Paso atrás

Parece ser, aunque ya veremos, que el arquitecto Vázquez Hierro renuncia a su ambición municipal y anunciará (ya veremos, insisto) que no se presenta a las próximas municipales por no haber logrado disponer de equipo de confianza. Bueno, pues debería estar contento y considerar el prefracasillo como un éxito, toda vez que él no era nadie sin la Mesa de la Ría y ésta dejaría de ser todo en cuanto pasara de institución propia de la ‘sociedad civil’ a enredarse en el laberinto de la vida política. Razonable paso atrás, si es que acaba dándolo, el de ese activista con pretensiones. Ahora sólo queda ver qué ascua hace por arrimar esa sardina y tendremos despejadas todas las incógnitas de tan prescindible problema. Los partidos de la Ría han hecho tonterías insignes pero no se chupan el dedo, claro está, y chupárselo sería apoyar un candidato que les iba a quitar votos a todos ellos para acabar –¿y dónde quieren que acabe un francotirador como ése?—en las afueras del PSOE pero con el postigo abierto.

Problema y solución

Bernard Henry-Lévi publicó la primavera pasada unas impresiones sacadas del viaje que acaba de hacer a los EEUU siguiendo deliberadamente las huellas de Tocqueville y en ellas ofreció una serie de interesantes claves de ésas que requieren para su formulación el doble requisito de la inteligencia y la experiencia. Dijo por ejemplo, que probablemente América –él sigue llamando a los EEUU América, como nuestros mayores y como los norteamericanos– sea, a estas alturas, el problema y la solución, el problema de un planeta amenazado por su pulsión imperialista y la gravedad de sus intereses, la solución que sólo es capaz de ofrecer el modelo de un sistema social que, bien mirado, es el sueño que esta parte de la Humanidad –la nuestra– viene persiguiendo desde Grecia. Washington no será nunca Roma, concluía BHL, pero que no se equivoque nadie porque esa gran nación no es un país inseguro de sí mismo sino un pueblo inquieto, “cautivo de cierto vértigo identitario”, un pueblo regido por una inquebrantable democracia y estructurado sobre la ley, contra el que poco podrán todos los aventurerismos juntos. ¿Los ‘neocoms’, la izquierda (¡otra ‘new left’, Dios mío y van tropecientas!), el mismísimo Bin Laden? El observador cree que América es un tren al que no hay quien pare y reserva para esos adversarios el papel de mosquitos enfrentados con sus aguijones al convoy. Mucho optimismo, me parece a mí, pero no se le puede negar al fino conservata su cuenta y razón. El antiamericanismo –muchos de nosotros llevamos en la solapa proclamas antiyanquis mientras duró Vietnam–, sobre todo en esta hora inquietante que vivimos, no debería olvidar con tanta facilidad lo del problema y la solución. Al fin y a al cabo, esos denostados “marines” salvaron ya dos veces a la vieja Europa (y a la “nueva”, sobre todo a la nueva, quizá). Y qué quieren que les diga, personalmente, por más esfuerzos que hago no puedo detestar a Bush más que a Hugo Chávez.

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El espléndido reportaje de BHL se llamaba “American Vertigo”, un título envidiable para una crónica actual sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y ponía especial énfasis en no sobredimensionar el mérito de críticas como las de Moore o Samuel Huntignton, inevitablemente aislacionistas. Pero estos mismos días, con motivo de la asonada contra el papa, hemos podido comprobar hasta qué extremo la estimativa “correcta” que está pervirtiendo la lógica antiimperialista en la comedia friqui de los “no alineados”, baja la guardia y pierde peso. ¿Qué hacía España de “observador” solitario entre esas decenas de autocracias, no pocas veces inhumanas, que parecen creer que vivimos aún una Edad Media terciada de 68? Con Chávez y Raúl Castro, ni a coger duros de plata, con Amadinayah, ni en broma. Es posible que la generación nueva se vea en la precisión de revisar el antiyanquismo heredado de papá –aquel “Yankee, go home!” de las solapas—y plantearse qué papel real le corresponde a la primera potencia mundial en un orden que en modo alguno debe ser siervo de sus intereses pero en el que, con toda evidencia, está llamada a jugar un papel decisivo. Permitan los dioses (esta temporada hay que andarse con cuidado con las imprecaciones, ya lo ven) que nunca vuelva a ser preciso desembarcar en Normandía o reconquistar Europa desde el Mediterráneo, pero ya de paso, permitan también que no resulte imprescindible que nos encaramemos a la almena, como el teniente de Buzatti, pendientes de vislumbrar en el horizonte la polvareda de los bárbaros. Porque si eso ocurriera ya me dirán qué podemos esperar de Chávez o de los hermanos Castro y de su senadillo ocasional. Y si es verdad que repugna la foto de un presidente con los pies encima de la mesita del rancho, también lo es que tira para atrás la de otro sentado al paso de una bandera. Hay pocas cosas peores que el anacronismo, y una de ellas es acabar como mosquitos estrellados contra un tren.

