El grano y la paja

Curiosa distinción electoralista del candidato marbellí del PSOE, el consejero Plata, quien postula que los votos de Gil deben ser para él y su mala fama y peor herencia para el PP. ¡Así, como suena, como si no hubiera habido cien denuncias sobre la dejación de la Junta y su imprescindible permisividad, como si no constara que en su día el propio PSOE ingresó en su cuenta el cheque que Gil le dio (eso fue lo que éste le dijo al juez y el tesorero del partido reconoció) a cambio (eso ya sólo lo mantuvo Gil, como es natural) de contrapartidas urbanísticas! O el éxito de Gil no se debiera a medias al fracaso descomunal de la gestión del propio PSOE y al apoyo que éste prestó bajo y sobre cuerda al “Ostentóreo” como mejor remedio contra el ascenso de la derecha conservadora. En Marbella el PSOE tendrá que asumir, en efecto, quiera o no quiera, la herencia de Gil y sus consecuencias, en la medida en que tenga lógica relacionar ambas como la actitud del partido mientras duró el guateque. NO se olvide la foto de Chaves con la García Marcos, que tampoco es tan vieja. Ni  tantas otras cosas de las más vale olvidarse.

El pesebre provincial

La guerra sindical en Diputación no parece que vaya a tener fin pero sí que es posible que acabe poniendo en evidencia lo que viene siendo hace mucho un secreto a voces, es decir, que el organismo provincial servirá para poco en un régimen autonómico, pero es el mejor pesebre político para estabular profesionalmente a familiares, amigos y demás pacientes y afectos al partido en el poder. La acusación de CCOO es tremenda, en especial si se tiene en cuenta el modo preciso de personalizar y la gravedad de sus acusaciones, que culminan en la aclaración que la responsabilidad por el festín de ‘enchufados’ no recae siquiera en el controvertido jefe de personal sino en otro alto funcionario al que el presidente Cejudo –lo dice CCOO, insisto—le debe lo bastante como para dejar que haga lo que está haciendo. Es necesario que la oposición haga pública la lista interminable de esos que el sindicato llama ‘enchufados’, desde los que cobran en el mayúsculo Gabinete presidencial hasta los que se han colado por lo bajini en las nóminas de aquí y de allá.

