Con un par

La alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, se ha salido de la estrategia de confrontación alentada por IU y el PSOE en torno a la guerra civil, y ha dicho alto y claro que “ninguna posición política debe resucitar en estos momentos las dos Españas” porque es “el momento de la concordia, el encuentro y la reconciliación, no de la confrontación”. Una voz sensata en medio de la escalada suicida, un criterio sereno enfrentado al designio de explotar políticamente el rencor en medio de un clima progresivamente maniqueo. Aparte de su noble razón, la alcaldesa debe de haber pensado que los Ayuntamientos a lo que esos agitadores proponen ahora resucitar el espectro de la guerra civil tienen otras muchas cosas urgentes en que trabajar, empezando por la batalla contra la corrupción que IU trata con guante de seda según de quien se trate. Lo que Rosa Aguilar ha dicho lo piensa gran parte de una izquierda acomplejada que no se atreve a expresar en voz alta lo que esconde en su conciencia. 

Ayudar a la Providencia

No cabe duda de que ha sido la Providencia la que nos ha salvado esta vez de la catástrofe. La explosión de un camión-cisterna cargado de queroseno en el puente internacional debe constituir una seria advertencia sobre el peligro real que supone el transporte de materiales tan peligrosos a horas de máxima aglomeración de tráfico y en zonas tan concurridas. El auténtico caos vivido el martes en nuestras carreteras y en las portuguesas demuestra que no basta con desdramatizar desde los despachos sino que se hace necesario un control real y una normativa exigente para regular esa actividad, sin duda necesaria, pero con toda evidencia altamente peligrosa. Hay que ayudar a esa Providencia y no limitarse a confiar en que la buena suerte haga el resto, y es preciso recordar que ésta no es la primera vez que un transporte de alto riesgo tiene un accidente en nuestra provincia. El martes pudimos vivir una tragedia como la terrible de Los Alfaques. Resulta obligado impedir que se mantenga un régimen como el actual que implica riesgos tan temerosos. 

Momentos estelares

Cuando un día lejano el historiador se incline solícito sobre esta temporada para consagrar su memoria entre las futuras generaciones, lo que llame su atención, a tenor de las fuentes, no podrá ser probablemente la pavorosa tragedia del Líbano ni el desafío nuclear de Corea e Irán, no será tampoco la ignominia de esas tribus del hambre náufragas en nuestro océano de incomprensión ni los horrores de una violencia que se ceba en la santa infancia, sino el cabezazo que Zidane le propinó a Materazzi en la final mundialista, no se sabe bien si por mentarle a su santa madre o por escupirle un salivazo racista. Hasta el presidente Chirac ha debido salir a la palestra para sucumbir al chauvinismo defendiendo al héroe patrio a pesar de sus impropios modales, pero ha sido en la Red –esa suerte de “segunda realidad” que está duplicando la experiencia humana—donde hemos podido asistir a unas reacciones tan espectaculares como sorprendentes. ¿Creerían ustedes que el cabezazo de Zidane ha provocado, de entrada, que Yahoo viera multiplicadas por mil sus consultas a propósito de esa proeza capital (y nunca mejor dicho)? Pues créanlo porque es cierto, como lo es que la plataforma Youtube recibió, con motivo del cabezazo y sólo en 72 horas, la friolera de tres millones de consultas, o que, durante muchos días, la palabra más solicitada en el importante motor de búsqueda para blogs Technorati ha sido, naturalmente, Zidane. En ese mundillo virtual se han creado “sitios” específicos a favor o en contra del agresor o del agredido, se han multiplicado los videojuegos creados por la propia ‘basca’ y hasta se ha divulgado una canción –hay que reconocer que descerebrada por completo—que, bajo el título de “Coup de boule”, ha saltado a la fama en cuestión de horas. Dicen que, más que nada por el incidente del cabezazo, el partido de marras figurará como los 110 minutos más célebres de la historia del fútbol, pero a mí me preocupa más que haya borrado de la actualidad, sin dejar ni rastro, tantas calamidades como nos abruman.
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Varios medios han coincidido también estos días en subrayar la revolución en la convivencia humana que está suponiendo la explosión de las comunicaciones interpersonales, el éxito de esa convivencia sin rostro que propicia el diálogo en tiempo real que permiten instrumentos informáticos como el “messenger”. La adicción televisiva ha pasado a formar parte de la Historia y los ‘Simpsons’ llevan camino de convertirse en el eslabón perdido entre el diálogo familiar  de los viejos homínidos patriarcales y la charleta a tumba abierta mantenida sin fronteras por casi ocho millones de usuarios sólo en España. La gente liga o adquiere afrodisíacos en Internet, hace la compra o va de putas a través del ordenata, compra y vende armas letales o niños indefensos con sólo ofrecerle a un canalla los veinte números de la tarjeta de crédito, aprende la receta de ‘Unibomber’ o tienta la suerte en el casino virtual, consigue las respuestas del examen o consulta sus males al médico, sin salir de la pantallita. Un cabezazo mal dado por un famoso, sin ir más lejos, puede acaparar la atención de las masas hasta borrar de la actualidad lo que la ilusión cibernética presenta como una realidad lejana y ajena incapaz de despertar el interés de las masas. Parece, por ejemplo, que en Inglaterra no se ha registrado gesto más impresionante en toda esta agitada década que otro cabezazo, el protocolario que la Reina dio, seguro que haciendo de tripas corazón, al paso del féretro de lady Di. En estas estamos, y lo demás son cuentos. Nuestro mundo real no es el que ofrecen Paul Auster o J.M. Cotzee, ni el nosocomio en que se hacina una Humanidad desnortada que no acaba de encontrar el acceso a la nueva era, sino ése que bebe los vientos por ver repetido una y otra vez el cabezazo de Zidane en el pecho de Materazzi, oé, oé, oé.

