Apagón con sordina

No aparecen las cintas grabadas entre el barco encallado en Algeciras, el del vertido de fuel, y la torre de control de la Capitanía Marítima, es decir, los registros de lo que hablaron realmente el capitán de la nave en inminente peligro y la autoridad a la que correspondía –como en su día en la Costa da Morte, ¿recuerdan?– decidir si traerla a puerto o alejarla en el mar. ¿La ministra? La ministra, al pairo, descarada hasta el punto fallido de decir que el PP “no ha podido tener su ‘Prestige’ ”, lo cual es tan cierto como que sólo las circunstancias han impedido esa catástrofe. Estos políticos no lamentan las tragedias sino que las manejan como armas contra el enemigo y, por lo que se, casi (o sin casi) las celebran cuando pueden chapapotear un Gobierno como ya sucediera. Pero la desaparición de las cintas grabadas es un escándalo y una trola que no se cree nadie, explicable sólo por la maestría propagandística del PSOE. Si esto le ocurre a Chaves en la oposición se monta la que ha sido incapaz de montar una oposición dividida entre el complejo y la prebenda.

Sociología de la blasfemia

Un año después de publicar en portada su famosa caricatura de Mahoma quejándose de las miserias del integrismo, la revista ‘Charlie Hebdo’, durante decenios mascarón de proa del humor rebelde y el “feliz desacato republicano”, como se dice en Francia, se ha visto procesada por el Tribunal Correccional de París a instancias de la Gran Mezquita de París y de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia que se sienten perjudicadas por la crítica en cuestión que le valió a la publicación una tirada record de 150.000 ejemplares. Coincide el juicio con la decisión de la tele nacional de China de prohibir en sus pantallas la imagen del cerdo en cualquier circunstancia para evitar que –como ha ocurrido con motivo de un anuncio publicitario de Nestlé en el que figuraba un cerdito—la creciente comunidad mahometana de ese país emergente (unos 18 millones de creyentes, al día de hoy) pueda sentirse ofendida o, simplemente, molesta dadas las connotaciones simbólicas negativas que ese animal tiene en su imaginario. Ya estamos otra vez, pues, de un extremo al otro del planeta, enredados en el debate de si es lícito o no lo es en un régimen de libertad de expresión publicar críticas cuyo contenido pueda incomodar a la sensibilidad específica de esas minorías privilegiadas que gozan de atenciones y privilegios obviamente superiores, por lo que se va viendo, a los que benefician a las propias mayorías. Lo del cerdito tiene un pase, después de todo, pues siempre las ocurrencias lejanas resultan difíciles de juzgar, pero para cualquiera que tenga memoria de la ferocidad con el ‘Charlie’ ha atizado leña por un tubo, con todo y ser “la única verdadera”, a la religión católica, la noticia de que por una caricatura del Profeta los ‘manguitos’ sienten en el banquillo –¡en Francia!—a la propia libertad de expresión, no deja de ser elocuente. El progreso moral ha trasladado la inquisición de manos del párroco a manos del imán.

xxxxx

Ustedes fíjense, por ejemplo, en cómo se la pillan con papel de fumar los chirigoteros carnavalescos a la hora de evitar meter al morito en sus parodias –cuchufletas sobre la grifa aparte–, pero de paso vean con qué ingenua naturalidad se exige respeto para los murguistas cuando de lo que se trata es de zaherir –“iocandi causa”, faltaría más—las creencias o la tradición cristiana, como ha ocurrido tantas veces ya en Andalucía y ocurre en este momento en algún pueblo cordobés en el que el párroco blande la excomunión sobre unos blasfemos a los que, por descontado, ni se les ocurriría (y si se les ocurriera, ahí estaría el concejal de fiestas o el ‘delegata’ de la Junta con la rebaja) burlarse de algún motivo fundamental contenido en la tradición coránica. Hace sólo unos años, no hubiera resultado fácil imaginar lo sencillo que podría ser despojar a Occidente de su prestigio de siglos e igualar a su civilización raseándola con otras tan sensibles a la hora de custodiar sus misterios como expeditivas a la de desnucar a sus delincuentes con un tiro en la nuca o colgarlos de una grúa en un estadio y de la tansa más fina. Pero lo era. Vivimos una situación convencional en la que el imperio de las inquisiciones se ha invertido de modo y manera que los mismos que critican –y con cuánta razón– las martingalas de la congregación vaticana que Ratzinger gestionó hasta antier con mano de hierro, velan porque se respete al pie de la letra la inasumible inquisición islámica que dicta ‘sharias’ por doquier, condena a muerte por las bravas a quien cree que violó su sagrado y, llegado el caso, que llega, lapida a cantazos a una adúltera invocando su tradición. Esta guerra la está perdiendo Occidente batalla tras batalla y, lo que es peor, sin disparar apenas un tiro. Las viejas y denostadas Cruzadas siguen hoy día en la misma dirección pero han cambiado de sentido. Saladito le daba sopas con honda a Corazón de León. Ahora podemos comprender por qué.

