IU tras el espejo

La coalición Izquierda Unida (IU) está que lo tira de cara a las municipales en las que, como las cosas no cambien enteramente, votarla equivaldrá, sin la menor duda, votar al PSOE. Hay curiosos cambios y gestos tras el relevo del anterior candidato, aunque acaso ninguno tan estupendo como la ocurrencia de Pedro Jiménez, candidato actual y baranda máximo, de lanzarse al otro lado del espejo, como ‘Alicia’, para proponer que los vecinos participen a tope en la vida pública, empezando ni más ni menos que por implicarse en la elaboración de los presupuestos. Con tantas barrilas demagógicas como lleva uno escuchadas, pocas tan espectaculares y poco realistas como esta implicación técnicamente inverosímil que, por supuesto, IU no propone allí donde gobierna, como Córdoba o Sevilla. Poco ayudará a una izquierda cada día más desvaída meterse en demagogias. Este cuento de la participación en los presupuestos, por ejemplo, revela lo poco que, en un terreno realista y concreto, le queda por decir a IU. 

La asamblea muda

La interesante campaña electoral francesa está introduciendo en el repertorio habitual un número insólito: someter a los candidatos (a los dos grandes, que es lo fuerte) al debate en directo no ya con los profesionales de los ‘medios’ sino con los ciudadanos y en riguroso directo. En Bélgica han copiado el cuadro tímidamente convocando un encuentro televisivo entre un grupo de espontáneos escogidos y el primer ministro Verhofstadt, pero en Francia se trata de enfrentarse sin mediación alguna, es decir, de imponer, siquiera por fuera del procedimiento electoral, la realidad de una participación directa de naturaleza asamblearia, una experiencia tan revulsiva que ha logrado del tirón, de momento, una audiencia de nada menos que ocho millones de espectadores. Nadie puede calibrar todavía el alcance de esta novedad en la que más de un ingenuo quiere ver de sopetón la vuelta al ideal imaginario de las democracias arcaicas, es decir, a aquellos regímenes en los que los asuntos públicos eran debatidos por todos los ciudadanos a los que alcanzaba el derecho de ciudadanía, con ese precoz espíritu “ilustrado” que Adrados supo poner en su justo sitio y que suele deducirse ingenuamente del cuadro idílico, con Pericles en primer plano, que pintó Demóstenes para idealizar la democracia que condenó a Sócrates. La tele es hoy la Asamblea –la ‘ekkleesía’– a la que pueden asomarse e incluso tomar la palabra, en principio, todos los ciudadanos, probablemente, pero ni hoy ni entonces resulta realista deducir de ese principio la realidad de una participación real que nunca se produjo en Atenas ni aquí es verosímil que llegara a producirse nunca. El régimen de representación es, en el fondo, la garantía frente a la tentación asamblearia, el dique más efectivo frente a la participación, el secuestro legal de la soberanía perpetrado en nombre de la funcionalidad práctica. Por más gestos que hagan los arcontes convocando a la asamblea, pocos sentido tiene esperar que ni uno solo de ellos decline efectivamente su poder y someta su criterio a la opinión de la mayoría. No es más que una ingenuidad ignorar que eso es algo que ha ocurrido desde mucho antes de que el régimen de autogobierno cristalizara en el esquema rígido de la partitocracia. En Atenas o en Roma ya era así. No tienen más que escuchar a los testigos.
                                                                 xxxxx
Los más entusiastas andan sacando ya conclusiones igualmente impropias de ese ejercicio que no deja de tener su importante dosis de demagogia, hasta el punto de que hay quien anuncia el ocaso del periodismo, víctima de ese protagonista, insisto en que imaginario, que sería la opinión pública representada por esos polemistas extraídos sin condiciones de la audiencia, que plantean a los candidatos cuestiones que sólo una óptica inocente puede creer más próximas y calientes que las que puedan plantear los profesionales especializados, un poco como los “oyentes” espontáneos de las tertulias radiofónicas se hacen pasar por voces más directas y expeditivas que las de los tertulianos. Es más, estoy convencido de que lo probable es que el candidato prefiera vérselas con un francotirador pertrechado de su experiencia y sentido común a enfrentarse con unos profesionales que  poseen un conocimiento incomparablemente más solvente que el que pueda tener el idealizado peatón electoral. Me imagino la ‘espantá’ que darían a un tiempo la Royal y Sarkozy si les cayera encima la propuesta seria de un sistema asambleario en el que debieran responder, no durante una sesión y tras pasar por los maquilladores, sino a pelo y durante toda la legislatura, de sus compromisos y faroles. Ya me gustaría creer, ya, en esos “jurados-ciudadanos” que están animando la feria en el país vecino. Lo malo es que me acuerdo de la suerte de Sócrates y se me caen los palos del sombrajo.