La hora de plata

Ya era raro, ésa es la verdad, que se le diera fuerte y flojo a un director general y, por elevación, al propio Presidente/hermano, y saliera de rositas el consejero que es, al fin y al cabo, el responsable de cuanto ocurre en su departamento. Que “Manos Limpias” hayan llevado a Leonardo Chaves ante el TSJA tiene su lógica, pero que la oposición pida como ha pedido la comparecencia parlamentaria de Plata para explicar el “caso Chaves” resulta imprescindible en ese sentido, a pesar de los equilibrios de IU, lobo feroz tantas veces, pero ahora entretenida deshojando la margarita con tal de no perder la mamela que le proporciona su sociedad con el PSOE. En cuanto a Plata, mal se lo pone el “caso” de cara a su candidatura a la alcaldía de Marbella, porque lo que faltaba en aquella castigada ciudad eran nuevas sombras de sospecha. Es posible que la “mayoría absoluta” por regenerar salve a Plata de momento. A la larga, en todo caso, con el lío de los hermanos de Chaves en su propia consejería le ha de doler la cabeza. 

La primera autoridad

La visita de presentación del nuevo presidente de El Monte al alcalde de Huelva hubo de ser pospuesta al negarse éste, con toda la razón del mundo, a retrasar la hora para permitirle cumplir la exigencia de Cejudo de cumplimentar a la Diputación antes que al Alcalde. La inauguración del Parque Empresarial fue retrasada por el propio Ministerio para permitir a su titular pasarse con antelación por “casa Cejudo”. Y eso  no debe ser así por la sencilla razón de que el alcalde –rojo, blanco o verde– es la primera autoridad de Huelva, un fuero que a él corresponde defender más que nadie, no sólo en nombre propio, sino en defensa del fuero de los ciudadanos que representa, que son todos. Ante desplantes como los referidos, el alcalde de Huelva debe darle un portazo al desaprensivo para que aprenda y su partido tome nota mientras entre todos se decide qué hacer con esas obsoletas instituciones provinciales, herencia del Viejo Régimen, que hace un cuarto de siglo que dejaron de tener sentido.

