Encima, miserias

He oído pocas miserias comparables a ésa que ha dejado caer el jefe provincial  del PSOE, Javier Barrero, sobre el “favor” que la vicepresidenta de la Diputación habría hecho al hijo del alcalde de la capital al invitarlo a una exposición colectiva onubense celebrada en Bruselas. Mejor no entrar  a fondo en viajes a Bruselas organizados por la Dipu (seguro que Cejudo lo agradece) pero esta insidia, aparte de ruin porque valora el trato político como si fuera algo patrimonial, olvida que Pedro Rodríguez hijo es uno de los pintores más destacados que han roto en Huelva en muchos años, como lo prueban sus importantes exposiciones nacionales y extranjeras. Pero, además, ¿qué tendría que ver, en todo caso, esa “generosidad” con el hecho patente de que el delegata de Educación de la Junta le haya fabricado presuntamente a la hija de la candidata una plaza docente tan ajustada a su perfil? Mal le deben ir las cosas cuando recurren a argumentos tan viles. Casi estoy por decir que quedaban mejor con la boca cómplice cerrada.

La ciencia imparable

No ha vivido para contarlo, como saben, pero si la oveja ‘Dolly’ no hubiera sido pasaportada para la otra granja por sus solícitos cuidadores, compadecidos de su envejecimiento prematuro y su enfermedad pulmonar, esta semana cumpliría 10 años cabales. Fue “The Observer” el que anunció la noticia aquel domingo 27 de febrero y “Nature”, faltaría más, la instancia encargada de acreditar el prodigio a pesar de la vehemente petición de algún científico eminente de que censurara una información de alcance impresivisible: la de que el hombre había conseguido “fabricar” un mamífero introduciendo en un óvulo despojado de su material genético propio el de una célula mamaria extraída de una oveja adulta. En estos diez años ha habido tiempo para todo, por supuesto, desde las agresivas campañas prohibicionistas sugeridas o impuestas por los poderes del fundamentalismo, hasta el desbordamiento de un optimismo seguramente injustificado en buena medida, pasando por el espectáculo siempre lamentable del circo oportunista. Pero el hecho es que, en ese periodo, entre polémicas que cruzaban como dardos mórulas y ovocitos, ese azacán terciado de aprendiz de brujo que es siempre el científico de la frontera, ha logrado reproducir, bien que mal, cerdos o ratones, perros, gatos y hasta caballos, por no hablar de la clonación fallida del primer embrión humano conseguida en el 2001 por la ACT yanqui y menos aún de las fantasías camelísticas de la secta raeliana, del esperpéntico doctor Antinori o del cuentista coreano Woo Hwang que dio trabajo largo a los científicos antes de entregar la cuchara y admitir su fraude. Un día, en una “Charla en El Mundo” onubense, alguien le preguntó por la experiencia de Antinori al biólogo Ginés Morata, reciente premio Ramón y Cajal de Biología, y Ginés respondió con esa dureza indiferente tan propia de los sabios con un revés a la medida del propio camelo: “Mire usted, eso de Antinori me lo creeré cuando lo vea. Luego habrá tiempo de meterlo en la cárcel”. Ginés, que ahora anda trajinando por los lucios de Doñana, resumió en esas dos frases toda la inútil polémica generada en torno a aquella proeza que abre un camino que va derecho desde aquí hasta cualquiera sabe dónde.

