La pedrea urbanística

Continúa el festival de acusaciones mutuas y pedradas sobre el tejado vecino, como si el escándalo de Marbella hubiera actuado de revulsivo a distancia en las conciencias políticas de nuestros actores públicos. Esa vea, y respondiendo a una agresión tan dura como injustificada del ex-alcalde lepero Pepe Oria sobre los negocios ladrilleros del PP, el concejal de urbanismo de Lepe, José Manuel Jurado (PA), ha denunciado sin pelos en la lengua al propio Oria quien, de ser cierta su acusación, habría recalificado, mientras fue alcalde, “al menos tres fincas suyas y de su familia”. Palabras mayores, como se ve, injurias imborrables que surgen cada día y se cruzan como mandobles estos espadachines insensatos que van a lograr que la desmoralización colectiva toque fondo. Quienes mandan en los partidos (en Sevilla, mayormente) deberían impedir que continúe este zafarrancho que, cuando no deja en evidencia desvergüenzas inauditas, se queda en agua de borrajas.

Razón y fuerza

Menos mal que hay materia para dar y tomar en titulares, con el peruanazo del indígena de izquierda y el empate italiano, pero en París se vive la sensación colectiva de que la marcha atrás del Gobierno en el negocio del “primer contrato” ha supuesto no sólo un tiro decisivo en el ala del “premier”, sino una auténtica “crisis de régimen”. Con muchos beneficiados, eso sí, junto a los estudiantes reinventados como fuerza social, a saber, un tal Sarkozy, callado como un zorro, que ve al fin como le quitan de encima al guapo de la película; unos sindicatos en los que no creían ni sus secretarias que de pronto se han envuelto en la bandera roja a ver cual es la próxima que cae; una extrema derecha que se frota las manos ante la debilidad política; y en fin, una izquierda (sobre todo un PSF) rota en veinte pedazos (los contaba alguien ayer en un “rebond”) que siente como si la hubieran zurcido con un pespunte tan provisional como efectivo.¡Un milagro que no estaba previsto ni mucho menos, el comienzo de algo que nadie tiene repajolera idea de qué pueda ser ni dónde pueda acabar! Pero ¿está bien o no lo está dar el brazo a torcer cuando la resistencia social es fuerte? Ese dilema rebulle bajo la superficie del gran debate, enfrentando a los partisanos del “prestigio del poder” y la leña a todo trance, con quienes juiciosamente creen que cuando una cosa no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. El famoso ‘CPE’, mismamente, estaba claro que no podía ser, se le hagan a los coaligados las críticas que se quieran. Hay sin embargo una cuestión que tampoco se silencia: ¿cual es el límite razonable de la resistencia y, por el reverso de la cuestión, dónde y cuándo deben los poderes reales ceder ante la exigencia de la opinión? Hay mucha gente contenta esta mañana en Francia, pero ya veremos que nos cuentan unos y otros dentro de un par de años si la cosa sigue como va, que no va nada bien, todo hay que decirlo. Da cierta pena el cabezón de Villepin, a pesar de todo, si se piensa en las innumerables demandas de flexibilización que le vienen haciendo desde hace tiempo y desde todas las direcciones.

