Los inventos de Pozuelo

Dignos del TBO, los inventos del ‘delegata’ de Salud, el famoso doctor Pozuelo, se superan a sí mismos cada año con el beneplácito, o al menos, con la complicidad silente de la consejería de Sevilla. Este año, aunque a ustedes les cueste creerlo, ha presentado su plan de vacaciones sin saber siquiera si está cerrado ni los efectivos con que cuenta, “garantizando”, eso sí, que “no va a haber problemas en las sustituciones”. O sea que tendremos un verano más las colas en los centros de Salud, los colapsos en las urgencias, los sanitarios asfixiados y el contribuyente –recién liquidada su cuenta con Hacienda—a merced de la suerte. El SAS y Pozuelo trabajan contra el turismo onubense más que los promotores lo hacen a favor, porque dejar a una comarca turística con un servicio médico precario es disuadir a los visitantes del modo más expeditivo. No es fácil entender qué motivos puede tener el PSOE para mantener en su puesto, como prolongación de una consejería lejana y ciega, a un sujeto tan bienpagado como inútil.

Bestiario de amor

 

Han contado los medios por tierra, mar y aire que la Casa de Brasil madrileña, en la que mi generación complutense y monclovita tuvo cineclub y cazadero sentimental, ha censurado una obra de teatro, ya presentada en Francia e Italia, por el hecho de incluir en su dramaturgia el sacrificio culinario de un bogavante. Tiene fuerza el fundamentalismo ecologista, como se ve, que en materia taurina gana en Cataluña el terreno que pierde en Francia pero que logra bajar el telón, como quien dice, en un colegio mayor tradicionalmente tan aperturista como el mentado impidiendo que se escenifique el martirio de un crustáceo. La verdad es que no se entiende muy bien la oposición en la medida en que no hay que investigar mucho para localizar cientos de establecimientos marisqueros en los que se cuecen vivos los “frutos del mar”, y en los que ese integrismo animalista tendría tajo para rato si decidiera meterse en el negocio. Pero no son los radicales quienes merecen una reflexión sino esta sociedad papanata que seguro que comprenderá, en buena medida, la protesta de los “maulets” frente a la Monumental barcelonesa y la acción de los censores universitarios, como si no tuviéramos en lo alto atentados infinitamente más dolorosos. Es curioso que los mismos que apoyaron o cuando menos ‘comprendieron’ la trifulca originada por las caricaturas de Mahoma, no tengan nada que decir cuando un ocurrente se descuelga, en un país que se postula cristiano y que lo es por tradición, ofreciendo la receta para “cocinar un Cristo”. ¿Osaría el Gobierno permitir, como ha hecho el nuestro, que se apoyara y diera cobertura en el extranjero desde su aparato a una obra titulada “Me cago en Dios”? Pues permítanme que lo dude, pero volviendo al bogavante indultado debo decir que en ese caldero sin víctima hierve desde antier la cáscara vacía del sentido común.

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No está de más volver una y otra vez sobre el tema: la militancia ecologista, el esfuerzo “verde” en general, tienen bien ganado en cien batallas sus laureles cívicos, pero parecen empeñada en desacreditarse a sí misma asumiendo una actitud fundamentalista que, con lamentable frecuencia, rompe en simple necedad. Aunque insisto en que esa crítica habría que dirigirla más a la sociedad que hace posible el exceso que a los propios excesivos, pensando en que, por ejemplo, se arme la que se arma porque alguien pretenda cocinar vivo (que es lo suyo) un bogavante, mientras apenas si tiene eco la noticia de que la sanidad pública, durante los fines de semana, prescinde de la epidural y obliga a las mujeres a parir a pelo. Hay en este perro mundo millones de niños cocinados como bogavantes en el ‘self-service’ de la opulencia, lo mismo de cintura para arriba que de cintura para abajo, y son poquísimas y más bien convencionales (todo lo que se repite en el telediario termina por serlo) las quejas y protestas que se dejan oír. Hay millones de trasterrados perdidos en la ciénaga de la insolidaridad pero parece que la misma reiteración de su tristísima imagen nos acaba anestesiando de la manera más eficaz. Los mataderos han de regirse hoy por una trama reglamentaria complejísima que va desde la electrocución previa e instantánea del ganado hasta las medidas paliativas ya habituales en el degolladero del pollo, que es bastante más de lo que la sensibilidad colectiva está dispuesta a exigir en defensa del hombre. La atención a linces es mucho más solícita que la dispensada a las personas y se invierte en una reserva de quebrantahuesos lo que a nadie se le ocurría reclamar para un hospital comarcal. No hay más que asomarse a la actualidad para entender que más de uno quisiera para sí la suerte del bogavante. Rousseau estaba convencido de que a los animales no les falta razón para desconfiar del hombre. No sé que opinaría el bogavante sobre esa ardua cuestión.

