Cínico rentoy

Asombra el cinismo que implica la autosatisfacción de Chaves al recalcar que la ya absolutamente inaplazable intervención en Marbella es mérito del PSOE y no de sus rivales políticos, es decir, que el PSOE habría sido el único partido con poder en actuar contra la ilegalidad. Hombre, qué pasada, pero ¿es que Chaves no se acuerda ya de que el PSOE es el único partido del que consta que hizo negocios ilegales con Jesús Gil en persona, que cobró cantidades ciemillonarias y las ingresó la caja del partido regional de donde nadie las ha sacado para devolverlas, por supuesto? ¿Y tampoco ha sabido durante todos estos años que el “urbanismo” marbellí ha contado con los buenos oficios de personas estrechamente vinculadas al partido, que han mantenido oficina abierta en la ciudad saqueada, y alguno de los cuales pertenece a la misma camada de quienes perpetraron el “caso Montaner” de que hablábamos más arriba? Chaves es consciente de que el Gil fue montado y protegido por González como sangría del PP, y lo que teme ahora es que el voto conservador se reagrupe en su contra. Y hasta ahí, vaya. Pero olvidarse de que fueron ellos y nadie más los que trajinaron con Gil en persona favorece bien poco a la “recuperación de la memoria histórica”.

Alcalde convencido

Si el alcalde de Riotinto, José Manuel Delgado, se acercaba antier a la empresa compralotodo en Riotinto, la compañía ‘Rumbo 5.0’ con ánimo de expropiar las parcelas enajenadas en la subasta pública en la que Junta y Diputación dejaron tirada a la Mina, ahora resulta que ha salido de ese contacto convencido de la solvencia financiera sobrada esa misteriosa emprendedora, que asegura que posee intereses importantes en Marruecos y un fuerte patrimonio inmobiliario e industrial. Delgado sigue sin descubrir, sin embargo, la madre del cordero, es decir, cual es el proyecto que ‘Rumbo 5.0’ tiene para Riotinto una vez despojado el pueblo del grueso de su propio patrimonio solariego. Y eso es algo que el regidor debe indagar son urgencia, como es algo imprescindible que explique a los riotinteños y comarcanos, con números en la mano, en qué basa ahora la fe que antier no tenía en ese “amigo político” que, a precio de saldo, ha logrado dejarlos sin una mala piedra en la que reclinar la cabeza.

El mito del látex

 

El cardenal emérito de Milán, monseñor Martini, papable destacado del último cónclave, se ha dejado caer en una conversa científica periodística concediendo (habrá que hablar con propiedad) que, ciertamente, “el uso del preservativo puede constituir, en algunas situaciones, un mal menor”. En el supuesto de que un marido padezca el SIDA, por ejemplo, como propone el obispo belga Danneels (nótese que el purpurado tiende a creer que el contagiado habitual es el varón, como si alguien supiese en qué orden surgieron ese huevo y esa gallina), y de que éste “obligue” (sigan atentos a la semántica) a su parienta a mantener relaciones sexuales, “ella ‘debe pedirle’ (insistan en no bajar la guardia: la sintaxis habla por los codos) que se ponga el preservativo” puesto que si no lo hiciera “estaría cometiendo un segundo pecado de homicidio”. Martini ha desafiado, no obstante, al pontífice revolucionario felizmente reinante con una concesión insólita que va en dirección enteramente contraria, por lo que cuentan los especialistas, con la papela que andan preparando en el Vaticano los edecanes de Benedicto XVI en contra del uso del condón en toda circunstancia y caiga quien caiga. Ya puede desgañitarse el afligido gobierno de Sudáfrica, la propia ONU y las organizaciones internacionales que vigilan aterradas los progresos de la pandemia, que estos célibes teóricamente castos no están dispuestos a entregar la vieja cuchara sino que mantienen enhiesta la grímpola del fundamentalismo coital: si jodes, ya sabe a lo que te expones. Lo más que el benemérito monseñor Martini está dispuesto a otorgar es su comprensión por el condonazo en defensa propia y en caso extremo pero, ojo, sin perder de vista que, incluso en circunstancias tales, echar mano del látex no deja de suponer un “mal menor”. Es asombrosa la terquedad o la petera del fundamentalismo católico en torno al sexo. La triste historia de Onán parece haber impresionado siempre a nuestros espirituales infinitamente más que la regocijada bigamia de Abraham.

