Ida y vuelta

 

Hay políticos que parecen empeñados en hacer de esa presunta actividad nobilísima un mero juego oportunista sin más regla que el interés. Ellos se quejan, claro está, del descrédito que sufren e incluso apuntan con el dedo quevedesco a esos que González, en sus mejores tiempos de oro y plomo, llamó en una ocasión “plumíferos” con un deje despectivo que declaraba a la legua su ignorancia del étimo. Pero la culpa de que le gente desprecie la dedicación pública es exclusiva de la propia “clase” y, muy especialmente, de su capacidad para el disimulo, para el engaño y para la tergiversación, artes antiguas que la práctica política ha elevado a un cenit difícil de superar a base de anfibologías y desmentidos. Estos mismos días, ese mismo personaje se ha lucido en una entrevista declarando paladinamente que no entendía lo que la práctica totalidad de los españoles no entiende, a saber, el extravagante concepto de “realidad histórica” aplicado a Andalucía con el único propósito de cubrir cálidamente la desnudez constitucional provocada por el atropello del Estatut, pero a renglón seguido ha salido a los medios para recoger velas, desmentirse a sí mismo y, por descontado, cargar a los “plumíferos” la tergiversación adornándose con el afarolado de que lo raro hubiera sido que semejante chusma hubiera interpretado correctamente tan profunda reflexión. Pues nada vale, digan y desdigan cuanto quieran que, al fin y al cabo, como dijo Brake, la verdad existe, no se inventa más que la mentira.

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No vale el truco, sin embargo, porque a fuerza de repetirlo ellos mismos se han cargado su efecto sorpresa. El mago de esa ‘yenka’ es, por supuesto, el presidente Ibarra, el prestidigitador capaz de decir en cada momento grave lo que la razón común reclama, y de desdecirse al día siguiente, tras pedir permiso al usía, sin cortarse un pelo. Pero no es justo endosar a Ibarra en solitario un invento que todos practican con descaro desde que el propio González dio aquella lección de duplicidad y pragmatismo volviendo del revés su compromiso de sacar a España de la OTAN. El proceso de ruptura territorial al que estamos asistiendo ha visto ya avanzar y volver sobre sus pasos a un Guerra que dice haber votado a favor del Estatut “con la nariz tapada”, a Chaves ir y venir sobre sus pasos defendiendo de modo sucesivo las posturas más opuestas respecto a las pretensiones nacionalistas, a Ibarra amenazar con el recurso ante el TC y ahora al mismo González amagar y no dar en el meollo del disparate andaluz. No tiene ya el menor sentido esperar coherencia y dignidad de una vida pública que no tiene otra norma que salir del paso, y que ha terminado por hacer de la mentira un recurso imprescindible y, en consecuencia, una simple pieza de repertorio. No es verdad, claro es, que por ahí aten los perros con longaniza o echen incontinentes a los políticos mendaces, pero sí lo es que en España estamos asistiendo a una escalada supina de la infidencia política que ha logrado hacer de la mentira un instrumento normal en la práctica de la vida pública. ¡Lo raro hubiera sido –habría que contestarle al personaje amortizado—que un responsable proclamara una obviedad contraria a las tesis de su partido y mantuviera luego el tipo, que un político fuera capaz de sobreponer el fuero de su conciencia a la despótica disciplina de su partido, que por una vez siquiera la democracia lograra situar la libertad moral por encima de la conveniencia de grupo. La reducción de la utopía al pragmatismo ha hecho de la política un mísero posibilismo y de la dignidad un lujo prohibitivo. La mentira, incluida la de ida y vuelta, se ha ‘normalizado’ maquiavélicamente relegando la verdad a la panoplia de las ideas puras y reduciendo la razón democrática a mera ceremonia. El que dijo que las democracias no pueden prescindir de la hipocresía más que las dictaduras del cinismo llevaba, por lo que se ve, más razón que un santo.

