Huelva en la calle

 

Se habla de 70.000 onubenses en la calle, media capital, todo el mundo en la práctica. Ninguna efemérides, ningún motivo ha tenido en la historia de Huelva tanta capacidad de convocatoria y eso es algo a tener en cuenta. La autoestima es un factor político nada despreciable y el acontecimiento del ascenso ha contribuido más a ella que todas las politiquerías del mundo. Grave error infravalorar el simbolismo del Recre, batacazo sin paliativo enredarse en pleitos (penales) contra quienes, como el Alcalde, hicieron posible la no desaparición del Decano. Desde el propio PSOE resuena una inquietante teoría que no tiene nada de localista sino de simple ejercicio crítico: que la práctica totalidad de los dirigentes con peso en el partido onubense son forasteros en la capital cuando no remotos inmigrantes, lo cual no puede ser bueno para la capital mientras permanezca en la capital el centro de decisión. ¿Será ésa la causa de que no hayan entendido muchas de las grandes cuestiones onubenses? Una ojeada a las calles abarrotadas de antier basta para contestar a la pregunta.

666

 

Hoy es el ‘día de la Bestia’, el día 6 del sexto mes del 2006, el término fatal de la lucha en que se resuelve la historia dualista del hombre descrita en el Apocalipsis, ese monumento a la psicodelia. Una vieja historia: en el fin de los tiempos vendrá el Anticristo, la Bestia de los diez cuerpos y las siete cabezas, surgida del mar, ante la que claudicarán los pueblos, la que hará que “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan marcar la frente o la mano derecha”, cuyo nombre es “la cifra de un hombre, el 666” (Apocalipsis, 13, 16-18). Es la derrota del Bien que habrá de ser finalmente derrotado, a su vez, por el Cordero, esto es, acaso, el final catártico de la locura humana, la redención definitiva en que acaba la Historia de la especie. Los cabalistas dieron en la singular locura de atribuir valores numéricos a las letras para descifrar el nombre de esa Bestia sin nombre, que primero fue Nerón, cuyo nombre valía justamente 666 en el sistema hebraico, y luego Diocleciano calculando con cifras romanas, más tarde Lutero en el alfabeto numeral latino y finalmente –quizá por aquello de que donde las dan las toman– la propia Iglesia de Roma, en este alambicado supuesto a base de atribuir valores romanos a la frase “Vicarius Filii Dei”. Ibn Jaldún, cuyo centenario celebramos, describió el procedimiento de ese cálculo según la práctica adivinatoria que los árabes conocen como el “hisab”, y hoy la tele prodiga magos insolventes que retuercen la materia mística hasta dejarla irreconocible. En su biblia de los números, el maestro Georges Ifrah, recuerda a los magos magrebíes que venden a sus clientes “cuadrados mágicos” cuyas nueves cifras, sumadas en línea, columna o diagonal, arrojan el mismo resultado místico: 66, es decir, el santo nombre de Alá. Como vemos, no hacía falta que Euler inventara el ‘sodoku’ para entretener al personal.

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El verdadero enigma estriba precisamente en la capacidad de fascinación que sigue demostrando el misterio, la derrota de la razón frente al atractivo la sugestión arbitraria, la invasora credulidad compatible con el generalizado rechazo de la fe. Es probable que la desacralización del mundo haya dejado un hueco que tienden a rellenar el oportunismo y las supersticiones, y digno de atención el propio éxito de la banalidad, el crédito creciente de la superchería y el imperio de los charlatanes. Oigo en la tele más culta hablar de casas encantadas, resonar incierto el eco de las psicofonías, aducir como buenamente puede sus rústicas razones un pastor que recuerda cómo, en tiempos, se le apareció a otro de la majada una dama negra con patas de cabra, y cavilar con solemnidad sobre si las miserias que vivimos serán por casualidad las anunciadas señales apocalípticas de los últimos tiempos. ¡La Bestia! Napoleón, Hitler, Stalin fueron en sus días candidatos a personalizar ese mito tremendo que hoy encarna mejor que nadie, con cábala o sin ella, el espectro de Bin Laden. Tal vez la derrota del hombre consista justamente en esa pérdida del criterio, en la sumisión incondicional al ídolo atractivo de la banalidad embellecida, en el fracaso de la antigua monarquía racional que parece dejar paso al imperio del ‘sodoku’. No pasará nada hoy, por supuesto, como nada pasó con los anunciados terrores del milenio, pero el negocio antiguo de la credulidad seguirá prosperando a la sombra de la profunda inseguridad humana que expresa el orteguiano “malestar de la cultura” que trae al gentío arremolinado ante la barraca aguardando a que el buhonero levante el telón y exhiba la hidra de mirada de fuego y aliento de azufre, cabalgada por la doncella “vestida de púrpura y escarlata” en cuya mano desborda “la copa de oro llena de abominaciones”. Hoy será un gran día como otro cualquiera y el numerólogo deberá darnos nueva cita para un futuro incierto. El número de la Bestia figura hace tiempo en el periódico junto a la charada y el damero.

