El paso cambiado

Se dijo en tiempos malos pero  no tanto: los que mandan van por un camino y la opinión pública por otro. Ahí tienen a Chaves convocando hace poco al personal a votar lo que a casi nadie interesaba. Ahí lo tienen ahora defendiendo la excarcelación del asesino en serie (los tópicos no dejan de ser útiles y verdaderos) a contracorriente de un pueblo que estos días anda desconcertado y clamoroso. Y la causa es elemental: a Chaves se le da una higa de la opinión de los ciudadanos pero valora sobre cualquier cosa el interés de su partido, que es el suyo, convencido además –lo ha dicho el partido sin cortarse un pelo– que seguirá ganado elecciones porque la inocencia del electorado lo lleva a votar “la marca y las siglas”. Esta democracia mínima exhorta a votar como un deber cívico y a callar luego, durante toda la legislatura, como una simple imposición. Ya me dirán qué importancia tiene que los que mandan marchen en solitario. Chaves no es la excepción sino la regla.

El derecho de todos

El tiempo dirá si funciona la idea del “botellódromo” (algunas anteriores, en otros lugares, fracasaron con estrépito) y, al menos, se consigue aliviar la intolerable carga de los vecinos “pacientes” sin impedir la diversión a esos sectores juveniles. Hay que recordar que los tiempos han cambiado, que hay ya por ahí varios Ayuntamientos condenados a indemnizar a los vecinos privados de esos “derechos fundamentales” que acaba de proclamar un tribunal andaluz al tiempo que imponía severas condenas de cárcel a dos propietarios de bares ruidosos.       Lo que no quiere decir que el problema se liquide con esta medida, pues el alto riesgo sanitario que la “botellona” implica y que ha sido declarado infinidad de veces por los expertos, ahí sigue intacto. Está bien apostar por la conciliación de los derechos de todos, pero desde ahora será la propia sociedad (la familia, sobre todo) la que tendrá que arrimar el hombro a esa trabajadora. El Poder debe contribuir a buscar soluciones pero tiene en su mano lo que no le corresponde tener.

La razón humanitaria

Unanimidad en la opinión contra la excarcelación de De Juana, indignación contra el escandaloso privilegio concedido a uno de los peores asesinos en serie de la historia, decepción y también, como es natural, gran desconcierto. Frente a ello, la teoría de la razón humanitaria. Rubalcaba, para empezar, el “portavoz del Gal”, es decir, el encargado durante los “años de plomo” de negar la existencia de lo evidente y atribuir el terrorismo de Estado a la inquina conspiratoria. ¿Es creíble hoy aquel a quien la Historia acredita como un gran mentiroso o como un panoli supino? A Rubalcaba le da lo mismo, por supuesto, limitado –como entonces, como siempre– a teatralizar su argumentario, centrado esta vez en el humanitarismo. Hay que ser humanitarios. Dejemos la barbarie al asesino De Juana, al secuestrador Otegui, al criminal Ternera. Lo ha explicado el ministro en la tele: no podemos confundirnos con ellos, porque nosotros somos los buenos y ellos los malos, ¿comprenden? Sencillito, para párvulos. ‘A sensu contrario’: si nosotros exigiéramos el fuero de la Ley y el rigor del Estado de Derecho, los derechos de las víctimas o el principio de legalidad, con resultados lamentables para un asesino en serie, pongamos por caso, seríamos iguales que ellos y, ¡por favor!, todo menos eso. ¡Imagínense, nosotros iguales que ellos! Bueno, cuando el GAL acaso lo fuimos (lo fueron), pero es que aquello era mentira, pura “conspiranoia”, inexplicablemente refrendada por la Justicia, pero “conspiranoia”. ¿Cómo si no hubiéramos estado los buenos en la cárcel de Guadalajara vitoreando a dos inocentes considerados secuestradores por el TS? Imposible. Nadie lo ha explicado mejor que el juez de Vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional: la excarcelación de De Juana, lejos de constituir prueba de injusticia o nota de debilidad es, en realidad, demostración de “la grandeza del Estado de Derecho, conquista de nuestra civilización”. Ahí es nada, ¡como para echar todo eso por la borda! Humanismo, razón humanitaria a todo trapo: dejémosle la barbarie a ellos y no seremos más débiles sino más fuertes, fuertísimos. ¿El fuero de la Ley? Bueno, quien hizo la ley hizo la trampa. ¿Recuerdan lo de Romanones y los reglamentos? Pues a ver por qué se inquietan entonces.
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Se especula con que todo está calculado y que los terroristas pagarán al contado su contrapartida pactada. Es posible. Pero lo que nadie podrá evitar es la unanimidad popular contra el desafuero, el clamor que se ha levantado por doquier contra esa imagen de extrema debilidad de la sociedad organizada. En eso puede que hayan calculado mal los entreguistas: nadie sabe si soltando a De Juana gana terreno ZP
o empieza a derrapar en términos imprevisibles, porque pocas cosas tan lesivas como la quiebra de la confianza pública. Humanitarismo. En los EEUU, en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Alemania…, un delincuente de la categoría de De Juana nunca saldría de la prisión sino con los pies por delante. ¡Allá ellos! Nosotros a lo nuestro, que es la causa humanitaria. ¿Que qué pasa con los veinticinco cadáveres de De Juana? Bueno, esa cuenta ya está saldada, a precio de saldo, pero saldada. La Justicia está para servir a los hombres y no al revés, diría el gonzalismo galista, o sea, Rubalcaba mismo. Nosotros somos los buenos, que no se nos caiga eso de la cabeza, y en consecuencia, los misericordiosos. ¡Imaginen si se nos muere De Juana en su cama, junto a su novia! ¿Vamos nosotros a ser igual de malos que él? Quiá, hombre. Escuchen a ese juez benigno si aún les quedan dudas: estamos jugándonos nada menos que “una conquista de nuestra civilización”. Allá los malos con sus conciencias y que los muertos entierren a sus muertos, ¿recuerdan? Lo raro es la unanimidad. ¿Cómo, por qué estarán los españoles en peso contra el humanitarismo de ZP? Denle un par de segundos a Rubalcaba y seguro que les contesta.

