‘Alma mater’

Hasta dos horas antes de celebrarse la inauguración del curso –birretes, togas y chaqués e impolutas pajaritas—ha jugado absurdamente la Junta de Andalucía con la fórmula de su financiación, ese viejo caballo de batalla, ‘Rocinante’ más que ‘Babieca’, que trae desde hace decenios a los rectores arrastrando el ala y al cobrador del frac de universidad en universidad. No es extraño que el “alma mater” vaya mal, que su índice de fracaso sea alto, que su nivel descienda año tras año, que sus matrículas decrezcan o que sus cacareados éxitos investigadores no resistan las evaluaciones razonables ni las comparaciones pertinentes, porque no hay institución que pueda vivir y desarrollarse esperando hasta dos horas antes de echar a andar a que el poder político tenga a bien cederle la calderilla. La universidad, cada día más reducida a dilatorio de parados jóvenes y factoría de títulos, no interesa ni poco ni mucho a una clase política gran parte de la cual ni la ha pisado en su vida. 

Uno por libre

Los “socialtraidores” de toda la vida han pronunciado el adjetivo “comunista” como quien escupe por el colmillo. Que es como lo hace ese francotirador de la “izquierda profesional” que es el síndico ugetista Luciano Gómez, torre y alfil de la mesa-camilla de su partido contra el Superalcalde antes que sindicalista verdadero. Su ocurrencia de 

descalificar al Ayuntamiento en pleno, incluidos sus mandantes del PSOE, por haber reclamado el canon compensatorio al Polo Químico descubre finalmente que este hombre no está por la labor de morder la mano que le da de comer, ni en el tajo (que no pisa) ni en el partido (al que obedece). Y encima pide, el tío, que en caso de acuerdo, la compensación se destine a los trabajadores del Polo, como si los demás ciudadanos no fueran quienes han soportado el coste ambiental justo para que ese empleo fuera posible. Escupirle a IU eso de “comunistas” ha sido el remate de este ganapán de la política disfrazado de sindicalista. 

Elefantes y doncellas

No tengo yo nada claro que la batalla por la igualdad entre los sexos haya concluido con el invento de la paridad. Incluso se están haciendo tonterías en este terreno que, a mi modesto entender, más perjudican que benefician a la causa femenina, como cierta insólita providencia de la universidad andaluza consistente en asignar más dinero en los presupuestos a las universidades que más mujeres tengan en sus nóminas, como si Eloísa pintara más que Abelardo. Claro que por ahí fuera tampoco está clara la cosa. La propia Cherie Blair, la católica esposa del “premier” británico, ha tenido que enfundársela a toda prisa tras desahogarse descalificando como mentiroso al contrincante y sucesor de su marido que había afirmado respecto a éste una lealtad a todas luces falsa. Y en Francia está teniendo lugar una estampida de elefantes frente al desafío de la doncella Ségolêne que lo más probable es que acabe encumbrando a Sarkozi. Ahí lo tienen: lo que no lograron los cismas ideológicos y las luchas intestinas lo va a conseguir la reacción de los machos alertados por la feromona del éxito de esa doncella que va de Juana de Arco con los pronósticos no poco favorables. No tragan los viejos elefantes, se resisten los cocodrilos del “aparato”, cerrando filas frente a un enemigo común que, con evidente acierto, han comprendido que la clave no es Ségolène sino el sexo o, para decirlo desde la corrección política, que no es la doncella sino el “género”. No sé si incluir al propio marido de la candidata, François Hollande, pero desde Fabius a Jospin, desde un tipo tan “in” como Jack Lang hasta un peso pesado como Strauss-Kahn, lo cierto es que han cerrado un frente contra la dama pretendienta que no se lo salta un galgo ni presumiblemente una galga. La lucha por la igualdad ha sido una reivindicación de las mujeres utilizada sagazmente por muchos hombres, pero una cosa es la lucha y otra la victoria.
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Volviendo a nuestros lares, o me he enterado mal o parece que la paridad dichosa que habría conseguido igualar la estadística del reparto de cargos no ha logrado, sin embargo, distribuir paritariamente las funciones del poder. Pero lo que más me interesa en esta historia verdadera es la falsía que gastan los elefantes y han gastado siempre en esa lucha por el poder los grandes machos de la manada, una falsía que me inspira la sospecha de que si alguna vez alguna hembra bragada se hace con el mando supremo no será precisamente por el concurso de aquellos, sino muy a su pesar. En el caso Ségolène lo ha dejado bien claro un tipo tan acreditado como Henri Emmanueli al proponer como solución de la “crisis” que sea el marido (Hollande) el que corte el nudo gordiano de un tajo asumiendo él mismo la candidatura, que es como decir en voz alta que uno estaría dispuesto a resignarse con la derrota a manos de un varón pero no a tragarse así como así la victoria de una hembra. No es fácil superar una cultura en la que talentazos como Dante, Maquievelo, Nietzsche, Faulkner o Pavese dijeron lo que dijeron de la mujer y se quedaron tan tranquilos. Nada menos que Eurípides aconsejaba al varón no creer a la mujer aunque dijera la verdad y recuerdo haberle leído a Taine que dar a una mujer, no ya poder, sino simplemente ilustración y capacidad de entendimiento, vendría a ser como ponerle a un niño un cuchillo en la mano. ¿Por qué vamos a esperar que estos elefantes hodiernos, ni en Francia ni en ninguna parte, salten sin pértiga sobre lo más granado de nuestra cultura, cómo esperar que de la noche a la mañana el androceo acepte una igualdad que lleva siglos caricaturizando? Incluso en la dormidera caballeresca la mujer no tuvo, en realidad, junto al héroe, más que un papel secundario y especular. Pedirle a esos gorilas que hagan por Ségoléne lo que no hizo ni Tristán por Isolda no deja de ser una ingenuidad.

