El lío del Rocío

 

Aquí el Estado es aconfesional, incluso laico según algunos que no se han leído la Constitución, pero a la hora de los disturbios ahí tienen a los barandas llevándole rosas (rojas, por supuesto) a la Blanca Paloma. Aquí no hay quien no se proclame campeón de la austeridad pero a la hora del convite vean cómo va subiendo la factura del casoplón de la Dipu en la Aldea, donde cada mañana aparece un cargo nuevo, que si sillas, que si cocinero, que si servicio, que si seguridad, que si parque móvil, etcétera. Mientras los ciudadanos contemplan indignados el abuso de unos pocos y el silencio de un partido que, probablemente, no sabe ya qué hacer a estas alturas, pero en el que muchos militantes se suben por las paredes ante la desvergüenza de sus compis. (Por cierto, la encuesta virtual de la competencia ha dejado de mantenerse extrañamente “clavada” en el 82 por ciento en contra, para bajar la protesta poquito a poco, providencia tan inútil como inverosímil). “Villa Cejudo” promete ser, en todo caso, al atractivo de esta romería en la que algunos sociatas, para no ser menos, han puesto casa grande como la condesa de París.

Memoria selectiva

 

Una noticia desconcertante nos llega de Marruecos: el embajador de España, de esta España empeñada en “recuperar la memoria histórica” incluso al precio de reabrir las viejas cicatrices de los abuelos, se ha personado, con agregado militar y todo, en el gran homenaje organizado por la dictadura alauíta en memoria del general Mizzian, el moro rebelde entronizado por Franco, único capitán general extranjero del Ejército español. Seguro que el bueno de Luis Planas –aquí todo el mundo es “el bueno de Fulanito” cuando aprieta el levante– desconoce la historia de aquel morito apadrinado por Alfonso XIII y alumno de Abd-el-Krim que cuenta le leyenda (apócrifa, por supuesto) que acabó haciendo la ofrenda al apóstol Santiago Matamoros cuando fue capitán general de Galicia, y que mantuvo toda la vida unas relaciones de privilegio con Franco, de quien era “hermano de sangre”. Estupendo, ¿no? Echamos la casa por la ventana abriendo fosas y paseando restos para recuperar esa “memoria imprescindible”, mientras nuestros embajadores pasean sus entorchados en memoria de algunos de los más conspicuos héroes de la represión franquista, de Mohamed Ben Mizzian, sin ir más lejos, el comandante rebelde que marchó sobre Tetuán, anduvo por medio en la ominosa venganza corporativista que en realidad fue el ajuste de cuentas entre los militares africanistas, y acabó ordenando el degüello de los rojos resistentes, cualquiera que fuera su condición y circunstancia. Cuenta John Withaker, un corresponsal que acompañó durante la campaña al general moro, que Mizzian presenciaba impávido las ejecuciones en masas que perpetraban pelotones de sus tábores y describe una escena vivida por él en Navalcarnero en la que presenció como el propio general entregaba a la soldadesca dos muchachas republicanas para su violación colectiva. Seguro que el bueno de Luis Planas ignora todas estas “memorias”, y seguro también que los innumerables memoriosos y fosores que asesoran a Chaves y a ZP no le han recordado tales extremos, aunque la verdad es que a Chaves, hijo de militar destacado, ni pajolera falta que le hubiera hecho. Nada, ¡viva el Mizzian! y caiga el que caiga. Menos mal que la historia es un palimpsesto y siempre puede reescribirse como es debido.