Democracia de hormigón

Desconcierta, escandaliza ofende al sentido democrático la mera crónica hercha con titulares: el “caso Camas” complica ya hasta a la policía, el PP pide al PSOE que factíe contra el alcalde de de Grazalema mientras varios imputados están el la cárcel, el alcalde de Bornujos es imputado por otro posible soborno, el de El Puerto aguada la decisión de la Justicia pero sobre sus sucesores caen nuevos cargos, en Chiclana, el de Punta Umbría requiere notarialmente a Chaves para que no utilice a los tránsfugas para arrebatarle urbanismo, en Almodóvar o en Alcalá de los Gazules quieren doblar el pueblo superponiéndole otro, en Carboneras el cemento de mete en el mar… Y Marbella. Asistimos a la tiranía de un capitalismo unidimensional que invierte poco pero especula mucho, con el respaldo de los partidos en el poder cuando no promovidos por ellos mismos. ¿I+D+I, decían los ‘modernizadores? Aquí no hay más que hormigón armado para una modernidad arrasadora y sin control. A Andalucía no la conoce ya ni la madre que la parió. La profecía guerrista se levanta solitaria en medio de este fracaso moral y político colectivo.

Leña al mono

El Ayuntamiento de Valverde, o mejor, su “pacto de progreso” PSOE-IU, ha descubierto la panacea contra la ‘movida’ muchos años después de que los vecinos desesperaran y las denuncias sobre el consumo de alcohol y otras drogas se acumularan en la papelera del alcalde Cejudo. Y dice el teniente de alcalde, Donaire, –el mismo que hace poco alambraba el pegujal de su mujer en La Corcha para que no pasara la romería de la Virgen local—que va a haber leña al mono porque a él “le suda los cojones”, con perdón, el voto de los jóvenes, habida cuenta de que tiene “su vida resuelta”. Toda una lección de doble miseria política –la de la inhibición y la del leñazo—que no debe extrañar en quien, por lo que él mismo dice, ha sabido resolver su vida en sólo una legislatura y de paso colocar aquí y allá a familiares, deudos y demás parientes y afectos. Grave lenguaje el de este progresismo de pacotilla que no va a cambiar el mundo pero que con tanta eficacia resuelve la vida a sus protagonistas. Pregunten en la propia IU valverdeña y verán lo que oyen. O mejor no pregunten y esperan a ver qué hacen con estos sudados los vecinos del insomnio y los jóvenes del botellón.

