Más sobre el lince

¡Albricias! Sepan cuantos onubenses vieren y entendieren, tengan o no satisfechas sus legítimas necesidades por la Junta providente, que este año del Señor los linces han comenzado a aparearse antes de lo previsto por sus cuidadores (lo de mamporreros sería tal vez excesivo aunque no disparatado), toda una noticia y un indicador de nuestro imparable progreso que la consejera de Medio Ambiente se ha encargado de pregonar a los cuatro vientos. No todos los expertos están de acuerdo, no obstante, con estos proyectos de cría en cautividad, y hasta no faltan entre ellos quienes vean en estas experiencias –que han fracasado no pocas veces lo mismo con linces que con águilas– un estudiado montaje o un verdadero negocio para conseguir puestos de trabajo y fondos con que sufragarlos. Tan loable causa, desde luego, nunca estuvo clara y sigue sin estarlo. Si los contribuyentes andaluces supieran de verdad lo que les cuesta seguro que exigirían unas cuentas que se guardan con celo en el último cajón.

Hábitos y monjes

Con las ascuas de la polémica sobre la legalización por las bravas del transexualismo aún vivas, nos llega el cuento de que el andrógino de Robert Wagner tal vez no lo tuvo claro entre el nibelungo y la valquiria. Es bien sabido que el ilustre compositor estuvo casado y bien casado, pero una carta suya –fechada en 1874 y conservada por un coleccionista, que acaba de divulgar ‘The Guardian’ haciendo hilo con una noticia del devoto ‘The Wagner Journal’– probaría que el maestro que estremeció a varias generaciones con su trompetería y se asomó alguna vez a las barricadas revolucionarias, encargaba a un costurero italiano ropa interior para su uso personal. Es verdad que siempre se contó la leyenda de que, antes de esa fecha, Wagner habría salido de Viena disfrazado de mujer huyendo de sus numerosos acreedores, pero hasta conocerse esta carta inédita nadie habría osado sacar de madre esa anécdota y menos, por descontado, relacionarla con una presunta afición del compositor al travestismo que, después de todo, entroncaría con la tradición inmemorial que mete en ese saco divino y humano lo mismo a Aquiles y a Penteo pasando por el astuto Ulises, que a la “Monja Alférez” que asombró a la España del XVI con sus hazañas bélicas y su fobia a la higiene, la presunta “papisa Juana” o –aunque esto no lo repitan en Francia, por favor– tal vez la mismísima Jean d’ Arc, sobre la que Michelet extendió con mano delicada tan tupido velo. Uno de los libros más curiosos que tengo leídos son las ‘Memorias” de aquel abate Choisy que escribió una historia de la Iglesia, se arruinó en un garito veneciano y murió con el camisón puesto, ya octogenario y contumaz. También me sedujo siempre el cuento del caballero de Beaumont, espía y milico ‘ilustrado’ que sirvió a dos reyes sin quitarse las enaguas. Georges Sand paseando por París vestida “a lo garzón” –esa leyenda romántica que dicen que mortificaba a Chopin– resulta una broma comparada con las aventuras que Edgar Hoover, todo un jefe del FBI ante el que uno tras otro entregaban la cuchara los todopoderosos presidentes, corría sobre sus tacones de aguja no pocas noches desdoblado en bujarrón nocturno. No hay que darle vueltas: donde menos se piensa, salta la liebre.
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Nadie debe sacar conclusiones precipitadas de ese hecho tan repetido, en cualquier caso. Enredando por las librerías parisinas, precisamente, me encontré alguna vez un intrigante ensayo de Pierre Vachet, que lamento no tener a mano, pero que recuerdo que sostenía la tesis de que esa pasión por las inversiones indumentarias no tiene traducción sexual segura, toda vez que la experiencia –la de Vachet, se entiende– demostraría que la mayoría de los travestidos, a pesar de ejemplos tan señeros como el de Aquiles o Hoover, son heteros de pleno derecho y entera dedicación. Vachet titulaba su obra, en todo caso, “Psicología del vicio”, creo recordar, lo que no deja de implicar, a mi modo de ver, una inquietante sugerencia. La verdad, no alcanzo a imaginarme al autor de “El crepúsculo de los dioses” apretándose el corsé ni al padre de “Sigfrido” contemplándose en el espejo las enaguas italianas, pero la sindéresis me dice que, al paso que va la burra, lo más sensato es empezar a pensar que rarezas semejantes a lo mejor no lo son tanto. Los mismos wagnerianos del ‘Journal’ no han publicado esa misiva movidos por un prurito debelador sino con la naturalidad de quien, además de ir con la corriente de los tiempos, concede al genio patente de corso para hacer de su capa un sayo o de su viril esclavina una camisita con su canesú. Igual se quedó el monstruo encasquillado entre “Tristán e Isolda”, quién sabe, pero, con la que está cayendo, la historieta wagneriana de la seda y el satén va a dar más bien poco juego en medio de esta corrala en la que da poco más o menos despellejar a Wagner que al padre de Jesulín.

