Polícias politizados

No es nueva la utilización de la Policía Municipal contra el alcalde legítimo, que es ni más ni menos que su jefe, no se olvide. En los primeros tiempos de la democracia ya era manejada esa fuerza para que le montara el pollo diario (en plena campaña si mal no recuerdo) al primer alcalde elegido en las urnas, es decir, a Marín Rite, de manera que ya podemos ir haciéndonos una idea de lo que serán capaces de montarle al Superalcalde. Es triste y lamentable el papelón que está haciendo UGT, pongamos por caso en Diputación, más cerca del mando que de los trabajadores, e impropio de un sindicato que se convierta, no ya en correa de transmisión, sino en rueda del engranaje del partido, en este caso, del PSOE, para contribuir a la campaña sin el menor escrúpulo. Claro que no vamos a extrañarnos de ello tras haber vivido el escándalo de ver a plantillas prácticamente enteras de policías municipales rebajarse por depresión con el apoyo sindical sólo para perjudicar al rival político. Pero si hasta la policía hace suyo ya el “todo vale” ya me dirán qué juego limpio cabe esperar en esta democracia trampeada. 

Bucos y Tópicos

En un valeroso e iluminador artículo acaba de decir André Glucksmann que, frente al “gran desafío del siglo XX”, el presidente Bush se ha convertido en “el perfecto chivo expiatorio”. También ha valorado el hecho de que el antiamericanismo crece en los EEUU o en Europa a la par que la opinión beligerante: más de la mitad de los ciudadanos de ambos países apoyan una intervención armada en Irán en el caso de que fallen las negociaciones actualmente en curso para evitar que el país de los ayatollás se convierta en potencia atómica. Junto a la insistente propaganda del pacifismo islamista, y en plena discusión sobre la retirada de cartel del “Idomeneo” de Mozart, el profesor francés Robert Redeker ha debido refugiarse en la clandestinidad bajo la presión de las amenazas recibidas por sus críticas a la violencia explícita del islam, con el consiguiente escándalo de una sociedad que no entiende por qué ha de doblegarse toda una civilización ante las exigencias dogmáticas de otra. También Antonio Elorza acaba de insistir en la falsedad que supone insistir en que la ‘yihad’ no es un mandato de guerra si no es en la perspectiva “pervertida” de los fundamentalistas, puesto que lo que dice el Corán o los hadices está ahí y puede leerlo cualquiera. Algunos bucos y muchos tópicos. En Internet encuentro la opinión de un físico islámico, el catedrático Haim Harari, director de un importante Instituto de investigación, proponiendo la tesis de que el problema terrorista internacional es propiamente una “tercera guerra mundial no declarada”, tanto por su alcance territorial como por sus eventuales efectos, una guerra camicace y, en consecuencia, imprevisible, en la que, curiosamente, jamás se ha inmolado un imán, un político o un potentado. Ya está bien de repetir lo de la pobreza como causa del fanatismo suicida: ahí está el África hambrienta arrastrándose ante nuestros fielatos pero sin tirar del cinturón-bomba. Algo se mueve en la crítica fuera de sospecha, como puede verse. La pobre Oriana no era la única arbitrista ante este conflicto de todos.

