Meritorios temerarios

No es un secreto que la juventud ‘pasa’ de política ni que las “juventudes” partidistas vienen a ser viveros de mandamases teledirigidos por los mayores de la tribu. Por esa misma razón resulta más grave la irrupción bárbara de grupos juveniles de partido organizados como comandos o partidas de la porra cuando no como meros figurantes en la tragicomedia partidista. No hay diferencia entre los reventadores de Granada y los que en Antequera  posan con pasamontañas y puño en alto, como si fueran héroes, ante una pared pintada cobardemente de madrugada, no la hay entre los agresores fascistas de Carrillo y los calumniadores sociatas de los alcaldes de Huelva o Málaga, como no la hay entre la tiranía de la ‘kele borroka’ y la que ejercen protegidos los alevines del PSOE o de IU. La dialéctica del spray, tras la cual viene, por que no, la de los puños y quizá la de las pistolas: eso es lo que están propiciando los adultos de nuestros partidos al radicalizar el cainismo juvenil de unas organizaciones que actúan ya como bandas.

Méritos y culpas

Dos descubrimientos de la Dipu, uno de ellos al alimón con la Junta y por boca de la flamante candidata: que el paro de la capital sería el 34 por ciento del de la provincia y que dos de cada tres pobres de la provincia pertenecen a la capital. Bueno, ¿y cual es el porcentaje de empleo de la capital respecto de la provincia, por un lado, y por otro, quién es responsable de la pobreza en una región como Andalucía conde Chaves reconoce, junto a un porcentaje similar para la autonomía, una lacerante “pobreza severa” (vivir con menos de 300 euros al mes)? ¿El Ayuntamiento o la Junta y, en última instancia, la Diputación? No son más ingenuos porque no se entrenan, y cuentan, desde luego, con la ligereza de un adversario que no saca tajada suculenta ni de tonterías como las mencionadas. Aparte de que esa candidata suntuosa no encaja mucho en una foto contra la pobreza, no me digan que no, porque salta a la vista. 

Aprobar al que no sabe

Anda rodando por el papel impreso la cuestión inverosímil pero, al parecer, cierta de toda certeza, de que desde el rectorado de una señera universidad andaluza se recomendó a determinados profesores –supongo que exigentes en su materia y eso que en la antigüedad ya clásica de los viejos planes se llamaba un “hueso”– que aprobaran más alumnos. Más tiempo hace que un ‘delegata’ provincial ordenó desde Huelva al claustro de un Instituto de la provincia que aprobara sin rechistar a un alumno cuyos papás habían “elevado” el caso de la presunta injusticia del suspenso hasta tan alta autoridad. Y hay más casos que no lo son de éste, pero déjenme que les diga que, que esa benéfica mediación no obedece sino al intolerable objetivo de disimular al fracaso escolar que nos refriegan por la cara, un año tras otro, los organismos internacionales y especializados, a base de reducir el pelotón de los torpes a golpe de acta. Un profesor de Ecología, Carlos Granado, sostiene que lo que ocurre es que “el Sistema no tiene interés en la Universidad”, entendida ésta como foro de crítica y discusión cultural, sino en la producción de “especialistas” que resuelvan las relaciones de trabajo satisfaciendo la demanda real del mercado. Bueno, querido prof, eso es ni más no menos que lo que nos enseñó hace decenios el maestro John Bernal al sostener que, no ya la enseñanza, sino el propio saber (la “episteme”, para entendernos) no es un producto casual ni arbitrario surgido del capricho de sus cultivadores sino la respuesta funcional que esos “sectores productivos” ofrecen a los que disponen de los cuartos y los distribuyen, como es lógico y natural, en beneficio propio y no del maestro armero. En Andalucía se propuso hace poco a los alumnos de Primaria y Secundaria, como parte de una prueba de examen (sí, ya sé que ahora se dice “test”, ‘of course’) que resumieran como Dios les diera a entender la enjundiosa letra de una cancioncilla rapera de “Andy & Lucas”, no sé si “Tanto la quería” o Que no, anda que no”. Como pueden ver, el ‘trivium’ y el ‘cuadrivium’ caben ya en un CD, el bachillerato en una botellona.
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“Que no, anda que no”. Con el tiempo nos convenceremos de que ningún daño comparable a éste de la inopia docente que fomenta el Sistema a través de sus terminales políticas. Cuesta aceptar que estemos ante el ocaso irremediable del saber tradicional, por supuesto, pero las estadísticas escolares hablan por sí solas y lo que cuentan es que nuestros alevines distinguen ya a duras penas un coleóptero de un binomio o un teorema de una perífrasis. ¿Y para qué coños necesita el Sistema, querido Granado, que la ‘basca’ sepa qué es un anacoluto o cómo se demuestra el teorema de Pitágoras? La enseñanza avanza a ritmo desbocado hacia el despeñadero del conocimiento funcional, vale decir, hacia un modelo de saber ancilar diseñado por el patrón al que las humanidades se la traen tan floja como el aleteo lejano de la mariposa, un modelo en el que cada vez caben menos conocimientos y más información, al servicio ambas cosas de la buena marcha del negocio. ¡Mira que pedirle un rector a un profesor que baje el listón para que el nivel bajo no se note tanto! ¡Mira que confundir las disciplinas tradicionales con el ‘rap’! “Que no, anda que no”. Y lo peor es que los padres, tan contentos, tan hechos al proyecto mediatizador que los libera de los veranos suspendidos y las enojosas repeticiones de curso, tan conformes con que sus hijos encajen adecuadamente como piezas en el mecanismo productivista que la autoridad académica se dedica impúdicamente a engrasar. Aprobar al que no sabe es una consigna despreciable, en todo caso, por más que alivie de momento las cuitas de padres, ministros y consejeros. Sólo el tiempo dirá qué sociedad estamos construyendo entre todos con esta aritmética suicida en la que hace tiempo que dan lo mismo tres que trescientas.

