Huelva de espaldas a Cádiz

Ya está: la consejera de Medio Ambiente, Fuensanta Coves, lo dijo ayer alto y claro que más no cabe: no habrá carretera Huelva-Cádiz. Ya se pueden alegar razones, ya puede pesar el argumento de que carece de sentido seguir viviendo de espaldas como en tiempos de Argantonio, ya pueden los empresarios, como van a hacer hoy mismo, poner primeras piedras simbólicas de las que la Junta se carcajea. Se trata esta vez, es verdad, de una tradición de su partido que, desde finales de los 60 viene dando la matraca con el Apocalipsis que supondría esa vía tan lógica como necesaria. Y también, por supuesto, de que en la Junta hay prioridades y prioridades, y las que conciernen a Huelva no suelen llevar el sello de urgencia. ¡Pero si ni siquiera saben cuando harán el desdoble famoso con el que dieron la que dieron mientras gobernaba el PP! La consejera debe de haber pensado que más vale una vez colorada que ciento amarilla. A los onubenses no les queda, como de costumbre, más que tragar.

La santa intimidad

Los políticos son muy sensibles a la hora de defender la intimidad, sobre todo la suya. Hay un puñado de ellos danzando por ahí que debería estar entre rejas y no lo está porque el complejo garantista de algunos jueces (y de nuestra legislación, justo es decirlo) ha negado validez a las pruebas como soles conseguidas por la policía, dándose incluso el caso ya famoso del “maletín de Ollero”, es decir, de la paradoja, por el momento teórica, de que a un corrupto sorprendido ‘in fraganti’ haya que devolverle el mismísimo “corpus delicti”. En España y fuera de España, por descontado. Miren el caso reciente sucedido en Italia a propósito de la prohibición de exhibir en una tele el video-reportaje en que se demostraba que el 32 por ciento de sus Señorías habrían consumido drogas en las últimas treinta y seis horas, concretamente marihuana (un 24 por ciento de la muestra) o cocaína (un 8 por ciento). En los albores de la democracia un diputado del PSOE escandalizó a los hipócritas diciendo algo que sabía hasta el más tonto, a saber que sería raro el diputado (el menos en la izquierda) que no hubiera fumado algún porro alguna vez, a pesar de lo cual –y con ello la paradoja rizaba su efecto boomerang para volver a plomo sobre el irónico—su partido mantuvo con su voto la penalización que pesaba sobre los fumatas y hasta la agravó en ciertas circunstancias. Pues bien, lo mismo ha hecho ahora en Italia el Órgano Garante de la Privacidad dejando caer todo el peso de su pleonasmo onomástico sobre el equipo, ciertamente tramposo y fullero, que consiguió las muestras engañando a los padres de la patria con la intención de mostrarlos tal cual eran a sus sufridos electores y eso, que enseguida ha merecido el apoyo de la mayoría amenazada, no deja de tener su lado hipócrita en una cámara que ha mostrado su dureza a la hora de reprimir el consumo de drogas. “Haced lo que yo digo, no lo que yo hago”: bien podrían esos padres conscriptos aplicarse el dicho del predicador.
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No es probable que salgamos del debate sobre la droga mientras no cambie a fondo la estructura de nuestras convenciones.  Pocos han reprochado a Nietzsche sus abusos del láudano, pocos a Baudelaire o a Rimbaud sus incursiones en el paraíso prohibido, no se cebaron nunca los cínicos con el ajenjo de Verlaine o Rubén Darío, con el cannabis de Valle o con el alucinógeno de Kerouac y compañía. Hasta circula un libro por ahí proponiendo una explicación psicodélica del ‘Apocalipsis’ afirmada sobre la circunstancia de que en la isla de Patmos, efectivamente, crece por doquier una cebadilla loca sobre la que prospera el hongo lisérgico. La doble moral es patente, entre otras cosas porque estas sociedades nuestras hace tiempo que pasaron el estadio comtiano de la “infancia” y son ya adultas capaces de percibir el doble rasero que usan los responsables de la vida pública a la hora de ordenar la suya privada. Cuando El Mundo demostró lo que demostró utilizando la cámara oculta, la única defensa que se le ocurrió a la golfemia descubierta fue protestar contra el allanamiento de su intimidad y el abuso de su buena fe. Bien, pues entonces será un  problema de grado no de fondo, el de decidir si la protección de la privacidad es superior a la verdad misma, si una defectuosa investigación convierte lo negro en blanco y aquí no ha pasado nada, si es éticamente soportable que haya pringaos del trapicheo que vayan al trullo por aplicación de leyes impuestas por sus propios clientes. Mal se lo ponen a la democracia unos políticos que se atribuyen derechos pasivos que los particulares no pueden ni soñar o que se ‘meten’ lo mismo que penalizan con sus saludables leyes. Son unas madres, estos mandrias. Unas madres, como decía Darío Fo alguna vez, tan buenas tan buenas que no podrían serlo tanto sin un buen trago de aguardiente.

