El alquiler de IU

No comprendo bien las críticas que se hacen al portavoz de IU en la Diputación, el ‘socio para todo’ de Cejudo en Valverde, el bienpagado de esta legislatura. Al fin y al cabo, una sociedad es una sociedad, y casi tendría menos sentido ver a Donaire criticando a Cejudo que verlo tras él con el incensario, habida cuenta de que a ese oficiante le debe el monaguillo pasar de ser un monigote expulsado por las bravas del pleno valverdeño a ejercer de vicario local y provincial de su jefe político. Otra cosa es qué piense IU –gran beneficiaria económica de la misma operación—o qué actitud tomen los síndicos de CCOO ante la vergonzante actitud de la coalición alineándose en la Dipu junto al baranda y contra los trabajadores. Donaire nunca ha mandado tanto (sin haber mandado nunca), nunca ha tenido tanto, nunca pintó más, y sabe que de romperse ese consorcio volverá a la Nada política de la que lo sacó Cejudo. Hay que comprenderlo, pues, aunque no es fácil que lo hagan sus conmilitones locales ni acaso sus camaradas provinciales. Él está ahí y es lo que es para hacer lo que está haciendo. Lo que carecería de sentido sería que hiciera otra cosa. 

Novela negra

No acabo de entender la sorpresa aparente de medio mundo ante el asesinato del espía ruso Litvinenko envenenado en Londres por los herederos del KGB. No hay periódico europeo que no se haya hecho lenguas estos días de ese suceso como si tuviera algo de insólito que un servicio secreto asesinara a un disidente o como si el uso del veneno no fuera tan antiguo como el poder mismo y no conociéramos desde mucho antes de Plinio el uso que de las pócimas se ha hecho siempre en la vida política. Todavía se mantiene entre nosotros la superstición de que trae mala suerte servir el vino escanciándolo de derecha a izquierda con la mano invertida, simple memoria fósil de la mano envenenadora que utilizaba esa treta para verter el veneno del anillo en la copa del enemigo, como no hará falta subrayar en esta temporada en que estamos asistiendo a la beata exaltación masiva de los Borgias. Que poder y rivalidad son inseparables lo certifica la vieja institución del catador inseparable que prueba la comida del magnate o, en términos mucho más hipocondríacos, la leyenda de aquel Mitrídates que decidió inmunizarse a fuerza de ingerir los venenos que, de fiarnos de los historiadores, de poco le servirían a Británico, Germánico o al propio Claudio. Los romanos tuvieron tan presente la amenaza del veneno que hasta se dotaron de una ley Cornelia para defenderse contra sus asechanzas que resultaría tan inútil, al fin y al cabo, como el resto de las providencias que con el tiempo se irían tomando. No me parece exagerada, en fin, la hipótesis de que la toxicología surja, como tal especialidad científica, del asesinato político y, de hecho, bien recientes están los esfuerzos de los sabios contemporáneos por determinar la suerte fatídica de Napoleón en Santa Helena o el mal fin de Iván el Terrible, víctimas del cianuro o el mercurio, como asegura la malevolencia que tal vez lo fuera también Mozart. Seguro que al pobre Litvinenko no le ha pillado de sorpresa un atentado que hubiera sido un insensato de no tenerlo previsto y que no puede haber sorprendido a un oficial destacado de un servicio secreto. He visto en un periódico satírico europeo un titular impío pero no exento de alguna lógica referido al caso del espía envenenado, que decía  “Donde las dan, las toman”. Me limito a consignarlo.
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¡Pues vaya novedad, un envenenamiento político en un mundo en el que ni los sacristanes se atreven ya a negar seriamente la liquidación de un papa como Luciani! ¿Es que acaso existe ni la remota posibilidad de mantener un servicio secreto (por definición, al margen de la ley) discreto y eficiente? ¿Por qué esta insistencia en la criminalidad del KGB cuando los propios americanos nos han ilustrado la ferocidad de la CIA (recuérdense series como “Misión imposible” o la saga de ‘James Bond’), cómo olvidarnos de la vesania del espionaje francés o marroquí, de las expeditivas “expediciones” de castigo como las que el servicio británico, respaldado por la Thatcher, perpetró en Gibraltar con su asesinato múltiple de terroristas, o los que el GAL gonzalista hizo aquí mismo o en Francia con la comprensión, todo hay que decirlo, de un significativo sector de nuestra opinión pública? Para entender que  Putin es un agente frío y sin entrañas no se requiere un especial esfuerzo, obviamente, pero no hay que olvidar que un presidente tan ‘fashion’ como John Kennedy mandó envenenar a Castro, por no citar sino un caso reconocido. No es equitativo condenar en solitario a los espías soviéticos olvidándose de ese implacable Mossad hebreo célebre por sus espectaculares hazañas vengativas. ¿No hemos reducido a una anécdota el caso probado del rapto, dopaje y matarile de un mendigo a manos de nuestros propios espías? No le den vueltas: las democracias toleran la perfidia del espionaje sencillamente porque creen necesitarlo. Si la primera piedra ha de arrojarla la que entre ellas esté libre de culpa, el lapidado puede respirar tranquilo.