Breviario de Pentecostés

 

“En la sesión parlamentaria del Estatuto, Zapatero fue el mejor exponente, como entodo, de que el talante significa la nada, y en ella se vio que el presidente del Gobierno no tenía ni idea de Andalucía y lo está demostrando todos los días”, Javier Arenas, presidente del PP andaluz. “El poco respeto que Chaves tiene a Marbella se demuestra en se ha pasado los últimos años apoyando a Isabel García Marcos, que está en la cárcel”, Mariano Rajoy, presidente nacional del PP. “¿Privarnos de la reforma estatutaria sólo por darle la lata a Chaves? ¿Y qué pasa con Andalucía?”, Cocha Caballero, portavoz de IU. “Por lo que dicen sus dirigentes parece claro que CiU no se opone a que Andalucía tenga los mismos derechos que Cataluña; quien sí se opone es el presidente de la Junta”, Julián Álvarez, secretario general del PA. “Sería sano y de limpieza democrática (sic) que Paulino Plata abandonase ya las tareas de la Junta para centrarse en preparar su candidatura marbellí”, Diego Valderas, coordinador regional de IU. “ ‘Sandokán’ somos todos”, pancarta de los partidarios del constructor Rafael Gómez ‘Sandokán’.

El delirio

 

Tercer domingo glorioso de Pentecostés con el Recre subiéndose a los cielos. El ascenso ha provocado el delirio, ha devuelto a la capital su tono exultante, ha puesto boca arriba la evidencia de que, en lo más íntimo, el Recre es en Huelva algo sagrado que sólo a políticos sin idea de lo que traen entre manos se les ocurre despreciar. Es inevitable la dimensión política del triunfo deportivo porque el fútbol hace tiempo que dejó de ser una cuestión superflua en la vida pública para convertirse en un factor de identidad crucial y en un revulsivo de primer orden, igual en Barcelona que en Madrid o en Huelva. El delirio colectivo que ha vivido la ciudad es la mejor prueba de ello y la capitalización que el Superalcalde ha conseguido hacer del hecho demuestra, no sólo lo acertado de su apuesta por el ‘Recre’ (que le costó lo que le costó) sino el error supino de sus rivales. La bufanda “ultrasur” de la Parralo en El Rocío no va a darle el pego a nadie. Ésta euforia no va con ella sino con quienes se lo ha currado, jugándose el tipo, desde hace diez años.

La vaca europea

Alguien me viene con el argumento tertuliano de que la negativa del Gobierno senegalés a aceptar el reenvío de inmigrantes ilegales no es más que un truco para elevar la contrapartida ofrecida por el español. La extorsión del invasor, vamos, el chantaje al que nos somete y somete a Europa una nación con poco que perder que ha descubierto un filón en el negocio de los cayucos: yo envío cayucos a Canarias, cada vez más cayucos, creo un problema insoluble en España y me niego, además, a readmitir a los ilegales hasta que el conspicuo perjudicado se ablande y suelte la guita. No está mal, como estrategia, después de todo, ni puede decirse que varíe esencialmente de la empleadas en las anteriores invasiones históricas, incluida ésa que solemos llamar de los bárbaros, cuya estrategia sabemos hoy que fue aproximadamente la descrita, al margen de ciertos episodios guerreros hoy también posibles pero, ciertamente, menos probables. La situación, en todo caso, viene a ser idéntica, a saber, la de un mundo abarrotado e indigente que sueña con mudarse al presunto paraíso que tiene enfrente y compartir su felicidad, pero en el caso actual hay que contar también con el hecho de que ha sido el paraíso el que ha tentado a los invasores proponiéndoles una ética de la solidaridad que, como es lógico, no está dispuesto a reconocer fuera del púlpito. Un continente de 780 millones de habitantes no sólo sabe que ha sido históricamente saqueado por ese mundo prodigioso que ahora puede ver por la tele sino que tiene noticia de que en él se predica una demagógica religión franca en virtud de la cual todos los hombres son iguales y a todos los asisten por igual unos derechos que los aborígenes no han reclamado sino que les han ofrecido desde la otra orilla. ¿Quién se resistiría a esa llamada, quién continuaría hambriento y comido de moscas en lugar de subirse a un cayuco y jugarse la vida en la ruleta del destino?

