El gran ausente

Cuando ardieron los montes en Huelva y Sevilla, Chaves no se dignó interrumpir sus vacaciones de 40 días 40 por la brumosa Galicia; en cambio cuando el submarino atómico ‘Tyreless’ atracó averiado en Gibraltar, allá que se fue con su pancarta a presidir la manifestación contra el Gobierno legítimo pero, ay, “no amigo” de esta nación de naciones. Tampoco ha bajado a Algeciras Chaves para ver de cerca el alcance de esa tragedia anunciada que ha sido el vertido de fuel, ni para improvisar al menos un paripé de “voluntarios” o exigir responsabilidades a un Gobierno al que Algeciras culpa sin ambages del suceso. Chaves es un especialista en ausencias que se atiene a la regla más simple, a saber, la de no aparecer por allí donde lo que aguarden no sean vítores amigos y ramos de flores, convencido de que todo– la ceniza de los quemados o la injuria del chapapote, la ruina de los campurrianos o el pan de los costeños– se olvida con el tiempo. Por eso no porta por la costa destrozada como no portó por los montes destruidos. Otra cosa sería si gobernara el rival.

Molestas sentencias

Nuestros políticos, espejo de ciudadanos, suelen engolar la voz para proclamar que “respetan” les decisiones de la Justicia (¡como si nos hicieran con ello un favor!) aclarando, de paso, que ello no implica, lógicamente, compartirlas. Hasta ahí, normal. Lo malo es que, además de no compartirla, con frecuencia demoran su ejecución o, incluso, la evitan, como está haciendo el Ayuntamiento tránsfuga de Gibraleón al negarse a readmitir a los trabajadores ilegalmente despedidos de la tele municipal cuando el ‘golpe’ y el ‘antenazo’ que arrebató la alcaldía al PP. Importante: el Juzgado reclama esta vez al Ayuntamiento que suspenda toda actuación destinada a convertir lo sentenciado en algo de imposible cumplimiento. Francamente, si eso es así de evidente, no me explico por qué, ya de paso, no se apercibe a los responsables municipales, empezando por al alcalde, de las sanciones que les pueden caer encima si insisten en burlar la Ley.

