El huevo y la gallina

 

Siempre fui seguidor fiel de la teoría del maestro John D.Bernal que endosaba el atraso científico y la esterilidad investigadora a la división en clases provocada, según él, por las condiciones de la civilización primitiva. El maestro dio en postular que esa división habría situado a los científicos al lado de los gobernantes frente a los demás estamentos socialmente supeditados, y creía que esa secreta alianza sería la responsable de que los progresos radicales sólo se hayan ido produciendo de manera esporádica e incluso rara. Sólo el acercamiento entre sabios y artesanos, registrado en varios periodos de la historia humana, habría permitido acelerar el progreso orientando la atención hacia unas necesidades prácticas que en épocas de distanciamiento no se entreveían siquiera. No se puede negar, sea como fuere, que hay por ahí mucha teoría expletiva y demasiada investigación arbitraria dominando un panorama científico ciertamente impresionante pero cerrado a cal y canto. Topamos estos días con universidades que dedican sus esfuerzos y recursos a virtualizar olores por Internet o a descubrir el beneficio de la musicoterapia, a reactualizar la desdichada propuesta criminológica de Lombroso o a especular en torno a misterios tan insustanciales como los que hacen furor en el ámbito esotérico. Desde el Colegio de Londres nada menos un físico ha apoyado la hipótesis de que sería posible lograr la invisibilidad postulada literariamente por Wells en su novela a poco que acabemos tejiendo una capa, en plan Harry Potter, a base de materiales que permitan a las ondas electromagnéticas atravesar los objetos sin ser reflejadas, lo que produciría un efecto similar al del río que rodea el risco plantado en su cauce. Pero quizá la palma se la lleve en este torneo ese profesor de Nottingham que ha cortado el nudo gordiano de una vez por todas decidiendo que el huevo hubo de ser necesariamente anterior a la gallina, una conclusión histórica que inmediatamente le ha valido el apoyo de varios colegas del prestigioso King’s College londinense y acaparado la atención del olimpo mediático incluyendo a ‘The Times’. Un pico y una pala es lo que tendrían que darles por la vía rápida a esos sabios entretenidos que van de alegres payasos en el circo mediático.

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Hay una Ciencia que nos acerca a lo sublime y otra que nos sume en la miseria, saberes venidos a enriquecer al hombre o a aliviarle su precariedad, y especulaciones que acaban socavando los cimientos de la vida. Y junto a ambas ha coexistido siempre una vana actividad dedicada a rizar el rizo de la evidencia o a divagar por el vasto territorio de la improvisación y la arbitrariedad. Yo he visto cómo el anuncio de una charla de un biólogo futurista ha convocado del tirón a una audiencia de afectados por lesiones hoy incurables que imaginaban ya al alcance de la mano lo que todavía no es más que un sueño cierto, y he podido contemplar la sombra del desencanto al oír como el sabio templaba gaitas con discretas razones dándole a la esperanza las imprescindibles largas cambiadas. Pero no tengo más que prender la tele para toparme con algún papanata defendiendo el origen astral de las pirámides egipcias o con sabios fingidos divagando sobre absurdas psicofonías o ridículos ectoplasmas. Hace falta que el Poder aprenda a respetar la Ciencia como un bien colectivo en lugar de tratarla como a una criada y, en ocasiones, hasta como un sospechoso adversario, lo que equivale a decir que es hoy más necesaria que nunca una política científica que vea en la investigación una actividad social clave y no una rutina o un adorno. Hace poco ZP arengó a nuestros quejosos investigadores aprovechando para cargar, como si dijéramos, contra Menéndez Pelayo, y ahora, para remate, se descuelga una minerva liquidando el dilema clásico sobre el huevo y la gallina. Bernal decía que los científicos saben de sobra lo que les conviene. Yo añadiría que, desdichadamente, el Poder también.

