Traca final

Cosecha enorme de frases para la historia en el mitin en honor de ZP. Chaves pidió a los andaluces, en plan bolero aznarista, que confiaran en él mirándole a los ojos. Escuredo animó, si fuera preciso para combatir la temida abstención, a trincar por las orejas (sic) y llevar a votar a amigos y vecinos… para que se sientan bien los cachorros de la derecha”. Borbolla atribuyó al Estatuto –más bien en clave de Groucho Marx– el mérito de haber hecho pasar a Andalucía “del subdesarrollo a la modernidad”. Y ZP, miel sobre hojuelas, se no escatimó elogios hasta el punto de proclamar que si “todo el mundo quiere venir a vivir aquí” a él no le extraña porque esta es la tierra “peor tratada de la Historia de España y la que tiene el mejor pueblo”. Se acerca el referéndum y, a pesar de llevar todas las bazas de mano, parece que en la timba, las camisas no llegan al cuerpo. Chaves, por ejemplo, pedía “con absoluto respeto” a los votantes del PP que vayan a votar “Sí”. Con la cabeza medianamente fría, poca gente en su lugar diría algo así. 

Un mal asunto

No debe hacer provocado júbilo precisamente, en la “planta noble” de la Diputación Provincial la comunicación del Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva recibida ayer por las partes –entre ellas, el propio presidente del organismo– anunciando que ha concluido la fase de instrucción del llamado “caso ‘mobbing’ ”, es decir, el pleito entablado contra Cejudo por un arquitecto funcionario que se considera objeto de maltrato y que ya había conseguido la imputación de aquel por parte de la Fiscalía que le pide cárcel e indemnización. Un mal asunto, afrontar unas elecciones con ese fardo encima, y peor si se confirma que está al caer otro caso similar, esta vez en el área que depende de la vicepresidenta/candidata y en el que la “víctima” sería, miren lo que son las cosas, una mujer trabajadora. Si se aplica el procedimiento abreviado –y parece lo más lógico– los listeros podrían tener todavía más problemas de los que ya tienen encima de cara a las municipales.

Actualidad del ‘Timeo’

