Premios y castigos

Si no es decente arrimar fondos públicos por un tubo allí donde los intereses electoralistas le dicen a la Junta que conviene a su partido, menos decente sería, por supuesto, negárselos a grupos y entidades por el hecho de ser los eventuales beneficiarios electoralmente contrarios al partido en el Poder. Ese sencillo axioma debería ser tenido en cuenta por la Junta –ya que esperarlo del Parlamento sería como sentarse a esperar—a la hora de desmentir, si puede, la dura acusación de la Asociación de Mujeres afectadas por el Cáncer de mama al delegado de Igualdad y Bienestar Social quien, según la presidenta de ésta, le estaría reduciendo las ayudas públicas desde que ella misma, en uso de la misma libertad que legitima el delegata, decidiera integrarse en una candidatura del PP. Si es falsa la acusación no debe de resultar difícil demostrarlo. Si resultara cierta, la responsabilidad por el atentado no sería sólo de ese encargado sino de instancias más altas. 

Visión de futuro

Es doctrina tradicional que la predicción del porvenir es negocio religioso. De él vivieron augures y pitias durante siglos, en el creyeron a pies juntilla no sólo la plebe ignorante sino muchos sabios encumbrados. Para entender el deseo del hombre en conocer el futuro hay que partir de la convicción generalizada –y subconsciente—de que ese futuro está férreamente determinado, como establecido de una vez por todas por mano de los dioses, únicos dueños de su secreto que, en uso de su libertad superior, pueden dispensar al curioso del imperativo científico básico que exige relaciones constantes para establecer hechos bien observados. Los dioses –los antiguos y sus sucesores—puede dispensar de esa condición epistemológica introduciendo en el pensamiento ese lado oscuro que es la irracionalidad y abriendo paso a la crédula esperanza de los devotos del oráculo. O eso creíamos, porque ahora resulta que, según una prestigiosa revista académica, la predicción o el simple pensamiento proyectado hacia el futuro no es más que una función orgánica tan bien definida que los sabios no dudan ya en ubicarla en un área determinada del cerebro, concretamente en una zona a la izquierda del córtex comprendida entre el cerebelo posterior derecho y el procuneus izquierdo. Quiere eso decir que cuando un hombre piensa en el pasado activa una zona de su cerebro distinta a la que hace funcionar cuando trata de asomarse a lo que se avecina, una experiencia que la técnica de escáneres de que hoy disponen  los sabios ha permitido determinar sin lugar a dudas. Vean cómo la secularización se impone en las sociedades industriales desarrollas y por qué algunos preferimos referirnos a ese efecto sociológico como una simple desacralización del mundo y del mismo hombre. Ya pueden empeñar tranquilamente el trípode apolíneo, porque en el Delfos globalizado que estamos organizando, los dioses tiene poco que ver en lo que va a ocurrir.
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Es sabido, además, que el propio Dodds –uno de los más conspicuos conocedores de estos fenómenos—bromeó alguna vez en el sentido de que, en realidad, es más que probable que los hombres no hayan creído nunca en el oráculo tan a ciegas como solemos suponer, ni siquiera en los siglos clásicos en que el marino consultaba a la pitonisa la suerte de su empresa o el rey aguardaba la sentencia del oráculo para declarar la guerra o eliminar al heredero. Pero sea lo que fuere, lo interesante es comprobar que estamos pasando de la consideración sacra o, cuando menos, ‘nouminosa’, de la adivinación, a una compacta teoría materialista que no deja resquicio para imaginaciones ni bromas celestes. Claro que también es verdad que, como mínimo a partir del XIX, llevamos constatados muchos fiascos en el asunto ése de la localización de funciones en el cerebro que, por el momento, las técnicas del día confirman como incuestionable. La sed de futuro de que hablaba Goethe, ésa que hace desvivirse al hombre por adelantar el conocimiento del porvenir, desciende, en cualquier caso, a ras de tierra, se vuelve de espaldas al cielo, desdeña el misterio para sustituirlo llanamente por la comprobación. El mundo se ilumina a medida que oscurece, como se ve, en la medida en que en el materialismo hay tanta negrura como claridad en la vieja aventura espiritualista, mientras el individuo gana parcelas de libertad al precio costosísimo, tal vez prohibitivo, de una autonomía humana que dista mucho todavía de ser suficiente. Y uno de los negocios más antiguos de la humanidad entra en crisis forzado por un progreso sabihondo que corona la materia con la misma diadema que, durante tanto tiempo, coronó al espíritu. De momento eso es lo que ha dicho la universidad de Washington y no vamos a ser ni usted ni yo quienes le discutamos el hallazgo. Habló Blas, punto redondo. Seguro que Goethe sonreiría hoy a la sombra de los sicomoros de Weimar.