La gestión impune

 

Tras la noticia de que la Junta, es decir, los contribuyentes andaluces, deberán correr con los gastos de esa juerga que ha sido la adjudicación ilegal del casino de Sevilla, llega la nueva de que cierta desidia administrativa de la misma Junta acaba de costarnos una finca en pleno Parque Nacional de Castril cuya titularidad privada ha reconocido el Tribunal Supremo. Hemos de pagar los platos rotos de las víctimas del SAS, los desaguisados de los especuladores del urbanismo municipal, los errores (a veces contumaces) de los responsables de menores, los arreglos de las autopistas que se hunden porque los especuladores –según Pedro Pacheco, ex- “socio” de Chaves– se habrían llevado el cemento en sus maletines. Mientras tanto, la irresponsabilidad administrativa y política de los culpables se mantiene intacta, ajena a protestas y agravios, como si la ley no fuera igual para todos o la cosa pública fuera un cortijo de unos cuantos. Es necesario abrir el debate de la responsabilidad de quienes causen daños desde los despachos de las Administraciones. Mientras ni se plantee ese debate, seguiremos pagando los de siempre. Sin ir más lejos, el mes que viene.

El lío del Rocío

 

Aquí el Estado es aconfesional, incluso laico según algunos que no se han leído la Constitución, pero a la hora de los disturbios ahí tienen a los barandas llevándole rosas (rojas, por supuesto) a la Blanca Paloma. Aquí no hay quien no se proclame campeón de la austeridad pero a la hora del convite vean cómo va subiendo la factura del casoplón de la Dipu en la Aldea, donde cada mañana aparece un cargo nuevo, que si sillas, que si cocinero, que si servicio, que si seguridad, que si parque móvil, etcétera. Mientras los ciudadanos contemplan indignados el abuso de unos pocos y el silencio de un partido que, probablemente, no sabe ya qué hacer a estas alturas, pero en el que muchos militantes se suben por las paredes ante la desvergüenza de sus compis. (Por cierto, la encuesta virtual de la competencia ha dejado de mantenerse extrañamente “clavada” en el 82 por ciento en contra, para bajar la protesta poquito a poco, providencia tan inútil como inverosímil). “Villa Cejudo” promete ser, en todo caso, al atractivo de esta romería en la que algunos sociatas, para no ser menos, han puesto casa grande como la condesa de París.

Memoria selectiva

 

Una noticia desconcertante nos llega de Marruecos: el embajador de España, de esta España empeñada en “recuperar la memoria histórica” incluso al precio de reabrir las viejas cicatrices de los abuelos, se ha personado, con agregado militar y todo, en el gran homenaje organizado por la dictadura alauíta en memoria del general Mizzian, el moro rebelde entronizado por Franco, único capitán general extranjero del Ejército español. Seguro que el bueno de Luis Planas –aquí todo el mundo es “el bueno de Fulanito” cuando aprieta el levante– desconoce la historia de aquel morito apadrinado por Alfonso XIII y alumno de Abd-el-Krim que cuenta le leyenda (apócrifa, por supuesto) que acabó haciendo la ofrenda al apóstol Santiago Matamoros cuando fue capitán general de Galicia, y que mantuvo toda la vida unas relaciones de privilegio con Franco, de quien era “hermano de sangre”. Estupendo, ¿no? Echamos la casa por la ventana abriendo fosas y paseando restos para recuperar esa “memoria imprescindible”, mientras nuestros embajadores pasean sus entorchados en memoria de algunos de los más conspicuos héroes de la represión franquista, de Mohamed Ben Mizzian, sin ir más lejos, el comandante rebelde que marchó sobre Tetuán, anduvo por medio en la ominosa venganza corporativista que en realidad fue el ajuste de cuentas entre los militares africanistas, y acabó ordenando el degüello de los rojos resistentes, cualquiera que fuera su condición y circunstancia. Cuenta John Withaker, un corresponsal que acompañó durante la campaña al general moro, que Mizzian presenciaba impávido las ejecuciones en masas que perpetraban pelotones de sus tábores y describe una escena vivida por él en Navalcarnero en la que presenció como el propio general entregaba a la soldadesca dos muchachas republicanas para su violación colectiva. Seguro que el bueno de Luis Planas ignora todas estas “memorias”, y seguro también que los innumerables memoriosos y fosores que asesoran a Chaves y a ZP no le han recordado tales extremos, aunque la verdad es que a Chaves, hijo de militar destacado, ni pajolera falta que le hubiera hecho. Nada, ¡viva el Mizzian! y caiga el que caiga. Menos mal que la historia es un palimpsesto y siempre puede reescribirse como es debido.