Está dando mucho que hablar, fuera y dentro de nuestro país, la encuesta que Le Nouvel  Observatoire acaba de publicar sobre lo que un grupo de francesas famosas piensan de la candidata en baja Ségolène Royal. Me llama la atención entre las opiniones vertidas, algunas bien sentenciosas, la de la señora presidenta, Bernadette Chirac, cuando asegura, en tono no poco tautológico, que “ser mujer no es suficiente para imponerse en unas elecciones”. O la de nuestra musa de juventud, la Jeanne Moreau de “Jules et Jim”, que no se corta un pelo para asegurar, sin regatearle admiración ni apoyo, que la nueva dama de la izquierda gala “es un hombre político como pueda serlo cualquier otro”. Y en fin, el triple mortal de otro de nuestros mitos generacionales, la psiquiatra Julia Kristeva, que no sólo ve en la esperanza blanca de la izquierda “la versión de feminidad más importante producida por el catolicismo francés” –chúpense ésa– sino que teoriza sobre la posibilidad de que la candidatura de Ségolène y la trascendencia de su icono no sea, en fin de cuentas, más que “una revancha de todas aquellas mujeres que han sido descartadas del Trono y de la política durante siglos”. Ya lo ven: con una claque así no se necesitan reventadores, aunque haya que decir que Ségolène ha contado con un bien entrenado coro de estos últimos reclutados dentro de su propio partido, el PSF, dicen unos que motivados por cortar el paso a su compañero sentimental, François Hollande, y otros que por simple y genuina misoginia, tan activa en el país de Carlota Corday como en este corral de cabras. Un comentarista conservata decía hace poco que, frente a  esa candidata que dio el susto al llegar, Sarkozy no ha tenido mejor aliado que sus propios rivales, pero a la vista de lo que opinan estas divas temo que haya que revisar esa teoría para admitir que mucha parte en el rechazo social de la aspirante se debe a algo tan reconocido como es la oposición de las propias mujeres al liderato femenino. Vieja cuestión. Todos los trajines léxicos y sintácticos del fanatismo feminista no basta para tapar el llamativo agujero de la contradictoria misoginia de las hembras.
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Vieja cuestión, como digo. En el “Timeo” Platón formula una clásica propuesta antropogónica –que ha  comentado con tino Giulia Sissa– según la cual el “género humano” (ejem) provendría, como por lo demás todas las especies conocidas y por conocer, de un “genos anthrópinon”, es decir, de una especie unisexual –masculina, por supuesto– respecto del cual la aparición de las hembras supondría, ya según Aristóteles, ni más ni menos que un “desgarramiento” de la “perfección originaria”. Ya ven, ni toda la energía lógica acumulada –por non hablar de la evidencia del andrógino– ha logrado desvirtuar esa intuición prístina de la prioridad, siquiera genealógica, del varón, que tanta injusticia lleva provocada, y lo que es peor, no sólo en el hombre sino tampoco en las mujeres. A Ségolène viene a ocurrirle hoy lo que a la mítica Hipatia –“el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita” en una sola pieza–, a quien durante años sus propios  y apasionados discípulos llaman “filósofo” y, todavía en el siglo XX, un tipo como Maurice Barrès, tan puntilloso y hasta delicado, como adelantándose a su descendencia intelectual, insistía en calificar como “la última de los helenos”. ¿De verdad serán las mujeres las que auparán al poder a las hembras? Mi modesta colección de sondeos propios y extraños me permite dudarlo muy en serio, pero pronunciamientos como los reseñados me parece que, por lo menos, sitúan la cuestión en una zona de penumbra acaso impenetrable por el momento. A Ségolène, sin ir más lejos, no parece que sean sólo los machos quienes le corten el paso como no es posible mantener que a la Thatcher o a la Merkel las hayan puesto ahí sus congéneres sino los priostes de ese androceo que juega confiado en una timba que no ha cambiado gran cosa desde los tiempos de Platón.

Secretos a voces

El presidente Chaves ha festejado la visita electoral de su colega catalán, José Montilla, asegurando que ambos piensan lo mismo y marcan el mismo paso en este desfile de las reformas estatutarias que sabemos dónde y cómo empezó pero ignoramos cómo y dónde terminará. ¡Pues vaya descubrimiento! Nos duele la boca de decir que el proyecto de Chaves –que Guerra sostuvo que no interesaba a nadie más que a los políticos– fue una jugada de apoyo al lío catalán cuando nadie se determinaba a apoyarlo en España y tras haber proclamado el propio Chaves y los otros dos “tenores” su oposición a cualquier asimetría y a toda aventura política con las autonomías. Pero bien sabe Chaves  ese “eje Andalucía-Cataluña” (del que, ojo, se ha descolgado Extremadura) no es posible más que en el teatro político pero no en la vida real en base a la antigua regla de oro de que, en esta vida, “cuando uno gana un duro, otro lo pierde”. La única aportación ética a esta campaña sería mostrarle a los andaluces el balance de estos pactos confederados y eso es algo que, por descontado, ni Montilla ni Chaves permitirían hacer nunca.

8 años perdidos

La declaración de impacto ambiental concedida, al fin, por la delega de Medio Ambiente abre las puertas al proyecto “Isla Chica”, del que la oposición del PSOE hizo bandera hasta el punto de intentar la ruina penal del alcalde. Total, que ocho años después –tiempo perdido: una cosa muy huelvana, después de todo– estamos donde estábamos y el Ayuntamiento podrá, al fin, afrontar el reto de la reurbanización de esa popular zona de Huelva, tras haber salvado cien obstáculos y tropecientas zancadillas. ¿Quién gana, quién pierde con todo ello? Pues la oposición, ha perdido en toda la línea y el Ayuntamiento ha debido perder muchas energías en bandear la tormenta. Es el pueblo soberano el gran perdedor, como en tantas ocasiones, porque los retrasos rara vez son buenos y nunca en ciudades tan castigadas por ellos. Habría que tratar de minimizar los daños y de valorar el perjuicio político causado por el mero prurito de obstrucción. Luego, que los onubenses saquen sus conclusiones y actúen en consecuencia.