Bueno pero menos

 

Al presidente Chaves nuestro, sin duda, buen sistema público de salud le parece que funciona “razonablemente bien” y como prueba ofrece las famosas encuestas autocomplacientes en que la Junta logra que los usuarios declaren su gratitud. No tendría que recurrir a este truco elemental, porque no se discute la bondad del montaje sanitario sino la incomprensible falla de su gestión, fundamentalmente orientada al ahorro a costa de la calidad del servicio. Ya ni siquiera se habla de las desesperantes “listas de espera”, pero ahí están, tal como estaban o pizca más o menos, como están ahí las aglomeraciones veraniegas en las costas o los colapsos de los servicios de urgencia. Ahora bien, si es cierto, como se ha dicho en el Parlamento, que hay hospitales que durante la noche y los fines de semana eliminan prestaciones elementales por falta de personal, no sólo estaríamos ante un atropello a los usuarios perjudicados, sino ante la confirmación de que el primer objetivo de la Junta no es la salud sino el ahorro, y eso descalifica enteramente a una gestión. Ante el espectáculo del despilfarro, el regateo de una epidural resulta bochornoso. Seguro que esas regateadas no se incluyen en la encuesta.

Alguien miente

 

¿Recuerdan ustedes que la ‘delegata’ de Turismo, Rosario Ballester, juraba por sus mengues en su momento que la Junta no tenía ni constancia del hotel que el “number one” de Marbella, Juan Antonio Roca, posee abierto sin papeles en El Rocío? Pues no debía de ser verdad, o bien quien miente es el consejero del departamento, Paulino Plata, cuando asegura que sobre el hotel en cuestión gravita todo un expediente. A ver, ¿conocía la Junta los manejos de Roca en Almonte, los conocían el Ayuntamiento y el partido, o acaso alguien ha tratado de tapar lo que está a la vista en beneficio de quien sea? Estando las cosas como están, y con insinuaciones como las últimas sobre los contactos y relaciones, de Roca con el primer nivel del chavismo, grabados por la propia policía, lo lógico sería despejar esa duda de una manera convincente. De otro modo, la Junta quedaría inerme frente a las especulaciones, con fundamento o sin él, que andan haciéndose sobre sus secretas culpas en Marbella y, en especial, sobre la llamada “conexión Almonte”.

La batalla perdida

 

Con motivo del Día Mundial de la lucha contra el Sida reproducíamos aquí algunas realidades relativas a la situación de la enfermedad en el mundo enteramente ajenas a la retórica oficial. Por ejemplo que uno de cada diez sudafricanos ha contraído ya la enfermedad, ni que decir tiene que distribuida por las capas sociales inferiores; que en sólo un semestre los organismos internacionales registraron nada menos que cinco millones de nuevas infecciones y tres millones de víctimas mortales de un virus que afecta ya, como portadoras, a cuarenta millones de personas (veinte de ellos en África), y a causa del cual fallecen diariamente cinco mil de esos afectados. Una convención de expertos nos sacó de la ilusión de la lejanía, en todo caso, al desvelar que la estadística oficial maquilla la realidad de la epidemia en Andalucía, donde los contagiados alcanzarían las mayores cifras de esta terrible crónica tervigersada por el optimismo político. Y por supuesto, la negativa de la farmaindustria a liberar las patentes y a autorizar la fabricación de genéricos al alcance de la miserable muchedumbre incapaz hoy por hoy de pagarse el remedio, en África y fuera de África. Ahora es la ONU la que denuncia la intolerable situación a que han dado lugar los intereses creados de paso que anuncia una extensión auténticamente tenebrosa “en cada esquina del planeta”, es decir, la definitiva globalización de una pandemia cuya condición apocalíptica no ha conseguido siquiera conmover a los poderes públicos más que a los fácticos. Ocho de cada diez enfermos de Sida no tienen acceso a los caros fármacos antirretrovirales pero hay algo peor, y es que no podemos saber el alcance real del mal, dado que un elevadísimo número de afectados jamás se han sometido a las pruebas pertinentes. El Apocalipsis se olvidó de este jinete, por lo visto, ante cuya cabalgada Dios permanece callado, de momento, aguardando a que Ratzinger le pregunte, como acaba de hacer en Auschwitz por las razones de su silencio.

