Sueños de centauro

Mientras la Comisión Europea se devana la mollera tratando de dotar a los investigadores de un presupuesto plurianual que, con ciertas garantías, les permita continuar sus trabajos sobre las células madre, y mientras en España se anuncia que se autorizará la clonación terapéutica cuando llegue septiembre, un granjero quebequés afincado en la idílica costa francesa del país, en la Gaspésie, se ha levantado una mañana con la sorpresa de ver en sus cuadras a un extraño animal, mitad alce mitad caballo, al que acababa de parir una de sus yeguas. El misterioso híbrido, apodado naturalmente ‘Bambi’, y que cuenta ya once semanas de vida, tiene marcados rasgos de cérvido en la cabeza, patas de una altura inusual y manifiesta una atracción especialísima por el bosque, muy superior, en cualquier caso, a la de sus parientes equinos. Los veterinarios han acudido como moscas dispuestos a averiguar el perfil genético de ‘Bambi’ pero, de momento, parece que el prodigio se adapta a la vida granjera y es aceptado en ella por los demás animales sin mayores remilgos, a pesar de lo cual expertos de varias especialidades resisten en la ortodoxia negándose a aceptar la evidencia. Así es la Vida y así es la Ciencia, misteriosa, e imprevisible la primera, cauta y pragmática la otra, pero una vez más la práctica rutinaria del granjero se impone como un argumento irrebatible ante las razones del sabio. ¿Puede un alce preñar a una yegua, es posible ese intercambio entre especies que, como los sueños, produce monstruos, y que jamás fue aceptado por la ciencia más que a título de extravagancia y curiosidad? Es posible que la negativa sea aplastante, pero ahí tienen a ‘Bambi’, un poco como la sombra mítica del centauro y como el argumento palpable de la posibilidad de que el “animal mixto” no sea solamente un invento del bestiario. Menos creíble era lo de la oveja ‘Dolly’ y ya ven lo que ha llovido tras ella. Quizá lo único razonable en este momento crucial de la evolución científica sea mantener los ojos y los oídos abiertos. El mito tiene energía sobrada para dejar en evidencia a la más enrocada realidad.

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Lo curioso es que mientras en pleno campo salta incontestable el prodigio, en la granja política, tan orwelliana desde luego, sigan su curso las diputas ideológicas en torno a una deriva investigadora que hay que ser bobo para no percatarse de que habrá de resultar imparable. En este negocio hay listos y demagogos, qué duda cabe, y no hace más que unos días saltaba a la palestra uno de esos sabios discretos para avisarnos sobre los riesgos que implica un uso irreflexivo de las expectativas abiertas por la nueva biología, especialmente en medicina. Pero también es verdad –y es triste—que siga manteniéndose el pulso reaccionario que no podría ganar nadie aunque el Apocalipsis que anuncian sus profetas fuera cierto, que no parece serlo. Un caballo con cabeza de ciervo es una cosa muy seria, tanto como la experiencia de ver cómo con una célula de ubre de una oveja se duplicaba a la donante, lo que pone de manifiesto, una vez más, que las más audaces previsiones de la imaginación puede que no acaben siendo sino anuncios premonitorios del complejo misterio que, entre sus desconocidas entretelas, encierra la vida, algo así como profecías lanzadas hacia el futuro por el náufrago primordial con la esperanza de que algún día el hombre evolucionado recogiera la botella en una playa lejana. Ése capítulo del ‘Génesis’ hace agua por los cuatro costados, como todos los mitos a medida que, penetrando en el tiempo deslumbrante, van siendo desacreditados por la dura lógica de lo viviente, esta vez un caballo con cabeza de ciervo, aquella otra un sabio con grupa de caballo, quien sabe si mañana un hombre nuevo, despojado de sus miserias y dueño de su destino. A sabios y políticos habría que darles un voltio por esa alquería prodigiosa. Nada resulta tan convincente en la vida como la vida misma.

