La Junta en Niebla

No acaba de quedar claro, ni mucho menos, el papel jugado por la Junta de Andalucía en el espinoso asunto de la cementera de Niebla. Hay que darle la razón a los protestantes cuando dicen que si la Junta alega carecer de competencias en materia de gestión de residuos radiactivos no se explica por qué concede la Autorización Ambiental Integrada a esa empresa a sabiendas de que en ella se trabaja con inertizados inorgánicos, y también cuando reprocha a la Junta que diga no tener constancia de la radiactividad de esas substancias habiendo como hay un informe del CSIC que, en su día, fue patrocinado por la propia consejería de Medio Ambiente. ¿Simple mala gestión, intereses que no son fáciles de publicar, compromisos adquiridos? La Junta debe evitar que, una vez más, el problema de los residuos peligrosos intranquilice a los onubenses, pacientes y sufridos frente a unos riesgos que no suelen negarse en ninguna parte del mundo más que aquí.

TV y democracia

En Venezuela hay gran expectación ante el anuncio de que el todopoderoso Chávez ha decidido suspender “temporariamente” la emisión de su programa dominical, el famoso “Aló presidente!, foro exclusivo desde el que ese salvador de la patria aplica la letra chica de su “revolución bolivariana”. Van a dar tiempo, por lo visto y oído, a los edecanes y colaboradores del ‘Gran Gorila’ para que “conjuguen sus poderes creadores” (sic: no crean que es coña) de manera que un nuevo formato permita al programa adaptarse a la nueva era revolucionaria que, según el régimen, acaba de comenzar. “Aló presidente” lo oye mucho personal –aunque hay quien dice que una sigilosa inquisición controla hasta en las chabolas quién sitúa y quién no el dial como es debido– y en él se luce el primer mandatario lo mismo enmendando la plana a los burócratas que entorpecen la bonanza revolucionaria que entonando rancheras o vidalitas de su repertorio más bien cuartelero, ésa es la verdad, que por lo visto encantan a sus seguidores. Castro no ha cantado nunca, que uno sepa, en su caja tonta pero sí que ha perpetrado en ella multitud de peroratas que los cubanitos han debido seguir a pie firme soportando el natural cansancio y el ruido de tripas, hasta el punto de que pocas novedades tan intranquilizadoras vive hoy la sociedad cubana como el silencio televisivo al que la enfermedad ha forzado al “conducator”, y por supuesto, pocas esperanzas más contumaces que la de verlo de nuevo en la pantalla y salir de dudas. No quiero ni imaginar que hubieran hecho Goebbels o sus colegas soviéticos caso de disponer de una tele en sus buenos tiempos, pero esta irrefrenable proclividad televisiva de los dictadores hodiernos nos puede dar una respuesta seguramente adecuada para esa pregunta.
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Parece ser que, en todo caso, la emisión del programa presidencial es considerada por el régimen y por el propio líder como una prioridad absoluta y, en consecuencia, como un requisito casi forzoso para la buena marcha del proceso que pretende asentar la “democracia directa” y desechar la fetén –“no queremos una democracia como aquella que, en el primer plebiscito, gritó: “¡Queremos a Barrabás!”, decía Franco– que es considerada como un elemento entorpecedor del progreso y, en definitiva, como una baza antipatriótica de sus rivales. Cuando los manijeros se pongan de acuerdo y el programa, ya remozado, esté adecuado a las exigencias de la nueva era (la tercera, según los cálculos de esa dictadura electiva), Chaves volverá a la pantalla a predicar la buena nueva del “socialismo del siglo XXI” que es, a un tiempo, “el socialismo bolivariano, el socialismo cristiano, indoamericano y venezolano”, todo en una sola y única pieza templada en la forja conceptual de la demagogia más primitiva. Un socialismo que ya no es “científico”, como se pretendió un día, ni siquiera “utópico”, sino sencillamente coyuntural, acumulativo, improvisado como no puede ser de otro modo en un programa cara al público por muy amañado que esté el guión, una doctrina siempre posterior a los hechos, es decir, una simple coartada que habrá que ir improvisando en pleno plató hasta que todo el país real sea, en efecto, un plató virtual y sometido, atento a la seña del regidor para prorrumpir en un cerrado aplauso cada vez que sea menester. Es bien cierto que, salvadas las distancias, no hay diferencias esenciales entre el telerrégimen de Chávez y nuestros sutiles montajes mediáticos como no las hay entre los esbirros de Chávez y los comisarios que aquí, en plena democracia, se pitorrean del imperativo ético y de la madre que lo parió. Después de todo, también nosotros perseguimos, por lo visto, ese “socialismo del siglo XXI” de perfil tan incierto como dudoso pasado. Nos falta, eso sí, ver en la pantalla el busto parlante del Poder prometiendo justicias y cantando rancheras.