xxxxx

¿Qué dirán, no obstante, los inquisidores cuando se enteren (si es que se enteran) del acontecimiento, dónde retumbarán los ayes y lamentos de los muy susceptibles partidarios de reabrir el debate guerracivilista a setenta años vista? ¿Qué alegará Moncloa, qué podrían decir la Junta y sus órganos específicos sobre este escandaloso bastizano de un embajador de España que es, sin duda posible, muchísimo más que una metedura de pata? Ya sé que el Mizzian, además de “hermano” de Franco y medio entenado de Alfonso XIII fue protegido de Mohamed V, el abuelo del actual sátrapa “hermano” a su vez de nuestro Rey, pero ¿cómo explicar, mientras reabrimos fosas comunes del “otro bando”, que nuestro embajador en Marruecos rinda homenaje a quien, aparte de lo antes reseñado, organizó los fusilamientos en masa en la tristemente famosa ruta Talavera-Santa Olalla-Toledo? No se saben la Guerra Civil, al parecer, estos mesías del rencor, ni existe la menor coordinación en ese “servicio exterior” nuestro que recién acaba de decidir el Gobierno que se cubra “a dedo” y no contando con los expertos de “la Carrera”, es decir, justo como se había cubierto la plaza de Marruecos con el bueno de Luis Planas. ¿Se imaginan lo que ocurriría si un embajador francés o uno alemán asiste por ahí a un homenaje nazi? Pues ya verán como aquí “no passsa nada”, como diría Burgos, y el bueno de Planas conserva su prebenda y sus funciones tras ofender de esa manera a tantos cientos de víctimas de la represión franquista. La memoria selectiva tiene estas cosas y no se hable más.

Otra vez la tea

 

Pueden sentarse a esperar quienes aguardan siquiera la esautorización chavesiana de la consejera de Medio Ambiente por decir esa cosa estupenda de que este año habría menos incendios puesto que se juega el Mundial de fútbol y “está demostrado” (¡) que los montes se queman menos mientras la tele trae esos eventos. Eso sí, los de la tea –tal vez porque el Mundial no ha comenzado aún y a pesar del partido amistoso de la Selección—han provocado en Huelva, para empezar tres incendios en un palmo de terreno, perdiéndose las primeras hectáreas del preverano y dando lugar a los rpimeros desalojos. Aquí se han dicho muchas tonterías –ahí está la comparación del “modelo federal” español con el yanqui o el alemán que, sin que casi nadie diga esta boca es mía, acaba de hacer el propio Chaves–, pero esta de la consejera bate, sin duda, siquiera sea de momento, todos los récords. A ver quién nos salva del fuego con barandas como coña Fuensanta. En le campo onubense de Beas estaban durante el fin de semana que echaban las muelas.

Postmodernidad onubense

 

También a Huelva ha llegado la postmodernidad con sus novedades y fuegos de artificio. Miren si no a los funcionarios de alguna “delega” de la Junta practicando el milenario ‘tai chi’ antes de comenzar la jornada de trabajo, no se pierdan a la Onubense proponiendo investigaciones sobre la musicoterapia o poder sanador de la música. Estamos que nos salimos, somos mundiales y no hay pamplina que cruce por nuestro horizonte que no adoptemos a toda máquina, dicho sea sin menosprecio de aquellos gimnastas orientales financiados con nuestro dinero, ni de la no poco extravagante línea investigadora de nuestra “alma mater”. También se reían de nosotros cuando importamos el fútbol y miren por donde va la vera, de manera que no hay que desesperar viendo a nuestros funcionarios/as cargar pilas en plan chino o a nuestros sabios buscar remedios pintorescos. Esto es la postmodernidad, en suma. Que así no vayamos a ninguna parte, es otro cantar.