Verano de perros

Están cerrando el curso político como quien clausura un albañal. Siguen, día a día, las novedades del “caso Chaves” y la Junta se enroca en su silencio, la propia Junta para los pies al alcalde de Sanlúcar la Mayor en el negocio de los sobrinos del expresidente González dando ocasió al regidor para mostrar su incoherencia, en Marbella ha estallado la guerra de la delación y hasta el maestro de Roca se ofrece al juez para pasarle datos mientras buscan pero no capturan al concejal fugado, los empresarios multiplican sus plantos por el desprestigio que acarreará el disparate, y en Córdoba el PSOE y el PA acusan a IU sin tentarse la ropa de ir de la mano de ‘Sandokán’. ¡Vaya panorama de fin de temporada! Está la cosa como para justificar que los responsables permanecieran en sus climatizados despachos y no se fueran de vacaciones hasta que no aclara mínimamente siquiera este turbión. Quizá nunca la región vivió legal y moralmente un momento tan crítico. Políticamente, en cambio, como pueden ver y acuñó Antonio Burgos, aquí “no passsa nada”.

A dos años de la tragedia

A dos años de la tragedia del incendio, se oyen voces protestando por la cínica pasividad de nuestras instituciones a la hora de hacer frente a sus minúsculos compromisos a favor de los damnificados. El alcalde de Zalamea califica de “vergonzoso” que el Centro Coordinador de Emergencias creado por la Junta para acallar el griterío (¡será por centros!), no haya pagado todavía ni los gastos del viático prestado por su pueblo a las víctimas más inmediatas, pero han sido múltiples las quejas y reclamaciones –en especial de los grupos ecologistas—que llevamos escuchadas. Por cierto, que ese diputado “verde” tan guerrero no hace en estos quemados más que enseñar la patita y salir huyendo, a diferencia de otros lugares donde va de látigo por la vida. La plataforma “Nunca más” es apenas un juguete roto y las esperanzas de los perjudicados poco menos que cenizas. Sólo las Administraciones se ríen a gusto y cuanto más tiempo transcurra, mejor que mejor.

Justicia pop

El juez Baltasar Garzón ha debido enfrentarse, nada más volver a su despacho desde el verde campus del Edén en que ha estado reciclándose y dejándose crecer sobre la nuca ese mechón rebelde que en la postguerra ahora de moda se llamaba “cola de milano”, ha debido enviar un burofax a un conjunto pop que había tenido la audacia de autotitularse con la gracia del superjuez y colgar en Internet una página con ese título prodigioso: “Grupo Garzón”. A mí, la verdad, me ha sonado a cacharrería el contraste entre el lenguaje leguleyo de los ‘abogatas’ del magistrado –“se iniciarán las acciones oportunas”, etcétera—y las buenas razones que daba la ‘basca’ para justificar su elección, la abisal distancia que separa el lenguaje de los ‘manguitos’, de frases como las empleadas en la propaganda de esos poperos, entre ellas una en la que aseguraban que la elección del nombre se debía en exclusiva al deseo de “rendir un sentido homenaje a un prohombre que ha revalorizado conceptos denostados hoy como ecuanimidad, progresismo y modestia” o aquella otra en la que, simple y llanamente, confesaban que “en realidad, hacía tiempo que nos habíamos dado cuenta de que no tenía sentido seguir llamándonos Garzón”. Yo creo que era cuestión de tiempo que el folclore puro y duro llegara a la Justicia pero, francamente, no me esperaba un estreno tan espectacular en pleno éxito de la chirigota de ‘Chapote’y los suyos. Garzón no está para bromas, en todo caso, y los coleguitas del grupo han debido cambiar de mascarón de proa y, convencidos de que, “como dijo el Caudillo, no hay mal que por bien no venga”, han decidido elegir por epónimo al juez Grande-Marlaska, que ha aceptado el honor de mil amores. La Justicia no es un cachondeo pleno, pero al paso que llevamos, qué duda cabe, todo se andará.