El gran ausente

Cuando ardieron los montes en Huelva y Sevilla, Chaves no se dignó interrumpir sus vacaciones de 40 días 40 por la brumosa Galicia; en cambio cuando el submarino atómico ‘Tyreless’ atracó averiado en Gibraltar, allá que se fue con su pancarta a presidir la manifestación contra el Gobierno legítimo pero, ay, “no amigo” de esta nación de naciones. Tampoco ha bajado a Algeciras Chaves para ver de cerca el alcance de esa tragedia anunciada que ha sido el vertido de fuel, ni para improvisar al menos un paripé de “voluntarios” o exigir responsabilidades a un Gobierno al que Algeciras culpa sin ambages del suceso. Chaves es un especialista en ausencias que se atiene a la regla más simple, a saber, la de no aparecer por allí donde lo que aguarden no sean vítores amigos y ramos de flores, convencido de que todo– la ceniza de los quemados o la injuria del chapapote, la ruina de los campurrianos o el pan de los costeños– se olvida con el tiempo. Por eso no porta por la costa destrozada como no portó por los montes destruidos. Otra cosa sería si gobernara el rival.

Molestas sentencias

Nuestros políticos, espejo de ciudadanos, suelen engolar la voz para proclamar que “respetan” les decisiones de la Justicia (¡como si nos hicieran con ello un favor!) aclarando, de paso, que ello no implica, lógicamente, compartirlas. Hasta ahí, normal. Lo malo es que, además de no compartirla, con frecuencia demoran su ejecución o, incluso, la evitan, como está haciendo el Ayuntamiento tránsfuga de Gibraleón al negarse a readmitir a los trabajadores ilegalmente despedidos de la tele municipal cuando el ‘golpe’ y el ‘antenazo’ que arrebató la alcaldía al PP. Importante: el Juzgado reclama esta vez al Ayuntamiento que suspenda toda actuación destinada a convertir lo sentenciado en algo de imposible cumplimiento. Francamente, si eso es así de evidente, no me explico por qué, ya de paso, no se apercibe a los responsables municipales, empezando por al alcalde, de las sanciones que les pueden caer encima si insisten en burlar la Ley.