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Grave cuestión, la del equilibrio entre la prudencia y la determinación en un político, grave y espinosa. Nadie le había pedido a ZP organizar la trifulca catalana (ya saben lo de la indiferencia de la opinión en las encuestas) y su obcecación, aunque haya sido producto de la necesidad, le ha catapultado, al menos de momento. A Villepin le venían pidiendo ese contrato –con sus variantes, claro está—tirios y troyanos, y ha sido sacarlo a la luz y caerle encima la del tigre. No le ha dado resultado el apotegma céltico de Cela: “El que resiste, gana”. Qué va. Más le hubiera valido ceder a calzón quitado a las exigencias estudiantiles –una nadería en sus comienzos—que ese numantinismo suicida que ha fortalecido a Sarkozy aunque probablemente haya debilitado a la República, que aquí sigue siendo una cosa bastante sería. Para manejar con tiento el amonal de los cambios hay que tener la mano fría de Tayllerand o la garra enguantada de Fouché: en democracia moderna, más vale no menearse. Regla improvisada: si en dictadura la resistencia es necesaria para acabar con el “régimen”, en democracia lo es para mantenerlo vivo y en forma. No sabemos, por ejemplo, qué habría ocurrido en España si ante la brutal reforma laboral de González, se le llega a enfrentar unido como una piña tres cuartos de país en lugar de pasarse cuatro años despotricando contra el “trabajo basura”. Ni lo que habría sido de España (ya casi tienta hablar de ella en pasado) de oponerse a la exigencia separatista y la ambición del Gobierno, con una oposición semejante. Sí sé lo que aquí ha ocurrido tras el zarpazo resistente: “rien de rien”, nasti de plasti. Al menos de momento, porque hay quien dice que ahora la resistencia irá a más. Veremos, De momento, a algunos nos resulta imposible contemplar este jacobino París primaveral sin una migaja de nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue.

Cuidar el mercado

Mira que nos gastamos dinero en promocionar incluso lo que no necesita promoción, y echamos por la ventana de la Junta dinerales en propaganda a favor de nuestros productos. Bueno, pues a ver cómo se explica que nadie advierta operaciones mayores como ésa de colocar en Barcelona 76.000 litros de un “aceite virgen extra de oliva” más falso que Judas, como hecho base de girasol con sus conservantes y colorantes, y que han debido deshacer los “mozos de escuadra”. Algo huele mal en el negocio puesto que, por lo que parece, el propio Consejo Regulador local le había negado a la empresa de Baena autora del estropicio la pertinente inscripción, una razón más para que la consejería averigüe lo que proceda y ponga en claro cómo es posible que se perpetren estos auténticos ataques a nuestros productos en los mercados más delicados. Baena no es Nueva York, y por eso lo suyo sería que este asunto se pusiera en enteramente claro además de tomarse las medidas precisas para que otros similares no se produzcan.

El Velódromo

Justo cuando muchos andaluces, y onubenses, tiene ocasión estos días de comprobar en los mercados europeos los exorbitantes precios de los productos de nuestra tierra (15 euros un kilo de clementinas, un poner, en un célebre mercado parisino), Freshuelva y otras organizaciones reclaman que se arranque de cuajo el 25 por ciento de los cultivos de fresa que se cultivan actualmente en la provincia como medida de emergencia para regularizar los precios en una lonja internacional controlada por el sector de la distribución o, por decirlo, con palabras de la COAG, por “el sector de la gran distribución” que logra beneficios de hasta un 400 por cien en productos (la fresa entre ellos) por los que a nuestros productores les pagan cuatro perras. Algo habrá que hacer, eso está claro, en un sector que genera cuatro millones de jornales directos al año y al que debe su prosperidad una buena parte de nuestras economías familiares, empezando por unificar criterios e intereses entre las organizaciones que, según ASAJA, hoy camina cada cual por su lado. El “oro rojo” está en peligro. Ahí sí que tiene la Junta una besana en que invertir sus millones.