Traca final

Cosecha enorme de frases para la historia en el mitin en honor de ZP. Chaves pidió a los andaluces, en plan bolero aznarista, que confiaran en él mirándole a los ojos. Escuredo animó, si fuera preciso para combatir la temida abstención, a trincar por las orejas (sic) y llevar a votar a amigos y vecinos… para que se sientan bien los cachorros de la derecha”. Borbolla atribuyó al Estatuto –más bien en clave de Groucho Marx– el mérito de haber hecho pasar a Andalucía “del subdesarrollo a la modernidad”. Y ZP, miel sobre hojuelas, se no escatimó elogios hasta el punto de proclamar que si “todo el mundo quiere venir a vivir aquí” a él no le extraña porque esta es la tierra “peor tratada de la Historia de España y la que tiene el mejor pueblo”. Se acerca el referéndum y, a pesar de llevar todas las bazas de mano, parece que en la timba, las camisas no llegan al cuerpo. Chaves, por ejemplo, pedía “con absoluto respeto” a los votantes del PP que vayan a votar “Sí”. Con la cabeza medianamente fría, poca gente en su lugar diría algo así. 

Un mal asunto

No debe hacer provocado júbilo precisamente, en la “planta noble” de la Diputación Provincial la comunicación del Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva recibida ayer por las partes –entre ellas, el propio presidente del organismo– anunciando que ha concluido la fase de instrucción del llamado “caso ‘mobbing’ ”, es decir, el pleito entablado contra Cejudo por un arquitecto funcionario que se considera objeto de maltrato y que ya había conseguido la imputación de aquel por parte de la Fiscalía que le pide cárcel e indemnización. Un mal asunto, afrontar unas elecciones con ese fardo encima, y peor si se confirma que está al caer otro caso similar, esta vez en el área que depende de la vicepresidenta/candidata y en el que la “víctima” sería, miren lo que son las cosas, una mujer trabajadora. Si se aplica el procedimiento abreviado –y parece lo más lógico– los listeros podrían tener todavía más problemas de los que ya tienen encima de cara a las municipales.

Actualidad del ‘Timeo’