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Tópicos, demasiados. El de que Israel es la causa y origen de todo, para empezar. ¿De todo? ¿También del apocalipsis de la guerra irano-irakí, también de las matanzas argelinas de mujeres y niños, de la invasión imperialista de Kuwait o el gaseamiento de los kurdos por Sadam Husein,  de la matanza egipcia en Yemen, de la actual tragedia de Sudán, de la masacre libia de El Hamma, de la tiranía de los talibán, del secuestro terrorista de El Líbano? ¿No se desgarran entre sí los islámicos lo mismo en Marruecos que en Bali, igual en Pakistán que en Indonesia o Bagdad? ¿Qué parte tendría Israel, qué parte los EEUU, en semejante locura cuyo denominador común y público es la inquisición religiosa en manos de extremistas y de elites beneficiadas? La prensa alemana llama a una exhibición callejera de niños disfrazados de suicidas “manifestación por la paz de Irak” y ZP titula “resistentes” a los terrorista de Hizbulá: ése es el poder mistificador de las palabras. La tesis de Glucksmann es que Bush no ha inventado el peligro planetario de un  terrorismo que estaba ahí antes de que él llegara y seguirá estando cuando, felizmente, se acabe de ir, como lo prueba la sangría universal que va desde Serbia a Costa de Marfil, desde los decapitadotes liberianos a los machetero hutus que colectaron un millón de cabezas tutsis, pasando por los infiernos de Grozni o Darfur. ¿Tendrá Occidente que pasar a plantear su ofensiva para detener la la otra, o deberá sobrevivir enredado en antropologías de tres al cuarto y sociologías de andar por casa? Apenas hay una potencia –casi ni un país—de este lado de la tragedia que no tenga su alícuota de culpa en la ordalía. Empezar por echar abajo los tópicos en que malamente se sostiene tanta infame mentira no deja de ser un buen comienzo.

Pelillos a la mar

El presidente Chaves acompañará hoy al ministro de Exteriores al Campo de Gibraltar para escenificar la puesta en escena de los acuerdos tomados recientemente sobre Gibraltar por las bravas y sin previo aviso. Los recibirán, sin duda, un buen puñado de pensionistas españoles que en su día trabajaron en el Peñón –todo por el voto—y es justo que así sea, pero a cambio será un gesto más entrega a la reivindicación gibraltareña que, incluso obviando sus insalvables aspectos históricos y jurídicos, suponen hoy por hoy un evidente factor de riesgo para la vida social y económica española en la medida en que ese territorio colonizado es ante todo la mayor sede de la economía negra al alcance de los españoles. El cambio de estrategia del PSOE (aún en tiempos de González se consideraba innegociable la soberanía) puede que no despierte hoy los ecos del pasado pero no cabe duda de que consolidar ese fortín negociante y paraíso fiscal constituye una irresponsabilidad de que sólo el tiempo permitirá comprobar el alcance.

Calumnia, que algo queda

Menos mal que alguien –el alcalde de Punta Umbría en esta ocasión—se va al Juzgado con las calumnias de un insensato y exige responsabilidades en esta especie de póker subastado en el que pueden jugar ya hasta los mirones. Tratar de implicar a ese alcalde con un imputado del “caso Malaya” y con lo más granado de esa ‘troupe’, sugiriendo a las claras su connivencia con los supuestos designios especuladores del empresario que compró la isla de Saltés, no sólo demuestra que le acusador no sabe de qué está hablando –cualquiera medio orientado tiene mimbres de sobra para armar el canasto de la intención política de ‘Sandokán’ al meterse en esa compra—sino que supone un grado de malicia y desprecio a los derechos ajenos merecedores de un castigo ejemplar. O se corta en seco esta deriva de la calumnia y la injuria políticas o nadie puede asegurar que cualquier día no nos levantemos con el sombrajo encima. Ese portavoz de Los Verdes es un temerario que degrada su opción política. Verlo de candidato a la alcaldía de la capital es ya suficiente oprobio.

