La cruz fraterna

A Ségolène Royal, la candidata francesa del PSF, le ha estallado en el armario la historia de sus dos hermanos, el terrorista a sueldo de Mitterand (el que puso la bomba que hundió al barco ecologista “Rainbow Warrior”) y el chivato que le fue con el cuento a la prensa. Una buena noticia para sus oponentes, que no son sólo los rivales conservatas sino, y muy principalmente, como suele suceder, sus propios conmilitones.  El papel del hermano, como rémora o como sosia, es con frecuencia decisivo en política. A Bush le gana las elecciones en sus chiringuito de Florida ese hermano ilota que ubicaba a España por el Caribe pero que nadie se atreve a descartar como posible sucesor. A Castro le ha sucedido en vida su hermano Raúl, el eterno hombre en la sombra, que incluso anda deslizando tardíos globos-sondas de liberalización. Franco mismo tuvo dos hermanos que lo trajeron de coronilla, Nicolás, al que confinó diplomáticamente en Lisboa para que se enriqueciese a buen recaudo, y Pilar, que dicen que inventó le papel de “conseguidora” y que traficaba con solares en Madrid mucho antes de que la especulación urbanística estuviera de moda, sin contar con que doña Carmen aportó la suya a la familia política para hacer de Serrano Súñer un cuñadísimo a imagen y semejanza del conde Ciano. Lula el metalúrgico tiene por lo menos dos hermanos respondones, uno, obrerísimo y distanciado del líder, que se llama Jackson Inácio, y que apuesta por la complicidad del Presidente, convencido de lo inverosímil que resulta la teoría de su inocencia en las corrupciones, y otro, Genival, capo convicto del tráfico de influencia en el marco de esa “sociedad podrida” (la expresión es del propio Lula) que acaba de castigarlo por sorpresa y duramente en los comicios. Hasta Maragall tiene su hermano discutido apalancado en el gobierno “Tripartito” y si no lo ha elevado a las alturas es porque no lo han dejado. O doña Leticia, a cuya hermana Erika llaman ya la “hermanísima”, seguro que sin pensar en Serrano, los alcahuetes de la prensa rosada. Un hermano le costó a Guerra, se diga lo que se diga, su futuro político por hacer bastante menos, seguramente, de lo que han hecho otros consanguíneos dentro y fuera de los despachos. Quien no tiene un hermano en política no es nadie, aunque sea para mal.
                                                          

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Por eso mismo no me suliveya más de lo preciso el “caso Chaves” y su montaje familiar. Comprendo que nombrar a un hermano alto cargo en el propio gobiernillo no deja de comportar sus riesgos, sobre todo si éste, por su parte, no ve inconveniente en contratar desde la Administración con otro hermano o, incluso, en adjudicar obras dirigidas por su propio hijo, pero, hombre, ya me dirán qué quieren que les diga, con la que nos ha caído encima y sigue cayendo. Ahí tienen a los hermanos Ollero, tan panchos bajo el paraguas cubrelotodo del garantismo democrático, y hasta reclamando que le sea devuelto al conseguidor el maletín del cohecho que le pilló en el maletero la policía, que no es tonta. O al cuñado de González y sus hijos, una saga que se remonta al trapicheo del “caso Doñana”, todavía troglodita si se compara con la actual ingeniería financiera. Hasta un asteroide insignificante como el que dirige la Diputación de Cádiz, apuntalado hasta antier por socios condenados por prevaricación, tiene su hermano metido en fandangos judiciales y encima protesta como una hidra cuando se le mienta la bicha. Sería una barrabasada que a esa candidata ‘fashion’ que es Ségolène se le vinieran abajo las perspectivas electorales por un hermanazo ocurrido, por lo demás, hace la tira de años y cuando el patrón, Mitterand, hace tanto tiempo que no se escapa con sus novias a comerse la ‘choucroute’ en ‘Lipp’ antes del postre prohibido. Es más, Chaves se ha enterado por la prensa, vamos, por El Mundo, de lo de su parentela. Seguro que Ségolène le cambiaba su caso mano a mano y encantada de la vida.