Hembra sin atributo

Se celebró ayer, sin mucha repercusión entre nosotros, me temo, la “Jornada Internacional de Lucha contra las Mutilaciones Genitales Femeninas” practicadas por las culturas primitivas y su creciente avanzadilla en el denostado Occidente. Cuesta creerlo pero hay en este momento en el planeta, según el testimonio de UNICEF, un total de 130 millones de mujeres adultas y jóvenes que han sido sometidas salvajemente a la ablación del clítoris o a la infibulación bien en sus países de origen, bien en nuestro propio territorio y se estima que la atroz amenaza gravita sobre tres millones de niñas cada año, en especial en amplias zonas africanas y en el Sudeste de Asia. Más aún que esas prácticas, denunciadas mil veces en los países de acogida, siguen practicándose ante la relativa indiferencia de una autoridad consciente o inconscientemente imbuida de la razón multiculturalista que todavía promueven, no dudo que con su también relativa buena fe, algunos ingenuos y, por supuesto, un buen montón de malvados. Urge disipar un prejuicio muy frecuente en esta época de tensiones de origen religioso, y es que la mutilación femenina, contra lo que suele creerse, no tuvo jamás el respaldo de ninguna religión sino que ha funcionado siempre impulsada por la inercia de remotas tradiciones  probablemente difundidas, a través de los siglos, desde el Egipto antiguo, que indujeron  a ver en el clítoris –como en el prepucio, por otra parte—un elemento oscuro, misterioso, tal vez demoníaco, rastro del andrógino primordial y, en cualquier caso, órgano de la impureza y hasta sede de la histeria. Algo, en definitiva, que había que amputar en beneficio de la propia mutilada cuyo interés se contemplaba, por supuesto, desde la estricta perspectiva del macho. Un trozo de vidrio, una cuchilla usada y una bruja especializada están perpetuando en nuestra propias civilizadas barbas la más cruenta liturgia creada por la ignorancia humana y su inseparable perfidia. Ayer se celebró el día de lucha contra esa lacra. ¿Escuchó alguno de ustedes por alguna parte al habitual coro femenino? Pues yo no.
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Es probable que no exista mayor ni más contundente alegato contra la opción multiculturalista –la que propone un modelo de sociedad en el que cada grupo étnico o cultural mantenga íntegra su cultura y su tradición—que este escándalo insufrible de la carnicería perpetrada contra las mujeres inmigrantes. Hay países que castigan ya esas mutilaciones, otros que las ignoran en su especificidad y algunos que prometen la sanción que nunca llega, pero mientras tanto todas las policías de Occidente saben que esas minorías practican sus ritos nefandos en secreto cuando no optan por remitir sus hijas al país de origen para que en él sean “intervenidas” al amparo de una costumbre antihumana que hay quien todavía trata de colarnos como rasgo legítimo de una cultura ancestral. Como hay grupos activísimos de defensa de la mujer a los que, sin embargo, se les escapa la cita mundial que la ONU propone para luchar contra la peor de las lacras que padece la mujer en el mundo. Hay una leyenda entre los dogones, registrada hace años por Marcel Griaule, que sostiene que el clítoris amputado se transforma en escorpión una vez liberado de su dependencia orgánica, imagen estremecedora que ilustra mejor que todas las palabras del mundo la vieja hipótesis del miedo masculino a la sexualidad de la hembra, el famoso “pavor marital” del que habló alguna vez el tronado de Bataille y sobre el que ha dicho cosas decisivas un buen puñado de antropólogos y especialistas sociales. 130 millones de mujeres mutiladas constituyen, en todo caso, un argumento aplastante frente a cualquier teoría. Déjenme que me sorprenda, al menos, ante el silencio o la pasividad de esas amazonas que reclaman la defensa del “género” pero luego no aparecen siquiera cuando la ONU las convoca.

A diestra y siniestra

Lo peor de las corrupciones urbanísticas que no perdonan comarca ni pueblo es que PSOE y PP se han enrocado en la estrategia del “y tú más”, de modo que cada vez que se destapa un escándalo, primero se niega y, a continuación, se le imputa otro similar o mayor al de enfrente. Y luego no ocurre nada, como se ha demostrado ya en los repetidos casos en que los Ayuntamientos cambian el uso de un terreno días antes por “uno de los suyos” (los sobrinos de González en Sanlúcar la Mayor, los tránsfugas/sociatas de Gibraleón, la número 2 del PSOE en Fuengirola ‘è tutti quanti’) se haga con ellos por su inocente precio original. Llama la atención que en pueblos tan reducidos no se produzca una reacción radical contra estos lamentables abusos que, en ocasiones, incluso se llega a justificar con el argumento de que cualquiera haría lo mismo en el lugar del trincón. Los pactos anticorrupción no han servido ni para inquietar a los rapaces. Toda una nueva clase apunta entre nosotros surgida directamente del suelo urbanizado. 

Honestidad y propaganda

¡Si es que nos las dejan colgadas! Ahí tienen ustedes al bi-presidente Chaves proclamando a los cuatro vientos que “es deshonesto utilizar la campaña del Estatuto de Autonomía para intereses de partido” precisamente… en un mitin de partido a favor del ‘Sí’  y montado a mayor gloria de una candidata al Ayuntamiento de la capital que, según las encuestas, sigue siendo notablemente desconocida, ay, para la gran mayoría de los ciudadanos. No tenía necesidad el Presidente de pronunciarse contra toda evidencia, pero lo hizo y eso demuestra, una vez más y van cien mil, que el discurso político, además de improvisado, suele ser gratuito y descomprometido. ¿O habría que considerar deshonestos a quienes intervinieron en ese mitin con candidata? Decir que no es tan razonable como evidenciador del alcance de la camelística política.