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Un profesor de filología española en Dakar, el Dr. Hajdi Amadou Ndoye hace una propuesta similar a la anterior y esgrime argumentos estremecedores que solamente puede desdeñar un idiota o un malvado. Para empezar, que el coste de la operación no es bajo: mil quinientos inmigrantes se han quedado en el trayecto entre Senegal y Canarias. Y luego, las razones, que son muchas, pero que se resumen en el hecho capital de que África no es aún de los africanos sino que sigue siendo un mundo ajeno en el que un país rico en cacao como Costa de Marfil debe aceptar los precios que marca París, los ciudadanos de la sexta potencia petrolera del planeta, que es Nigeria, han de agenciarse su gasolina robándola de las tuberías taladradas, los pescadores en la miseria ven como las compensaciones por el expolio de sus bancos van derechas al bolsillo de los oligarcas y los algodoneros han de competir con colegas subvencionados generosamente en USA o en Europa. Hajdi ofrece un dato definitivo: una vaca europea recibe dos euros diarios mientras que un africano medio vive con menos de uno. ¿Cómo resistir la tentación del viaje, cómo no sentirse legitimado por la leyenda ética de la solidaridad de Occidente? “El colonialismo se ha embellecido, se ha hecho más balsámico con sus discursos sobre derechos humanos, pero ¿dónde están esos derechos humanos?”, se pregunta el profesor senegalés. Vean como en África ha calado ya el mensaje, como actúa el ‘efecto llamada’ de la civilización. Son unos ilusos quienes creen que estos inmigrantes pretenden sólo escapar a la estepa helada, porque lo que quieren, en realidad, es plantar su viñita a orillas del Tíber. Occidente ha jugado fuerte desde su narcisismo utópico hasta que le ha estallado en las manos el amonal del humanitarismo. Por eso cien negros atados en un avión no son de recibo. Que Senegal quiera sacarle unas perras a la tragedia es otro cantar. Pero otro cantar cuya música y letra también le ha enseñado Occidente.

La oposición gramática

Soplan aires de fronda en la opinión andaluza, vientos racheados que reclaman respeto al administrado por parte del Poder, empezando por el lenguaje. Nunca se ha hablado más de la sintaxis en el ámbito crítico, jamás se había reparado de este modo en el estilo y sus consecuencias. El preámbulo del nuevo Estatuto, aparte de la ocurrencia beocia de la “realidad nacional”, circula en fotocopias con divertidos subrayados y comentarios, como si fueran chistes del difunto Gandía, y hasta hay profesor que lo comenta en clase para ilustrar a la ‘basca’ sobre cómo no se debe escribir en castellano o español. Pero uno cree que esa ganga sinctáctica y esa basura léxica suponen ni más ni menos que la suficiencia del “régimen”, el desparpajo de una situación política que no tiene ya necesidad de respetar a los súbditos. Cuando un escriba dice en el BOJA que una subvención es una “experience museum”, sencillamente nos está tomando el pelo. Pero si añade que se trata de crear “un espacio que será capaz de trasmitir y envolver los contenidos de conocimientos y museísticos (sic) en una manta sensorial y emocional” pueden apostar a que se está cachondeando del contribuyente. Chaves no tiene quien le escriba. Él dirá que con que le voten tiene de sobra.