La santísima dualidad

Si hay un tópico optimista en el ámbito antropológico es, como me recuerdan desde el incansable Departamento de Historia Antigua de la universidad Hispalense, ése de la “la santísima dualidad”, es decir, la idea crucial, derivada o paralela al concepto de andrógino, que viene a decir que la Humanidad no es ni macho ni hembra, ni masculina ni femenina (ni epicena, por supuesto) sino ambas cosas a la vez. Las teorías al respecto son intrincadas y se han teñido últimamente, como no podía ser de otra manera, de un inevitable aura polémico que, en todo caso, los números cada día más numerosos y elocuentes de que disponemos van reduciendo al absurdo por la vía rápida. Desde el propio Gobierno, o sea desde el ministerio, acaban de darnos, por ejemplo, un informe sobre “Datos y cifras del Sistema Universitario” referido al curso 2005-2006 en el que, junto a la esperada disminución de las matrículas que determina el descenso poblacional, se destaca un hecho fundamental e incontrovertible: la mayoría femenina en todas y cada unas de las situaciones estudiadas. Es verdad que el fenómeno del crecimiento femenino viene de atrás y que sólo en el decenio de los 70 se multiplicó por tres el número de hembras que accedía a la enseñanza superior, pero una simple ojeada a la reciente estadística demuestra que no se trata simplemente de un vaivén entre los sexos sino de una auténtica revolución que aquellos colegas hispalenses parece que interpretan como la expresión de un “decadencia relativa” del modelo social impuesto desde una cultura tradicional, que  implicaría la imposición de una actitud represiva contraria a las tendencias naturales y que habría sido introducido por la peculiar acción intelectual característica de la historia humana. No sé qué decirles, la verdad, no ando yo muy seguro de esa conclusión, pero me quedo de momento con el dato aplastante de que la mujer ha pasado de su posición marginal y auténticamente exótica en el sistema socializador por excelencia a una postura dominante que sólo es posible mantener a estas alturas desde el fanatismo testicular.
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Dos datos me proporciona la misma fuente universitaria que estoy seguro que ha de producirles la misma impresión que a mí. El primero de ello es el hecho neurobiológico, al parecer probado, de que las hembras poseen millones de conexiones interhemisféricas en el cerebro de las que carecemos los varones, una circunstancia que, siempre según mi académica fuente, permitiría a la mujer “una visión más holística de la realidad”. El segundo procede de un difundido libro de Naouri sobre el ‘gap’ generacional y sus causas, en el que se sostiene que tres de cada cuatro niños que acuden a la consulta del pediatra son machos, lo que indicaría una debilidad congénita del “sexo fuerte” o, como expresan mejor mis corresponsales, la estupenda paradoja de que la hembra –como el pellejo de cuero frente al ánfora de barro—puede que sea a un tiempo más fuerte y más frágil que su media naranja. ¿Por qué, entonces, se mantienen flagrantes discriminaciones de hecho, algunas tan ridículas como la inferioridad de los salarios o las pretericiones laborales? Ah, eso habrá que preguntárselo pronto a la hilarante asamblea aristofánica más que al colmao machorro del banquete platónico, espero que sin necesidad de solecismos sexistas ni exigencias gramáticas de las que acaba de carcajearse a mandíbula batiente un significado “inmortal” de la RAE. Este otro Neolítico será también de las mujeres, sólo que esta vez no serán ellas las que se queden aviando la choza ni desbrozando el huerto en los ratos libres, sino las que, en nombre de la Diosa Blanca y con el tahalí de amazona ciñéndole el talle, se echen a la sabana en busca del bisonte que abatir o el caballo que domar. ¡“La Santísima Dualidad”! Sería una pena que a un dogma tan tardío le salieran esos herejes/as que puñetera falta que le hacen.

El guindo político

IU y PA, la “izquierda radical”, única verdadera, y PA, el andalucismo de partido con denominación de origen, parece que coinciden, a estas alturas del programa triple, en que el PSOE pudiera encontrar en el próximo referéndum de autonomía del 18F su principio del fin. ¡Aviados van la una y el otro! Es curioso, eso sí, el modo súbito en que recuperan la visión perdida estos políticos ciegos, sordos y mudos mientras van en sociedad con el partido hegemónico, pero que rompen a criticar por los codos en cuanto les quitan el coche oficial, el sobra para enjugar las deudas o ambas cosas. Porque, a ver, eminencias, qué le ocurre hoy al PSOE que no le haya ocurrido antes, cuando IU o PA le llevaban la cola al oficiante con una mano y el incensario con la otra? Si ni fuera por el PA, no lo duden, es más que probable que Chaves no estuviera donde está, y si no fuera por IU es seguro que no habría podido irse de rositas de tantos trances y apuros. ¿De qué hablan pues, una y otro, como no sea de su propia inanidad y de su propio fracaso? No será Chaves quien haya de pagar en solitario la factura de un eventual fiasco el 18F. Los demás, sin exclusiones, ya pueden ir buscándose cada cual su propia excusa. 

Tradición y futuro

Se ha recuperado en pocos años la fiesta del patrón San Sebastián, expresión de una Huelva seguramente lejana pero fundamental, de una capital todavía en embrión pero repleta ya en su identidad y en sus tradiciones. Como se va a recuperar el Parque Moret –escenario de tanta vida y de tanta muerte, síntesis de vida—en una historia local que apuesta por la paz con decisión el mismo día en que, hace más de ochenta años, se inaugurara ese espacio simbólico. Huelva viaja embalada hacia delante y hacia atrás, avanza con prisa hacia el futuro sin perder de vista sus orígenes, adapta a los tiempos este territorio humano cuyos nebulosos y míticos orígenes hacen retroceder los sabios continuamente. Y no es mala fecha la del patrón para ponerlo de relieve, como se va a hacer, tras tanto tiempo perdido y tanta discusión inútil. El Patrón y el Parque, una asignatura tanto tiempo perdida, otra tantos años pendiente, cierran hoy otro tramo del círculo continuo de esta historia en crecimiento. 