La mamela sindical

No sé si el lector estará siguiendo las divertidas (aunque dramáticas) confesiones que en estas páginas viene haciendo el ‘Profesor Cuyami’, pero si por casualidad ha leído la de ayer sobre el procedimiento que los enseñantes tienen para ganar puntos en las oposiciones a base de soltarle pasta a los sindicatos que imparten cursos de capacitación e incluso afiliarse a ellos buscando una rebaja en la tarifa, me lo imagino perplejo y confuso. Esa denuncia de que tales cursos no son más que un sacaperras y un afiliadero constituye un de los cargos más serios que se le han hecho no sólo a los síndicos sino al propio sistema de “concertación social” en el que Chaves tiene puestas, y con razón, todas sus complacencias. Alguien debería tomar esa información y llevarla donde proceda para que los eventuales implicados carguen con el peso de sus trapacerías. Los sindicatos se están convirtiendo en una máquina exactora cada día con más dinero pero con menor papel real en la sociedad. Ambas cosas, el disparate denunciado y esta triste realidad, deberían forzar un debate a fondo y, en su caso, una enérgica reacción. 

Polícias politizados

No es nueva la utilización de la Policía Municipal contra el alcalde legítimo, que es ni más ni menos que su jefe, no se olvide. En los primeros tiempos de la democracia ya era manejada esa fuerza para que le montara el pollo diario (en plena campaña si mal no recuerdo) al primer alcalde elegido en las urnas, es decir, a Marín Rite, de manera que ya podemos ir haciéndonos una idea de lo que serán capaces de montarle al Superalcalde. Es triste y lamentable el papelón que está haciendo UGT, pongamos por caso en Diputación, más cerca del mando que de los trabajadores, e impropio de un sindicato que se convierta, no ya en correa de transmisión, sino en rueda del engranaje del partido, en este caso, del PSOE, para contribuir a la campaña sin el menor escrúpulo. Claro que no vamos a extrañarnos de ello tras haber vivido el escándalo de ver a plantillas prácticamente enteras de policías municipales rebajarse por depresión con el apoyo sindical sólo para perjudicar al rival político. Pero si hasta la policía hace suyo ya el “todo vale” ya me dirán qué juego limpio cabe esperar en esta democracia trampeada. 

Bucos y Tópicos

En un valeroso e iluminador artículo acaba de decir André Glucksmann que, frente al “gran desafío del siglo XX”, el presidente Bush se ha convertido en “el perfecto chivo expiatorio”. También ha valorado el hecho de que el antiamericanismo crece en los EEUU o en Europa a la par que la opinión beligerante: más de la mitad de los ciudadanos de ambos países apoyan una intervención armada en Irán en el caso de que fallen las negociaciones actualmente en curso para evitar que el país de los ayatollás se convierta en potencia atómica. Junto a la insistente propaganda del pacifismo islamista, y en plena discusión sobre la retirada de cartel del “Idomeneo” de Mozart, el profesor francés Robert Redeker ha debido refugiarse en la clandestinidad bajo la presión de las amenazas recibidas por sus críticas a la violencia explícita del islam, con el consiguiente escándalo de una sociedad que no entiende por qué ha de doblegarse toda una civilización ante las exigencias dogmáticas de otra. También Antonio Elorza acaba de insistir en la falsedad que supone insistir en que la ‘yihad’ no es un mandato de guerra si no es en la perspectiva “pervertida” de los fundamentalistas, puesto que lo que dice el Corán o los hadices está ahí y puede leerlo cualquiera. Algunos bucos y muchos tópicos. En Internet encuentro la opinión de un físico islámico, el catedrático Haim Harari, director de un importante Instituto de investigación, proponiendo la tesis de que el problema terrorista internacional es propiamente una “tercera guerra mundial no declarada”, tanto por su alcance territorial como por sus eventuales efectos, una guerra camicace y, en consecuencia, imprevisible, en la que, curiosamente, jamás se ha inmolado un imán, un político o un potentado. Ya está bien de repetir lo de la pobreza como causa del fanatismo suicida: ahí está el África hambrienta arrastrándose ante nuestros fielatos pero sin tirar del cinturón-bomba. Algo se mueve en la crítica fuera de sospecha, como puede verse. La pobre Oriana no era la única arbitrista ante este conflicto de todos.