60 millones

Nadie debe dudar del apoyo de la Junta, el mejor amigo de los trabajadores, frente a una multinacional  como Delphi que el vice consejero –ni siquiera se ha dignado en comparecer el consejero– describe entrando, campeando a sus anchas, robando y, al final, marchándose sin cumplir la legislación vigente (sic) tras trincar 60 millones de euros ante la ingenuidad de Gobierno y Junta. Aquí se unta sin contemplaciones a cualquier recomendado que viene prometiendo crear empleo, por lo visto sin pedirle siquiera garantías elementales de que cumplirá su parte en el negocio. Y luego se promete –¿cuántas veces lo hemos comprobado ya?– que la Junta será el mejor amigo de los trabajadores estafados (Chaves), que esto y que lo de más allá, en la confianza de que amaine el levante y los 60.000 manifestantes de Cádiz (a mil por millón) vayan dispersándose. Incluso si la siguiente crisis, la de Airbus, sale medio qué, es intolerable que treinta años de autonomía no haya servido para dotar a la costa gaditana, como a tantas comarcas andaluzas, de un medio de vida razonable. Quienes se han puesto las botas, ante el panfilismo de nuestros políticos, han sido los cazadores de subvenciones.

El carpetacillo

Nadie sensato podía esperar de los controladísimos órganos de control de la política de personal educativo que echaran abajo la extravagante convocatoria que hizo el delegata de Educación, número 4 en la lista de la candidata Parralo, a la justa medida de la hija de ésta. Pero una cosa es darle vueltas al manubrio y entretener al personal, como hasta ahora venían haciendo los esforzados síndicos, y otra muy diferente tratar de darle carpatacillo al negocio en plan de dar por cerrado el escándalo. Esa “plaza a medida” será un lastre político grave sobre una frágil candidata a la que la poca gente que la identifica lo hace en función del empleo a medida diseñado para su hija. Claro que la cosa tiene mala solución, porque no van a dar a ahora marcha atrás los convocantes y los beneficiarios, pero hubiera tenido mucho sentido político elegir una defensa más sólida. No es verdad que siempre escampe, o al menos que siempre escampe a tiempo. Parralo va comprobarlo seguramente. En cuanto a los síndicos, la verdad es que a ellos, con salvar los muebles les basta y les sobra. 

