El Polo y el Papa

Ha declarado el presidente de AIQB, o sea del Polo Químico, entre muchas cosas interesantes, algunas algo pasadas de maraca. Siempre queda bien, se esté pensando en lo que fuere, por ejemplo, decir que no hay que ser más papista que el papa y no suele quedar mal la defensa del desarrollo sostenible en paridad con la presión sostenible, y en todos esos bretes se defiende sin problemas Gerardo Rojas. Pero cuando le tocan el tema del Ensanche se le disparan los sensores y eso no suele ser bueno. Comparar una hipotética instalación industrial en la Plaza de las Monjas con el plan urbano que trata (desde hace un cuarto de siglo, como idea de la izquierda, no se olvide) de acercar la Ciudad a la Ría, pertenece ya más bien al género “boutade”. El buen sentido está muy bien pero si se utiliza siempre y en todas las direcciones, y no sólo “pro domo sua”. Porque en caso contrario, en efecto, se muestra uno más papista que el papa y eso, como dice Rojas, no es bueno ni aconsejable para nadie, pero tampoco para él.

La estatua de sal

Los mitos vienen sirviendo en manos interesadas lo mismo para un barrido que para un fregado. El que cuenta la desdicha de Idit, la mujer de Lot el justo, por ejemplo, ha sido presentado muchas veces como un instrumento autista, favorecedor de la inopia y la desmemoria cuando en realidad su sentido es infinitamente más oscuro y hondo, y nada tiene que ver con la amnesia voluntaria. La actual aventura de recuperación de la memoria de la guerra civil, sin ir más lejos, nos está ofreciendo la posibilidad de valorarlo como un simple consejo prudencial que no tiene por qué equipararse a la amnesia voluntaria, sobre todo si atendemos a las inesperadas respuestas que están dando los españoles a los sondeos que tratan de averiguar cómo se representa hoy en la memoria colectiva con aquella tragedia de la que nos separan nada menos que setenta años. Para empezar, ahí está la imagen del golpe de Estado, del 18 de Julio, que no rechazan, por creerlo justificado, al parecer, el 30 por ciento (encuesta de El Mundo) y que ignora por completo uno de cada cuatro (El País). Luego ahí está ese 40 por ciento sobrado que no condena la dictadura (El Mundo) junto al sesenta que lo considera, en efecto, como “algo que pertenece al pasado” (El País) y que en esta encuesta parece que es aún mayor pues sólo el 53 por ciento condena el “régimen”. No creo yo que lo que busquen los memoriosos sea precisamente descubrir que una amplia mayoría de españoles celebra hoy que Franco muriera en su cama y mucho menos todavía que nada menos que un 74 por ciento raspado de ellos se declare contrario al uso de la violencia contra él. Se puede entender, por su vinculación con la locura etarra, que más del 90 por ciento condene abiertamente el asesinato del presidente Carrero, una cifra, a mi juicio, considerablemente mayor que la que se hubiera podido medir en su momento. Es más, en el estudio de El País aparece un contundente 45 por ciento de españoles actuales que hacen suya la conciliadora fórmula que ha sido durante decenios la panacea coloquial el moderantismo: que el franquismo tuvo “sus cosas buenas y sus cosas malas”. La alta estima en que se tiene hoy en día a un personaje como Fraga, en fin, debería servir a los partisanos de la memoria para cuestionar razonablemente sus proyectos. El tiempo no pasa en vano, no hay que darle vueltas, y a partir de cierto momento es obligado confiar la memoria a los historiadores solventes.
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Es más, sospecho que este trágala partisano puede acabar provocando el efecto contrario al buscado, a saber, la demostración de que la distancia favorece la mitificación de todo hecho histórico y con ello dificulta su visión imparcial. Seguro que esos datos que menciono no complacen ni poco ni mucho a quienes andan empeñados en tratar el pretérito como si fuera un presente, pero ahí están, y mucho me temo que otras decepciones y contratiempos acechen agazapados entre los pliegues de la propia memoria para dar el salto mortal cuando menos se piense. La apertura  partir de los años 90 de los archivos secretos soviéticos sobre la contienda fratricida, desde luego, lleva proporcionado más de un disgusto a los partidarios de la memoria parcial y más que va a proporcionarles a medida en que vayan siendo estudiados por revisionistas o anti-revisionistas. De momento, ni unos ni otros deberían perder de vista la realidad que reflejan los dos sondeos que utilizo, esos porcentajes de españoles lejanos cuando no ajenos (incluso por completo) a un pasado que creíamos cerrado para bien y para mal. Péguy decía que es difícil hacer historia antigua porque escasean las referencias pero  no menos que hacer historia moderna precisamente porque sobran. Esta batalla política que vivimos parece darle la razón a Péguy y hacerle un guiño al autor del ‘Génesis’ por el acierto con que supone petrificar en sal a la mujer de Lot.

UGT y los jueces

El secretario regional de la UGT ha descrito como “una situación absolutamente dantesca” lo que ocurre en las obras andaluzas: 120 trabajadores muertos en accidente sólo en lo que va de año. Pero Pastrana deja claro que la culpa no es de los “agentes sociales” que codisfrutan la “concertación social”, sino de los Inspectores de Trabajo que, a pesar del aumento de sus efectivos, siguen “sin hacer cumplir la legislación”. El resto, de perlas: las medidas adoptadas por la Junta y los sindicatos “está funcionando” (¡pues menos mal!) y son superiores a las del resto de Europa (que ya será menos), el empleo ha crecido una barbaridad y lo que falta, en definitiva, es “un mayor compromiso de los jueces” para evitar la impunidad de los infractores. ¡Que llamen al maestro armero! De lo que no hay noticias es de un solo accidente entre la bienpagada burocracia sindical.  

