Puretas y botellonas

La ley que el PSOE ha aprobado en solitario para tratar de controlar el disparate de la “botellona” –eso que no pocas autoridades consideran “unha cultura” específica y, como tal, digna de respeto—no arreglará, verosímilmente, gran cosa. Como exponente, ahí tienen al director general que se ocupa de la droga en la Junta sosteniendo que la botellona nada tiene que ver con el consumo de alcohol, comentario desconcertante que permite sospechar que la ley la han hecho puretas que ni se molestaron en darse una vuelta por la ‘movida’ a no ser que lo que es mensaje encierre sea la sugerencia que lo que se consume en esas incívicas y peligrosas concentraciones son otras sustancias, cosa también obvia. Cuantas iniciativas oficiales se han hecho hasta ahora para enfrentarse a ese problema grave que denuncian médicos y sociólogos no han sido más que paripés, y es posible que pronto podamos incluir en el lote a la propia ley nace ahora. Es decir, que si algo está claro es que los ‘puretas’, por encima del sentido común y de los alarmantes avisos de los especialistas, no tienen ni idea ni ganas de enfrentarse a la ‘basca’. La “botellona” enjuga otros problemas que estas minervas no tienen ni idea de cómo abordar. 

El colmo del cinismo

No hay peor defensa que un mal ataque. Barrero insistiendo, aún a sabiendas de que hay responsable confeso, en que el alcalde de la capital llamó por el móvil a prostíbulos, nada menos. El tri-fracasado ex-candidato Trillo, como dando rienda suelta a un subconsciente largamente reprimido, reclamándole –¡a estas alturas!—que deje el cargo. Los monaguillos de UGT pidiendo “responsabilidades políticas” por un caso que saben perfectamente que es inventado. Una vergüenza aunque se trate de una comprensible huida hacia delante. ¿Qué opinarían desde el PSOE si desde enfrente se acusara de borracho a quien se negó a hacerse la alcoholemia ante la Guardia Civil o incívico a quien mandó a paseo a la policía municipal cuando fue requerido a no usar el móvil conduciendo? No cerrar o, cuando menos, olvidarse de este tema canalla es un error además de un  riesgo difícil de entender en un partido con experiencia de gobierno que tiene, además, en su armario muertos de sobra.