Comprensivos canónigos

No puede pillarnos ya por sorpresa la petición de un grupo de padres que pretenda retirar los tradicionales crucifijos de las escuelas como en su día se retiraron los cartelones machadianos de la historia sagrada. Ni siquiera que la Guardia Civil reclame la expulsión de la patrona del cuartel, como si la Pilarica fuera el gran problema que, en estos tiempos del cólera, tienen planteado nuestros cuerpos de seguridad. Eso sí, ver a un canónigo cordobés apeando el crucifijo de una capilla de la Mezquita-Catedral para que no estorbe en un acto cívico-político es ya harina de otro costal, y peor si cabe en caso de que alegue en defensa propia, que se basa en un acuerdo del cabildo que pone en pie de igualdad al Presbiterio con el Mihrab. Conviene hacer estas críticas desde la neutralidad que implica la independencia, pero hay que aceptar el cabreo de los cristianos por esta rendición incondicional que se abre paso día a día. Los (nos) están poniendo mirando para La Meca no sólo los radicales del islamismo en boga sino unos canónigos a los que nos les llega la casulla al cuerpo. 

Atraco en Madrid

Está bien que al Recre hayan de ganarle ya los grandes equipos echando mano a la pistola o que los árbitros se rajen ante quienes tienen fuerza y dinero en la Liga, mientras, como ocurrió el sábado, todo el mundo –toda Huelva en este caso—pueda ver por sus propios ojos la zafiedad del atraco. Lo que ya no está ni bien ni medio bien es la politización del fútbol y, en concreto, la estrategia de dividir deportivamente a la capital y a la provincia a base de identificar al Decano con el Ayuntamiento y al Ayuntamiento con un partido. Si llegara a confirmarse que el sábado hubo en Huelva quien festejó la derrota del Recre en clave electoralista, lo justo sería que la gente –los votantes onubenses–  llegara a ver las caras de los que brindaron con ese champán. Pero en todo caso, ahí está el éxito deportivo conseguido durante estos años por un club al que Ayuntamientos anteriores dejaron en la estacada y que hubiera desaparecido sin no llega a ser por el apoyo que recibió del actual. Brindar porque el Recre pierda es una miseria, incluso si muchos de esos brindadores son forasteros en la ciudad.