Está dando mucho que hablar, fuera y dentro de nuestro país, la encuesta que Le Nouvel  Observatoire acaba de publicar sobre lo que un grupo de francesas famosas piensan de la candidata en baja Ségolène Royal. Me llama la atención entre las opiniones vertidas, algunas bien sentenciosas, la de la señora presidenta, Bernadette Chirac, cuando asegura, en tono no poco tautológico, que “ser mujer no es suficiente para imponerse en unas elecciones”. O la de nuestra musa de juventud, la Jeanne Moreau de “Jules et Jim”, que no se corta un pelo para asegurar, sin regatearle admiración ni apoyo, que la nueva dama de la izquierda gala “es un hombre político como pueda serlo cualquier otro”. Y en fin, el triple mortal de otro de nuestros mitos generacionales, la psiquiatra Julia Kristeva, que no sólo ve en la esperanza blanca de la izquierda “la versión de feminidad más importante producida por el catolicismo francés” –chúpense ésa– sino que teoriza sobre la posibilidad de que la candidatura de Ségolène y la trascendencia de su icono no sea, en fin de cuentas, más que “una revancha de todas aquellas mujeres que han sido descartadas del Trono y de la política durante siglos”. Ya lo ven: con una claque así no se necesitan reventadores, aunque haya que decir que Ségolène ha contado con un bien entrenado coro de estos últimos reclutados dentro de su propio partido, el PSF, dicen unos que motivados por cortar el paso a su compañero sentimental, François Hollande, y otros que por simple y genuina misoginia, tan activa en el país de Carlota Corday como en este corral de cabras. Un comentarista conservata decía hace poco que, frente a  esa candidata que dio el susto al llegar, Sarkozy no ha tenido mejor aliado que sus propios rivales, pero a la vista de lo que opinan estas divas temo que haya que revisar esa teoría para admitir que mucha parte en el rechazo social de la aspirante se debe a algo tan reconocido como es la oposición de las propias mujeres al liderato femenino. Vieja cuestión. Todos los trajines léxicos y sintácticos del fanatismo feminista no basta para tapar el llamativo agujero de la contradictoria misoginia de las hembras.
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Vieja cuestión, como digo. En el “Timeo” Platón formula una clásica propuesta antropogónica –que ha  comentado con tino Giulia Sissa– según la cual el “género humano” (ejem) provendría, como por lo demás todas las especies conocidas y por conocer, de un “genos anthrópinon”, es decir, de una especie unisexual –masculina, por supuesto– respecto del cual la aparición de las hembras supondría, ya según Aristóteles, ni más ni menos que un “desgarramiento” de la “perfección originaria”. Ya ven, ni toda la energía lógica acumulada –por non hablar de la evidencia del andrógino– ha logrado desvirtuar esa intuición prístina de la prioridad, siquiera genealógica, del varón, que tanta injusticia lleva provocada, y lo que es peor, no sólo en el hombre sino tampoco en las mujeres. A Ségolène viene a ocurrirle hoy lo que a la mítica Hipatia –“el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita” en una sola pieza–, a quien durante años sus propios  y apasionados discípulos llaman “filósofo” y, todavía en el siglo XX, un tipo como Maurice Barrès, tan puntilloso y hasta delicado, como adelantándose a su descendencia intelectual, insistía en calificar como “la última de los helenos”. ¿De verdad serán las mujeres las que auparán al poder a las hembras? Mi modesta colección de sondeos propios y extraños me permite dudarlo muy en serio, pero pronunciamientos como los reseñados me parece que, por lo menos, sitúan la cuestión en una zona de penumbra acaso impenetrable por el momento. A Ségolène, sin ir más lejos, no parece que sean sólo los machos quienes le corten el paso como no es posible mantener que a la Thatcher o a la Merkel las hayan puesto ahí sus congéneres sino los priostes de ese androceo que juega confiado en una timba que no ha cambiado gran cosa desde los tiempos de Platón.

Secretos a voces

El presidente Chaves ha festejado la visita electoral de su colega catalán, José Montilla, asegurando que ambos piensan lo mismo y marcan el mismo paso en este desfile de las reformas estatutarias que sabemos dónde y cómo empezó pero ignoramos cómo y dónde terminará. ¡Pues vaya descubrimiento! Nos duele la boca de decir que el proyecto de Chaves –que Guerra sostuvo que no interesaba a nadie más que a los políticos– fue una jugada de apoyo al lío catalán cuando nadie se determinaba a apoyarlo en España y tras haber proclamado el propio Chaves y los otros dos “tenores” su oposición a cualquier asimetría y a toda aventura política con las autonomías. Pero bien sabe Chaves  ese “eje Andalucía-Cataluña” (del que, ojo, se ha descolgado Extremadura) no es posible más que en el teatro político pero no en la vida real en base a la antigua regla de oro de que, en esta vida, “cuando uno gana un duro, otro lo pierde”. La única aportación ética a esta campaña sería mostrarle a los andaluces el balance de estos pactos confederados y eso es algo que, por descontado, ni Montilla ni Chaves permitirían hacer nunca.