Tradición y futuro

Se ha recuperado en pocos años la fiesta del patrón San Sebastián, expresión de una Huelva seguramente lejana pero fundamental, de una capital todavía en embrión pero repleta ya en su identidad y en sus tradiciones. Como se va a recuperar el Parque Moret –escenario de tanta vida y de tanta muerte, síntesis de vida—en una historia local que apuesta por la paz con decisión el mismo día en que, hace más de ochenta años, se inaugurara ese espacio simbólico. Huelva viaja embalada hacia delante y hacia atrás, avanza con prisa hacia el futuro sin perder de vista sus orígenes, adapta a los tiempos este territorio humano cuyos nebulosos y míticos orígenes hacen retroceder los sabios continuamente. Y no es mala fecha la del patrón para ponerlo de relieve, como se va a hacer, tras tanto tiempo perdido y tanta discusión inútil. El Patrón y el Parque, una asignatura tanto tiempo perdida, otra tantos años pendiente, cierran hoy otro tramo del círculo continuo de esta historia en crecimiento. 

El pez grande

Una de las leyendas urbanas, como ahora se dice, más acrisoladas en España es la del asentador o intermediario que se enriquece en poco tiempo levantándose a las cuatro y acostándose a las ocho tras comprar un camión de nabos por cuatro perras y venderlo por ocho duros. Busque un español libre de ese prejuicio contra esos ganapanes de la lonja: tendrá difícil dar con uno, porque el rencor social se disfraza hábilmente de justicierismo y el reconcomio por el cochazo y el yate del rico sobrevenido, hace tiempo que pasa por defensa leal de los intereses del “productor”, último concepto superviviente de la retórica franquista. Hoy, sin embargo, hay algo más jodido que el mero juego ventajista del subastador respecto del gañán destripaterrones, y es el inalcanzable desnivel surgido entre la gente del campo que cría (ahora es moda decirque “hacen”) naranjas o melones, y el tío invisible que, sin menearse de la cantina del mercado de entradores, se come la mejor tajada. Parece ser, por poner un par de casos tremendos, que un kilo de limones o de clementinas multiplica su precio por veinte más o menos entre la huerta y el mostrador, dejando en manos de su creador genuino apenas un puñado de calderilla mientras se forran las mafias de corredores y los trincones de subasta. Y que el Gobierno no mueve un dedo, vamos, como si con él ni fuera esta injusticia secular y menos en la atmósfera sagrada de ese Mercado que ajusta sigilosa y sabia una Mano Invisible. Ya está anunciado por los síndicos del ramo un plante general para impedir la recogida de frutos en todo el sector cítrico en la próxima cosecha si alguien no mueve ficha a favor del huertano, entre otras cosas porque están convencidos de que el quid de la cuestión está en que las “grandes superficies” extranjeras que avasallan nuestra economía doméstica, al margen de las ventajas que les proporciona su propio volumen, logran bajar los precios a base de importar mercancías desde sus países de origen mientras nuestros productos encuentran cada día más trabas tras la frontera. La pregunta, bien lógica, es cómo coños va a defender el Gobierno español nuestra producción agraria en Europa si no es capaz de protegerla mínimamente aquí dentro.
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Alguien me dice que el caso de la fruta no es una excepción en el Sistema, que también el precio de un piso o de un coche, al dispararse el beneficio, supera veinte veces lo menos su coste, que desde que se “globalizó” el rollo, el industrial o el comerciante de ropa que logra “deslocalizarse” para surtirse en China se forra como no hubiera podido soñar hace bien pocos años. El pez grande que engulle al pez chico: ése es todo el secreto, aunque sea un secreto tan manido que lo mismo puede encontrarse en las páginas de Marx que en las de Hayek escritas, por supuesto, cuando no estaba tan claro el derrotero que llevaba esta mandanga. Todo indica, en cualquier caso, que la imagen del huertano repartiendo tomates a los transeúntes o destrozando su cosecha contra el asfalto ha de valerle de poco tal como están las cosas, y la gráfica explicación de la acumulación de plusvalías que, como las capas de una cebolla, agrandan inverosímilmente la materia reconvertida en mercancía, pasará inservible al museo si no al desván donde el olvido aguarda a todo lo que una vez tuvo sentido y vigencia. Por lo demás, Balzac sabía ya que, en el universo de “La comedia humana”, mientras más ilegal o dudoso es un beneficio más lo codicia el hombre, pero bien entendido que su fábula con moraleja sobre el perfumista ‘César Birotteau’ (sólo la ruina devuelve al inicuo su integridad y bla, bla,bla) no se la cree ni él. Aquí lo único cierto es que un limón o una clementina forran a uno que ni la ve, a costa del sudor de otro. Y que la abolición de fielatos, la fábula del sueño continental, es cosa de ricos. ¡Veinte veces más caro que a pie de árbol! Ese chollo no cuela ni entre nuestros áureos eurodipuados.

