Gastos pagados

Desde Podemos se ha levantado una voz reclamando al Parlamento (es decir, a la Junta, que es la última instancia) que se supriman las dietas de agosto y se reduzca la generosa “compensación” que se da a los diputados para pagarse el piso. Por otra parte, nos enteramos de que la Junta abona al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) 1.300 euros mensuales para ayudarle a pagar su piso. Oigan, ¿y a los demás desplazados, quién les echa una mano fuera de sueldo? Yo no lo sé, pero entiendo que un juez no debería aceptar dinero de la misma institución que, llegado el caso, tiene que juzgar. Medio mundo va a gastos pagados en nuestra vida pública. Lo pagamos, por supuesto, desde la vida privada.

Libertad judicial

No sé si habrán escuchado ustedes la última andanada que el fiscal-consejero De Llera ha disparado contra la juez Alaya a propósito del informe que ésta ha dirigido al CGPJ mostrando sus diferencias con su sucesora. Dice Llera que ese informe “revela actitudes que no son propias de magistrados” aunque, naturalmente, antes y después de asegurar su respeto absoluto por el trabajo de la Justicia, a la que, por lo visto, se le ha olvidado que él pertenece también. ¿Por qué De Llera va a poder descalificar a una juez que molesta a su Junta y Alaya no va a poder advertir al CGPJ de circunstancias no poco graves y no poco evidentes que ella cree que afectan a su sucesora? Me da que el consejero no es precisamente un fervoroso de Montesquieu.

El globo chino

El milagro chino –una explosión capitalista dirigida por un Partido Comunista—ha constituido estos últimos años la gran noticia-paradoja de un planeta que tal vez creía que apenas le quedaban ya motivos para el suspense y la admiración. Los chinos andan haciendo exhibición de músculo financiero por todo el mundo, se han hecho con un paquete determinante en la deuda americana y vienen extendiendo sus redes comerciales al por mayor y al por menor a ojos vista, hasta el punto de que, tras haber crecido a un inaudito 10 por ciento del PIB llegaron a estar quejosos de crecer solamente a un 7 por ciento. Cada día amanece un puñado de nuevos millonetis chinos, como es sabido, y cada atardecer la “sky line” de Shangay se adorna con un nuevo rascacielo, pero a nadie se le oculta que, siendo cierto que esa economía ha creado y anda ensanchando a paso rápido una clase media hasta hace poco inimaginable, el éxito del Partido Comunista Chino se basa en la explotación salvaje de las grandes masas humanas que su impar demografía le permite mantener sometidas y, por supuesto, al servicio de un comercio internacional en absoluto escrupuloso que ha hecho realidad el sueño de Marco Polo. Bien, pero demasiado bonito para ser cierto: hace unos días la Bolsa china se ha desplomado –más de 8 por ciento en una sola jornada—arrastrando consigo sabe Dios qué intereses propios y ajenos y, ni que decir tiene que provocando la estampida de los inversores.

Nadie sabe, por lo que veo y entiendo, a qué responde ese cataclismo que amenaza –aún no se sabe hasta qué punto ni en qué términos—a las economías amigas y, muy especialmente, a ese comercio occidental que se ha venido forrando estos últimos años vendiendo como auténticas las perfectas imitaciones chinas o, simplemente, deslocalizando nuestras industrias para sustituirlas por los misteriosos obradores chinos. Qué ocurrirá si alguien no da a tiempo con esa tecla destemplada y China tira de la manta encima de la que se apoya, entre otros, nuestro propio crecimiento; cómo se explicará ahora el liberal-comunismo y hasta dónde alcanzará la onda concéntrica; es algo de lo que parece que nadie tiene idea o, lo que es peor, algo sobre lo que gravitan demasiadas interpretaciones. Aunque lo probable es que no pase nada, ya lo verán, como no pasó cuando Japón se vino abajo o como tal vez logremos que no pase aquí, donde hemos estado a pique de un repique del corralito griego. El dinero tiene razones que la Razón no entiende.

País de pobres

Hay pocas cosas más sensibles que el dinero. No tienen más que ver cómo han desaparecido los ricos españoles de las listas del IRPF a pesar de que –como contábamos aquí el otro día—la crisis económica haya propiciado muchas nuevas fortunas ensanchado el sector millonario. Fue anunciarse la subida de impuestos y, como si se hubiera tocado a rebato, desaparecer del mapa fiscal casi la mitad de los potentados que se registraban en 2007, y no quedar a la vista de los inspectores más que los mandados que cobran en nómina. ¿Tan pocos recursos tiene el Estado, o sea, Hacienda, para localizar a esos cimarrones, siendo como es tan fácil localizar la falta minúscula del pequeño contribuyente? Nada más sensible que el dinero ni menos solidario que su dueño que es, al fin y a al cabo, el que más ventajas recoge de la oferta social, una circunstancia que justifica plenamente el dicho de que la Derecha –en la que se supone que el dinero se acumula—se merece lo que le caiga encima y mucho más. ¿Ven cómo era cierto eso de que bajar los impuestos favorece la recaudación? No se trata de la discusión zapaterista sobre si bajarlos o subirlos es propio de la Derecha o de la Izquierda, sino de la evidencia de que, conservadores o progresistas, los acaudalados, todos a una, rehúyen al recaudador, como acaba de comprobarse en España después del incremento fiscal del 2012. John Müller acaba de recordarnos que ya Aznar solía decir, a estos efectos, que “en España no hay ricos”.