Cabezas cortadas

La retirada de cartel de la ópera de Mozart sobre “Idomeneo”, el que desafió a los dioses, continúa suscitando una viva controversia aunque parece imponerse, al menos en el “viejo Occidente”, una cierta unanimidad sobre la improcedencia de la medida. Nadie discute que el miedo es libre y, en consecuencia, habrá quien entienda la actitud de una responsable de programación que se asusta ante la eventual y previsible respuesta del integrismo a una crítica radical que constituye, por otra parte, qué duda cabe, un cuestionable desafío en la medida en que todos sabemos que la exhibición estética, el teatro como espectáculo, no se agota en el espectáculo sino que conlleva normalmente un proyecto de influenciación. En Grecia lo que se hizo en los escenarios fue repensar en términos demóticos el viejo mitologema y, en consecuencia inevitable, los más firmes y convencionales fundamentos del orden social. ¿Y que es el teatro isabelino o el español del Siglo de Oro sino elaborados montajes ideológicos de apoyo o crítica al sistema social y a sus instituciones? La represión de que el teatro fue objeto en España duró siglos, sin duda porque, como señalara en su día el maestro Maravall, no debe verse en sus representaciones banales entretenimientos sino un estudiado instrumento ideológico de apoyo a la monarquía señorial-feudal y, de paso, a la moral tradicional mantenida por la Iglesia. Pero la transgresión es muy anterior a estas inquisiciones, incluyendo el caso griego, como prueba la tradición de esa dramaturgia rebelde que, a lo largo de la Edad Media, hace de contrapunto al teatro integrado, tantas veces sacro. Los cómicos son gente peligrosa: eso no lo duda ningún corregidor durante siglos. El poder efectivo comprendió en todo momento que la farsa –trágica o cómica—no es, en definitiva, más que propaganda a favor o en contra de alguien o de algo. La burguesía alegre y confiada que aplaudía a rabiar los estrenos de Benavente –el creador de un público ‘moderno’ en España—no supo, como tal vez no lo supiera el propio autor, que sus emociones, gratas o desapacibles, iban destinadas, en última pero fundamental instancia, a consolidar, a apuntalar, subliminalmente o a las claras, eso que los funcionalistas llaman el “Social Sistem”. Benavente o Dicenta, da igual: el teatro es un asador que arrima sin remedio el ascua a su sardina.

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 Es en ese sentido como cobra valor el progreso de la libertad del espectáculo en el amplio ámbito en que, desde el Renacimiento, se va cociendo la Ilustración, y es desde la perspectiva de esa “modernidad” ya tan acrisolada desde donde se decide la irrenunciable autonomía del arte como condición de cualquier sociedad libre. Lo mismo en el teatro que la literatura –¿quién frenaría desde Sade a Pierre Louys, desde Restif a Henri Miller?–, pos supuesto, e incluso en las artes plásticas. Antes y por encima del debate sobre la oportunidad de la grotesca exhibición de la obra prohibida está la convención irrenunciable de una libertad de expresión que nadie puede prohibir desde fuera de nuestro propio sistema, en especial teniendo en cuenta que en el suyo las libertades y hasta los derechos han de adaptarse al corsé de un dogmatismo absolutamente ajeno a la razón. Llevan razón quienes se rasgan las vestiduras en nombre de Occidente ante la defección de la Ópera berlinesa en la que ven una peligrosa derrota de la cultura occidental y un absurdo éxito de la intolerancia fundamentalista. Justo porque no se trata de una anécdota sino de un pulso decisivo tras el cual queda en evidencia el control y la censura de hecho que una religión extremista han logrado con su propaganda de terror. A ver, que salgan para iluminarnos los defensores del “diálogo de civilizaciones” y nos digan por qué hemos de resignarnos a la nueva inquisición, o cómo podríamos hacerlo sin dejar de ser quienes somos.

‘Alma mater’

Hasta dos horas antes de celebrarse la inauguración del curso –birretes, togas y chaqués e impolutas pajaritas—ha jugado absurdamente la Junta de Andalucía con la fórmula de su financiación, ese viejo caballo de batalla, ‘Rocinante’ más que ‘Babieca’, que trae desde hace decenios a los rectores arrastrando el ala y al cobrador del frac de universidad en universidad. No es extraño que el “alma mater” vaya mal, que su índice de fracaso sea alto, que su nivel descienda año tras año, que sus matrículas decrezcan o que sus cacareados éxitos investigadores no resistan las evaluaciones razonables ni las comparaciones pertinentes, porque no hay institución que pueda vivir y desarrollarse esperando hasta dos horas antes de echar a andar a que el poder político tenga a bien cederle la calderilla. La universidad, cada día más reducida a dilatorio de parados jóvenes y factoría de títulos, no interesa ni poco ni mucho a una clase política gran parte de la cual ni la ha pisado en su vida.