El referéndum que viene

Extraordinario el resultado de la última encuesta chapista, sondeo de cámara donde los haya. Para empezar, más de la mitad de los andaluces no tiene ni idea de que será llamada a las urnas en poco más de un mes, lo cual dice mucho sobre el conocimiento que tendrá del contenido de la norma que se someterá a referéndum. Y luego el hecho notabilísimo de que esa desconocido texto, tan ininteligible a veces como insustancial en ocasiones, merezca el aprecio de unos porcentajes tan dudosos que resultan un poco cómicos. Lo que está claro es que si el enredo de su confección fue de órdago, el riesgo de que el personal pase en masa de esa consulta inexplicada e inexplicable resulta tan claro que a los políticos que en su día se lo sacaron de la manga no les llega ahora la camisa al cuerpo por los encuestados renunciaran al voto y la sangre llegara al río. No va a ser nada la que nos han dado con la que se avecina, aunque sería una lección mayúscula que el personal se enterara de qué va el cuento y votara o se abstuviera en consecuencia. 

Bisagras contentas

Es muy legítimo que el candidato electo por la formación que sea pacte luego con quien le de la real gana, a veces –no pocas—incluso con los adversarios más caracterizados. Son las “bisagras” profesionales, las candidaturas-trampa que piden el voto para unos colores a sabiendas de que han de endosarlos a bandera ajena. En Cartaya el controvertido y escurridizo Miguel Romero, un andalucista del PSOE, para entendernos, reforzará a un Milán en horas bajas; en Valverde, una heredera de Donaire loca por un despacho, ni se molesta en disimular que lo que busca son votos para garantizarle la mayoría a Cejudo a cambio del sillón; en Huelva Pedro Jiménez, ni que decir tiene que con la escoba preparada para arrimarle sus votos inútiles a un PSOE que se enfrenta a una de las peores municipales de la democracia pero que le paga las facturas. “Vóteme usted que yo haré luego con el voto lo que más me convenga”: ésa es la oferta inaudible pero real. Una trampa, una estafilla, gato por liebre, pero admitidos por todos. Estamos dejando la democracia en cuadro. Y puede que la dejemos hecha unos zorros. 