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Recordaba en la ocasión anterior la idea de Sartori sobre el “impulso suicida” de la Humanidad y venía a añadir por mi cuenta que tendría más sentido, en este caso, hablar de “impulso asesino”, ya que la catástrofe provocada por la difusión del VIH ha sido, en realidad, aceptada, tolerada, consentida y lo que queramos por todos los poderes de la Tierra, políticos, económicos o religiosos. Recientemente hemos conocido una providencia vaticana que resultaría hilarante si no fuera despreciable: la venia para que el cónyuge legítimo utilice condón cuando tenga constancia de que el otro cónyuge padece ya la enfermedad. ¡El cónyuge legítimo! ¡Medio mundo muriéndose a chorros en medio de la miseria y la ignorancia, y los moralistas recomendando la abstinencia como el único remedio lícito! Vamos aviados entre integristas tridentinos y políticos manchesterianos, entre célibes castradores y mercaderes sin fronteras, entre la plaga atroz de la incultura y el desdén de los poderes por cuanto les resulta ajeno. Calla el buen Dios en las alturas, entre tanto, se arrastra humillada la humanidad doliente ante una indiferencia que no es fácil de entender teniendo en cuenta al alcance de la larga mano del SIDA. No sé cuántos jefes de Estado y una legión de ministros se reúnen estos días en Nueva York torno a Kofi Anan. Ya verán qué buenas palabras, verán cuánto propósito de enmienda, acaso lleguen a entrever, incluso, algún dolor de corazón. De lo que no han de escuchar ni palabra es de la penitencia. Después de todo bien sabemos que ese Dios que guarda silencio ante la desdicha castiga sin palo ni piedra. Teresa de Calcuta llegó a decir que el Sida no era más que “el justo castigo para una conducta sexual incorrecta” y Dios tampoco replicó nada en tan tremenda ocasión. Nada tan misterioso como el autismo divino. El de los hombres, acá abajo, tiene su propia teología política.

El defensor, ataca

 

Finalmente ha estallado el Defensor del Pueblo, José Chamizo, y le ha cantado a la consejería de Educación de la Junta las verdades del barquero en el tema de la bajada de crucifijos. Dice Chamizo que él no recomendó jamás esa bajada, añade que lo que la Junta pretende con esta movida es ocultar los grandes problemas reales de la enseñanza, y agrega, por último, que si el “régimen” chapista cree necesaria la retirada de esos símbolos religiosos –lógica por el espíritu de la ley, peor en ningún precepto ordenada como se viene fingiendo–, que lo haga, que tire de la manta y descuelgue todo lo descolgable y que, naturalmente, cargue con las eventuales consecuencias. Lleva razón del Defensor en las tres cosas. Y aún se podría añadir a ellas que este pleito es un enredo artificial auspiciado desde algún partido, respaldado por el poder e inserto en el clima de enfrentamiento maniqueo que se trata de imponer desde el propio Gobierno y que está, en efecto, enfrentando a España, nuevamente, en dos mitades opuestas. Descargar responsabilidades en el Defensor era una jugada demasiado ruin por parte de la Junta. Si algo se le puede reprochar a éste es que haya tardado tanto en devolverle el sartenazo.

W.C.

 

Se desmadra el “rociazo” de la Dipu, llueven las críticas sobre el gasto en sillas y sobre el gesto señorito de renovar los excusados, se reproducen, como en un concurso de chorradas, los argumentos en defensa de lo indefendible, hasta llegar a la cúspide de esa camizace sin nada que perder y mucho por ganar que es la diputada calañesa Cinta Castillo, que ve en la mansión de la vergüenza nada menos que una “sede institucional” y una “magnífica idea”. Y en la web de la competencia, un milagro: los porcentajes “clavados” durante una semana –82 por ciento de noes, 18 por ciento de síes—saltan invertidos y, de la mañana a la noche, oh milagro, igualan y aún superan la prueba los hinchas de Cejudo. Desde luego, si ése es el escenario elegido para promocionar a Manuela Parralo como eventual candidata a la alcaldía, duro va a tenerlo en la campaña. ¡Mira que poner W.C. nuevos! ¡Hasta para ir a mear se gastan nuestro dinero! Y el partido, callado, como si la juerga no fuera con él. Quitan los crucifijos de las escuelas pero llevan flores a la Blanca Paloma. Parralo debería desenfilarse de esa foto que va a permanecer indeleble en la memoria onubense.