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Esa Justicia tiene planteados hoy, desde luego, problemas mucho más graves que el que supone verse en los carteles anunciando a un grupo “indie pop”, a una banda de raperos o a un conjunto de “reage”. Hace unos años, cuando el autonomismo andaba fraguando en Andalucía pero aún el personal no se orientaba bien en ese laberinto, unos friquis tuvieron la humorada de titularse “Enchufados en la Junta”, espléndido fotomatón de lo que estaban viendo a su alrededor y expresión supina del desencanto con que el cinismo juvenil miraba distraído hacia el mundo de sus mayores. Y ahora no puede dudarse de que, tras el ironismo cáustico de esos provocadores, laten también con fuerza motivos y razones que no puede extrañarnos que escandalicen a nuestros jóvenes o, cuando menos, los habiliten para tomarse a chacota las más sagradas instituciones del planeta adulto. Cuesta imaginar sin estupor un programa en el que compartan cartel este “Grupo Marlaska” con “La Polla Récord” o “Tarzán y su puta madre”, por más curados de espanto que estemos ya en relación con esta Justicia imprevisible y estrellona que se apunta o deja apuntar a un bombardeo en busca de una popularidad no poco inquietante, mientras un membrillo asesino llama “mono de circo” a un presidente de Tribunal y se va de rositas. A los jueces italianos de “Mane puliti” les ponían bombas bajo el coche, no los subían a los carteles, la foto encajada entre el bajo y la batería, como andan haciendo ya en España esos cachondos con causa que parecen empeñados en retorcer el viejo ‘dictum’ medieval que expresaba a la pata la llana la obligación del juez de permanecer en las alturas: “De minimis non curat praetor”, el magistrado no debe entretenerse con minucias. Creo, sinceramente, que Garzón ha hecho lo que tenía que hacer y que, por el contrario, Grande-Marlaska –un gran juez, sin duda, dentro de su despacho—ha vuelto a dar la nota en este desconcertante desconcierto. Sabíamos ya que son malas las épocas en que los jueces son famosos. Lo que no imaginábamos es que íbamos a acabar viéndolos en la cartelera.

Fuegos silenciosos

Es curioso que la bronca organizada por los trabajadores del Infoca antes de comenzar la temporada de verano y, con ella, los incendios, contra el decretazo de la consejera de desplazar a la empresa pública Egmasa las tareas y, en consecuencia, los presupuestos, se hayan acallado ahora que hay campos ardiendo cada dos por tres y no hay día en que no perdamos en nuestros campos cientos de hectáreas. Porque, una de dos: o aquellas bromas eran puro ruido gremial, follón interesado (y en ese supuesto, temerario), o tenían sus motivos serios los protestantes, y entonces algo deberían estar diciendo ahora que los fuegos se prodigan. ¿Era buena o mala la providencia de la consejería, funciona mejor el sistema impuesto a las bravas por la consejera o el que venía funcionando con anterioridad? Los implicados en aquellas porfías, en especial los sindicatos, deben aclarar esas preguntas antes de que se produzca algún suceso de mayor cuantía. Y si no lo hacen, debería ser la Junta la que aclarara las razones que tuvo y que tan criticadas fueron. Lo que importan son los resultados. Pero es importante que una partida tan decisiva se juegue con claridad.

Cadáver exquisito

Pepe Juan Díaz Trillo era hace mucho tiempo un muerto político pero ahora es ya un cadáver exquisito que, por piedad partisana, deberían enterrar aunque fuera lanzándolo al estrellato de un “bojazo”: se le hace alto cargo de la Junta y en paz. Porque dejarlo ahí, indefenso ante un Superalcalde crecido, que lo ha derrotado ya dos veces provocando su fracaso rotundo, es un disparate que tiene un punto de crueldad. Incluso so aquel se contiene en sus repasos y lo trata con relativa benevolencia, que es como se trata al vencido. Escuchar a Pepe Juan, por ejemplo, decir que “el debate sobre el Estado de la Ciudad ha puesto de manifiesto que se acaba el ciclo Pedro Rodríguez”, da pena de todas, todas. Verlo tragar quina en los Plenos, a la sombra muda de doña Parralo, todavía más. Un cadáver no se deja expuesto así como así y menos en este ferragosto político que tenemos en lo alto.