Parque jurásico

La primera idea que se me puesto por delante al enterarme del mutis de Ibarra ha sido la de que tal vez hubiera que clonar a Chaves para conservar en el refrigerador de la evolución la singularidad de su ADN. Como ese último dinosaurio que él dice que no es, Chaves representa el espécimen acabado de la tercera etapa del socialismo, es decir, la de ese “socialismo sensible” con que culmina, de momento, la deriva que Marx supo descubrir desde el “socialismo utópico” al “científico”, y que tiene ya menos que ver con el vuelco liberador de la sociedad  injusta que con una estrategia gradualista de tutela sentimental (“sensible”, diría Segolene Royal) de ciertos derechos minoritarios menospreciados hasta ahora por la imaginación política o el sentido común. Como Ibarra, el hombre que ha sido capaz de mantener durante un cuarto de siglo la ficción de una micromilitancia tan fantasial como es el guerrismo, Chaves es el superviviente de una especie en extinción irremediablemente liquidada por el meteoro generacional que ha borrado de la faz del planeta político a sus viejos pobladores, a los que ha logrado enviar al limbo estratográfico para que se avellanen y fosilicen en ese futuro calcáreo que es el olvido perfecto. Verán qué poco tiempo pasa, aunque cueste creerlo, antes de que el personal se olvide de Ibarra y lo resitúe en el pudridero en que se deshace la memoria aparentemente pétrea de la fama, como estamos viendo al espectro de González encarnar desesperadamente, lo mismo en México que en Irán, para chupar cámara o al ectoplasma de Guerra refugiarse en el formol del oportunismo ejerciendo de maestro de ceremonias de la Nada parlamentaria. Habría que clonar a Chaves, ya digo, antes de que él también acabe sepultado por el cataclismo del tiempo y nos quedemos sin la muestra. Que no ocurra con estos diplodocus como con esos saurios primordiales que acabaron esqueletizados en el museo, sujetos a la conjetura del paleontólogo que sabe Dios qué perfil acabará dándole al suyo genuino. Y ojo, porque nos será seguramente el darwinismo partidista de ZP, tan pragmático y ahistoricista, el que dé facilidades.
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Claro que además de escudriñar el registro fósil bueno será también, en su día, echarle una mirada al páramo donde esos saurios vivieron logrando mantenerlo durante tantas décadas descolgado de su entorno. Ibarra, sin ir más lejos, se va como quien entra triunfador en Roma por la Vía Apia cuando, en realidad, deja a Extremadura donde mismo la encontró al llegar, coleando, en dura competición con Andalucía, en el ominoso ránking compuesto por los más diversos indicadores económicos y sociales. Y viceversa, Chaves se queda a pesar de que Andalucía –que ha cambiado como todo en el mundo en este periodo, desde Kansas a Zimbawe—tampoco se ha despegado lo más mínimo de su puesto trasero. Podría decirse que al implacable zapaterismo que se ha cobrado ya las cabezas de todos los bautistas en cuyo Jordán fue legitimado, no le faltan buenas razones para deshacerse de estas rémoras astrales que, en tan poco tiempo, han desmontado la utopía secular de los colectivistas y echado por tierra el imprescindible paripé smithiano del Estado de Derecho. Podría o no podría, que ésa es otra, porque ya veremos qué dice el futuro de estos sentimentales que han sustituido la colectivización por la familia monoparental tras reabrir en vivo la cicatriz del cainismo setenta años después. Hay que clonar a Chaves –para algo está en su corte Bernat Soria—e ir pensando en un museo de la memoria histórica con sitio bastante para en su día exhibir también en él la momia de estos verdugos junto a las de sus víctima, fabulosos esqueletos construidos a partir de un huesecillo para instrucción de legos y divertimento de escolares. Con tal de que Andalucía salga alguna vez de la cola de España, francamente, cualquier cosa.

Casco y arnés

Es lamentable ver cómo continúa y progresa a ojos vista la siniestralidad laboral, cómo se llega a registrar una muerte de trabajador cada dos días, mientras la autoridad no parece despertar ante tan grave situación para reaccionar en consecuencia. La patronal se dejó caer una vez con la grave insidia (silenciada por los sindicatos) de que esas tragedias podían tener mucho que ver con el consumo de alcohol y lo que no es alcohol por parte de las víctimas y los trabajadores en general, y el propio consejero de Empleo acaba de sugerir que esas muertes se deben probablemente a la babélica realidad provocada por la confusión idiomática que provocan los inmigrantes. Ante ese montón de cadáveres la verdad es que argumentos semejantes no dejan de ser irresponsables recursos para justificar lo que, sin duda, es consecuencia del exponencial crecimiento de la construcción pero también de la lenidad con que se ejerce el control de la seguridad por parte del poder. 140 muertos en ocho meses son muchos muertos. Demasiados para soportar que los grandes responsables del trabajo escurran el bulto culpabilizando a las víctimas.