Nada más desembarcar en el Ayuntamiento madrileño, Manuela Carmena, ha propuesto gravar con una tasa al turismo y con otra a los cajeros automáticos, demostrando hasta dónde puede llegar la imaginación recaudatoria y cuán cierto es el axioma que sostiene que todo gravamen impuesto arriba acaba perjudicando a los de abajo, pues resulta obvio que los bancos repercutirán la discutida tasa sobre el usuario inocente que acuda a los servicios de sus cajeros. Suetonio nos cuenta que Vespasiano llegó a gravar hasta la orina de sus cloacas y acuñó, para aliviar el remilgo de su hijo Tito, aquel célebre “pecunia non olet” que hasta hace poco convencía incluso al Banco Ambrosiano. El dinero es tan sensible como indiferente, y los ricos lo saben bien. Escuchen a Eurípides: la nobleza no es nada, el dinero lo es todo, el dinero es capaz de elevar a primera fila al hombre más despreciable. No hay ricos en España aunque jamás haya habido tantos. El Poder no podrá nunca socializar la riqueza.

Pañuelo verde

Parece ser que el PSOE, que gobierna en Níjar aliado a IU, va a aprobar la propuesta de esta última de prohibir las corridas de toros en su pueblo a partir de mañana. Otra proeza revolucionaria que viene sumarse a la retirada de símbolos, cambios en el callejero y resurrecciones de trasabuelos de la política como Salvochea o Pi y Margall. Los grandes problemas –el paro, la educación insolvente, los problemas sanitarios, la deuda con los municipios y demás—pueden esperar. Sentados, quiero decir. Hemos entrado en una política de gestos que no quiere saber nada de las grandes cuestiones pendientes en la que participa ya hasta el PSOE que tendrá que derogar desde la Junta el Reglamento taurino que ella misma hizo.

Uno por libre

Luego me han comentado que el caso es, si no viejo, al menos bien conocido, pero cuando yo lo escuché en la radio nocturna hube de sacudirme para espantar esa sensación narcótica, tan propia de la duermevela, que consiste en no saber si vives o sueñas. La voz era de un joven español, catalán y creo recordar que medio aristócrata tronado, que defendía a capa y espada la bondad del régimen norcoreano de la dinastía Kim, el mismo al que la ONU tiene pendiente de juzgar por violación sistemática de la mayoría de los derechos humanos. Pero el entrevistado sostenía imperturbable que esa fama es inventada y malévola, producto vulgar de la propaganda neoimpoerialista de unos Estados Unidos a cuyo servicio estarían las asociaciones internacionales que luchan por la paz y la justicia. ¿No hay fusilamientos en Corea del Norte, no es cierto que el país está cerrado a cal y canto, es verdad que funcionan en su territorio campos de concentración en que se pudren los disidentes? El señor Cao, que ésa creo recordar que era su gracia, se revolvía contra cada una de esa preguntas achacándolas por sistema a la propaganda yanqui y a la maldad intrínseca de un mundo que, salvo China acaso, no es más que un rebaño canalla e insolidario, obsesionado por arrancar al joven planeta el bien que vendría a ser la satrapía coreana. Cao vive de esa breva, ni que decir tiene, y lo curioso es que le den bola los programas de radio y tv como si no estuviera clara como el agua su demencia o su maldad.

Siempre habrá un roto para un descosido y un Cao trinconcete para una tiranía. Lo que no encajo, insisto, es el hecho de que se les de bola en el ya de por sí desmadrado mentidero nacional, teniendo en cuenta que, bajo aquella dictadura implacable, hay un pueblo que sufre hace decenios y sobre el que pastorea una estirpe sobrevenida de tardomaoístas que han sido capaces, ésa es la verdad, de vender tan averiada mercancía sin necesidad, por supuesto, de que un espontáneo de Tarragona sin mejor oficio le haga el caldo gordo. Entro y salgo de la modorra, entrillado entre el sueño y la vigilia –que eso es lo único bueno que tiene la pésima radio nocturna– más narcotizado si cabe por la desfachatez y el tupé insolente del extravagante propagandista, y me dejo arrastrar a la inconsciencia. Mañana será otro día y como siempre rondará por ahí un buhonero vendiendo pócimas intragables. “Tié que habé gente “pa to”!, que decía el Gallo, y no me dirán que no llevaba razón.