Grandes problemas

Entre el comején que les ha entrado por depurar el callejero de memorias franquistas e iniciativas como la de suprimir los clásicos coches de caballo de Málaga, los “emergentes” –en este caso los de Ciudadanos—parecen enredarse en la madeja de los viejos problemillas con olvido de los graves que en la actualidad nos acosan sin darnos tregua. ¿Habrá en Málaga algo más urgente que cambiar los coches de caballos tradicionales –como reclama C’S– por vehículos eléctricos de época incluso tirados por bicicletas también eléctricas”? Desde Barcelona nos llega el eco de la Colau diciendo que jamás tuvo tanto poder ni tan pocas posibilidades de ejercerlo. Miren ustedes hacia Grecia, hagan balance de lo allí ocurrido para tener una idea caso virtual de lo que representan, para nuestra democracia, estas fuerzas novedosas

Pies de barro

Todo en China está diseñado a una escala que difícilmente entendemos los occidentales. Un emperador que se hace enterrar en una inmensa zanja rodeado de miles de guerreros de terracota, una represa, como la del río Yangtsé, sin rival en el planeta, o un ritmo de crecimiento desconcertante para los economistas aunque basado en la explotación implacable de un campesinado reubicado masivamente en las ciudades. Nos escribe Ramón Tamames para anunciarnos su viaje a Shenzhén, un puertecillo de pescadores que, en sólo cuarenta años, ha aumentado su población de 30.000 habitantes ¡a quince millones de almas!, como dice Ramón, y en el que nuestro ecónomo expondrá el ejemplo de la recuperación española en un momento tan crítico como el que vive China, tras asumir que ya no crecerá al diez sino al 7’5 por ciento, y después de devaluar su moneda, el yuan, dos veces en un par de días para recuperar el ritmo de sus exportaciones, lo que estremecido las Bolsas del todo el planeta. ¿Ven como no era sólo una metáfora eso de que si una mariposa mueve sus alas en China, una galerna asola los EEUU? El “comunismo capitalista”, ese oxímoron insuperable, empieza a vacilar tras su éxito fulgurante, acaso porque, como habían advertido nuestros expertos, es mala cosa basar el crecimiento en la inversión en lugar de hacerlo sobre el consumo.

China está conquistando el mundo sin mejorar su dieta ni las condiciones de vida de la mayoría de su población, es decir, manteniendo el paradigma del famoso “tazón de arroz”, aunque aumentando por días sus millonarios, y Ramón se ha llevado a China su pizarra para explicar que el éxito de la recuperación española debe atribuirse, sobre cualquier otra causa, a la internacionalización de la economía, sin despreciar los beneficios que puedan haber supuesto la sartenazo propinado al sistema bancario, la desregularización del mercado laboral y las tímidas reformas administrativas. André Michaux se quejaba en su segundo prólogo a “Un barbare en Asie”, no de su cortedad de vista, sino de no haber sido capaz de presentir lo que allí se gestaba y que iba a dislocar lo que parecía permanente, es decir, nuestra exclusiva concepción del mundo. Los occidentales –pensaba él—nos resistíamos a la completa transformación de estos países, actitud de la que Borges debía participar cuando concibió la traducción de Michaux no como un deber sino como un juego. A ver qué nos cuenta Ramón a su vuelta porque, si algo es seguro, es que nos lo contará.

En el filo de la navaja

C’S, es decir, Ciudadanos –socio de investidura de la presidenta Díaz– dice ahora que investigará “caso por caso” para averiguar que altos cargos públicos imputados judicialmente lo han sido por corrupción, supuesto en el que se exigirá su cese inmediato. Se jacta C’S de que, con su actitud moralizante, ya ha logrado “expulsar de la vida pública a dos Presidentes” –expresión, sin duda, exagerada—y anuncia que se mantendrá vigilante para mantener limpia como una patena la vida política, mientras desde el PP se sugiere que, en realidad, es fuerza “emergente” no es más que la muleta del “régimen”. El tiempo, que todo lo descubre, nos dirá a quién debemos creer y a quién no.

El bueno de Marat

No poco revuelo está provocando en Francia la provocativa ocurrencia de Onfray de construir a contrapelo una historia de le Revolución Francesa, algo que tiene su mérito si se considera que el crítico tendrá que habérsela con una tradición historiográfica tan grave como la que, tras Soboul, edificaron, allá por el bicentenario, François Furet o Mona Ouzuf. En España, por el contrario, hay líderes “emergentes” que ven en aquel seísmo crucial el origen de la democracia y, en consecuencia, de la igualdad cívica de los ciudadanos. El “conducator” de Podemos, Pablo Iglesias, no sólo ha hecho el elogio de la guillotina sino que se ha referido a uno de los monstruos más enloquecidos del momento como “el bueno de Marat”, aquel rabioso que, no conforme con la carnicería jacobina, decía sin descomponerse que “quinientas o seiscientas cabezas cortadas habrían asegurado el descanso, la libertad y la felicidad” del gentío. Los mismos griegos que inventaron la democracia previeron su eventual degeneración en demagogia y por eso no es raro que la crítica antidemocrática surja en todas las épocas. ¿Quién va a discutir la legitimidad formal de un Jesús Gil respaldado por cierta izquierda para debilitar a la derecha? Las democracias no pueden dejar de ser hipócritas –decía Bernanos—de la misma manera que las dictaduras no son capaces de funcionar sin el cinismo. Se me amontonan las citas en la memoria, desde Heine a Dos Passos.