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¿Qué dirán, no obstante, los inquisidores cuando se enteren (si es que se enteran) del acontecimiento, dónde retumbarán los ayes y lamentos de los muy susceptibles partidarios de reabrir el debate guerracivilista a setenta años vista? ¿Qué alegará Moncloa, qué podrían decir la Junta y sus órganos específicos sobre este escandaloso bastizano de un embajador de España que es, sin duda posible, muchísimo más que una metedura de pata? Ya sé que el Mizzian, además de “hermano” de Franco y medio entenado de Alfonso XIII fue protegido de Mohamed V, el abuelo del actual sátrapa “hermano” a su vez de nuestro Rey, pero ¿cómo explicar, mientras reabrimos fosas comunes del “otro bando”, que nuestro embajador en Marruecos rinda homenaje a quien, aparte de lo antes reseñado, organizó los fusilamientos en masa en la tristemente famosa ruta Talavera-Santa Olalla-Toledo? No se saben la Guerra Civil, al parecer, estos mesías del rencor, ni existe la menor coordinación en ese “servicio exterior” nuestro que recién acaba de decidir el Gobierno que se cubra “a dedo” y no contando con los expertos de “la Carrera”, es decir, justo como se había cubierto la plaza de Marruecos con el bueno de Luis Planas. ¿Se imaginan lo que ocurriría si un embajador francés o uno alemán asiste por ahí a un homenaje nazi? Pues ya verán como aquí “no passsa nada”, como diría Burgos, y el bueno de Planas conserva su prebenda y sus funciones tras ofender de esa manera a tantos cientos de víctimas de la represión franquista. La memoria selectiva tiene estas cosas y no se hable más.

Otra vez la tea

 

Pueden sentarse a esperar quienes aguardan siquiera la esautorización chavesiana de la consejera de Medio Ambiente por decir esa cosa estupenda de que este año habría menos incendios puesto que se juega el Mundial de fútbol y “está demostrado” (¡) que los montes se queman menos mientras la tele trae esos eventos. Eso sí, los de la tea –tal vez porque el Mundial no ha comenzado aún y a pesar del partido amistoso de la Selección—han provocado en Huelva, para empezar tres incendios en un palmo de terreno, perdiéndose las primeras hectáreas del preverano y dando lugar a los rpimeros desalojos. Aquí se han dicho muchas tonterías –ahí está la comparación del “modelo federal” español con el yanqui o el alemán que, sin que casi nadie diga esta boca es mía, acaba de hacer el propio Chaves–, pero esta de la consejera bate, sin duda, siquiera sea de momento, todos los récords. A ver quién nos salva del fuego con barandas como coña Fuensanta. En le campo onubense de Beas estaban durante el fin de semana que echaban las muelas.

Postmodernidad onubense

 

También a Huelva ha llegado la postmodernidad con sus novedades y fuegos de artificio. Miren si no a los funcionarios de alguna “delega” de la Junta practicando el milenario ‘tai chi’ antes de comenzar la jornada de trabajo, no se pierdan a la Onubense proponiendo investigaciones sobre la musicoterapia o poder sanador de la música. Estamos que nos salimos, somos mundiales y no hay pamplina que cruce por nuestro horizonte que no adoptemos a toda máquina, dicho sea sin menosprecio de aquellos gimnastas orientales financiados con nuestro dinero, ni de la no poco extravagante línea investigadora de nuestra “alma mater”. También se reían de nosotros cuando importamos el fútbol y miren por donde va la vera, de manera que no hay que desesperar viendo a nuestros funcionarios/as cargar pilas en plan chino o a nuestros sabios buscar remedios pintorescos. Esto es la postmodernidad, en suma. Que así no vayamos a ninguna parte, es otro cantar.