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La oveja ‘Dolly’ se ofrece hoy disecada a la curiosidad humana en el Museo Nacional de Escocia como un símbolo de alto voltaje ideológico en medio de un mundo desinformado por la propia información, pero también como hito que señala el punto de partida de una carrera imparable que, siguiendo una ley fatal de la civilización, ningún fundamentalismo podrá impedir aunque, ciertamente, pueda obstaculizarla en su desarrollo. Estos días hemos conocido la noticia de que una joven pareja tratará de tener un segundo hijo para “utilizarlo” clínicamente en beneficio de otro que padece una enfermedad irreversible y no ha faltado en el correspondiente coro alguna voz disonante elevando el treno con los consabidos argumentos ideológicos de índole creacionista que atraviesan esta temporada uno de esos frecuentes “revivals” que acaban más pronto que tarde sucumbiendo a la irresistible presión de la lógica del progreso. El día en que si difundió la noticia de la “creación” de ‘Dolly’ las acciones de “PPL Therapeutics”, la empresa promotora de la investigación, experimentaron un subidón en la Bolsa desde 0’25 hasta 3’60 libras que seguramente forró a algunos inversores optimistas pero quién sabe si también a feligreses de la otra parroquia. Y el propio Iam Wilmut, padre de la criatura, como asustado de su misma proeza, se ha lanzado luego a una dura campaña reclamando leyes que prohíban la clonación inaugurada bajo su batuta. Esta vida está llena de sorpresas y también de incongruencias, seguro, pero ni unas ni otras lograrán detener nunca el enigmático proyecto secreto de la ciencia imparable.

La parte cómica

El todavía presidente extremeño, penúltimo barón laminado por ZP, corre habitualmente, como es sabido, con la parte cónica del espectáculo. Cómico serio, especializado en esa seriedad que el payaso dramatiza como ningún actor, Ibarra se ha convertido en especialista de ese número que consiste en alborotar la pista para serenarla a continuación, infundiendo con esa maniobra a la función cierto dinamismo que hace llevadero hasta el aburrimiento. Va esta vez la cosa de recurrir ante el TC el flamante Estatuto de la autonomía andaluza por haber incluido la “falsa competencia exclusiva” sobre la cuenca del Guadalquivir, pero de paso ha dicho ese trueno que, al menos mientras él esté al timón, en Extremadura no habrá reforma estatutaria, es decir, no se dará vía libre al plan de ZP de cambiar el modelo constitucional inutilizando la Constitución a base de reformas de Estatuto. Ibarra suele, por supuesto, desdecirse de sus bombazos nada más recoger el fruto mediático aunque ahora, con un pie en el estribo, cualquiera sabe si aguantará en envite. Verán como Chaves “pasa” del tema y del personaje. La moraleja del pastor y el lobo vale incluso para el ‘bellotari’.

Y encima se va

Se va la concejala lepera que posó para la posteridad como su madre la trajo al mundo en las arenas de La Antilla. Un poco cabreada con la reacción generalizada (yo alcancé a verla en dos periódicos hispanoamericanos), como si fuera posible otra reacción ante su estupendo gesto, reacción que ella califica de “ridícula y surrealista”. En fin, las cosas de la vida, aunque no faltará quien lo lamente pensando que para una vez que hay algo que ver en la política ya ven qué poco ha durado. Pero ya en serio, a uno le parece que esa edila ha derrapado por la izquierda a propias y extrañas poniendo en evidencia, con el extremismo de su imagen, a un cierto feminismo confuso que dista de tener claro qué es lo apropiado y qué lo impropio en esa delicada materia que es el uso de las “armas de mujer”. No veo yo gran diferencia de fondo entre la decisión de una candidata de adecuar su cartel subrayando sus patas de gallo y el desnudo de una concejala que quiso llamar la atención.