Corrido mexicano

Será curioso saber cuántos agraciados han ido finalmente a la romería mexicana, cuántos entre ellos tienen de verdad relación con el la industria editora, cuántos entre ellos son lectores incluso, pero no será necesario esperar dato alguno para comprender que esta masiva excursión gratuita a México constituye un despilfarro provocativo en una comunidad que dice no tener medios para pagar pediatras o profesores sustitutos, habitaciones hospitalarias decorosas o el salario de las amas de casas, por no citar más que los compromisos incumplidos reiteradamente por Chaves en varias legislaturas. Esto del turismo político –en la Junta, en las Diputaciones, en los Ayuntamientos—se ha convertido en un auténtico atraco al erario de todos con el que el “régimen” de Chaves mantiene adictas a las clientelas a costa del contribuyente. Habría que hacer una crónica viajera de la Junta pero abriendo capítulo especial al desmadre de esta última fase de la hegemonía para ver hasta qué punto Chaves le toma el pelo a los andaluces con este despilfarro injustificable. 

No quedarse atrás

En la carrera de despilfarros turísticos que la romería de la Junta a México ha disparado estos días, las Administraciones gestionadas por el PSOE onubense no parecen dispuestas a quedarse atrás. No tienen más que ver que a esa cita sobre el “desarrollo sostenible” y demás convocada en Marbella, asistirán nada menos que 21 representantes onubenses más 30 observadores, es decir, más de medio centenar de turistas –sería curioso el detalle de la especialización de cada asistente—que pasarán tres días a mesa y mantel en la saqueada ciudad. Hace falta cara para organizar semejante sarao y hace falta poca responsabilidad para gastarse en la francachela de un viaje perfectamente expletivo lo que las instituciones no tienen en Huelva para atender necesidades tan elementales como las que viene desatendiendo en sanidad, educación, asistencia o acogida a inmigrantes. Cada día es más patente la confusión entre lo público y lo privado que padece esta clase política que maneja el país de todos como un cortijo exclusivo. 

“Vis à vis”