El tema de moda

“El Partido Popular abusa y alimenta las posiciones más irracionales de las personas, pero el Estado no puede dejarse arrastrar por ellas porque si no estaría en la época de las cavernas”. Carmen Hermosín, secretaria de Política Institucional y Autonómica de la Ejecutiva Federal del PSOE. “El PP da argumentos a los ciudadanos para aplicar la ley del Talión”, la misma. “La nación ya no se siente representada por el Gobierno”, Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid. “El Gobierno se ha doblegado pero no la sociedad española y no la nación”, el mismo. “Una decisión indigna no puede ser inteligente”, Javier Arenas, presidente regional del Partido Popular de Andalucía. “Nos comprometemos a no ceder al chantaje como ha hecho el Gobierno”, el mismo. “Es posible que, en las próximas horas, la banda terrorista anuncie que tiene intención de no matar más”, Soledad Becerril, exministra y exalcaldesa de Sevilla. “La huelga de hambre anunciada por el preso de Albolote constituye un chantaje a la Justicia”, José Ramón Cantalejo, abogado del preso.

Marcas registradas

La tránsfuga de Gibraleón Esperanza Ruiz parece ser que trata ahora de encabezar la lista del Partido Andalucista en las próximas elecciones municipales. ¡Qué más dan ocho que ochenta! A esa desconocida la lanzó el PP en su lista, se hizo famosa (por lo menos) de la mano del PSOE y pretende, finalmente, agarrarse al PA para ver si mete el pie siquiera en el consistorio, que tiempo habrá luego de prestarle el escaño al PSOE. Tres partidos en nada y menos, y no por exigencias de una personalidad política desmesurada sino todo lo contrario: por la insoportable levedad de un tipo de personaje que necesita de la marca registrada para vivir porque no es nadie pos sí mismo. Claro que la culpa no la tienen los tránsfugas sino los partidos que los traen y los llevan. Esperanza Ruiz –como tantos otros– pasaría al olvido del tirón si no fuera porque una u otra de esas formaciones le presta la escalera para subirse al cartel electoral.