 

007 en la Dipu

Los cejudólogos se preguntan qué puede inquietar tanto al presidente de la Diputación para añadir al espectacular sistema de vigilancia perpetua de su despacho por videocámara un sofisticado sistema de sensores capaces de detectar el traspié de una hormiga. ¿Qué guardará en su caja fuerte este hombre, qué clase de pesadillas ensombrecerá sus sueños, tendrá motivos para unos temores tan agudos que por momentos adquieren tintes paranoicos? Ese tipo de medidas cuesta un riñón y parte del otro, de manera que, habida cuenta de su proverbial probidad, muy grave debe de ser lo que Cejudo teme que le descubran en sus gavetas o debajo de la alfombra cuando se gasta un Perú en evitarlo. No se recuerda un caso semejante de desasosiego y desconfianza desde los viejos caciques que lo fiaban todo a un buen manojo de llaves. Estos caciques nuevos no reparan en gasto y antes de correr el riesgo de que los echen por la puerta son capaces de echar la casa por la ventana. 

Leer y contar

Debo confesarles que la lectura simultánea de varios informes psicopedagógicos me tienen hecho un auténtico lío. Para empezar, en el de la Oficina Federal de Estadística (OFS) de Suiza me entero de que en ese curioso país unos ochocientos mil adultos son incapaces de leer y comprender un texto simple y, ya de paso, descubro que, según los psicotécnicos locales, los resultados de las hembras son inferiores a los de los machos en materia de cálculo (¡quién lo diría!) pero apenas si se distinguen a la hora de interpretar un texto sea cual fuere la índole de éste. Casi al mismo tiempo, el profesor Chic me pasa un artículo de una colega universitaria en el que se defiende, permítanme que entrecomille por no quitar ni poner, que “el chico tipo está un año y medio por detrás de la chica tipo en lectura y escritura”, aparte de que se halla menos comprometido en la vida colegial y tiene bastantes menos probabilidades de culminar estudios superiores. La autora no se ocupa de distinguir entre otras capacidades, pero señala de modo contundente que “los chicos tienen una forma de aprender y comportarse diferente a la de las niñas”, comprobación que la lleva a afirmar con indudable valor cívico, tal como están las cosas, que “los sexos no son iguales” (cosa que por mi parte, y no sé por qué, vengo sospechando desde que me apuntó el uso de razón) simplemente porque cada uno es “un archivo viviente de su propio pasado”. Frente a la estrategia homogeneizadora que comenzó por el “unisex”, nuestra audaz arbitrista propone sencillamente que dejemos ser a cada uno lo que le corresponde, de modo y manera que, una vez liberados de esta dictatorial tendencia pedagógica, ellos “reencuentren” su identidad y quedará reestablecido el orden natural de las cosas. Hay un único punto en el razonamiento en el que discrepo y es en la sugerencia de que la clave está en respetar la competitividad de esos jóvenes machos de los que el entrenador americano decía que para ellos “ganar no lo es todo, sino lo único”. Porque me gustaría hablar con la autora, largo y tendido, sobre competitividad femenina.
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No me convencen ni poco ni mucho esas hipótesis sexistas, y no me refiero a las muy razonables de la autora comentada. Me da que, al menos a estas alturas, habría de resultar bien difícil sostener conclusiones como las de la OFS y se me ocurre, en conclusión, que tal vez lo que ahora importa es asumir que hemos vivido un cambio histórico (yo insisto en ver en él el ‘borde’ del Neolítico) tras el cual las clásicas diferencias (¿o tópicos sobre la diferencia?) carecerían ya enteramente de sentido. Es más que verosímil que en una generación –la que nos separa de nuestros hijos–, en los países avanzados hemos pulverizado la clásica división “natural” de los sexos al menos en lo que concierne a la educación. Y más que posible que un nuevo sexismo no contribuya a mejorar el conjunto humano sino a degradarlo en alguna nueva forma de discriminación. Bromas o veras sobre la inferioridad de alguno de los sexos están hoy abocados al ridículo aunque quien viniera a formularlos fuera el mismísimo Schopenhauer con alguna de sus lamentables ‘boutades’. Seguir explotando ideas como la de la índole masculina de la competencia o la agresividad supone desconocer a fondo ciertas ferocidades femeninas que en absoluto desmerecen a los especímenes machos más acrisolados. Es más, dice esa mujer reflexiva que los intentos al uso dirigidos a eliminar la masculinidad de los jóvenes no conseguirán gran cosa pero puede que acaben abismándolos en una crisis de identidad. Verá la que puede caerle encima como siga por ese juicioso camino, sobre todo desde esa vasta legión que vive no del género del cuento sino del cuento del género. Qué lío tengo encima este verano, Dios. Menos mal que aún queda por ahí alguna sombra a la que arrimarse sin tener que palparse la bragueta.

El test del golf

Si hay un test infalible sobre el negocio urbanístico es el de la proliferación de esos campos de golf a los que la consejería de Obras Públicas de la Junta dice ahora que no piensa aplicar el decreto en el que ha estado trabajando ella misma, junto a Medio Ambiente y Turismo y Deporte. Una vieja polémica, por supuesto, pero también una evidencia: la de que esta carrera alocada hacia delante se compadece tan mal con la presunta voluntad de atajar la especulación urbanística como con la desdicha de la sequía que padecemos no sólo aquí sino en media Europa. La Junta debe aclarar por qué ha estado trabajado en una norma de control que consideraba imprescindible y por qué, de la noche a la mañana, ya no le parece necesaria. Porque repetimos que ese del golf es un test infalible para calibrar los propósitos junteros de combatir un abuso que con frecuencia escandalosa se convierte en pura corrupción.