La negra de la candidata

Me niego a hablar de gafes, no me gusta ese estigma gratuito, y menos aplicado a una dama que acaba de bajar del autobús (político), como quien dice, pero los comentados contratiempos de la candidata Parralo son para inquietar la menos supersticioso, sobre todo tras la rotura de su pantalón en el pleno “Debate del Estado de la Ciudad”. Ahora bien lo que no tiene pase es que la candidata se ausentara de ese foro legítimo para irse a retar al Superalcalde desde los micrófonos de la SER, algo que no se le ocurre ni al que asó la manteca. Por lo demás, del debate de ayer –digan lo que digan, Pedro Rodríguez ha aprendido la tira durante todos estos años—hay que retener el triste papel que bhibo de tragarse Pepe Juan, un candidato derrotado enfrentado a un alcalde que se lo ha llevado por delante dos veces hasta forzar su relevo. Brillante la idea éste de exhibir recortes de prensa con las delirantes declaraciones con que la oposición se empeña en vivir de reina por un día, en especial las dirigidas contra el Parque Empresarial. ¡Y encima el roto en el pantalón de doña Manuela! Verdaderamente Hay legislaturas en que no está uno/a para nada.

La ola de calor

Sin necesidad de creer a pies juntilla en la tesis de ese sabio que dijo el otro día en una universidad de verano (que es donde, normalmente, se dicen estas tonterías) que el cambio climático no era más que un invento de los ‘medios’, la verdad es que, como mucho ciudadano por todo el planeta, anda uno cada verano más escamado con los rigores de la canícula. Los datos no son para menos. Una ola de temperaturas tropicales abruma estos días a gran parte de Europa, donde ayer miércoles se registró en Bélgica el día más caluroso del año y hoy mismo se esperan en Alemania temperaturas récord, mientras en Francia –escaldado el Gobierno por la tragedia de anteriores estiajes—un buen puñado de departamentos permanecen en alerta ante el riesgo de que el calor aumente por encima de lo tolerable. Un amigo me decía ayer desde Londres que su termómetro doméstico marcaba los 37 grados pero que a media mañana había visto que, en el del Metro, el tope del mercurio se movía sobre los 47, una barbaridad que tiene a la metrópoli apalancada en cines y almacenes refrigerados y a los guardas haciendo la vista gorda ante los bañistas improvisados de Saint-James y Hyde Park. También en Finlandia, como en Suecia, se pronostican inminentes récords históricos, y en la joven república checa, por estas fechas atestada de turistas sureños, la providente autoridad anda preparando un plan severo para afrontar el tórrido fin de semana que se avecina. La ola se ha cobrado ya sus víctimas mortales lo mismo en Burdeos que en Murcia y no hay indicios, al parecer, de que la cosa vaya a mejorar. De nuevo, pues, el fantasma del cambio, la cabalgada imaginaria del jinete apocalíptico desde los hielos esquimales a los eriales del Sur, aunque probablemente sus cascos no causarán más bajas que las registradas en los terribles veranos de años anteriores. La memoria es frágil, pero durante el estío del 2003 el calor se llevó por delante, acuérdense, a 30.000 criaturas en Europa, la mitad de ellas en la Francia impía. El lunes podremos hacer balance. Mientras tanto ahí queda el tema para que apocalípticos e integrados se despellejen bajo la canícula, que si sí que si no, como ya va siendo norma cada verano. De momento ya está ahí otra vez la fábula de las ballenas enloquecidas y los delfines suicidas varados voluntariamente entre los turistas de la playa. No es ninguna bobada empezar a temer que el cuento del cambio climático vaya a acabar confundido con el del pastor y el lobo.
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Resulta difícil aceptar que, con la precisión de los medios técnicos actuales, el Poder no disponga de un diagnóstico claro de la situación. Tan difícil como imaginar qué sería de nuestras poblaciones bajo estos climas severos si no dispusiéramos de la prodigiosa defensa de la climatización, instalada ya en la práctica totalidad de los hogares y centros públicos. Y hay datos, además, poco cuestionables, como la subida de temperatura media del Mediterráneo o el hecho de que la alarma cunda año tras año desde Canadá hasta la India, insistentemente atribuidos al abuso industrialista. En una prestigiosa revista científica leo que sin que exista la evidencia de un nexo directo entre la canícula y el calentamiento global del planeta, muchos indicios conducen a la hipótesis de que el calor seguirá aumentando durante los veranos por encima de las cotas tradicionales. Cualquiera sabe. Los grandes poderes industriales compran a los sabios del meteoro de la misma manera que alquilan a los que participan en las peleas farmacológicas, acogidos ambos gremios a los suaves microclimas que proporciona la opulencia. Ahí están las ballenas, sin embargo, ahí llegan también los delfines, y mi amigo londinense se juega la faringe bajo el climatizador sin quitarle ojo a la columna de mercurio. Tiempo al tiempo, que lo que sea, sonará. Saint-Exupéry decía que la civilización comienza por cierto deseo de calor y que luego el hombre, de error en error, acaba encontrando el camino del fuego.