Hacer caja

A la vista de las condonaciones pasadas y presentes con que la exigente banca que esquila al ciudadano de a pie gratifica a los partidos e incluso a los políticos, tendríamos que preguntarnos cómo será la película una vez que Chaves consiga, manteniendo el régimen actual de control partidista de sus órganos de gestión, hacer de todas las Cajas andaluzas solamente una, grande y libre. No puede haber argumento para proponer unificar todo el sistema financiero regional y supeditarlo, en la práctica, al poder omnímodo de un solo hombre, el presidente de la Junta, que poniendo y quitando presidentes, tendrá en su mano alzarse con el santo y la limosna. Juntar la decisión económica al poder político es una temeridad que aceptamos como normal hace años y que Chaves se propone rematar ahora de una vez por todas, quizá por aquello de que más vale una vez colorado que ciento amarillo.

Pintar como querer

 

Las mujeres del PSOE se han arremolinado, en plan aristofánico, en torno a la candidata Parralo, la desconocida con que le han dado pasaporte a Pepe Juan. Petronila Guerrero, pasado perfecto, dice que representa “el cambio y el futuro” y la sitúa en una Huelva como la de hoy “paralizada y falta de ilusión” (¡¡¡); Cinta Castillo, futuro imperfecto, sostiene que peor que ella lo tiene el Superalcalde por “no ser un referente social” y carecer de “política de viviendas sociales o planes de igualdad entre los sexos”. Jo, qué tropa. El secretario regional del PP dice, por su lado, que “Chaves llevaba meses buscando a alguien que quisiera venir de candidato a Huelva pero que nadie quería venir”. Y desde dentro del partido se habla con desconfianza y hasta disgusto del “socialismo pijo”, supercoches, superviviendas, superintereses económicos y hasta abrigos de visión perdidos, vaya mala suerte. Haya paz, que si algo sobra es tiempo. Parralo lo va a necesitar, de momento, para que la gente sepa por lo menos reconocerla. Luego para contrarrestar esas acusaciones tan incómodas como ciertas. Personalmente creo que a Perico, hombre de suerte, ha vuelto a caerle el gordo.

