéticas atravesar los objetos sin ser reflejadas, lo que produciría un efecto similar al del río que rodea el risco plantado en su cauce. Pero quizá la palma se la lleve en este torneo ese profesor de Nottingham que ha cortado el nudo gordiano de una vez por todas decidiendo que el huevo hubo de ser necesariamente anterior a la gallina, una conclusión histórica que inmediatamente le ha valido el apoyo de varios colegas del prestigioso King’s College londinense y acaparado la atención del olimpo mediático incluyendo a ‘The Times’. Un pico y una pala es lo que tendrían que darles por la vía rápida a esos sabios entretenidos que van de alegres payasos en el circo mediático.

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Hay una Ciencia que nos acerca a lo sublime y otra que nos sume en la miseria, saberes venidos a enriquecer al hombre o a aliviarle su precariedad, y especulaciones que acaban socavando los cimientos de la vida. Y junto a ambas ha coexistido siempre una vana actividad dedicada a rizar el rizo de la evidencia o a divagar por el vasto territorio de la improvisación y la arbitrariedad. Yo he visto cómo el anuncio de una charla de un biólogo futurista ha convocado del tirón a una audiencia de afectados por lesiones hoy incurables que imaginaban ya al alcance de la mano lo que todavía no es más que un sueño cierto, y he podido contemplar la sombra del desencanto al oír como el sabio templaba gaitas con discretas razones dándole a la esperanza las imprescindibles largas cambiadas. Pero no tengo más que prender la tele para toparme con algún papanata defendiendo el origen astral de las pirámides egipcias o con sabios fingidos divagando sobre absurdas psicofonías o ridículos ectoplasmas. Hace falta que el Poder aprenda a respetar la Ciencia como un bien colectivo en lugar de tratarla como a una criada y, en ocasiones, hasta como un sospechoso adversario, lo que equivale a decir que es hoy más necesaria que nunca una política científica que vea en la investigación una actividad social clave y no una rutina o un adorno. Hace poco ZP arengó a nuestros quejosos investigadores aprovechando para cargar, como si dijéramos, contra Menéndez Pelayo, y ahora, para remate, se descuelga una minerva liquidando el dilema clásico sobre el huevo y la gallina. Bernal decía que los científicos saben de sobra lo que les conviene. Yo añadiría que, desdichadamente, el Poder también.

La gestión impune

 

Tras la noticia de que la Junta, es decir, los contribuyentes andaluces, deberán correr con los gastos de esa juerga que ha sido la adjudicación ilegal del casino de Sevilla, llega la nueva de que cierta desidia administrativa de la misma Junta acaba de costarnos una finca en pleno Parque Nacional de Castril cuya titularidad privada ha reconocido el Tribunal Supremo. Hemos de pagar los platos rotos de las víctimas del SAS, los desaguisados de los especuladores del urbanismo municipal, los errores (a veces contumaces) de los responsables de menores, los arreglos de las autopistas que se hunden porque los especuladores –según Pedro Pacheco, ex- “socio” de Chaves– se habrían llevado el cemento en sus maletines. Mientras tanto, la irresponsabilidad administrativa y política de los culpables se mantiene intacta, ajena a protestas y agravios, como si la ley no fuera igual para todos o la cosa pública fuera un cortijo de unos cuantos. Es necesario abrir el debate de la responsabilidad de quienes causen daños desde los despachos de las Administraciones. Mientras ni se plantee ese debate, seguiremos pagando los de siempre. Sin ir más lejos, el mes que viene.