Letra muerta

Los pactos contra el transfuguismo han sido siempre letra muerta y seguirán siéndolo mientras nuestro sistema de autogobierno no supere la miseria de la partitocracia. El firmado hace nada y menos por los partidos en el Congreso, bajo la presidencia del ministro de Administraciones Públicas, se ha demostrado papel mojado a la primera de cambio, o sea, el jueves en un Ayuntamiento de Punta Umbría en el que el PSOE ha aceptado la colaboración de dos tránsfugas para arrebatar al gobierno municipal legítimo del PP lo que de verdad interesa: las competencias urbanísticas. En uno de cada cinco pueblos onubenses ha anunciado ya el PSOE que contará con los fugados de esta legislatura… siempre que hayan huido del bando contrario, no del propio. La comedia del antitransfuguismo queda desvelada y la conclusión de que no hay tránsfugas espontáneos sino vendidos se confirma una vez más en la práctica. Chaves, al permitir actos como el del jueves, desenmascara a su propio partido y descubre la ignominia del negocio de los fugados. Hay mucho dinero en juego en los Ayuntamientos. Fíjense ustedes que en el Parlamento casi han desparecido las espantadas. Por algo será. 

Un proyecto histórico

Aunque de momento no sea más que un proyecto para un futuro acuerdo, la unánime reclamación del Ayuntamiento de la capital al Polo Químico de compensar a la ciudad con una parte mínima de sus beneficios –el 0’5 por ciento, equivalente hoy a unos 17 millones de euros– supone un importante paso adelante que tal vez debió darse hace mucho tiempo. La misma unanimidad en torno a la propuesta de IU es encomiable y echa por tierra la despreciable postura obstruccionista, largamente mantenida en nuestro consistorio, que viene a resumirse en la idea de que toda propuesta del rival es mala. Ahora hay que activar el trámite, no dejar que se duerma el compromiso, negociar con responsabilidad y firmeza frente a las lógicas resistencias empresariales. Huelva ha recibido mucho del Polo, pero también le ha dado. Es hora de pasar de las palabras a los hechos y de ver el modo de cuadrar el círculo vicioso trazado por el viejo diálogo de sordos entre la ciudad y su industria. Todos los partidos ganaron el jueves en el Pleno. Quizá algún día se acabe comprendiendo que el Polo también ganó. 