Trata de negros

En la jerga empresarial utilizada en círculos con intereses en África es frecuente una expresión repugnante pero diáfana: “untar al negro”. Se trata ni más ni menos que de la práctica de sobornar (en fin, llámenle como quieran) a los “responsables” políticos de aquellas oligarquías para obtener los permisos que previamente se niegan desde sus Administraciones. Recuerdo, sin ir más lejos, el caso de un armador a quien admiro que jamás tuvo problemas de caladeros para sus barcos de pesca, sencillamente porque obtenía esos permisos por la vía rápida enviando oportunamente el “tío del maletín” a entrevistarse con la autoridad indígena del ramo. No debemos escandalizarnos de estas prácticas, por supuesto, en la Europa que ha contemplado impertérrita como el presidente de la Asamblea francesa cobraba comisiones por la compra de unas fragatas, cómo un miembro de una familia real de los Países Bajos hacía lo propio en un contrato aéreo o como se financiaba  un partido a través de la Banca y de los empresarios que elegían ese atajo funcional para sus negocios. Y sin embargo, el caso africano tiene su gravedad por la razón elemental de que mientras en Occidente pensemos, como pensamos, que las oligarquías gobernantes (que son las consentidas por Occidente) son corruptas por definición, la coartada de cerrar el grifo de las ayudas funcionará siempre. Hace poco la ONU cortaba su ayuda a uno de esos afligidos países como si la ONU acabara de descubrir esas mangancias generalizadas en las ha metido la mano hasta el sobrino de Kofi Anan, y no pasa día sin que oigamos a algún racionalizador explicarnos la inutilidad de mantener una ayuda que jamás llegará a su destino. Nos movemos, como se ve, entre esos dos polos, el positivo que sugiere la necesidad de ayudar, y el contrario que la niega sugiriendo la inevitabilidad del fraude. El colonialismo ha sabido adaptarse como un camaleón a una circunstancia nueva probablemente tan rentable o más que la clásica.
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Vean el caso del ministro Moratinos y sus “acuerdos de segunda generación” con países no poco desestructurados como Guinea-Konakry o Gambia ése mismo que intercambia 659 inmigrantes ilegales por 5 millones de euros contantes y sonantes, que como es natural y lógico no va a ir a ninguna parte fuera del bolsillo de los mandarines. Esa cantidad, 5 millones de euros (es decir, 832 millones de pesetas) por 659 supone que vamos a pagarle al país que nos envió las pateras millón largo de pesetas por negrito pillado en la playa, lo que supone un pingüe negocio para el que lo cobre en el país de origen que ha de ser, sin duda posible, el mismo que los envió. Gran negocio, en resumen: se envían pateras atestadas de desdichados para cobrar una millonada por cada uno que sobreviva, para forzar lo cual no hay más que cerrarse en banda a la repatriación de los nuevos esclavos. Verdaderamente, no podíamos caer más bajo ni imaginar una debilidad mayor, como no hubiéramos podido ni hacernos una idea de un negocio más leonino y ridículo que éste que el Gobierno, desbordado por su imprevisión y falta de apoyos europeos, trata de presentar como un logro decisivo, por supuesto “solidario” y demás mandangas. Por ahí hay quien se está poniendo las botas con el sacrificio y la muerte de los forzados a emigrar, pero lo peor es que desde aquí mismo les estemos haciendo el juego con tal de salir del paso. Porque, como comprenderán, a millón y medio mal contado el negrito, la fortuna del negrazo untado está garantizada. Claro que no es Moratinos quien paga, sino usted y yo y ése señor de enfrente, al que tampoco le ha preguntado nadie si le parece razonable o absurdo participar cínicamente de este festín organizado. Cuando oigan hablar de mafias de la inmigración, no piensen en tibias y calaveras, porque el verdadero filibusterismo de las pateras, como sabe mejor que nadie Moratinos, no se sienta más que en consejos de gobierno.

Universidades arruinadas

A lo peor resulta que la Junta no debería haber multiplicado tanto las universidades andaluzas, unas pocas de las cuales andan por debajo de los niveles de excelencia que predican muy serios sus manijeros. Pero el caso es que ahí las tienen, arruinadas, tiesas como reglas, mientras los rectores se empecinan, el director general habla de peregrinas razones técnicas y un francotirador de IU tiene la ocurrencia genial de que se le retiren a Vallejo las competencias del ramo para devolverlas a Educación, como si no estuviéramos de vuelta de lo que en su tiempo ocurrió en Educación y como si fuera un secreto que Educación no está para como para que le aumente la alforja. Lo más indecente es la comedia protagonizada por Chaves de cerrar un acuerdo unas horas antes de la inauguración del curso para callar a los rectores. Y lo más cuestionable, la ingenuidad de estas criaturas. La Junta no financia la Universidad porque esa inversión no es electoralmente rentable. Miren como la financió para crearlas, que era lo que de verdad el daba al PSOE el voto de las capitales agraciadas. 

La política, al estrado

Si en tiempos de Anguita y Marín Rite, de Aparicio y Del Valle, se mantuvo con seriedad relativa la convención de respetar al alcalde, esta generación de logreros con prisas (unos por llegar, otros porque se les acaba el partido) ha reducido al oposición municipal a una estólida estrategia de acoso al primer ciudadano. Por eso tiene pleno sentido la querella de Pedro Rodríguez contra la inconcebible acusación de Barrero de haber gastado el presupuesto llamando a un teléfono erótico, y tanto o más la que le ha caído al pobre Pepe Juan –vaya papelito el que le han dado a ese poeta en ciernes—por revelación de secretos. Y encima dice Barrero que está  muy contento por esta imputación, como si los onubenses fueran tontos e ignorantes, en un argimento retorcido que viene a decir que ser imputado es poco menos que bueno. ¡Como que le da las gracias a la jueza con ordenar la comparecencia de Pepe Juan! De verdad, lo más grave de todo es que nos tomen por idiotas esos mandarines que tampoco a los que no se les conoce mayor mérito o capacidad.