Contrautopía minimalista

Le han dado el Nobel a un banquero de Bangladesh, Mohamed Yunus, un nieto de Gandhi que ha sabido encontrarle el revés a la trama de la utopía, el mismo que ya ganara hace unos años el ‘Príncipe de Asturias’. ¿Por qué no darle al pobre su oportunidad, por qué prejuzgar su insolvencia en lugar de proporcionarle el crédito a la medida adecuada de su estatura productiva? Más o menos la filosofía del proverbio oriental: más vale enseñar a pescar que dar pescado. Unos cuartos para hacerse con la rueca, un puñado de dólares para inaugurar el gallinero, para comprar la primera vaca, tal vez para instalar en la esquina el puestecillo de enchiladas. En Bangladesh como en Perú, en Costa de Marfil como en Nicaragua. Dinero menudo, no limosnas, pólvora seca para el primer disparo. ¿Quién ha dicho que los pobres no pueden ser empresarios? Yunus ha comprobado en estos años que la práctica totalidad de sus “clientes” (nada menos que un 96 por ciento) devuelven escrupulosamente lo recibido sin aguardar el protesto. ¿Serán mejores pagadores los pobres que los ricos? Yunus ha dado un salto cualitativo y propone ahora un plan decenal para ampliar su trama por toda África, ya en el marco coordinado de las grandes oenegés (Cruz Roja, Media Luna Roja), desde el convencimiento de que lo único capaz de romper el círculo de hierro de la miseria es una gran paradoja: la atribución a esos desposeídos de la responsabilidad empresarial. Ya sabíamos que la instalación de una fuente pública (lo han demostrado hace mucho las damas de Manos Unidas) puede cambiar la vida de una comunidad. Lo que Yunus pretende es dar sobre esa evidencia otra vuelta de tuerca financiando el pequeño negocio. En economía, como antes en historia o en política, triunfa el enfoque ‘micro’. Es la contrautopía minimalista, la sublimación de la fantasía pequeño-burguesa, tal vez el único regate posible del antisistema y, de hecho, muchos miles de familias que empezaron con la calderilla de los microcréditos de Yunus han salido adelante. Un calvinismo para indigentes, la caridad finalmente bien entendida como un humanismo gradualista y eficaz. No está mal para empezar. ¿O será para terminar?
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Por lo visto Mohamed Yunus comenzó su tarea con veintidós dólares en caja pero hoy cuenta con un capital invertido que supera los 4.500 millones. Otra gran lección, pues: hasta de la contrautopía saca tajada el capitalismo, hasta el minimalismo más estricto le sirve para multiplicar los panes y los peces en la montaña del Mercado. Pero la realidad es que esa esperanza alumbra ya la vida por medio mundo mientras prepara el asalto al otro medio, quizá porque la propia lógica del Mercado impone su convicción puritana de que el mérito obtiene siempre su recompensa y también, por supuesto, porque, al menos de momento, esta contrautopía contribuye a garantizar todavía más  la inmunidad contra la revolución, es decir, a reforzar la integración, a cohesionar el grupo, a dejar fuera de juego los sueños insurgentes. Del cambio a la iniciativa, de la esperanza al pragmatismo, de la represión al microcrédito, el mundo evoluciona en sentido contrario al entrevisto y anunciado por los profetas del XIX y los revolucionarios del XX. Hemos pasado casi sin notarlo de la abolición de al propiedad a su protectorado y de la nacionalización de la banca al crédito sin fianza. Todo un imprevisto espacio de supervivencia se abre junto al desierto globalizado y los pobres del mundo terminan de olvidar sus varsoviankas aunque sea sin dominar aún el tres por dos del val. Es una buena noticia la de este premio merecido aunque haga añicos el fósil de la utopía sustituyéndolo por un humanismo homeopático hecho a la medida del paria y escrupulosamente calculado para su fragilidad. Hay que felicitar a Yunus y desearle éxito a su imperio creciente. Ya se encargará el capitalismo salvaje de mantenerlo a raya.

Tocando fondo

Las municipales que vienen están sacando de sus casillas a la clase política y lanzándola sin frenos por el despeñadero de la infamia. Miren al PSOE de Huelva anunciando una campaña contra el alcalde de la capital al que acusa –a sabiendas de la falsedad del hecho—nada menos que de llamar desde el móvil municipal a cientos de prostíbulos. O la réplica del PP amagando con hacer públicos “los excesos nocturnos” del acusador, el secretario provincial del adversario. Un verdadero asco, un repugnante estado de cosas que saca a la luz la vaciedad absoluta de los proyectos políticos pero también la ignominiosa deriva de la vida pública, cada día más reducida a denuncias infamantes de unos contra otros, a dentelladas la mayoría de las veces efímeras, pero que degradan el oficio hasta un nivel intolerable. El desprestigio de la política es resultado directo de la miseria de unos agentes que no se merecen los ciudadanos representados ni debería tolerar una democracia con un resto de vergüenza.