La visita privada de Isabel Pantoja a la cárcel donde se desmorona su pareja ha sido, por el momento, el penúltimo recurso político-periodístico para escamotear a la opinión pública el fondo auténtico del saqueo marbellí. Va en ello, por descontado, la invasión de la intimidad, el ominoso asedio a la vida privada que ha convertido el actual panorama en una gigantesca casquería cuya visceral exhibición impide mostrar aquel fondo oculto, es decir, cuanto de verdad ha ocurrido en esa ciudad sin ley durante tanto años, sin que el juez del condado se molestara siquiera en enviarle un sheriff para ver que se cocía en ella. En España parece perdida, al menos de momento, la batalla por preservar el derecho a la privacidad y, lo que es peor, parece abierta la veda sin limitaciones a cualquier furtivo dispuesto a comerciar con la indecencia en la almoneda que le ofrece el propio poder. Nada menos que en TVE hemos podido ver a un delincuente múltiple ofreciendo a la mórbida voracidad de la audiencia el dudoso pormenor de la circunstancia carcelaria de un famoso antes de ser detenido de nuevo él mismo, en pleno plató, como reclamado por otros crímenes pendientes. Pocos acechos más espectaculares y despreciables que el soportado por la famosa tonadillera, pocos debatillos lograrán superar en miseria las inacabables discusiones en que se cuestiona, en sesión continua, desde su actitud sentimental hasta su eventual implicación en el proceso, en un alarde de alcahuetería que probablemente ha superado nuestra ya vasta experiencia mediática en el tratamiento público de la indignidad. Esta industria de correveidiles y zurzidores, este technicolor oficio de tinieblas perpetrado por terceras y enflautadoras, ha cuajado como un negocio colosal pero, sobre todo, no se olvide, ha demostrado su incomparable utilidad como eficacísima máquina de distracción masiva: tanto estiércol y tanta cochambre no son más que una manta para tapar la realidad explosiva de un asunto político. Y eso a todos conviene: a los dueños de la zahúrda, a los peones/as del albañal, por supuesto, pero también, y más que a nadie, a los alguaciles del cortijo.
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Olvidada la zafiedad de Gil, las puterías de unos y otras han servido para desviar la atención desde la responsabilidad política hasta el regodeo en las miserias, para hurtar al ciudadano la visión real del mayor espectáculo de agio y peculado que registra la crónica democrática a cambio de un puñado de chismes braguetones y leyendas cantables. Es más, incluso el justificado calvario de los mangantes indígenas no deja de ser una pantalla tras la que se disimula el hecho evidente de que un edil o una concejala de pueblo malamente podrían haber saqueado un Ayuntamiento si no fuera a cambio de permitir el saqueo mayor por parte de otros y, ni que decir tiene, con la anuencia o el disimulo de una autoridad superior que nunca ha ignorado lo que en sus oficinas ocurría entre bastidores. Es verdad que cada vez se abre paso con mayor insistencia la teoría que apunta a Sevilla e incluso a Madrid en busca de responsables últimos, pero ésa es precisamente la razón por la que la exhibición impúdica extrema sus recursos en el muladar televisivo o en la jamerdana de la prensa escrita. TVE llevará delincuentes y lo que haga falta a su pantalla, Canal Sur bordará en su bastidor, con su experimentada mano, la estampa banal de una comedia humana de la que ha sido cuidadosamente eliminado todo rastro de imágenes políticas. Marbella sería un Chicago lugareño, el saqueo de sus arcas, la aventura de cuatro malevos que pasaban por allí, pero no el resultado de una inexplicada inhibición de la autoridad que ha dejado hacer, ella sabrá por qué, hasta que le ha estallado la burbuja. Ésa es la razón del espectáculo miserable que nos abruma. Pantoja no es más que un peón en esta partida que disputan, con los ojos vendados, la Justicia y la Junta.

Divide y vencerás

Demasiado evidente, demasiado simple, la maniobra progubernamental de la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo (AAVT) reconvocar en Córdoba un foro de apoyo al llamado “proceso de paz” coincidiendo con la manifestación de Madrid. Llevar a ese foro a Ibarretxe resulta incluso una provocación, al manoes para la inmensa mayoría que no haya olvidado cual es la ejecutoria del lehendakari, cual ha sido la estrategia formalmente “cómplice” de quien gobierna, siquiera bajo disfraz, como socio de la Batasuna terrorista. Favor que nos hace ese fanático ofreciendo su abrazo al pueblo andaluz, cuyos cientos de víctimas jamás fueron saludadas por esos nacionalistas que, como él, nunca necesitaron escoltas frente a los asesinos. Más allá de la cortesía y descontadas las malevolencias, uno se pregunta que pintaba la alcaldesa en esa burda comedia. Claro que la realidad va por libre. Todo el teatro del mundo no podrá esconder la falacia de un proyecto de paz al que atacan cada día los criminales reanimados por el Gobierno y actos como el referido.