La prueba del PA

Difícil se lo han puesto al andalucismo de partido las circunstancias, no a base de exigencias extremadas, sino precisamente exigiéndole que trague con lo que todos menos el padre de la criatura sostuvieron durante años que era un capotazo estatutario para salvar la embestida catalana. Si se queda fuera del consenso en el que ya anda hasta el PP, malo, pero si se baja del burro y traga, seguramente peor, sobre todo teniendo en cuenta su complicada situación actual y sus perspectivas electorales que, a pesar de ser poco tranquilizadoras, bien pudieran poner en sus manos pactos de importancia evidente. El PA que pudo ser la llave que decidiera en Andalucía se ve ahora apenas como perro al que se le vuelven pulgas hasta sus propios objetivos. Va a necesitar mucho tacto y suerte para no ser definitivamente engullido por el PSOE una vez que termine esta tragicomedia. Ha sido sino del PA llevar grandes razones y cometer enormes dislates. Equivocarse esta vez podría enterrarlo para siempre. 

TV de partido

Una multitud apretada en la Casa Colón para asistir a la “Charla en El Mundo” de María San Gil: silencio absoluto por parte de Canal Sur. Una audiencia medianilla para escuchar a un personaje, curioso todo lo más, de la órbita del partido en el poder: ahí estaba Canal Sur para dar cuenta puntual del acto. La tele que pagamos entre todos –una de las más caras del mundo—es un simple instrumento de partido que actúa al dictado del partido en beneficio de los intereses del partido, con absoluto desprecio de la ética elemental que la obligaría a informar por igual a todos los ciudadanos sin tener en cuenta lo que interesa al PSOE o lo que le perjudica. Tras sus actuaciones en Gibraleón –en contra incluso de su directora, que fue expresamente desautorizada—o en el atraco de Punta Umbría, esta miseria diaria de la discriminación y el uso partidista del medio público, que deja en claro la condición subordinada, servil incluso, de Canal Sur. Los onubenses sabrán por esa tv exclusivamente lo que al PSOE interese, ignorarán cuanto le perjudique. Después de todo, nadie los obliga a sintonizar esa “voz de su amo” ni les impide cambiar de canal. 