El fantasma del 18-F

Crecen las especulaciones sobre la más que probable insuficiente participación electoral en el próximo referéndum del Estatuto de Autonomía, cuya fecha ha soltado, por fin, Chaves, como si se tratara del “secretum secretorum”. Desde el propio PSOE se recela ante el resultado de un a consulta que todo el mundo sabe que no interesa a casi nadie salvo a los políticos (eso fue lo que vino a decir en su día Guerra) y Chaves se adelanta a un posible bastinazo con la excusa, evidentemente forzada, de que podría ocurrir que la participación fuera baja por “exceso de confianza” de los ciudadanos. Desde IU, donde se han dicho tonterías excelsas a este propósito, se juega ahora a hacer de salvadores de la ocasión lamentando, eso sí, el tiempo perdido y el hecho de que la cita definitiva sea para un domingo en lugar de para un día laborable. Y el PA, en fin, endosa a Chaves la necesidad de igualar la asistencia masiva del 28-F histórico bajo el cual exige poco menos que su dimisión. Vean como se inventan los problemas para ocultar la realidad o, lo que es lo mismo, lo lejos que queda la preocupación partidista de las cuitas de la calle. 

El hermano lince

Ni el alcalde de Almonte –¡con la de cadáveres o desahuciados políticos que guarda en su armario esa criatura—ni los inasequibles al desaliento de Ecologistas en Acción están contentos con la atención prestada y los muchos dineros gastados en conservar al hermano lince entre los lucios de Doñana. Quieren más, más dinero, más obras, quieren que “cese este goteo de propuestas que no hace más que prolongar un problema muy serio e importante”, no se conforman con graves presupuestos, siembras de conejos, pasos subterráneos, y exigen nada menos que “una red coherente de carreteras que elimine los trazados repetitivos y garantice la seguridad vial”. Dios los oiga, pero la verdad es que ya quisieran para sí muchas especies humanas en extinción o peligro cierto el mismo celo e igual nivel de exigencia política y cívica que el hermano lince ha logrado. Hay en Huelva “pobres severos” y de los otros, una sanidad cuajada de problemas, sectores históricos en crisis o deficiencias docentes, pero quien merece atención es el hermano lince. Hace tiempo que el humanismo bien ordenado no empieza por el hombre mismo. 