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Ni siquiera el probable colapso demográfico del planeta, o lo que no sería menos grave, la implosión de la vida provocada por la explosión de la especie, ha conseguido que la rigidez moralista acepte el uso anticonceptivo del condón, como si consideraran más dañino el control racional de la natalidad que las atrocidades que saben de sobra que están ocurriendo en el mundo, especialmente en los países superpoblados como China que han impuesto la paternidad única, la esterilización masiva y hasta la inmemorial práctica del infanticidio como instrumentos demográficos compensatorios. Ahora mismo acaba Roma de nombrar el primer cardenal chino como si no supiera que ese régimen brutal destruye hogares por infringir la norma del hijo único o, sencillamente, ahoga a los recién nacidos excedentarios en los arrozales de la aldea. Eso es lo sorprendente del montaje romano: su capacidad para reconciliarse con los bárbaros del obispo cismático Lefèbvre y convertir al mismo tiempo en referente radical a un monseñor emérito que accede a sugerir el uso excepcional del condón sin dejar de considerarlo como un “mal menor”. A veces he pensado con triste sorna que si con esta gañanía la Iglesia continúa su marcha sin que se le caiga la tiara, eso del “non prevalebunt” debe de ser cierto y Belcebú debería ir resignándose a meterse donde le quepan las “puertas del infierno”. ¡Mira que decir que en caso de matrimonio con SIDA se admite la fundita, pero que ni aún así debe entenderse el recurso como algo normal! ¡Pero qué idea tendrán en esa majada de por dónde consagra el lobo sus pasos acechantes! Conozco a uno que duda incluso que Martini, de haber salido airoso del cónclave, hubiera sido capaz de este gesto mínimo. Yo no lo sé, desde luego, pero sí digo que la deuda que está adquiriendo el integrismo con esta humanidad desbocada y doliente constituye la más sutil Inquisición que jamás haya ejercido en su larga y deplorable historia.

Negocio y bebercio

 

Cuánta solicitud, cuánto guante de seda se gastan en este país para tratar a la patuela de las movidas y los macrobotellones, qué cantidad de rutinas se interponen entre el sentido común que aconseja hace tiempo tocar a rebato y la jidma política que atenaza a esos (i)rresponsables de las Administraciones. Ahí tienen al Ayuntamiento de Granada, como a otros tantos, tentándose la ropa a ver de qué manera le quita las espinas a esa tuna, pero ahí tiene, a su lado mismo, a los operadores (cero que se hacen llamar así) turísticos incluyendo en sus “paquetes”, con perdón, la oferta del macrobotellón, lo mismo que en Mallorca se rebajan a tope los pasajes con derecho a tranca los fines de semana. Es mentira que el problema del bebercio juvenil sea sólo una cuestión generacional: tras él hay intereses mayúsculos, negocios redondos y miserables, garduña consentida por la autoridad que hace como que no ve ofertas tan peligrosas e indecentes como ésa. No beben sólo porque los dejan, ni porque les resulte más barato, sino porque hay quien fomenta el lío con muchos más años que esos futuros cirróticos.

Parientes y afectos

Si no es cierto más aún que si lo fuera, el alcalde de Almonte debería explicarle a su pueblo y a su partido qué está ocurriendo en esa Jauja donde los amigos y cuñados salen tan beneficiados de vistas gfordas cuando no de cambalaches, y desde luego, el PSOE debería explicarle a los ciudadanos en general, siquiera por una vez, la razón por la que sus gestores hacen cosas como las que se hacen en Almonte. Desde el primitivo lío del entorno de González (el caso “Costa Doñana”) hasta el chalé del cuñado de Bella pasando por el asombroso trueque de terrenos que ha montado en burra al amigo del alma del alcalde o los ojos cerrados ante el hotel del artista marbellero, hay demasiadas oscuridades en ese pueblo que deberían ser alumbradas a la mayor brevedad. Y hay motivos, sin ninguna duda, para reclamar una fiscalía exclusiva para vigilar el tráfico urbanístico, peor no sólo para los Ayuntamientos del PP, como anunciaba escandalosamente una minerva del partido, sino más bien para que empieza el tajo por los del PSOE.