Cándida en Jauja

El próximo curso docente en Andalucía va a ser el no va más de los novamases si se cumple siquiera la cuarta parte de lo prometido por la consejera optimista, Cándida Martínez, que acaba de anunciar la explosión final del proyecto de “centros TIC” (Tecnologías de la Información y la Comunicación), alcanzar los cuatrocientos centros bilingües (¿) en la comunidad, extensión hasta el millar de centro del programa “Deporte en la Escuela”, sin contar la tira a los que llegará ese enigma que son los “Proyectos de Paz” o la panacea de la “coeducación”. La casa por el tejado, como ven, puesto que la enseñanza sigue falta de medios humanos y materiales, carece de un sistema ágil de sustituciones en el profesorado, nunca logró ese “ordenador por cada dos alumnos” prometido cien veces desde hace años por Chaves y, por no saber, no sabe, ni cómo proteger a los alumnos del clamoroso fracaso escolar y a la comunidad educativa de la violencia creciente. Jauja. Doña Cándida sabe que no hay mejor defensa que la huida hacia delante.

Otra de gorilas

Pendientes estamos de lo que decida el Juzgado de lo Mercantil de Sevilla sobre el pleito que se trae la inversora suiza Shorthorn Limited con el enigmático superviviente del conflicto minero riotinteño que es Carlos Estévez, “el de los gorilas”. Los suizos dicen sentirse estafados por éste tras invertir 2.000 millones de pesetas a cambio de nada y ante la inhibición de una Junta de Andalucía que tan buen trato dio a la otra parte cuando fue menester. Estas sagas tienen eso, que se acaba olvidando el guión, pero si no fuera así –si tuviéramos presente la historia completa– es probable que esa Junta inhibida se sintiera al menos incómoda con un enredo tan largo en el que han tenido voz, a lo largo de una crisis tan larga, todos menos los trabajadores. Shorthorn no se explica por qué la Junta hace lo que hace. Respalda a quien respalda y desoye a quien desoye. Ni Shorthorn ni, probablemente, nadie con sentido común.