Hembra sin atributo

Se celebró ayer, sin mucha repercusión entre nosotros, me temo, la “Jornada Internacional de Lucha contra las Mutilaciones Genitales Femeninas” practicadas por las culturas primitivas y su creciente avanzadilla en el denostado Occidente. Cuesta creerlo pero hay en este momento en el planeta, según el testimonio de UNICEF, un total de 130 millones de mujeres adultas y jóvenes que han sido sometidas salvajemente a la ablación del clítoris o a la infibulación bien en sus países de origen, bien en nuestro propio territorio y se estima que la atroz amenaza gravita sobre tres millones de niñas cada año, en especial en amplias zonas africanas y en el Sudeste de Asia. Más aún que esas prácticas, denunciadas mil veces en los países de acogida, siguen practicándose ante la relativa indiferencia de una autoridad consciente o inconscientemente imbuida de la razón multiculturalista que todavía promueven, no dudo que con su también relativa buena fe, algunos ingenuos y, por supuesto, un buen montón de malvados. Urge disipar un prejuicio muy frecuente en esta época de tensiones de origen religioso, y es que la mutilación femenina, contra lo que suele creerse, no tuvo jamás el respaldo de ninguna religión sino que ha funcionado siempre impulsada por la inercia de remotas tradiciones  probablemente difundidas, a través de los siglos, desde el Egipto antiguo, que indujeron  a ver en el clítoris –como en el prepucio, por otra parte—un elemento oscuro, misterioso, tal vez demoníaco, rastro del andrógino primordial y, en cualquier caso, órgano de la impureza y hasta sede de la histeria. Algo, en definitiva, que había que amputar en beneficio de la propia mutilada cuyo interés se contemplaba, por supuesto, desde la estricta perspectiva del macho. Un trozo de vidrio, una cuchilla usada y una bruja especializada están perpetuando en nuestra propias civilizadas barbas la más cruenta liturgia creada por la ignorancia humana y su inseparable perfidia. Ayer se celebró el día de lucha contra esa lacra. ¿Escuchó alguno de ustedes por alguna parte al habitual coro femenino? Pues yo no.
                                                                xxxxx
Es probable que no exista mayor ni más contundente alegato contra la opción multiculturalista –la que propone un modelo de sociedad en el que cada grupo étnico o cultural mantenga íntegra su cultura y su tradición—que este escándalo insufrible de la carnicería perpetrada contra las mujeres inmigrantes. Hay países que castigan ya esas mutilaciones, otros que las ignoran en su especificidad y algunos que prometen la sanción que nunca llega, pero mientras tanto todas las policías de Occidente saben que esas minorías practican sus ritos nefandos en secreto cuando no optan por remitir sus hijas al país de origen para que en él sean “intervenidas” al amparo de una costumbre antihumana que hay quien todavía trata de colarnos como rasgo legítimo de una cultura ancestral. Como hay grupos activísimos de defensa de la mujer a los que, sin embargo, se les escapa la cita mundial que la ONU propone para luchar contra la peor de las lacras que padece la mujer en el mundo. Hay una leyenda entre los dogones, registrada hace años por Marcel Griaule, que sostiene que el clítoris amputado se transforma en escorpión una vez liberado de su dependencia orgánica, imagen estremecedora que ilustra mejor que todas las palabras del mundo la vieja hipótesis del miedo masculino a la sexualidad de la hembra, el famoso “pavor marital” del que habló alguna vez el tronado de Bataille y sobre el que ha dicho cosas decisivas un buen puñado de antropólogos y especialistas sociales. 130 millones de mujeres mutiladas constituyen, en todo caso, un argumento aplastante frente a cualquier teoría. Déjenme que me sorprenda, al menos, ante el silencio o la pasividad de esas amazonas que reclaman la defensa del “género” pero luego no aparecen siquiera cuando la ONU las convoca.

A diestra y siniestra

Lo peor de las corrupciones urbanísticas que no perdonan comarca ni pueblo es que PSOE y PP se han enrocado en la estrategia del “y tú más”, de modo que cada vez que se destapa un escándalo, primero se niega y, a continuación, se le imputa otro similar o mayor al de enfrente. Y luego no ocurre nada, como se ha demostrado ya en los repetidos casos en que los Ayuntamientos cambian el uso de un terreno días antes por “uno de los suyos” (los sobrinos de González en Sanlúcar la Mayor, los tránsfugas/sociatas de Gibraleón, la número 2 del PSOE en Fuengirola ‘è tutti quanti’) se haga con ellos por su inocente precio original. Llama la atención que en pueblos tan reducidos no se produzca una reacción radical contra estos lamentables abusos que, en ocasiones, incluso se llega a justificar con el argumento de que cualquiera haría lo mismo en el lugar del trincón. Los pactos anticorrupción no han servido ni para inquietar a los rapaces. Toda una nueva clase apunta entre nosotros surgida directamente del suelo urbanizado.