El fondo de la cuestión

Se multiplican las reacciones sobre, frente, contra el referéndum de autonomía celebrado el 18-F con tan espectacular abstención de los andaluces. Dice el presidente Chaves que asume la responsabilidad que los ciudadanos quieren echar sobre sus espaldas, como si ese gesto formal supusiera algo real en el marco de esta política-ficción que vivimos, mientras se multiplica el eco del argumento oficial empeñado en justificar la ausencia de votantes en el hecho de que la consulta, apoyada por los dos grandes partidos, estuviera ganada de antemano. El candidato extremeño del PSOE y ex-presidente José Bono, en cambio, esgrimen una teoría mucho más realista y, sin duda, también más profunda, al sostener que el fracaso del proyecto de Chaves no ha de buscarse más que en el desinterés colectivo por el arriesgado proceso de reformas estatutarias puesto en marcha por este Gobierno por imposición de sus socios nacionalistas. El debate es interesante porque tan absurda es la pretensión de que una baja participación electoral deslegitima un resultado como el intento de convencernos de que el volumen del apoyo ciudadano a un referéndum resulta indiferente a efectos de legitimación. ¿Podría decirse cuerdamente que se habría ganado por unanimidad la consulta del 18-F si solamente se hubiera registrado el voto del propio Chaves? Evidentemente no, y esa evidencia nos devuelve al fondo de la cuestión que no es otro, a saber, que esa indiferencia ciudadana ante un proceso de cambio que nadie había solicitado y en el que cualquiera puede percibir riesgos mayores. Los andaluces no han ido a votar ese referéndum porque no les interesa o tal vez porque rechazan un proyecto de cambio efectivo del modelo de Estado consagrado pro la Constitución vigente, proyecto impuesto por el designio extremista de esos nacionalismos regionales con cuyo apoyo –sobredimensionado por el efecto de una injusta ley electoral– piensa el PSOE conseguir la definitiva soledad del PP, es decir, la sustitución del bipartidismo de hecho en que se viene basando la democracia española por una fórmula de alianzas múltiples y eventuales con esos minipartidos incorporados, a estas alturas, a esa deriva disolvente del Estado constitucional. Ni en Cataluña ni en Andalucía, sin embargo, han conseguido los partidos arrastrar a la opinión pública. La democracia sobrevive en ocasiones a pesar de sus propios guardianes.
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Lo que ha fracasado, en definitiva, no ha sido una ocurrencia de Chaves ni un plan secesionista en la práctica como el auspiciado en Cataluña por la coalición PSC-ERC-IU, sino el plan –un auténtico “golpe ‘al’ Estado”, por decirlo suavemente– de desmantelar la España surgida en la Transición con el acuerdo de todos para sustituirla por un imprevisible mosaico de taifas insolidarias, lógicamente impulsadas cada una de ellas por el interés local. Atribuir ese fracaso a un rechazo meditado o a un impulso instintivo es lo de menos, en especial si se considera que nadie ha sido capaz de dar una sola razón grave a favor de la necesidad de la reforma, lo que no deja de ser una causa más que posible del desdén ciudadano por ese negocio que Guerra –es necesario repetirlo siempre– ya explicó que no era, en modo alguno, una cuestión que implicara al interés público sino una porfía exclusiva de los políticos profesionales. Es decir, que el gran derrotado en Cataluña primero y después en Andalucía es el presidente Zapatero, máximo patrocinador del vasto y peligroso movimiento político con el que pretende garantizarse cierto blindaje político al precio de desmantelar el Estado de las Autonomías, no modificando la Constitución, que sería lo suyo, sino a través de esta oprobiosa cadena de reformas estatutarias regionales. Con todo y ser el insensato arbitrista que propició en proceso, Chaves no tiene por qué prestar sus espaldas a ZP.

Fechas claves

No me digan que no tiene delito la convocatoria del referéndum precisamente el domingo de Carnaval y las elecciones municipales precisamente el domingo de Pentecostés, es decir, el día grande de la romería de El Rocío. La primera decisión –‘drug queens’ y comparsistas posando ante las urnas, al margen– bien pude haber contribuido, siquiera mínimamente a la debacle abstencionista, mientras que la segunda –en la que tampoco faltará alguna flamenca y algún caballista papeleta en mano, ya lo verán– está evidentemente calculada por Chaves para dificultar la participación del electorado conservador. EL PP, con la moral del Alcoyano, pide que se refuerce el servicio de Correos para facilitar el voto no presencial desde la presunción, más que razonable, de que las oficinas postales de la zona se colapsarán sin remedio. Ya ven que las fechas no son indiferentes ni su elección casual. Y que la trampa no se cae de la imaginación de estos demócratas con pocos escrúpulos.