La media memoria

También en Polonia andan  a vueltas con la “recuperación” de la memoria histórica, o para decirlo con mayor propiedad, con el proyecto de liquidar las responsabilidades del colaboracionismo con el régimen comunista derribado con el decisivo apoyo de la Iglesia nacional y, ni qué decir, tiene, con el peso definitivo del papa polaco. También allí hay institutos y entidades dedicadas a recuperar esa memoria y a desenterrar fantasma, pero bien entendido que sólo de un bando, pues los espectros del otro se toman por fantasmas familiares y no precisan exorcismo alguno. El propio arzobispo de Varsovia ha debido dimitir humillado antes de ser investido solemnemente en la catedral, convicto y confeso de haber espiado para la Seguridad Nacional, la temible “SB”, durante los años 70 y desde que fuera reclutado en la universidad en pleno torbellino del 68. Ni siquiera el papa –un papa que luchó en las fuerzas hitlerianas, por cierto—ha podido evitar la presión del nuevo régimen que esos dos iluminados que perece ser los gemelos Kaczynski tratan de montar a toda costa asentando su esqueleto ideológico en un anticomunismo elemental que sirve sobradamente para tapar otras muchas lacras del país y su clase política. Esos investigadores dicen ahora que la Iglesia que derribó el viejo régimen mantuvo, sin embargo, como miembros activos de los servicios secretos, nada menos que entre un diez y un quince por ciento del clero, una cifra tremenda, sin duda, que no resulta del todo fácil de explicar a la vista de aquel proceso que consagró la estrategia vaticana contra el imperio soviético. Ni una palabra se dice en esos informes –nada secretos, por cierto—de los clérigos ni de la jerarquía colaboracionistas con el nazismo primero, y luego con sus vencedores, un capítulo interesante del que, por supuesto, en el Vaticano saben más que nadie porque desde allí fue desde donde se organizó el rescate de la flor y la nata de las SS en colaboración con los servicios secretos aliados, por poner un ejemplo elocuente. Hay espías y espías como hay colaboracionistas y colaboracionistas. En Francia o en España, por no hablar de la Alemania de Adenauer en que tejía sus redes ese misterioso Markus Wolf, “el hombre sin rostro”, que parece sacado en una novela de Le Carré.
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En España no se ha entrado aún en ese capítulo –los memoriosos pueden ser lo que sean, pero no son tontos–, es decir, en el enojoso manglar del alineamiento clerical con Franco, quizá porque se considere no poco justificador el enorme estropicio perpetrado por el bando contrario en el clero tradicional. A nadie se le ha ocurrido pedir la mala memoria para el cardenal Gomá, pongo por caso entre cien, ni siquiera para esos curas montaraces que hicieron la campaña o la retaguardia con la cruz en una mano y la pistola al cinto, por la sencilla razón de que quienes desde el poder respaldan nuestra rencorosa campaña conocen bien el peso de la Iglesia en la sociedad española. Pero aunque lo intentaran me da que iban a tener poco apoyo vaticano, habida cuenta de que no es lo mismo ni mucho menos espiar para el diablo o caminar a su lado marxista que hacerlo para un régimen fascista. Cerca quedan las fotografías de Wojtila con el brazo por encima del hombro de Pinochet, un suponer, y más cerca todavía el escándalo de ese prelado argentino cuya connivencia con la dictadura militar no es un secreto para nadie. El pobre monseñor Wielgus debe pagar por haber elegido en su día  el bando malo y como si él fuera el único prelado que se las ha traído y llevado con el espionaje de la Guerra Fría o, incluso, con las situaciones tiránicas más abyectas. Si Ratzinger hubiera militado en el Ejército Rojo hubiera debido pagar un precio mucho más exigente que la calderilla que le fue respetuosamente exigida por sus servicios en las Juventudes Hitlerianas.

Juego de fechas

Está resultando de lo más divertido el pasillo de comedias que se traen desde la presidencia de la Junta a propósito de la fecha en que habrá de celebrarse el referéndum para aprobar el nuevo Estatuto de Autonomía. Sobre todo por lo insostenible que es el intríngulis dado que pocos pringaos andarán preocupándose, a estas alturas, ni por la fecha de la consulta ni por ese Estatuto infumable que ha servido, eso sí,  al margen de para encubrir la barrabasada catalana, para mantener en el limbo durante una legislatura y media a todas las fuerzas de la autonomía. ¡Pues no dice IU a estas alturas que cede en su pretensión de que se celebra en día laborable con tal de que se decida una fecha más próxima al 28-F! Nos toman por tontos del bote, de eso no hay duda, y en buena medida parece que lo fuéramos por seguirles la corriente. Si el día que finalmente se decida hay mucha gente en las urnas para votar a ciegas un Estatuto que no conocen –¡y mejor que no lo conozcan!–, habrá que conceder que sí, que algo de bobada colectiva tenemos en lo alto.