El pez grande

Una de las leyendas urbanas, como ahora se dice, más acrisoladas en España es la del asentador o intermediario que se enriquece en poco tiempo levantándose a las cuatro y acostándose a las ocho tras comprar un camión de nabos por cuatro perras y venderlo por ocho duros. Busque un español libre de ese prejuicio contra esos ganapanes de la lonja: tendrá difícil dar con uno, porque el rencor social se disfraza hábilmente de justicierismo y el reconcomio por el cochazo y el yate del rico sobrevenido, hace tiempo que pasa por defensa leal de los intereses del “productor”, último concepto superviviente de la retórica franquista. Hoy, sin embargo, hay algo más jodido que el mero juego ventajista del subastador respecto del gañán destripaterrones, y es el inalcanzable desnivel surgido entre la gente del campo que cría (ahora es moda decirque “hacen”) naranjas o melones, y el tío invisible que, sin menearse de la cantina del mercado de entradores, se come la mejor tajada. Parece ser, por poner un par de casos tremendos, que un kilo de limones o de clementinas multiplica su precio por veinte más o menos entre la huerta y el mostrador, dejando en manos de su creador genuino apenas un puñado de calderilla mientras se forran las mafias de corredores y los trincones de subasta. Y que el Gobierno no mueve un dedo, vamos, como si con él ni fuera esta injusticia secular y menos en la atmósfera sagrada de ese Mercado que ajusta sigilosa y sabia una Mano Invisible. Ya está anunciado por los síndicos del ramo un plante general para impedir la recogida de frutos en todo el sector cítrico en la próxima cosecha si alguien no mueve ficha a favor del huertano, entre otras cosas porque están convencidos de que el quid de la cuestión está en que las “grandes superficies” extranjeras que avasallan nuestra economía doméstica, al margen de las ventajas que les proporciona su propio volumen, logran bajar los precios a base de importar mercancías desde sus países de origen mientras nuestros productos encuentran cada día más trabas tras la frontera. La pregunta, bien lógica, es cómo coños va a defender el Gobierno español nuestra producción agraria en Europa si no es capaz de protegerla mínimamente aquí dentro.
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Alguien me dice que el caso de la fruta no es una excepción en el Sistema, que también el precio de un piso o de un coche, al dispararse el beneficio, supera veinte veces lo menos su coste, que desde que se “globalizó” el rollo, el industrial o el comerciante de ropa que logra “deslocalizarse” para surtirse en China se forra como no hubiera podido soñar hace bien pocos años. El pez grande que engulle al pez chico: ése es todo el secreto, aunque sea un secreto tan manido que lo mismo puede encontrarse en las páginas de Marx que en las de Hayek escritas, por supuesto, cuando no estaba tan claro el derrotero que llevaba esta mandanga. Todo indica, en cualquier caso, que la imagen del huertano repartiendo tomates a los transeúntes o destrozando su cosecha contra el asfalto ha de valerle de poco tal como están las cosas, y la gráfica explicación de la acumulación de plusvalías que, como las capas de una cebolla, agrandan inverosímilmente la materia reconvertida en mercancía, pasará inservible al museo si no al desván donde el olvido aguarda a todo lo que una vez tuvo sentido y vigencia. Por lo demás, Balzac sabía ya que, en el universo de “La comedia humana”, mientras más ilegal o dudoso es un beneficio más lo codicia el hombre, pero bien entendido que su fábula con moraleja sobre el perfumista ‘César Birotteau’ (sólo la ruina devuelve al inicuo su integridad y bla, bla,bla) no se la cree ni él. Aquí lo único cierto es que un limón o una clementina forran a uno que ni la ve, a costa del sudor de otro. Y que la abolición de fielatos, la fábula del sueño continental, es cosa de ricos. ¡Veinte veces más caro que a pie de árbol! Ese chollo no cuela ni entre nuestros áureos eurodipuados.