La jaula abierta

Enorme conmoción ha causado en todos los ámbitos la medida de gracia del Gobierno a favor del asesino en serie contumaz De Juana Chaos. A pesar de estar cantada, aunque a nadie con mediano criterio se le pueda ocultar que esta concesión –tenazmente exigida por ETA y Batasuna, valga la redundancia– debe de ser un prerrequisito impuesto por la banda terrorista en la mesa de negociación. O De Juana sale o se rompe la baraja: ese ha sido, sin duda posible, el envite. Y el Gobierno ha tragado, achantado como si le hubieran desinflado el farol unos gariteros con arrestos. Hay teorías para todos los gustos, pero sobre ellas puede establecerse una doble conclusión: primera, que la cesión del Gobierno compromete sin remedio el principio de legalidad: y segunda, que el triunfo de la banda supone la derrota del Estado. Nada menos. A estas alturas son anécdotas los trucos del chantajista porque lo que debe importar es el fuero y el fuero está por los suelos. Da igual que fuera cierta o no la información de que el primer acto fue más una parodia y un régimen de adelgazamiento que una huelga de hambre a tumba abierta. O que el Gobierno prohibiera a los policías que custodiaban al preso controlar las visitas, especialmente a esa novia con la que, según los sindicatos policiales, compartía la cama hospitalaria. Lo que importa es que se le ha abierto la jaula a un delincuente extremo y contumaz y que, en consecuencia, el Estado ha perdido ese pulso, el tiempo dirá con qué consecuencias porque, en materia de debilidades, el que hace un cesto hace ciento. ¿Qué ocurrirá si una ola de chantajistas –difícilmente equiparables al monstruo ahora liberado– reclama su excarcelación, qué si los reclusos hospitalizados invocan el precedente para conseguir visitas libres y hasta sexo consentido? Pues ocurra lo que ocurra, lo peor será el quebranto sufrido por la Ley, la burla que supone utilizar un reglamento para burlar esa Ley forzando no sólo su espíritu sino su letra, la estafa que implica confundir adrede la autorización parlamentaria para buscar la paz  (¿) con una patente de corso que alcanzara más allá de lo lícito. De Juana es un asesino abyecto, nunca arrepentido y reiteradamente ufano de sus crímenes y hasta de los ajenos. Es el que dice que las lágrimas de las víctimas son su alegría, una atrocidad que acaso sea su gran verdad.
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Estos mismos días estamos oyendo hablar de penas de varios milenios solicitadas por la fiscalía para otros bárbaros, y eso ya no es solamente un absurdo sino un sarcasmo. A De Juana mismo le han salido tiradas las vidas ajenas que arrebató y ni siquiera ha aceptado cumplir la ridícula pena rebajada que le queda pendiente, pero, como es natural, la responsabilidad por semejante injusticia no es suya sino del Gobierno que paga con ese gesto de debilidad el precio convenido con los terroristas en la mesa de negociación. Sin contar con que, desde hoy, el asesino que se hizo pasar por mártir se convertirá en héroe, que es mucho más peligroso, y su ejemplo enardecerá a la revitalizada trama terrorista que, hay que reconocerlo, ha recuperado el pulso con las cataplasmas de este Gobierno. Entre las imágenes de este perro rabioso que veremos y la labor de zapa que el propio ministro de Justicia perpetra bajo los cimientos de la arruinada fortaleza judicial, descenderá hasta mínimos históricos una confianza en el Estado que, en realidad, nunca existió entre nosotros. Miren hacia Alemania, donde acaban de pasarle doble cerrojo a una superviviente de la banda Baaeder-Meinhof, recuerden, si prefieren, la muerte en prisión del ‘grapo’ o el ‘ira’que hicieron también en su día sus huelgas de hambre. Apenas hay país civilizado que no disponga de un sistema penal verdaderamente disuasorio además de justiciero. Nosotros solicitamos penas milenarias sabedores de que habrán de quedarse en bien poco. No apostaría yo a que esta claudicación del Gobierno no abra en la opinión el camino expedito al cumplimiento íntegro de las penas.