“Oculta semina”

Ha dado la vuelta al mundo la imagen del pez peatón hallado en el Ártico por un grupo de sabios difundido hace poco por la revista ‘Nature’. Esa ‘cosa’ habría vivido hace, año arriba año abajo, la friolora de  383 millones de abriles, unos cuantos más que los de aquel otro descubierto hace tres cuartos de siglo y estudiado en estado fósil dando pie a la discusión sin fin sobre si fue o no el eslabón perdido entre el animal marino y el terrestre, es decir, el protagonista de la mítica invasión de la tierra por la vida primitiva. No cejan esos talentosos de escudriñar los nichos y alveolos más recónditos en busca de la prueba del origen de la vida, cada cual con su teoría del modo en que pudo producirse ese milagro fundante de toda experiencia, una curiosidad muy antigua que cuando menos podemos remontar a la idea de la “panespermia” lanzada por Anaxágoras, quien veía salir del légamo a esos monstruos aurorales como quien contempla en la duermevela de la siesta un documental del Nacional Geographic. San Agustín, por su parte, entendía la vida como un fenómeno oportunista surgido de unas misteriosas semillas –las “oculta semina”—esparcidas en la medio natural a la espera de una circunstancia propicia para desarrollar su milagro, una propuesta que hay que decir que lo más que ha hecho luego ha sido cambiar de envoltorio teórico, desde las audaces descubiertas conceptuales de los renacentistas hasta nuestros días, pasando por Leibnitz. Incluso en nuestro tiempo un tipo como Needham recuerdo que no era capaz de desprenderse de la vieja sugestión de que la vida estaría ahí desde el origen del mundo y en estado latente, como agazapada en la materia en forma de principio vivificador, que viene a ser lo mismo, en fin de cuentas, que hubieron de sostener, haciendo equilibrios, materialistas como Oparin y sus colegas de la Academia de Ciencias soviética. No me digan que el ‘Génesis’ no resultaba mucho más expeditivo y hasta poético, ni me nieguen que la distancia entre el pragmatismo materialista y los idealismos de toda la vida es, en el fondo, insignificante.
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Esta temporada, sin embargo, parece que la ciencia se ha trasladado a un nivel infinitamente diminuto en busca de un origen que carece de lógica representar de sopetón en forma de pez cuadrúpedo. Un día ha sido una bacteria durmiente, muerta acaso, que vuelve por sus fueros en condiciones adecuadas, otro las que se aferran a la vida en la orilla marciana del río Tinto, antier mismo las que han hallado enterradas a tres kilómetros en una mina de oro y tras millones a de años sin contacto con el exterior, unos aplicados espeleólogos para poner de manifiesto que puede haber vida ajena a la energía solar y organismos elementales dependientes en exclusiva de las propias energías geológicas en las que, con un mínimo esfuerzo adaptativo, bien podemos recuperar las “semina” agustinianas o incluso los “espermatas” del griego. Antes de llegar al pez peatón hay, sin duda, un largo trayecto evolutivo en el que la materia ha debido liberar las “almas generatrices” de que hablaba Paracelso y que tanto desdén inspiraban a un Engels que si levantara la cabeza es más que probable que revisara de cabo a rabo sus incredulidades tanto como sus certezas. A nosotros, los vivientes de a pie, la abrupta imagen de ese pez peatón, funcional y disforme, que anda en las portadas de los periódicos, no tiene más remedio que producirnos un cierto mareo cosmogónico y la inquietante sensación de que lo más probable es que andemos aún muy alejados de la meta en la que un día, seguramente bien lejano, obtendremos la evidencia de ese secreto tan bien guardado que desvela a los hombres desde siempre, generación tras generación. Dicen que estas pesquisas nos llevarán tal vez a descubrir otras vidas y otros mundos. Visto lo que ha dado éste de sí, la verdad es que cuesta imaginar la razón de ese empeño.