Con un par

La alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, se ha salido de la estrategia de confrontación alentada por IU y el PSOE en torno a la guerra civil, y ha dicho alto y claro que “ninguna posición política debe resucitar en estos momentos las dos Españas” porque es “el momento de la concordia, el encuentro y la reconciliación, no de la confrontación”. Una voz sensata en medio de la escalada suicida, un criterio sereno enfrentado al designio de explotar políticamente el rencor en medio de un clima progresivamente maniqueo. Aparte de su noble razón, la alcaldesa debe de haber pensado que los Ayuntamientos a lo que esos agitadores proponen ahora resucitar el espectro de la guerra civil tienen otras muchas cosas urgentes en que trabajar, empezando por la batalla contra la corrupción que IU trata con guante de seda según de quien se trate. Lo que Rosa Aguilar ha dicho lo piensa gran parte de una izquierda acomplejada que no se atreve a expresar en voz alta lo que esconde en su conciencia. 

Ayudar a la Providencia

No cabe duda de que ha sido la Providencia la que nos ha salvado esta vez de la catástrofe. La explosión de un camión-cisterna cargado de queroseno en el puente internacional debe constituir una seria advertencia sobre el peligro real que supone el transporte de materiales tan peligrosos a horas de máxima aglomeración de tráfico y en zonas tan concurridas. El auténtico caos vivido el martes en nuestras carreteras y en las portuguesas demuestra que no basta con desdramatizar desde los despachos sino que se hace necesario un control real y una normativa exigente para regular esa actividad, sin duda necesaria, pero con toda evidencia altamente peligrosa. Hay que ayudar a esa Providencia y no limitarse a confiar en que la buena suerte haga el resto, y es preciso recordar que ésta no es la primera vez que un transporte de alto riesgo tiene un accidente en nuestra provincia. El martes pudimos vivir una tragedia como la terrible de Los Alfaques. Resulta obligado impedir que se mantenga un régimen como el actual que implica riesgos tan temerosos. 