Babilonia y Roma

Calma tensa en París, en espera de que un milagro abra el “cul-de sac” creado por Villepin. Normalidad republicana, precios por las nubes, españoles hasta en la sopa, y eso sí, una vida cultural que sigue su curso, indiferente a las bregas sociales y a los traumas políticos. Este París no es el del 68, ni esta primavera aquella –ojalá, en algún sentido–, ni la pareja Bernard-Henri Lévy/Tom Wolf se tendría en pie comparada con, pongamos por caso, la de Sartre/Norman Mailer. En la tele, en los periódicos, en las librerías, se refuerza el énfasis, sin embargo, en este “couple savant” –eso es lo que hay—destacando sus dos últimas obras, “American Vertigo”, un reportaje declaradamente tocquevilliano, y “Moi, Charlotte Simmsons”, implacable vivisección de la sociedad americana actual. BHL se exalta: no debemos creer en las apariencias, América no es un país inseguro sacado de sus casillas por los terroristas del 11-S, ni debe ser identificada con los “marines” o con Woodie Allen, si acaso con los dos, como “un coloso que duda”, un imperio que no será nunca Roma sino una democracia inquebrantable, a pesar de todo, un elefante al que no afectan seriamente los mosquitos “neocons”, las izquierdas o las derechas rivales aunque idénticas, por la razón elemental de que es un pueblo sólido estructurado por la Ley. Wolf por su lado ve un panorama no poco desconcertante en el que una vasta y variada fauna de activistas, gays, intelectuales, cínicos ( o ambas cosas en una pieza), convergen finalmente en la vulgaridad, sin dejar de constituir el ensayo más acabado de sociedad política ideal que se haya producido desde la vieja Grecia. USA es un tren que no hay quien pare– según este septuagenario frágil pero duro como un diamante bien pulido—porque resulta inmune, hoy por hoy, incluso refractario, a cualquier tentación del aventurerismo político”. Hab´ria, eso sí, un riesgo, un factor sensible: la corrección política. Entre los dos vigías de Occidente no han dado más de sí.

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Dejo los libros y me reintegro a la vida, a la calle, reventona en los plátanos callejeros, soleada como un campo de batalla anunciada pero evitable, multirracial, multicultural, technicolor y panavisión, atestada, bullente, eterno termitero. Con Lévy en la memoria: Norteamérica –el mito de Tocqueville pasado por Kerouac—representa el equilibrio de los excesos, USA “es el problema y la solución”, no se pierdan el volatín paradójico. ¡Pero es tan peligrosa la obesidad, no la de las personas, sino la de las cosas, la megavisión, el megamercado, la megalomanía, esas losas de inhumanidad que abruman al hombre hasta aplastarlo…! Siempre nos quedará París, eso era verdad, menos mal, y tal vez lo sea también que el cine es menos mentiroso que la crítica y más avisado que la opinión. Es para ver el posado de ambos talentos en la portada de alguna revista de lujo, de punta en blanco (como siempre) Wolf, “arreglao pero informal” un Lévy con blanca, impoluta camisa Saint Germain y “blackberry” negro. ¡Dan una envidia estos intelectuales olvidados del ‘prêt-à-porter’, tan chics, tan finolis, tan sensatos e integrados! Pero ¿me van a decir que este Abril es como aquel Mayo? Vamos, hombre. Las noticias llegan de España con sordina, previsibles, tremendas, penosas en algún caso, pero cuesta engarzarlas como es debido en medio de tanto trajín, juvenalia de Saint Michel, parterres de anémonas y brotes altos en el Luxembourg, movida frente a Nôtre Dame, la espuma de los tiempos remansada en el baratillo cajonero de la orilla del Sena, libros, grabados, recuerdos que ya no son lo que eran ni acaso lo fueron nunca. Qué suerte ir por la vida tan seguro como BHL, incluso tan pizpireta como Wolf, mariposa con las alas abrasadas en su propia hoguera: la de la vanidad.

Memorias por la culata

 

Estupendo rifirrafe entre Alfonso Guerra y el expresidente Borbolla, aquel acusándolo ahora de ser quien filtró a la prensa los papeles comprometedores que afectaban a lo que hacía en su despacho (del de Alfonso) su hermano Juan. Es posible que hubiera no sólo esa filtración sino otras, pero más evidente es que lo que debería importar a un responsable político no es quién filtró o dejó de filtrar indicios o pruebas sobre las trapisondas de su “asistente”, sino el hecho mismo de que el “asistente” fuera un trapisondista. ¿Qué es lo grave que Borbolla fuera o dejara de ser fiel al partido o que Guerra (que presumía de saber todo lo que pasaba) permitiera a su hermano organizar una auténtica oficina de recaudación en el despacho oficial del vicepresidente del Gobierno? Borbolla la ha contestado que miente y lo sabe, además de llamarle “individuo”, pero es una lástima que se haya perdido el mejor argumento. Aparte de que hace falta cara para volver sobre aquellos pasos perdidos. Aprovechando el tiempo, lo menos que podría haber hecho Guerra es subir a ese púlpito con antifaz.