El submarino infantil

Un acreditado semanario portugués acaba de publicar un reportaje en el que denuncia que, en una fábrica subcontratada en Portugal por la firma ‘Zara’, son los niños quienes se encargan de coser los zapatos por un módico salario. A cuarenta céntimos el par cosido, la chavalería dedica su tiempo a ese trabajo de adultos, a lo peor haciendo ‘dumping’ sin saberlo a sus propios padres, mientras la fábrica se forra evitando costes de taller y desviando al lejano ámbito hogareño la incomodidad del trabajo. Nada nuevo. La Revolución Industrial se apoyó en ese trabajo doméstico y “part time” que le hacían mujeres y niños hasta que el derecho avanzó lo bastante para prohibirlo, y es cosa sabida que marcas del prestigio de la ‘Nike’ se han visto envueltas en escándalos por aprovecharse de la miseria africana para abaratar costes en la fabricación de sus lujosos productos. Es mentira que se pretenda acabar con la economía sumergida. En un pueblo onubense, regido por un Ayuntamiento del PSOE, demostró hace años este diario que había industriales que explotaban el trabajo doméstico suplementario de las amas de casa y hasta disponían de zulos y puertas traseras en sus fábricas para escurrir a sus ilegales ante la insólita visita del inspector, total para que la autoridad revolucionaria contestara con un alegato sobre la inevitabilidad de la globalización y, por descontado, con la promesa jamás cumplida de extirpar esa lacra. Y en ese pueblo, precisamente, demostramos que había niños trabajadores, criaturas robando tiempo al estudio o al ocio para financiarse la feria o la videoconsola, a base de pegar tacones de zapatos y botas, una tarea relativamente fácil en la que pronto se adiestraban a satisfacción de los negreros. Bien, pues ha transcurrido el tiempo, pasaron los años y ahí siguen las aparadoras ajustando cortes y los niños pegando tacones y, ya de paso, poniéndose hasta la corcha a base de esnifar las emanaciones del pegamento. Es mentira que se quiera extirpar la economía sumergida. Hay economistas que dicen incluso que esa forma de explotación es un requisito imprescindible en la actual organización del trabajo y del beneficio.

xxxxx

Ni que decir tiene que ‘Zara’ o su grupo industrial se han precipitado a protestar que van a investigar el enredo y que, por supuesto, faltaría más, no va a consentir tamaño abuso, pero que hasta ahora no le ha sido posible auditar el hecho a pesar de haberlo intentado. ¿Qué no sabía esa basca que la subcontratante portuguesa empleaba niños en la tarea? Vamos, hombre, a otro perro con ese hueso. Pero uno se pregunta cómo es posible que un grupo industrial de esa categoría, que tiene abiertas tiendas en medio mundo y parte del orto medio, y vende casi la mitad de lo que se merca en España, acepte tratos semejantes y consientan que sus prendas procedan de esa sentina laboral. Claro que hay que volver siempre a lo mismo, al hecho de que quien de verdad tiene la obligación última en la disciplina que debe regir el mercado, es el Poder, cuyos agentes con frecuencia escandalosa cierran unos ojos que des estar abiertos impedirían que los explotadores naveguen como filibusteros en ese submarino infantil que todo el mundo lamenta pero por el que nadie hace nada definitivo. La firma de ‘Zara’ dice que será ‘implacable’ (sic) caso de demostrarse la triste historia de las ‘crianças’ esclavizadas. Pues nada, muy bien, favor que la firma nos hace, porque si hemos de creer a la OIT en España currelan actualmente 200.000 menores de catorce añitos, y eso es, sencillamente, una infamia. Un niño trabajando con esas edades es un escándalo. Una legión de doscientos mil una catástrofe moral que ni los partidos de izquierda, como decíamos, están por la labor de evitar plantándose frente al abuso. Ya digo que hace años que desde aquí denunciamos que dónde y en qué condiciones se explotaban menores entre nosotros. Desde entonces lo más que se ha dignado ese Poder en dedicarnos han sido algunas vagas promesas.

Los platos rotos

¿Quién paga aquí los platos rotos de la arbitrariedad político-administrativa, a qué bolsillos se cargan las facturas ocasionadas por los errores o por los “errores”, ya me entienden, de unas Administraciones que lo mismo conceden ilegalmente un casino de juego que venden una finca invendible sin informar al comprador de la carga que pesa sobre ella? Pues paga el ciudadano de a pie, el contribuyente que el mes que viene habrá de retratarse junto al caballo de cartón de Hacienda, el mismo que paga en silencio el gasto hecho por una Diputación que se lo monta rumbosa en El Rocío o los que ocasionará el caos consentido en Marbella durante tantos años. Debería existir la posibilidad de sancionar la arbitrariedad para que quienes miren para otro lado o se hagan el loco mientras se produce uno de esos disparates, peche con su culpa y efectos. Lo que no tiene sentido es que se diga –y se ha dicho incluso desde la Justicia—que un escándalo de facturas falsas como el del Ayuntamiento de Sevilla tiene mucho de ‘mediático’ cuando todos sabemos que el peatón pillado en algo similar da con sus huesos, irremisiblemente, en la cárcel.