El nombre deshonesto

En Buenos Aires comprobé hace unos años la eficacia de la represión establecida por el uso oral en torno a la palabra culo. No precisamente ajenos a la analidad, los argentinos parecen haber decidido, por alguna razón que no se me alcanza, eliminar cualquier alusión a esa parte del cuerpo ciertamente estigmatizada en tantas culturas, según ha explicado el psicoanálisis en función de su relación con la escatología (con la ‘scatología’, para ser precisos). Los franceses hace tiempo que hicieron de esa zona ‘pudenda’ un eficaz símbolo del desdén, como Marlon Brando se encargó de interpretar en la famosa escena del baile de “El último tango” y últimamente parece que se ha convertido también en moneda corriente del repertorio de muchas ‘hinchadas’ futboleras. El tabú del culo afecta al propio léxico como lo prueba que Covarrubias no recoja el concepto en su ‘Tesoro’ aunque sí aparezca tanto ‘Autoridades’ como el RAE antes de convertirse en delicia particularísima en Cela. Pero es indiscutible que, a pesar del exhibicionismo imperante, el culo permanece afectado por el tabú del cuerpo en una sociedad que, paradójicamente, lo explota de mil maneras como simple y hasta vulgar mercancía. La idea de que la exhibición del cuerpo es nefanda es tan antigua que en la vieja mitología se cuenta que Aidos, un diocesillo alado del Olimpo, abandonó esta tierra abrumado por la impudicia y con tanta premura que se le suele representar alado. Imagínense si el pobre dios cae por aquí y tiene la ocurrencia de prender la tele una vez que los nenes se hayan ido discretamente a la cama o incluso antes.

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Dos periódicos británicos, The Sun y Daily Sport acaban de publicar la foto del culo de Angela Merkel, la cancillera alemana, a la que la canallería alcahueta que nos abruma, lo mismo aquí que en plena “culta Europa”, logró sorprender mientras, en compañía de su marido, se despojaba del bañador bajo el albornoz en una apartada playa de Ischia, y hasta se ha permitido una broma política –“I’am big in the Bumdestag”– jugando con el equívoco que le brindaba la coincidencia de que en tudesco la voz “bum” alude también a esa parte del cuerpo. No tiene límites, como puede verse, la industria de la basura, que boga siempre a favor de la “nuditas criminalis”, que es como en los viejos tiempos se calificaba a la exhibición indecorosa del cuerpo para distinguirla, por ejemplo, de la representación artística, que se atenía a un legítimo criterio de “nuditas virtualis”. Pero está claro, además, que no hay en esa publificación de la intimidad ningún interés desmitificador sino todo lo contrario, a saber, el más escabroso comercio del tabú ejercido tanto sobre el desnudo involuntario de un personaje como sobre el fuero íntimo de quien a lo peor hace años que no está en este mundo para hacer frente al abuso. Y encima les saldrá gratis a los canallas porque los alemanes han renunciado a ejercer cualquier acción legal contra ellos alegando que a su prensa jamás se le ocurriría –menos mal— la horripilante idea de publicar la foto de la reina Isabel mostrando su liguero. En el fondo no está mal que ocurran estas desmesuras, a ver si alguna vez alguien en las alturas decide que ese bien jurídico protegido de antiguo, que es el honor, merece alguna atención por parte de la autoridad, y se le pone algún tipo de freno a la jauría alcahueta, pero no sólo a ella, sino también a los orondos industriales que pasan la gorra tas la exhibición impúdica. Que lo que saquen en portada los periódicos para tratar de la Merkel sea su culo da una idea de la degradación verdaderamente idiota que estamos alcanzando con la complicidad de la satisfecha audiencia. Nunca la miseria tuvo mayor presencia pública ni el simple decoro menor sitio en la costumbre. Hay gente que te persigue hasta la playa para retratarte el culo y gente que paga por verlo. Lo que no suele recordarse es que la hay también que cobra, y mucho, emboscada tras el telón de la escena.