Donde fueres…

No se cumple en esta era el consejo del refrán antiguo: “Donde fueres, haz lo que vieres”. Al revés, se predica –multiculturalismo, creo que llaman a eso– que los visitados hayan de adaptar su costumbre a la de los visitantes, permitiendo que éstos manifiesten lo suyo con libertad plena y absteniéndose, encima, de mostrar lo propio. No en todas partes, por supuesto, porque resulta curioso pero los más exigentes a ese respecto son precisamente quienes menos dispuestos se muestran a corresponder a la recíproca. En el avión, antes de aterrizar en un país islámico, te avisan de la obligación femenina de cubrirse con el velo ritual, de la que no se salvan ni la reina visitante, pero a nadie en sus cabales se le ocurriría organizar una manifestación de culto cristiano, pongamos por caso, en la puerta de una mezquita. En Francia o en Inglaterra se mantiene con rigidez la prohibición de asistir a la escuela cubiertas del velo, sea el “niqab” sea el “jilbab”, como acaba de confirmar, una vez más, hace unos días, un alto tribunal. Desde el otro lado, sin embargo, se acentúa la presión como lo prueba la exigencia del más alto consejo musulmán de que se permita a los estudiantes el uso de esas prendas pudorosas incluso en clase de deportes, que se separe por sexos a los alumnos, que se les dispense de la ducha colectiva y se les haga gracia de las clases de danza, una actividad incompatible con el pudor coránico, amén de exigir que los profesores sean del mismo sexo que los pupilos. Frente a ese trágala irreductible de la identidad, la numerosa y creciente colonia china en los países europeos anda adoptando sin contemplaciones no sólo el modo de vida local sino la propia onomástica, auténticamente generalizada ya entre sus comunidades sin la menor objeción. Hay inmigrantes e inmigrantes, ni que decir tiene, como lo probaría también esa médico polaca inmigrante en España que dice soñar con que su hijo juegue algún día integrado al máximo con los chicos de su pueblo. “Donde fueres, haz lo que vieres”. Si necesidad de imponer modelos está más claro que el agua que el conflicto migratorio procede menos de cierta xenofobia propia que de la intransigencia ajena.

xxxxx

La adaptación al huésped es una tradición de siempre. Alejandro mismo adoptó, como es sabido, la costumbre persa, empezando por el vestido, o se dejó faraonizar por los sacerdotes de Amón sin que por eso se le cayeran los anillos ni su fuerza disminuyera. Como hubo reyes cristianos que, durante la Reconquista, vistieron la chilaba y calzaron babuchas, lo mismo en Toledo que en Sevilla, respetuosos con el ambiente recién conquistado. Y la razón es simple: ninguna inmigración funcionará normalmente mientras los que llegan no acepten la costumbre indígena. El mito de la convivencia de culturas puede servir en el discurso político pero el problema es que jamás existió realmente esa convivencia idílica si no fue de manera excepcional y efímera. Lo atestigua la triste crónica de los “pogroms” o cuanto sabemos de la condición de guetos de morerías y juderías en España y fuera de España. En el mismo Zocodover toledano un arquillo lleva un nombre temeroso: “Arquillo de la Sangre”. Los chinos adoptando nombres europeos, los japoneses hispanizados desde hace siglos en la Coria andaluza, los polacos procurando su integración plena en nuestros pueblos, Perú dándose un presidente con nombre español o los “latinos” del “West Side” bautizándose como yanquis: el éxito del inmigrante depende de su aceptación del modelo acogedor. La multiculturalidad, en cambio, conduce fatalmente al gueto y el gueto, tarde o temprano, al “pogrom”, mientras que la integración respetuosa y razonable no impone la renuncia a la intimidad. Aparte de que nadie está legitimado a exigir lo que no está dispuesto a dar. Sólo entendería el culto islámico la mezquita de Córdoba cuando podamos oír misa en Santa Sofía de Estambul.

Mate a Puerto Real

La cuaresma llega a Puerto Real en pleno Carnaval, primero, con la decisión de Delphi –gran perceptora de subvenciones cienmillonarias de la Junta y del Gobierno–de cerrar su planta y dejar en la calle en miles de trabajadores entre directos e indirectos, y segundo, con el anuncio hecho en Francia de que el constructor aeronáutico europeo Airbus estudia hacer lo propio con sui instalaciones en ese castigado pueblo, como consecuencia de un plan de externalización del trabajo. Estos son los colosales proyectos de futuro que la Junta vende a los cuatro vientos y a los que engrasa con nuestro dinero, con la ingenuidad (mejor dejarlo ahí) de los sindicatos y contando, claro está, con la inocencia de un pueblo al que tan fácil resulta engatusar. Otra vez el desarme industrial de la costa, de nuevo el fantasma del paro y la amenaza del narco como recurso obligado de supervivencia. Más de un cuarto de siglo no ha bastado a la Junta para medio armar el tingladillo que permita ir tirando a esa comarca dejada de la mano de Dios, pero sí para propiciar que unos cuantos se pongan las botas.