Los amos del mundo

Me divierte mucho, no lo puedo negar, escuchar a las minervas neoliberales predicar desde el púlpito tertuliano el evangelio de una verdad antaño predicada por el marxismo: la de que, en realidad, quien manda en una sociedad no es el Estado sino el Capital. La antigua tesis de Marx, desmenuzada e ilustrada por Lenin como se sabe, sostenía que, por debajo de las apariencias, donde verdaderamente reside el poder no es en las manos del político sino en las del potentado, esa figura que nuestra Edad Media da lugar al complejo concepto político de “ome rico” y que desarrolló en la teoría decimonónica la idea de que, en definitiva, el Poder no es más que un agente de la riqueza, un gestor de los intereses de la clase que inerva ideológicamente el cuerpo social, y hasta si quiere, en cierto sentido, un cristobita hábilmente manejado en el guiñol de las conveniencias por la oculta mano del “otro poder”. En la España antigua circulaba el adagio caciquil “tener es poder” al que las democracias actuales parece que estuvieran dando la vuelta hasta ofrecer su lectura inversa, “poder es tener”, que vemos confirmado un día sí y otro también en los negros titulares de la crónica de las corrupciones. Ahora, sin embargo, no hablamos de filosofías sino que hemos de vérnoslas con realidades bien concretas –una opa, una fusión, un golpe financiero—que dejan en la más indecorosa evidencia a un poder que lo más que alcanza a hacer es el papelón de comparsa. Este Gobierno, sin ir más lejos, apadrinando la opilla trincona de sus socios catalanes a Endesa –el gran periódico de Barcelona tituló en su día aquella frustrada anexión como una victoria sobre España–, la ridícula crónica de las trampas de la CNE manejada desde el ministerio y la sanción de la UE, la defección de ZP ante la Merkel y, finalmente, ese abordaje bolsístico a todas luces respaldado por un ejecutivo impotente, constituyen una elocuente crónica del poder real del dinero frente a la soberanía imaginaria del poder político. Incluso un gobierno “socialista obrero” ha de limitarse en esta ópera bufa, oh, padrecito Brecht, a hacerle la segunda voz al tenor capitalista. Ya me dirán quién manda y quien solamente finge mandar, pues, pero me parece que espectáculos como el que estamos viviendo explican sobradamente la paradoja de esos neoliberales que hablan como Marx.
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La fábula entrevista por Papini del hombre que compró un país se va quedando obsoleta ante el progreso exponencial de la ingeniería financiera, o lo que es lo mismo, ante el encogimiento fáctico del poder político frente a la auténtica soberanía de la opulencia. Este asalto a un sector estratégico como el energético prueba que ni siquiera en los supuestos más delicados de la propiedad ese poder de la sociedad representado por la Política puede gran cosa. El ‘excedente’ (seguimos con Marx) del ladrillo sirve para adueñarse de la luz y el gas una vez agotado el mato de la vivienda, y ni ante una cosa ni ante la otra puede el Gobierno hacer más que lo que buenamente pueda hacer un balsámico mensaje de Solbes, ese hombre tranquilo, a la confusa muchedumbre solitaria desvelada por la derrota que lleva su hipoteca y la carestía creciente en una paradójica sociedad suntuaria que a duras penas llega a fin de mes. ¿Mandar el Gobierno? ¡Ca! Ni siquiera una cohorte de potentados entre rejas ha conseguido debilitar la vieja intuición revolucionaria de que el Estado no es más que la coartada de la dominación y el Gobierno ni más ni menos que su monaguillo de gala. Han bastado dos días para hacernos comprender que el joven Entrecanales tiene más poder que un ministro y para qué hablar de una de esas comisiones que el Gobierno utiliza para intentar su imposible autoridad. Siempre sospechamos que Montilla era un pringao mal comparado con Florentino. Ahora lo sabemos a ciencia cierta.