El castor osado

Han sido espectaculares las imágenes de la voladura controlada de la enorme defensa que retenía las aguas ante la presa de las Tres Gargantas, ese proyecto que el faraonismo chino ha sacado adelante contra viento y marea en la cuenca del inacabable río Yangtze y que va a revolucionar de modo radical la economía china. Una presa de seiscientos metros de larga por ocho de ancha y ciento cuarenta de alta, de la que se habla ya como la segunda Muralla China, dicen que podrían aportar al enigmático pero fulgurante desarrollo de aquel país el viejo sueño de Mao –la energía que nunca tuvo—planteando una transformación de imprevisible alcance. Hay en el aire, por supuesto, un grave concierto de protestas que gimen por el daño ecológico, tal vez irreparable, que semejante cambio en el paisaje natural podría comportar, pero la determinación de la dictadura postcomunista no ha cedido un solo paso en esta porfía y esta semana se ha dado fin al proyecto con un año de antelación. Ahora sólo queda esperar una generación para ver qué da de sí la obra, pero parece evidente que a un ritmo incluso superior al 10 por ciento de crecimiento anual como el de los chinos, cuando nuestros hijos y nietos se miren en ese lejano espejo van a ver un espectáculo hoy inimaginable. Mientras tanto en Venecia se plantean eliminar la avanzada construcción del gigantesco complejo de casi ochenta diques inflables y flotantes diseñados para proteger la ciudad de su eterno enemigo, el agua del Adriático, a base de clausurar las bocas del Lido, Malamocco y Chiogia, porque dice la izquierda municipal –Venecia tiene un alcalde filósofo y eso tiene sus ventajas pero también sus costes, qué duda cabe—que no está nada clara la proporcionalidad del coste ni el impacto ambiental que “Moisés” –que así se llama el proyecto– podría acabar produciendo. Hay mucho veneciano que recuerda aún crecidas como la que a mediados de los 60 sumergió San Marcos y el centro urbano bajo un metro de agua, pero la gran prensa británica empieza a sugerir que acaso no resulte posible enmendarle la plana a la Madre Naturaleza en estos términos y ‘Times’ ha llegado a decir esta semana que tal vez valiera más ir pensando en dejar que la ciudad se hundiera abandonada a sí misma como en un teatral ejercicio de colosal eutanasia. No sé qué diría Byron si viera su Laguna gestionada por un ordenador, pero él nunca supo que, mientras nadaba por sus canales nocturnos, la ciudad se hundía a razón de medio metro al siglo.

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La desmesura humana es el problema, la tendencia a lo gigantesco y descomunal sobre la que un sabio como René Dumond –tan olvidado en tan poco tiempo– ironizaba amargamente hace varias décadas diciendo que la única esperanza para la salvación de la vida en el planeta era la definitiva extinción de la Humanidad. Incluso en la escala china, que conviene no perder de vista, represar agua en una extensión equivalente a la provincia de Toledo constituye un desafío no poco temerario a los equilibrios naturales. No menos arrojado, por supuesto, que el que supone el entreguismo de ese periódico al proponer, como salida desesperada, la renuncia a salvar la ciudad acosada por las mareas o la izquierda municipal con su propósito de congelar el proyecto. Quizá lo que Dumond quería significar era que carecemos, como especie, de ese elemental sentido de la medida que ya nuestros ancestros demostraron enfrascándose en obras que hoy mismo ignoramos cómo pudieron lograrse, una carencia improbable en el plano del instinto en que el castor arquitecto, sobre el que tanto han fantaseado bestiarios y zoologías, no se pasa nunca ni se queda corto. Recuerdo haber oído decir a don Julio Caro Baroja que el mito de Babel encerraba una profunda lección de psicología más tramada como propedéutica del futuro que como evocación del pasado. El espectáculo de la voladura me ha puesto por delante esa intuición crucial que tal vez nunca hemos entendido.

Más vigas, más pajas

Para el presidente de la Junta y del PSOE, Manuel Chaves, que un consejero como Plata sea a la vez candidato a la alcaldía de Marbella resulta “compatible, legal y ético”. Que no falte de nada. Mas para la ministra de Fomento y hasta hace poco consejera regional, Magdalena Álvarez, eso mismo, pero aplicado al adversario (a saber, el caso de una concejala del PP candidata a la presidencia de Castilla-La Mancha), constituye una aberración dialéctica, algo intelorable en política. Ni siquiera caen en la cuenta de que lo que diferencia ambos casos y confiere gravedad al caso del consejero/candidato Paulino Plata es que, a diferencia de la castellana, éste tiene a su disposición para gastarse como mejor le acomode y, eventualmente, para financiar su larga campaña, un grueso presupuesto público. El uso sistemático de las dos varas de medir se está convirtiendo en un escándalo imparable en este país demediado que prescinde de hecho de cualquier imperativo moral que no sea el interés propio.