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Tópicos, demasiados. El de que Israel es la causa y origen de todo, para empezar. ¿De todo? ¿También del apocalipsis de la guerra irano-irakí, también de las matanzas argelinas de mujeres y niños, de la invasión imperialista de Kuwait o el gaseamiento de los kurdos por Sadam Husein,  de la matanza egipcia en Yemen, de la actual tragedia de Sudán, de la masacre libia de El Hamma, de la tiranía de los talibán, del secuestro terrorista de El Líbano? ¿No se desgarran entre sí los islámicos lo mismo en Marruecos que en Bali, igual en Pakistán que en Indonesia o Bagdad? ¿Qué parte tendría Israel, qué parte los EEUU, en semejante locura cuyo denominador común y público es la inquisición religiosa en manos de extremistas y de elites beneficiadas? La prensa alemana llama a una exhibición callejera de niños disfrazados de suicidas “manifestación por la paz de Irak” y ZP titula “resistentes” a los terrorista de Hizbulá: ése es el poder mistificador de las palabras. La tesis de Glucksmann es que Bush no ha inventado el peligro planetario de un  terrorismo que estaba ahí antes de que él llegara y seguirá estando cuando, felizmente, se acabe de ir, como lo prueba la sangría universal que va desde Serbia a Costa de Marfil, desde los decapitadotes liberianos a los machetero hutus que colectaron un millón de cabezas tutsis, pasando por los infiernos de Grozni o Darfur. ¿Tendrá Occidente que pasar a plantear su ofensiva para detener la la otra, o deberá sobrevivir enredado en antropologías de tres al cuarto y sociologías de andar por casa? Apenas hay una potencia –casi ni un país—de este lado de la tragedia que no tenga su alícuota de culpa en la ordalía. Empezar por echar abajo los tópicos en que malamente se sostiene tanta infame mentira no deja de ser un buen comienzo.

Pelillos a la mar

El presidente Chaves acompañará hoy al ministro de Exteriores al Campo de Gibraltar para escenificar la puesta en escena de los acuerdos tomados recientemente sobre Gibraltar por las bravas y sin previo aviso. Los recibirán, sin duda, un buen puñado de pensionistas españoles que en su día trabajaron en el Peñón –todo por el voto—y es justo que así sea, pero a cambio será un gesto más entrega a la reivindicación gibraltareña que, incluso obviando sus insalvables aspectos históricos y jurídicos, suponen hoy por hoy un evidente factor de riesgo para la vida social y económica española en la medida en que ese territorio colonizado es ante todo la mayor sede de la economía negra al alcance de los españoles. El cambio de estrategia del PSOE (aún en tiempos de González se consideraba innegociable la soberanía) puede que no despierte hoy los ecos del pasado pero no cabe duda de que consolidar ese fortín negociante y paraíso fiscal constituye una irresponsabilidad de que sólo el tiempo permitirá comprobar el alcance.

Calumnia, que algo queda

Menos mal que alguien –el alcalde de Punta Umbría en esta ocasión—se va al Juzgado con las calumnias de un insensato y exige responsabilidades en esta especie de póker subastado en el que pueden jugar ya hasta los mirones. Tratar de implicar a ese alcalde con un imputado del “caso Malaya” y con lo más granado de esa ‘troupe’, sugiriendo a las claras su connivencia con los supuestos designios especuladores del empresario que compró la isla de Saltés, no sólo demuestra que le acusador no sabe de qué está hablando –cualquiera medio orientado tiene mimbres de sobra para armar el canasto de la intención política de ‘Sandokán’ al meterse en esa compra—sino que supone un grado de malicia y desprecio a los derechos ajenos merecedores de un castigo ejemplar. O se corta en seco esta deriva de la calumnia y la injuria políticas o nadie puede asegurar que cualquier día no nos levantemos con el sombrajo encima. Ese portavoz de Los Verdes es un temerario que degrada su opción política. Verlo de candidato a la alcaldía de la capital es ya suficiente oprobio.