El muerto, al hoyo

Veo a Maragall presidiendo el partido entres las “selecciones” de Cataluña y el País Vasco. Encantado de la vida, junto al fracasado Ibarretxe, en medio de la orgía de exaltación antiespañola, rodeado de senyeras e ikurriñas, cartelones proclamando el absurdo histórico de que Cataluña no es España y pancartas reclamando libertad para los presos de ETA. Así, como si nada. Como si en Cataluña no hubiera ocurrido nada o se hubiera secado ya definitivamente la sangre inocente derramada en Hipercor. Y algo peor: como si la memoria de Ernest Lluch no valiera un pito, como si fuera decente reclamar el indulto para los forajidos que le volaron la cabeza de dos tiros no hace más que unos años. O presidir su reclamación. Y justo el mismo día en que el PSOE reclama por la tele la rehabilitación de Juan Negrín, la víspera de que sepamos que el Gobierno ha negociado con Batasuna –una organización terrorista—el cambalache judicial que pondrá en la calle a un asesino de veinticinco ciudadanos. Imagínense el lío: mucha “memoria histórica” para unos –ponen los pelos de punta las esquelas guerracivilistas de los periódicos—y el olvido para otros, incluso para los más próximos, hasta para el “compañero” abatido, mucha severidad para juzgar los crímenes de antaño y guante de seda para manipular los recientes. El olvido de Ernest Lluch para propiciar la libertad de De Juana Chao, así, con toda la cara del mundo, como quien no quiere la cosa, total, presidiendo un partidillo entre dos seleccioncillas aclamadas como símbolos de una independencia de no se sabe qué opresión, como emblema una autarquía inventada. ¿Lluch, los de Hipercor, los mil muertos de estos años? En política no hay más cera que la que arde: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Ni se les habrá pasado por la cabeza a los maragallianos, entre canapé y canapé, la cabeza volada de Lluch. ¡Qué partidazo! La secesión ha ganando por goleada a los babiecas de Madrid.
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La última vez que vi a Lluch andaba por Sevilla camino de Riotinto, donde creo recordar que se traía entre manos alguna utopía inverosímil. Le mostré mi extrañeza por su generosa deriva aberchale y él me reprochó alguna postura mía que le disgustaba. No fue mucho más tarde cuando me enteré de que sus avanzadas tesis sobre la autonomía vasca le habían costado la vida como antes le habían acarreado el rechazo de muchos de los suyos. ¡Qué lástima! Si llegan a darle seis años de margen, podría haber asistido en el Nou Camp a esa apoteosis frenética en la que, junto a los cómplices explícitos de los asesinos, sus propios compañeros, ¡los suyos!, se desgañitaban pidiendo la impunidad de los pistoleros que lo quitaron de en medio, a saber por qué, que ése es otro y no el menor de los enigmas que su atentado plantea. ¿Recordaría Maragall a Lluch viendo esas pancartas conchabadas, al oír esas consignas vernáculas, ininteligibles fuera de la tribu, pero cuya intención no dejaba lugar a dudas? ¿Recordaría a las demás víctimas de ETA en Cataluña durante los años de plomo? ¿Y ZP, habrá recordado ZP a Lluch, al medio centenar de víctimas caídas en su región, le habrá cruzado por la cabeza la imagen de tantos caídos de su propio partido, viendo ese festorro lugareño encabezado por dos presidentes autonómicos, o quizá habrá visto adelantados en esas pancartas sus propios proyectos? “Presoak kalera”, presos a la calle. ¿Acaso no estamos viendo como el propio Gobierno ajusta con la banda terrorista esa operación? Vuelvo a recordar a Lluch en Sevilla, crítico y lanzado, independiente pero discreto, y no les cuento algunas de sus censuras porque nunca me pareció decente hacer hablar a un muerto. Un muerto que veía salidas mientras vivió donde acaso no las hubiera y que, por eso precisamente, no pudo seguir viviendo. Sus compañeros proponen ahora la impunidad de sus verdugos junto a la voladura histórica de España. Ni les cuento lo que no les quiero contar de lo que entonces me dijo.