El cuerpo glorioso

El desnudo integral de la gallega detenida en Cancún en la portada de “Interview” ha partido por gala en dos la opinión de su aldea natal. El que nos ha regalado la concejala de Economía del Ayuntamiento lepero no sólo ha logrado el respaldo de su partido sino que se ha agenciado el aplauso de la dirigencia del PSOE que ve –y quién sabe si envidia—en esa exhibición un cartelón electoral de no te menees. Estamos, pues, en pleno auge del culto al cuerpo (al femenino y, no me pregunten por qué, también al de bomberos y policías locales) como si de pronto la Humanidad doliente hubiera vuelto grupas hacia el naturalismo remoto  hallando en la piel escondida el secreto de la felicidad. El valor del desnudo no está, sin embargo, al menos en mi concepto, en su valor intrínseco, es decir, en su perfección canónica o siquiera convencional, pues si así fuera no hubiera sido posible que el más vendido de la revista mencionada fuera el de Belén Esteban. Está ese valor en su circunstancia, en su valor simbólico, incluyendo en éste lo que la impericia léxica suele llamar “morbo”, y siempre ha sido así, por lo demás, y si no fíjense en el juego que al desnudo mismo le ofrece aquella circunstancia. Una mujer en pelotas, “apoyá en el quicio de la mancebía”, pongo por mal caso, se ganaría a pulso el concepto de putón desorejado, mientras que esa misma mujer retratada ante un arbusto podría ser tomada por una ninfa y posando ante uno olivo confundírsela con Atenea aterrizando en el Ática. Pose una dama en cueros en compañía de un cisne y todo el mundo saludará en ella a la imagen de Leda, madre de Dióscuros, porte en la mano una espiga de trigo la desnudada y se verá en ella a la diosa Ceres, apóyenla en un fuste truncado y los cultos de la tierra la relacionarán con Venus, denle un espejo y será la alegoría de la Verdad o una espada y representará por derecho propio a la Victoria. ¿Lo ven? Lo que importan no es el cuerpo sino el símbolo que le confiere sentido e identidad. La gallega de Cancún se ofrece hace seis meses a esa revista y la mandan a por pescado. La concejala de Lepe no hubiera colapsado ‘web’ alguna si llega a militar en el buró de los okupas catalanes. El hábito hace al monje. Más o menos como al desnudo.
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 Siempre me ha llamado la atención la propensión femenina a exhibir el cuerpo, esa lucha por zafarse de la imposición civilizatoria del vestido que las religiones pervirtieron luego en términos moralistas atribuyéndole una función que no era la  suya genuina. Los desnudos masculinos en la pintura han sido siempre funcionales mientras que los de las hembras absorbían íntegra la carga estética, y sólo las más imperiosas razones prácticas han desnudado en público a un gladiador o a un efebo, lo cual ha producido el lógico efecto inverso, a saber, el desinterés general por el desnudo macho frente a la eterna curiosidad por el de la hembra. Todo el mundo comprende que haya viejos espiando al Susana en el baño pero yo, al menos, no conozco representaciones artísticas o literarias que den razón de situaciones inversas, quizá porque, como intuyó Paul Valéry, el desnudo no tenía más que dos significaciones básicas, la de la Belleza y la de la Obscenidad. Vamos, que el despelote es lo de menos, en fin de cuentas, fuera del plano inmediato de la provocación erótica directa, siendo lo importante, lo decisivo, su sentido simbólico. Una concejala ‘pepera’ en pelo cunde mucho más que una ‘sociata’, eso no hay quien pueda discutirlo en serio, y la de Lepe acaba de comprobarlo de paso que cumplía ese sueño secreto que parece anidar en la duramadre tal vez como reminiscencia de sabe Dios qué paradisíacos pretéritos o qué sueños calientes. Me explico los celos del adversario partidista, al que  el inesperado ‘strep tease’ ha cogido con el pie cambiado, aunque siga en mis cuitas cavilando acerca del por qué de esa íntima pulsión que Eva, la pobre, fue tal vez la única chorva en no conocer.

Caerse del guindo

El secretario del Partido Andalucista, Julián Álvarez, ha puesto en solfa a la Junta cuyas campañas informativas sobre el referéndum del Estatuto de autonomía dice que le resultan sospechosas lo mismo que no se fía del tratamiento informativo que “la Nuestra” vaya a darle a la campaña. Bueno, quizá sobraba el comentario, por obvio, pero habría que recordarle al mandatario andalucista el silencio cómplice que su partido mantuvo sobre los medios públicos andaluces mientras, en su condición de “socio” de Chaves, tuvo y retuvo su trozo del pastel, callando durante años todo lo callable y tragando cuanto hubo que tragar. ¿Qué hay de nuevo en Canal Sur que no hubiera cuando el PA lo codirigía? Pues nada, claro está. Eso es justamente lo que deja en evidencia una crítica que, siendo enteramente razonables, rechinan en boca de quien hasta hace nada y menos concelebró esa misa negra.