Miren hacia EEUU para contemplar el lamentable espectáculo de un payaso como Donald Trump que está avergonzando incluso a los halcones “republicanos” con una arbitrariedad mentecata que ya ha provocado la dimisión de algunos de sus más estrechos colaboradores. ¿Y por qué no podría acabar dándonos un susto este milloneti imbécil dado que, como avisaba Bernard Shaw, la democracia sustituye la autonominación de la minoría corrupta por la elección de una masa incompetente? Imaginen la hegemonía mundial en manos de este trajinante, soberbio e ignaro, pero eventualmente legitimado en las urnas. “La democrazia è bella ma troppo incómoda”, dicen los italianos, que saben como nadie de que va esa vaina, aunque mucho más graves son los desatendidos avisos que desde los años 60 prodigó Bourdieu. Incluso en “el menos malo” de los sistemas (Churchill, 1947) nos llega ya el agua al cuello. A quien le trae el fresco el tema es a los explotadores: el primer gran contrato de Carmena-Podemos en Madrid ha ido a manos de Carlos Slim…

Desidia en plena crisis

Un duro informe del Observatorio Económico de Andalucía confirma lo ya denunciado tantas veces: que la Junta no invierte los dineros presupuestados ni siquiera en plena crisis. Sin tardanza el PP se lo ha reprochado –es curioso el silencio de los “emergentes” en este grave asunto—y, también sobre la marcha, desde el PSOE ha contestado una minerva que “nadie ejecuta el cien por cien de unos Presupuestos” dado que sus previsiones son contingentes. Ya, pero una cosa es no invertir todo lo presupuestado y otra muy diferente dejar dormidos cuatro de cada diez euros y, encima, año tras años. El Observatorio denuncia “una desviación presupuestaria extraordinariamente considerable” y, en voz baja, un responsable reconoce que los fondos europeos no se gastan. En pleno ferragosto, esto es como predicar en el desierto.

Cloacas agustinianas

Pone los pelos de punta el reportaje publicado por Fernando Lázaro en este diario sobre la “operación Pompeya” en el que descubre la realidad secreta de la moderna industria de la prostitución, un nuevo subsector de nuestra economía libre de mercado al que puede aplicársele, mejor que a ningún otro registrado en la historia, aquello de “pecunia non olet” con que Vespasiano quiso desengañar a su hijo Tito. Siempre hubo dos clases de prostitución –aparte de la camuflada en cierto tipo de matrimonio–, una de rameras pobres para hombres míseros, y otra selecta para un público con posibles, pero nunca como ahora, que yo sepa, existió una red organizada legalmente en la que la explotación de la mujer prostituida ha regresado al modelo de la vieja esclavitud. En la “operación Pompeya” las policías han determinado que existen en España unas dos mil mujeres esclavizadas en esa “casa llana” disfrazada de hotel en la que no rigen los chulos convencionales sino empresarios de tomo y lomo, respetadísimos hasta el punto de poder defraudar a Hacienda cientos de millones anuales, mientras disponen a discreción de sus esclavas sexuales a las que asisten incluso con recursos de las nuevas tecnologías. Cervantes o Delicado hubieran tenido graves dificultades para imaginar esta novísima rufianesca que el Sistema consiente en atención a cuanto contribuye a la formación de la renta nacional. El romano llevaba razón: el dinero no huele.

La gran novedad descubierta por las policías ha sido la tenencia por parte de los prostibularios de completísimas listas de clientes en las que constan, junto al nombre del usuario, sus datos reservados sin excluir los números de sus tarjetas de crédito, pero también la revelación de la sofisticada organización de ese proxenetismo de nuevo cuño que habría dejado de una pieza a los rufianes más acreditados de nuestra picaresca y a los chulos primitivos que merecían el elogio castizo del chotis o el tango. No hay, a mi juicio, un negocio infame como ése sobre el que tanto se discute sin alcanzar jamás un razonable punto de acuerdo. El cinismo agustiniano y la imagen de la cloaca imprescindible, ahí siguen, tantos siglos después, sólo que potenciados en el marco de una nueva esclavitud, por primera vez contemplada desde una perspectiva estrictamente económica. Cualquiera sabe cuál es el precio medio de una mujer en el mercado, decía aquel ominoso “Gog” de Papini, que no llega al pragmatismo actual ni a la suela del zapato.