La difícil memoria

Tras tanto trajín y tanta salida a las candilejas, los radicales de la memoria parece que van a conseguir que el Gobierno saque adelante esa ley de la Memoria Histórica que, desde hace tiempo, trae sobre ascuas a unos y a otros. De momento no habrá ley el 18 de Julio, gozne simbólico en exceso que podría extremar innecesariamente las tensiones sin beneficio para nadie, aunque podría promulgarse como quien no quiere la cosa en la semana siguiente, es decir, entre el 21 y 28 de Julio, ya con el personal tumbado bajo la sombrilla y el bronceador a mano. Con toda la farfolla exigida por IU –dedicada en esta era a todas las revoluciones menos a la suya, ya me entienden–, o séase, con fosores voluntarios desenterrando tibias y calaveras por las cunetas y tapias de cementerio, partidas de ayudas a “niños de la guerra” hace años aposentados en el Inserso (y que, encima, denuncian que no están cobrando), purga definitiva del iconostasio franquista, reconversión del Valle de los Caídos en “Memorial de la Libertad” o algo así, pero, ay, dejando las cosas como estaban en los archivos de guerra, es decir, saltándose a la torera la promesa (de ZP a Maragall por lo visto)  de reabrir la causas judiciales (sólo las del bando franquista, se comprende, las otras, con ser tremendas, no) y anular las correspondientes sentencias, en vista del alarmante informe de los expertos encargados que consideran el proyecto como “una iniciativa jurídicamente inviable y políticamente aparejada a consecuencias imprevisibles”. Normal, sobre todo si es verdad que ese informe pericial lo había pedido el propio fiscal del Estado, porque de sobra sabe él la mala cuenta que a muchos le traería revisar a estas alturas los nombres y apellidos de quienes perpetraron aquella sangría, incluidos los suyos. Si hay algo difícil de entender es cómo no se dan cuenta los memoriosos de que, además del disparate que supone reabrir parcialmente la llaga de una guerra civil, hay en esa operación riesgos seguramente insuperables. El olvido cómplice es tan mala cosa como la memoria pugnaz. No quiero ni pensar en tener que explicarle a mi nieto esta triste guerra de sus bisabuelos.
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Incluso a quien desde los años 50 predicaba ya la “reconciliación”, como Carrillo, hemos oído estos días reclamar el rescate de una memoria que lógicamente a él debería interesar menos que a nadie, de un lado, y del otro, hemos escuchado al nuevo papa  su decisión de añadir la beatificación de otro centenar largo de víctimas de la guerra civil (mártires, dice él) a los cientos que ya subió a los altares Wojtila. Aquél, como si nada tuviera que ver personalmente con la tragedia, éste como si los “mártires” fueran todos suyos y los demás, meros “efectos colaterales” de un desmadre en el que casi todos fueron culpables y casi ninguno inocente. Y ahora va el Gobierno a legalizar el rencor, a dar rango de ley al rescate parcial de la memoria ensalzando a unos y condenando a los otros al olvido legal, a abrir la vieja cicatriz  a ver si el exutorio purulento de nuestra locura colectiva logra arrimarle a su lista un dudoso puñado de votos en nombre del abuelo perdido en la cuaresma que siguió al carnaval republicano, mientras los turistas se acercan a dar un voltio por la cripta que Franco ideó –en plena coincidencia formal con el Carrillo “reconciliador”, ésa es la verdad—para “enterrar” de una vez por todas, juntos y revueltos, a los únicos que tendrían derecho a esgrimir el rayo vengador y fulminar a unos y a otros. ¡Y quieren hacer un parque temático del horror bajo esa bóveda imponente y el granito colosal esculpido por Ávalos! Pocas cosas tan ansiolíticas para esta nación histérica como el sellado de la tumba de Franco con aquella losa insuperable. Si algo cabía esperar es que a nadie se le ocurriera en el futuro reabrir ese sarcófago de la mala memoria.