Las nuevas dinastías

No está dando gran cosa de sí, al menos desde una perspectiva mediática, la sucesión de Fidel Castro por su hermano Raúl. La probable sucesión del presidente Kirchner por su esposa Cristina, actualmente de gira oficial por País tiene, por el contrario, toda la pinta de funcionar a las mil maravillas. Los Bush han conseguido hacer de la “República gigante” de Tocqueville un imperio hereditario o poco menos aplicando por libre pero con mayor éxito el método ya ensayado por los Kennedy. Un hijo de Laurent-Désiré Kabila, Joseph, rige los destinos del Congo desde que su padre muriera, de manera tan sospechosa, todo debe decirse, durante la pasada guerra que devastó de nuevo el país. Son las modernas dinastías, que no hay por qué ver ni menos ni más legítimas que las antiguas, y constituyen un exponente magnífico de la evolución política que ha permitido a los poderosos vestir el muñeco de la patrimonialización familiar del poder sin tener que recurrir a una guerra continental o a la degollina en el harén. Hay un caso, sin embargo, que se sale de la regla y está dando no poco que cavilar a politólogos y cronistas de sociedad, desconcertados todos por la actitud del “heredero” de Kim Jong-il, el “Amado Líder” de Corea del Norte, un play-boy al que la prensa asiática (y aquí utilizo la traducción literal del ‘Hongkong South China Morning Post’) sitúa en la excolonia portuguesa de Macao, con su familia instalada en plan “Emmanuelle” en una isla exclusiva y recóndita, y aposentado él mismo en un hotelazo de lujo (asiático, no hará falta decirlo) en el que lleva una vida no poco disipada que estaría haciendo pensar a papá en legar el cetro y la corona a uno de sus hermanos fieles a la convención integrista de aquel tardocomunismo. Las nuevas dinastía se reparten el planeta de modo no muy diferente al empleado en su momento por las viejas, si descontamos la discreta contradicción que supone el desajuste ideológico con su dorada realidad. No sé por qué, después de todo, cualquiera de esas nuevas castas iba a ser menos que los Grimaldi. Bokassa demostró en el siglo pasado que para coronarse emperador no hace falta más que un trono y un manto de armiño.
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Lo que no me parece justo es extremar el treno por un hecho tan simple, toda vez que estamos viendo que en las democracias más pizpiretas no falta precisamente aquel sentimiento patrimonial. En la española, para empezar, si hiciéramos la lista de dirigentes de segunda y aún tercera generación veríamos lo que es bueno y en la francesa acabamos de ver como un tipo serio como Sarkozi moviliza a toda la policía especial para recuperar la moto del nene robada por unos pringaos de la ‘banlieu’ que parece que, contra todo pronóstico, puede amarrar su triunfo en las próximas elecciones. Todo poder tiende al favoritismo y siente el tirón nepótico, como estamos comprobando un día sí y otro también viendo a esos hijos, hermanos, sobrinos y cuñados que se forran adjudicándose los contratazos públicos que su epónimo legitima a distancia con el solo influjo de su apellido. Kim Jong-nam, moyatoso y  mujeriego, es por eso precisamente un escándalo que se sale de la regla y pone patas arriba el esquema del poder hereditario que tiene su inmediata base en la lógica de la propiedad privada, según la cual lo que debería estar haciendo no es montar orgías en Macao sino instruirse en Pyongyang aprendiendo junto al “Amado Líder” las técnicas del control social que son, aunque él no lo sepa o no quiera saberlo, el hontanar desde el que fluye pródiga la fortuna que lo mantiene como un magnate y le paga sus vicios. Herederos rebeldes a su augusto futuro los hubo en las mejores dinastías como siempre hubo junto al César favoritas maquinadoras sin escrúpulos como las “chiches” argentinas. Yo no puedo entender la que Jaime Peñafiel trae con doña Leticia con la que está cayendo sobre el siglo XXI.