Teoría de la burbuja

Superada el polémico debate sobre el boicot “español” al cava catalán, llega ahora la polémica en torno al que promueven contra la empresa ‘Kelme’ grupos españolistas disconformes con la opinión expresada por el futbolista Oleguer en un artículo de la prensa secesionista en defensa del etarra asesino De Juana Chaos. Por lo visto en España la discusión identitaria o territorial termina siempre (lo que no sé es si también comienza) en el forcejeo mercantil cuya expresión natural es el boicot, es decir, arranca en las nubes y acaba en la lonja, al menos desde que un personaje tan respetable como Alfredo Kraus, en unas ya lejanas elecciones, tuvo la ocurrencia de proponer a los canarios de su isla que no compraran los productos de la otra. La campaña contra el cava se ha liquidado, por lo visto, con beneficios para su industria, que habría abierto prósperos mercados en el Extremo Oriente como empeñada en demostrar que, incluso en el negocio, en esta vida no hay mal que por bien no venga. Y en cuanto se ha conocido la propuesta de boicot a Kelme para castigar su patrocinio al jugador barcelonista Oleguer, un empresario se ha apresurado a declarar que no hay razones para el miedo ni la alarma toda vez que, en caso de funcionar la convocatoria de castigo, esa firma podría perder puntos en su cuota de mercado (ya le ha llegado, al parecer, un aluvión de cancelaciones de pedidos) pero, miren ustedes por donde, “igual subimos en otros muchos sitios”, es decir, allá en el país profundo y cabreado en el que las declaraciones del pelotero han aterrizado más amablemente. Los ‘confederados’ de la asimetría no habían previsto, según parece, que la fractura ideológica podría acarrear esta fragmentación mercantil que amenaza con suplantar una economía de siglos por un régimen de taifas puro y duro. La práctica nacionalista conduce directamente desde la filosofía política –aunque sea de campanario– al ámbito del marketing.
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Mala cosa este ir y venir del deporte a la política y desde ésta a la alhóndiga, en todo caso, pero lo más inquietante de esta irrupción en la controversia política de estos personajes no es quizá eso, con ser ya grave de por sí, sino la contaminación del propio debate de la impropiedad característica del amateurismo. Oleguer, por ejemplo, critica con ferocidad al sistema legal desde al más puro agravio comparativo, es decir, no apostando por reformarlo para conseguir que los graves delitos conlleven penas graves, sino proponiendo que la escandalosa lenidad partidista demostrada a la hora de beneficiar a Vera o Galindo, De la Rosa o Julen Elorriaga, se extienda (hay que suponer que por exigencia de la equidad) a un asesino en serie como De Juana que, en fin de cuentas, ha pagado penas ridículas por cada uno de sus veinticinco asesinatos, viendo reducida en términos milenarios su condena teórica. Y esta propuesta lleva a unos españoles, como en reacción, a pedirle a otros que dejen de comprar ropa deportiva como antes otros propusieron sustituir el cava por la sidrina asturiana o el champán francés, o como más atrás todavía nuestro llorado tenor predicó a sus paisanos, a causa de no sé qué agravios, vivir de espaldas en su isla a los vecinos de la isla de al lado, mientras el propio Oleguer confiesa que está “hecho un lío” pero que “tanta hipocresía” como gasta el Estado de Derecho está acabando con su “buena fe”. Tiene su lógica que un nacionalista radical como el presidente del Barça haya debido reconvenir discretamente al jugador por esta donosa salida a ese campo de la política donde los molinos suelen parecer gigantes y los gigantes disfrazarse de molinos. Como la tiene que desde ERC se vea catalanofobia en esa lógica del consumo que anda levantando fielatos donde nunca los hubo. Estamos a un paso de poner la urna en el puesto y el género en la urna. Quizá hayan pensado que celebrar las elecciones en el baratillo no sería mala idea.