Momentos estelares

Cuando un día lejano el historiador se incline solícito sobre esta temporada para consagrar su memoria entre las futuras generaciones, lo que llame su atención, a tenor de las fuentes, no podrá ser probablemente la pavorosa tragedia del Líbano ni el desafío nuclear de Corea e Irán, no será tampoco la ignominia de esas tribus del hambre náufragas en nuestro océano de incomprensión ni los horrores de una violencia que se ceba en la santa infancia, sino el cabezazo que Zidane le propinó a Materazzi en la final mundialista, no se sabe bien si por mentarle a su santa madre o por escupirle un salivazo racista. Hasta el presidente Chirac ha debido salir a la palestra para sucumbir al chauvinismo defendiendo al héroe patrio a pesar de sus impropios modales, pero ha sido en la Red –esa suerte de “segunda realidad” que está duplicando la experiencia humana—donde hemos podido asistir a unas reacciones tan espectaculares como sorprendentes. ¿Creerían ustedes que el cabezazo de Zidane ha provocado, de entrada, que Yahoo viera multiplicadas por mil sus consultas a propósito de esa proeza capital (y nunca mejor dicho)? Pues créanlo porque es cierto, como lo es que la plataforma Youtube recibió, con motivo del cabezazo y sólo en 72 horas, la friolera de tres millones de consultas, o que, durante muchos días, la palabra más solicitada en el importante motor de búsqueda para blogs Technorati ha sido, naturalmente, Zidane. En ese mundillo virtual se han creado “sitios” específicos a favor o en contra del agresor o del agredido, se han multiplicado los videojuegos creados por la propia ‘basca’ y hasta se ha divulgado una canción –hay que reconocer que descerebrada por completo—que, bajo el título de “Coup de boule”, ha saltado a la fama en cuestión de horas. Dicen que, más que nada por el incidente del cabezazo, el partido de marras figurará como los 110 minutos más célebres de la historia del fútbol, pero a mí me preocupa más que haya borrado de la actualidad, sin dejar ni rastro, tantas calamidades como nos abruman.
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Varios medios han coincidido también estos días en subrayar la revolución en la convivencia humana que está suponiendo la explosión de las comunicaciones interpersonales, el éxito de esa convivencia sin rostro que propicia el diálogo en tiempo real que permiten instrumentos informáticos como el “messenger”. La adicción televisiva ha pasado a formar parte de la Historia y los ‘Simpsons’ llevan camino de convertirse en el eslabón perdido entre el diálogo familiar  de los viejos homínidos patriarcales y la charleta a tumba abierta mantenida sin fronteras por casi ocho millones de usuarios sólo en España. La gente liga o adquiere afrodisíacos en Internet, hace la compra o va de putas a través del ordenata, compra y vende armas letales o niños indefensos con sólo ofrecerle a un canalla los veinte números de la tarjeta de crédito, aprende la receta de ‘Unibomber’ o tienta la suerte en el casino virtual, consigue las respuestas del examen o consulta sus males al médico, sin salir de la pantallita. Un cabezazo mal dado por un famoso, sin ir más lejos, puede acaparar la atención de las masas hasta borrar de la actualidad lo que la ilusión cibernética presenta como una realidad lejana y ajena incapaz de despertar el interés de las masas. Parece, por ejemplo, que en Inglaterra no se ha registrado gesto más impresionante en toda esta agitada década que otro cabezazo, el protocolario que la Reina dio, seguro que haciendo de tripas corazón, al paso del féretro de lady Di. En estas estamos, y lo demás son cuentos. Nuestro mundo real no es el que ofrecen Paul Auster o J.M. Cotzee, ni el nosocomio en que se hacina una Humanidad desnortada que no acaba de encontrar el acceso a la nueva era, sino ése que bebe los vientos por ver repetido una y otra vez el cabezazo de Zidane en el pecho de Materazzi, oé, oé, oé.

La hora de plata

Ya era raro, ésa es la verdad, que se le diera fuerte y flojo a un director general y, por elevación, al propio Presidente/hermano, y saliera de rositas el consejero que es, al fin y al cabo, el responsable de cuanto ocurre en su departamento. Que “Manos Limpias” hayan llevado a Leonardo Chaves ante el TSJA tiene su lógica, pero que la oposición pida como ha pedido la comparecencia parlamentaria de Plata para explicar el “caso Chaves” resulta imprescindible en ese sentido, a pesar de los equilibrios de IU, lobo feroz tantas veces, pero ahora entretenida deshojando la margarita con tal de no perder la mamela que le proporciona su sociedad con el PSOE. En cuanto a Plata, mal se lo pone el “caso” de cara a su candidatura a la alcaldía de Marbella, porque lo que faltaba en aquella castigada ciudad eran nuevas sombras de sospecha. Es posible que la “mayoría absoluta” por regenerar salve a Plata de momento. A la larga, en todo caso, con el lío de los hermanos de Chaves en su propia consejería le ha de doler la cabeza.