La nueva clase

No teman que no voy a desempolvar a Djilas ni a meterme en el légamo de los negocios sombreados por el poder. Va la cosa hoy por ese fenómeno espectacular que está suponiendo, a mi modo de ver las cosas,  la emergencia de una nueva clase que releva en los últimos tiempos a las aristocracias rancias a golpe de boda palaciega y festorro castellano. Recuerden, para empezar, las camachinas bodas de Ronaldo en el palacio de Chantilly –¡la mansión de los Condé, no me jodan!–, piedra antigua y retratos apolillados en las paredes para disfrute de un olimpo sobrevenido en el que brillaban con luz propia astros como Figo o Zidane, la actriz Paz Vega o el modisto Valentino junto al campeonísimo Schumacher. O sigan por la inminente que Liz Harley y el millonario Arun Nayar celebrarán primero en una mansión de Gloucestershire y luego en el palacio “art déco” que un maharajá tronado alquila en Jodhpur –una de las regiones más míseras de la India– y para la que la estricta etiqueta exige a los caballeros el turbante y a las damas el uso del “sari” rosa. Habrá que ver con esa prenda en la cabeza a sir Elton Jonh, el plañidero de lady Di, a Pablo de Grecia o al ubicuo David Beckham, siempre a la sombra tuitiva de Donatella Versace, aunque puede que más curiosidad inspire aún el menú ‘multicultural’ confeccionado por esos cuatro ‘chefs Michelin’ a los que parece que se ha confiado el ágape. También subirán al séptimo cielo esta temporada glamourosa Tom Cruise y Katie Holmes, esta vez en la fortaleza de Bracciano, cerca de Roma, y por el rito de la Iglesia de la Cienciología, naturalmente –que es la única verdadera entre esta tropilla–, arropados por Richard Gere, Brooke Shields, Jennifer López, nuestra Penélope, Jim Carrey o Giorgio Armani aparte de los inevitables Beckham. Europa, el Occidente entero, pueden respirar tranquilos, satisfechos ante esta revolución blanca en la que las viejas aristocracias entregan la cuchara sin resistencia al olimpo postmoderno de los cómicos y los peloteros pasando por las lumbreras del modisteo. Pienso a veces que Spengler anunció demasiado pronto la decadencia de Occidente, aquella profecía que dicen que le abrió los ojos a Ortega.
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Pocos espejos de época tan fieles como la clase dominante que a cada una de ellas le toca soportar, desde luego. Pero esta exhibición impúdica y grotesca de  noblezas sobrevenidas implica, además, toda una gramática de la dinámica social, un catón elemental para uso de este parvulario absorto en la televisión que ha visto impertérrito como el viejo olimpo cambiaba sus divinidades sin hieromaquias ni mitologías, de qué grotesca manera sublimaba sus sueños hollywoodianos una casta advenediza encaramada sobre el saldo, un poco como en nuestra postguerra se encaramaron los estraperlistas y los especuladores, con sus ‘haigas’ americanos y sus chaquetas inglesas. El gran teatro del mundo le cede su calderoniana coreografía a esta ‘troupe’ ostentosa que pretende marcar distancias insalvables con su hambriento pasado encasquetándose sin remilgos el turbante alquilado o vistiendo el sari pillado en el vestuario del propio anfitrión. De lo que no estoy seguro es de que el destino no haya hecho de esta irresistible ascensión un instrumento al servicio de sus inescrutables designios, encomendando a esta nueva clase el papelón de servir de modelo imaginario del éxito y, en consecuencia, de horma de los sueños de una sociedad sin rumbo. Ronaldo en casa de los Condé, ya digo: cuando hemos querido darnos cuenta resulta que esos friquis han hecho una guillotina del talonario y un chafarrinón peliculero con las liturgias de toda la vida. En la lista de bodas de no sé cual de ellos figura como posible presente un rebaño de ovejas. Si a Carlomagno se le ocurre algo parecido lo despellejan vivo los mismos que le ríen hoy las gracias a estos héroes del glamour.

Duros a dos pesetas

Ya lo ven: dice la multinacional Delphi que a ella que la registren, porque no han de encontrarle un solo euro de los 85’7 millones que la Junta y el Gobierno le han entregado sin garantías suficientes. Usted y yo y el de más allá pagamos nuestros impuestos y ellos lo administran como les parece, por ejemplo, apuntándose el tanto de captar inversiones extranjeras creadoras de empleo a costa de nuestro sudor. Hay que exigirle a esas Administraciones que respondan por semejante ‘pelotazo’ y expliquen por qué subvencionan a manos llenas al primero que llega (¿o será que lo traen?) prometiendo lo que no piensa cumplir porque ni siquiera le imponen garantías elementales. De este conflicto, como del más que posible de Airbus, no tienen la culpa los cazadores de ayudas, sino quienes no sólo se las dan sino que se las ofrecen. Andalucía, este país pobre a la cola de Europa, es la isla del tesoro para esos filibusteros, pero todos sabemos que la piratería se organizó siempre desde los más altos despachos.